Rubén Rojas Breu
EL GRAVE ATOLLADERO QUE
AFRONTA LA ARGENTINA
“La
política es quizá la única profesión
para
la que no se considera
necesaria ninguna preparación”
Robert
Louis Stevenson
(No recurro en absoluto a la
IA para la producción de mis textos. Todo lo que escribo y publico sale de mis
neuronas, con ellas me alcanza, y cuando cito lo hago con las referencias que
corresponden)
Atolladero,
atascadero, impasse, sin salida y otras expresiones describen en una o dos
palabras la coyuntura actual de la Argentina.
El
grave atolladero que afronta la Argentina consiste en:
que
el gobierno autocrático libertario ya fracasó y se halla en bancarrota,
y,
simultáneamente,
la oposición,
inactiva o infructuosa desde los resultados electorales de octubre de 2023, es
incapaz políticamente de revertir este cuadro de situación terminal.
El
gobierno fracasó en todas las líneas, tiraniza y tiranizó para
hundirnos más todavía en la decadencia que arrastramos desde la madrugada de la
instauración del Terror del 24 de marzo de 1976.
Es un
gobierno tan fracasado, o más, como el que encabezó de la Rúa secundado por
Carlos “Chacho” Álvarez y acompañado por gran parte de dirigentes que persisten
hasta el presente con su politiquería desgastante, que poco aportan, cuando no
contravienen, a los intereses nacionales y populares.
El
gobierno capitaneado por la fratria Milei se quedó sin apoyos, ni locales ni
globales, máxime teniendo en cuenta que el país yanqui fue derrotado por el
pueblo iraní y que también la odiosa superpotencia fue aislada
internacionalmente.
Sus
amigotes del Norte hacen agua y están poniendo su ignominioso empeño en salvar
la ropa a como dé lugar; se quedaron sin restos para insuflar aire a los Milei
y su horda.
El
gobierno libertario sólo cuenta con la adhesión de la horda que lo encaramó y
de una porción sumamente retrógrada de la masa, esa antagonista del Pueblo.
Milei
está en pleno brote, acusando recibo de que está al borde del abismo.
Agravia,
insulta, vocifera al mismo tiempo que presume de una erudición colmada de rudimentos
simplotes, insustentables y disparatados, que tienen como fuentes a seudo
economistas y seudo filósofos locales y globales que no cuentan con el respeto
ni siquiera de sus parientes.
Se nota
demasiado que Milei apela a esa erudición huera para ponerse, ilusoriamente,
por encima de los economistas de formación de alto nivel egresados de las
universidades estatales, particularmente de la UBA.
No
me sumo ni me sumé nunca a los diagnósticos silvestres de locura pese a que soy
Psicólogo egresado de la UBA, con más de cincuenta años de ejercicio
profesional y en condiciones, por lo tanto, de hacer un diagnóstico.
Mis
análisis y mis publicaciones se enmarcan en la Política.
Aplico
un enfoque científicamente fundado para analizar al gobierno y la sociedad con
el aval de mi extensa trayectoria política, de décadas, ocupando hasta los más
altos niveles.
En
todo caso quienes plantean que el presidente es un desquiciado deberían
preguntarse cómo llegó a la presidencia de la nación un trastornado o un orate.
Se
asombrarían de las conclusiones a las que llegarían.
Por
otro lado, una oposición inactiva sostiene a Milei.
Inactiva,
inerte, paralizada, incompetente, ineficaz, negligente, displicente, apática,
abúlica y podría seguirse con todos los vocablos de este tenor que el
diccionario de la RAE contenga para dar cuenta de un comportamiento
persistentemente decepcionante e irresponsable de toda la oposición.
Cuando
digo “toda la oposición” estoy incluyendo al kirchnerismo, el cristinismo, al kicillofismo,
a las demás variantes del seudo peronismo, al progresismo, a la izquierda en
todas sus versiones incluyendo la que se dice clasista.
No
se registra en la historia argentina, salvo durante la dictadura terrorista de
estado, una tan flagrante ausencia de oposición, una ausencia tan atronadora,
que hace de ella una oposición finalmente complaciente cuando no cómplice.
Que
dirigentes, gobernadores y parlamentarios notorios, erráticamente, participen
de movilizaciones o recaigan en discursos encendidos en el Congreso o en peroratas
ante cámaras y micrófonos es insuficiente para concluir que ejercen eficazmente
su rol de opositores.
