martes, 6 de mayo de 2025

UNA MIRADA SINGULAR SOBRE LA SERIE ARGENTINA "EL ETERNAUTA"

 



Rubén Rojas Breu

 

UNA MIRADA SINGULAR SOBRE LA SERIE ARGENTINA “EL ETERNAUTA”


Mi conciencia, tan implacable como ardiente me impele a expresarme en torno a una serie que ha logrado significativa repercusión.

Me digo a mí mismo que no puedo ausentarme ante un acontecimiento que se ubica tan de lleno en la argentinidad.

Al mismo tiempo aclaro que afronto la cuestión con una mirada singular, una mirada que difiere de lo que se divulga sobre esta nueva serie, distinta de lo que leo o escucho continuamente, tanto de la Argentina como del exterior.


Una demostración de la singularidad de mi mirada es que la serie en ésta, su primera temporada, me genera ambivalencia.

Por un lado, valoro enormemente que una historieta excepcional, una auténtica novela gráfica de gran originalidad de un autor argentino tan valioso e innovador como Oesterheld recobre la actualidad que merece gracias a la serie.

También valoro hasta cierto punto el esfuerzo, lo bueno que pueda encontrarse en la realización de la serie, particularmente la estética, la fotografía, el ritmo, la cámara y varias de las actuaciones.

Por otra parte, en cambio, asumo una posición crítica acerca de esta primera temporada de la serie, particularmente en estos aspectos:

- El desequilibrio entre la fuerte impronta tecnológica, los efectos especiales y/o la inteligencia artificial de un lado y la comparativamente débil tensión dramática.

Es decir, lo tecno, el impacto de lo visual a la manera de la inteligencia artificial tiene más peso que la dramática, que la intensidad de una trama, que las interacciones entre personajes, que las composiciones de los personajes, que los diálogos que en las distintas versiones de la historieta de Oesterheld y sus dibujantes Solano López o Breccia son sumamente potentes, movilizadores.

Quizá la combinación del espíritu de época tan afecto al impacto por el impacto mismo con los condicionamientos de la yanqui Netflix hayan sido determinantes en tal desequilibrio.


- Que el personaje protagónico sea interpretado por Ricardo Darín es desafortunado.
Y por cierto que es factor de la débil tensión dramática a la que ya me referí.

Darín carece de la capacidad actoral, de la formación intelectual y de la cultura política que se requieren para dar vida a Juan Salvo.

Mi opinión de siempre es que Darín actúa de Darín: siempre monocorde, siempre igual a sí mismo, siempre elegido porque resulta atractivo para la masa ya que genera fácilmente identificación; claro que tal atractivo se traduce en taquilla.


Además, el perfil de Darín no tiene similitud ninguna con el Juan Salvo ideado por Oesterheld y sus dibujantes.


En general, sus compañeras y compañeros del elenco lo superan; es conmovedor saber que en algunos casos deben subsistir con ingresos bajos y trabajos precarios, tan paupérrima es la producción actual de nuestro país en cine y televisión.

Tampoco Stagnaro alcanza el nivel que se espera de un realizador a la altura de una gran obra como “El eternauta”.

Su proclividad a romantizar la decadencia es notoria en esta realización, romantización de la decadencia que ya mostró en producciones tales como “Pizza, birra, faso”, “Okupas” y otras.

Desde el inicio con la partida de truco en un lugar sórdido tal proclividad se manifiesta. Lo digo sin prejuicios ya que soy viejo truquero.

Pero si ubica la serie en esta época podría haber sustituido el inicio del original de Oesterheld por una situación más propia de esta contemporaneidad: compartir algún juego de mesa por personas de ambos géneros, por ejemplo.
Si se tomó tantas licencias respecto de la obra de Oesterheld también podría haberlo intentado con ese inicio.

Además, hace literal el culto por lo viejo, enmascarando el atraso industrial y tecnológico que padecemos argentinas y argentinos, postergándonos en el mundo y condenándonos a la miseria.

Claro que cuenta con la simpatía de referentes, “comunicadores”, expertos, analistas y otros especímenes que celebran que la serie muestre a los argentinos como somos, como si además argentinas y argentinos fuéramos todas y todos los mismo, un amorfo homogéneo.


Un modo de mostrar que oculta o transfigura lo que sufrimos: privaciones, dolor, opresión y malestar de nuestra población preexisten a la caída de cualquier nieve tóxica.
Juan Salvo, Elena, Favalli, Ana y todos los demás vivían muy mal antes del fenómeno letal.


Es oportuna la contextualización.

Oesterheld genera un personaje (o varios), el eternauta o los eternautas, viajeros en la eternidad, hacia fines de los 50, después del derrocamiento inconstitucional y violentamente represor llevado a cabo por fuerzas reaccionarias cívico-militares.

Toda la obra de Oesterheld, sus diferentes versiones, corresponden a un período de dictaduras.

En ese contexto, se dieron la Resistencia Peronista, las luchas clasistas, cierto auge de la izquierda, el Rosariazo, el Cordobazo, las acciones guerrilleras en franca oposición contra las oligarquías locales, contra el imperialismo y contra el neocolonialismo.

En esa época se peleaba por un Proyecto de emancipación y de realización de nación, pueblo y trabajadores o, desde la izquierda, por la llegada de la clase obrera al poder.
En el mundo una ola de luchas por la liberación se imponía: revoluciones cubana, checa, emancipación de Argelia y otras naciones africanas, etc.

A lo que voy es a que, si bien la Argentina afrontaba ya el atraso, esquivaba la decadencia gracias a las luchas y la esperanza de un Proyecto. Había, además, una clase obrera, industrial, fuerte, organizada y un movimiento estudiantil potentísimo y muy combativo.