Los
prudentes que tanto abundan dirán que con lo antedicho demuestro vocación para
generarme como enemigos a todas y todos los que posan como dirigentes,
referentes y, por lo tanto, inclusive a gran parte de la sociedad.
Quizá
haya heredado yo el tábano de Sócrates.
Respondo
que la patria y el pueblo están por encima de todo cuidado de mí.
Digo
esto último de viva voz, aunque corra el riesgo de que se pueda pensar que
alardeo, que sobreactúo o que incurro en cursilería.
El
gobierno y los poderosos locales y globales que lo apoyan devastaron a la
Argentina.
No
hace falta detallar, demasiado sufren argentinas y argentinos como para que
necesiten que se siga enumerando las calamidades que estamos padeciendo.
A
diario la población consciente, la población más comprometida con la defensa de
los intereses nacionales y populares, con la preservación de los derechos de
trabajadores, mujeres, niñas, niños y adolescentes, jubilados y discapacitados
se indigna con sobrada razón por las acciones de este gobierno, por las leyes
que se votan en un Congreso burdo y deshonroso, como la llamada “ley de
glaciares”, y por los procederes y fallos del Poder Judicial.
Mi
extensa trayectoria política como militante y dirigente impide que caiga en la
ingenuidad.
Por
lo tanto, soy muy consciente de que esa inacción opositora obedece, en gran
medida, a transas, a negociados, a componendas y a contubernios obviamente
llevados a cabo a escondidas y que se encubren con chamuyo, con esos discursos
encendidos en el Parlamento, con denuncias infértiles en los Tribunales, con
las declaraciones estridentes ante los micrófonos y las cámaras.
En
ese encubrimiento juegan un rol fundamental, de
partenaires, los medios de prensa adictos a las distintas variedades de la
oposición ut supra enunciadas.
Allí
tenemos a C5N, Radio 10, P12, La izquierda diario, Perfil, sus equivalentes en
el Interior y muchos más que no hace falta mencionar.
Esos
medios, además, tienen a sus periodistas “estrellas” que, dotados de una verba
tan inflamada como anodina, finalmente estéril, sólo se ocupan de criticar
anestesiando por esa vía y, por lo tanto, objetivamente desalentando la acción
que debería ser eficazmente opositora.
Todos
los días se levantan y se acuestan proclamando “el peor momento del gobierno”:
dos años, sobre todo el último, llevan repitiendo ese latiguillo.
Fatigan
los espíritus con las denuncias de corrupción, temática que agitan desde la
década menemista con cero resultados.
Aunque
la corrupción existe y es abominable, cuando todo gira en torno a este
denuncismo se fomenta un pensamiento superficial y la inacción.
Es
mera distracción si no se inscribe la cuestión en la Política, si no se propone
un Proyecto, si no se diseña y aplica una estrategia, si no hay conducción ni
organización y si no se impulsa a la acción transformadora.
Asimismo,
militantes y simpatizantes de distintas fuerzas o facciones políticas depositan
esperanzas, muy torpe o ingenuamente, en figuras afamadas como Cristina
Fernández de Kirchner, Miriam Bregman, Axel Kicillof, Juan Grabois, alguna o
algún etcétera más.
Expectativas
mesiánicas que quedarán en expectativas.
Confían
o hasta idolatran sin ver hasta qué punto han llevado a este desastre y hasta
qué punto son corresponsables de este tenebroso presente y de que los Milei
estén donde están.
El
gobierno sigue disponiendo como actor único, sin competencia, sin rivales, sin
obstáculos.
Hablo
de un gobierno ya derrotado.
Derrotado
definitivamente en el orden interno por el fracaso de su política despiadada y
destructiva.
Derrotado
en el frente externo por su alineamiento descarado, antinacional, antipopular,
antihumano con el país yanqui y su socio, el gobierno de Israel.
Queda
claro que, en política internacional, a la vista del resultado catastrófico
para los yanquis de su guerra con Irán, el gobierno y, particularmente, Milei
apostaron al perdedor.
Ergo,
Milei es un perdedor.
El
país yanqui se edificó sobre la base del antagonismo “ganador-perdedor”,
antagonismo del paladar de Milei.
Así
que Milei es un perdedor en sus propios términos.
Pese
a estar totalmente derrotado, pese a que Milei y su gobierno la dan servida
para poner fin a sus tropelías, la oposición se mantiene exasperantemente
inactiva, deja hacer.
El
núcleo de este diagnóstico es que se trata de una oposición divorciada del
Pueblo.
Mientras
el Pueblo lucha denodadamente y en soledad, la oposición permanece en un
letargo inconcebible.
Muchos
y variados son los motivos que la oposición y el periodismo que la apoya
esgrimen, pública o reservadamente, para justificar un proceder tan
injustificable.
Se
recurre a la racionalización, el cual, de acuerdo al
Diccionario de Psicoanálisis (Laplanche y Pontalis, 1998, Editorial Labor,
Barcelona) es un procedimiento inconsciente que fue generado en el
Psicoanálisis por Ernest Jones y adoptado por Freud.
Consiste
en dar una explicación coherente desde el punto de vista lógico o aceptable
desde el punto de vista moral, a comportamientos que son inadmisibles,
vergonzosos o deficientes.
Excusas
que se disfrazan como asertos indiscutibles o irrefutables.
En
la fábula “La zorra y las uvas” atribuida a Esopo y retomada por varios
fabulistas se describe la racionalización.
Cuenta
la fábula que una zorra sedienta se encuentra con una parra de la cual cuelga
un racimo de uvas.
En
su afán por alcanzarlo se yergue lo más posible sin éxito, persiste poniéndose
en punta de patas, estira sus patas delanteras fracasando una y otra vez. Por
último, da saltos, pero todo intento resulta inútil.
Dándose
por vencida se dice a sí misma: “pero, para qué, si están verdes”.
Como
la zorra, la oposición y sus adherentes en medios y otros ámbitos, incurren en
numerosas y reiteradas racionalizaciones con el fin de ocultar sus carencias:
incapacidad política, falta de un Proyecto y de la consiguiente estrategia y
poder de convocatoria prácticamente nulo.
Es
una oposición que pone en evidencia la falta de conducción política que
la Argentina arrastra desde hace décadas.
Toda
esa ineptitud quedó al descubierto ya en las jornadas del 14 de octubre y del
19 y 20 de diciembre del 2001 seguidas de un fuerte protagonismo popular y las
asambleas.
Ese
2001 quedó registrado en la memoria de estas dirigencias como algo catastrófico
toda vez que dio por caduco el régimen político institucional.
Entre
esas racionalizaciones o falsas razones que la oposición se da a sí misma y a
la sociedad, se destacan:
-
Que el gobierno libertario cuenta con el
apoyo incondicional de los concentradores de poder locales y globales.
-
Que la población en su mayoría lo votó y “hay
que respetar la voluntad popular”
-
Que las encuestas lo favorecen o lo
respaldaron
-
Que los medios hegemónicos tienen una
influencia inmensurable y con su prédica lo fortalecen
-
Que “la gente” está apática, indiferente o
con poca disposición a movilizarse.
-
Que hay que preservar las instituciones
-
Que las elecciones son el único medio idóneo
para cambiar de gobierno.
Cuatro
vicios resaltan en esa descripción: el institucionalismo
vacuo, la adicción a la prensa, el electoralismo que propicia la manipulación
de la masa y el encuestismo, dando a las empresas encuestadoras una relevancia
infundada y perjudicial en desmedro del Pueblo.
De
manera que todas esas racionalizaciones o excusas ocultan la incapacidad de las
dirigencias de la oposición, la falta de conducción política y el miedo
descomunal que tienen por una posible reedición del levantamiento popular de
2001.
Ojalá
tuvieran la humildad de decir: “no sabemos qué hacer”.
Así
las cosas, una penosa conclusión se impone, una conclusión que nadie se anima a
verbalizar:
No
tenemos en el horizonte cercano fuerzas políticas ni candidatas ni candidatos
que garanticen un gobierno confiable y, mucho menos, una conducción política capaz
de plasmar un Proyecto de emancipación y de realización.
Si
tuviéramos una oposición a la altura de nuestro Pueblo y de lo mejor de nuestra
Historia, ya estaría convocando como lo hizo Perón, acompañado
por Balbín, con La Hora del Pueblo en 1970 o, inclusive, la Multipartidaria de
1981.
Sólo
tenemos al Pueblo.
Rubén Rojas Breu
Trabajador,
activista y dirigente político desde 1958
Docente
universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades
públicas y privadas de la Argentina
Lic.
en Psicología UBA, 1973
Científico
e investigador social desde 1974
Autor
del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado,
desde 1980 con libros y artículos publicados
Autor
de teorías sobre Política
Buenos
Aires, abril 14 de 2026
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