Había organizaciones políticas y un desarrollo cultural a la altura de los países más avanzados y muy por encima del paupérrimo nivel cultural yanqui.

Todo eso pese a la represión brutal que padecíamos y que culmina con la Triple A y el Plan de exterminio de la última dictadura, lo cual contaba con antecedentes como los fusilamientos del 56, la desaparición de Felipe Vallese y de Juan Pablo Maestre, la masacre de Trelew, los asesinatos de trabajadores y estudiantes en distintas movilizaciones, la prisión y la tortura, lo cual yo mismo padecí bien personalmente.

Es decir, había atraso y opresión al mismo tiempo que épica y lucha. No había intenciones de dejarse arrastrar hacia la decadencia.

Hoy en cambio afrontamos la decadencia: atraso, desaparición de las organizaciones políticas, pobreza extrema, desigualdad colosal, concentración descomunal de riqueza, gobiernos antipopulares habiendo llegado al extremo de soportar este despotismo libertario, este régimen de brutos.


La serie pasa todo eso por alto; por ejemplo, naturaliza el atraso: hace como si no hubiera que caer en la cuenta de que no tenemos industria, no tenemos trabajo digno, no tenemos desarrollo científico ni tecnológico, no tenemos infraestructura ni transportes modernos, no tenemos Proyecto ni conducción política ni organizaciones políticas. No somos la Argentina de los 50, los 60, los 70. Ni siquiera de los 80.

Aunque dista de la intención de la serie, emerge en la misma la diferencia en la que vengo insistiendo a solas: Pueblo versus masa.

Insinuándose casi desde el principio, a partir del cuarto episodio eso se hace patente: Juan Salvo, sus compañeras y compañeros y en particular Franco, el maquinista, esbozan al Pueblo.

Del otro lado, está la masa, los indiferentes o los que buscan salvarse a costa de quienes sea, los manipulables finalmente.

De esa masa surge lo que caracterizo habitualmente como la horda, representada por los escarabajos gigantescos y, con la fratria Milei, “los leones, los troles, los criminales, los difamadores, los violentos de género, los matones, los gatilleros de las fuerzas de seguridad”.


El brazo-mano ideado por Oesterheld queda sobre el final de la temporada como la representación del gran manipulador ante quien se encolumna la masa y a quien sirve la horda.

La diferenciación entre Pueblo versus masa y horda es nuevamente clave.

La primera temporada de la serie termina revelando a medias al jefe de la masa y de la horda.

El gran interrogante es si el Pueblo construirá su conducción y su organización líder.


Conclusión: la historieta de Oesterheld supera de lejos, pero muy de lejos, a la serie.


Se requiere mucho más que el patrocinio de Netflix y que la inteligencia artificial para producir algo a la altura de tamaña novela gráfica.

De todos modos, celebro que gracias a la serie “El eternauta”, su autor y sus dibujantes logren renovada notoriedad.

Celebro también que eso genere debate y, ojalá, que contribuya un poquito también a la esperanza de que la construcción colectiva, tan opuesta al “héroe individual” o a los repudiables superhéroes yanquis, es la herramienta primordial para que la Argentina y nuestro pueblo se encaminen hacia su liberación y su realización.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, mayo 6 de 2025

 


jueves, 20 de febrero de 2025

HERMANOS MILEI

 



 

Rubén Rojas Breu

 

LA FRATRIA MILEI

 

De acuerdo al diccionario de la RAE estas son las acepciones de fratria que valen para esta publicación: “conjunto de hijos de una misma pareja” y -la más a propósito-, “sociedad íntima, hermandad, cofradía”.

 

El tipo de estafa que acaban de cometer es un indicador de todo un patrón de comportamiento de los Milei, patrón de comportamiento que se dio a lo largo de su vida por lo que se va denunciando y que fue muy notorio en su campaña electoral, en sus actos de gobierno y en el trato que dispensan a las personas, empezando por colaboradores o amistades.

 

 

Son ejemplos de tal tipo de trato Ramiro Marra, Cavallo y su hija, Mondino y continúa una inacabable lista a la que se van a sumar nuevos nombres, incluyendo, según se dice, Santiago Caputo.

 

Ese patrón de comportamiento consiste en “INFLAR Y DESCARTAR”: inflaron Libra y la descartaron cuando ya habían hecho negocio.

Lo mismo se va sabiendo por la comisión de otros delitos o irregularidades: cohecho, transgresión de la ética pública, asociaciones ilícitas, fraudes varios.

 

Inflar y descartar.

 

Inflaron a la casta como enemigo para atraer a la masa manipulable y en el gobierno la descartaron como blanco de ataque para subordinársele.

 

Inflaron promesas demagógicas (reducción de impuestos o control de tarifas) y luego las descartaron gobernando.

 

Inflaron figuras y colaboradores a los cuales después echaron al incinerador o guillotinaron, como les gusta decir.

 

Inflar y descartar, ensalzar y guillotinar, sobreprometer y defraudar: todo es un mismo patrón según el cual nada vale ni nadie es respetado fuera de la fratria.

 

A esta altura tendríamos que estar analizando y celebrando la caída, la destitución o, por lo menos, la renuncia de los hermanos Milei.

 

Sucede que las mismas condiciones que los llevaron a gobernar se mantienen inalterables, desde hace décadas ya, y son las que explican por qué todavía siguen en la Rosada y en Olivos y viajando por su país amo.

 

Tales condiciones sobre las cuales me he explayado sobradamente en infinidad de publicaciones, disertaciones, reuniones y clases son: la decadencia cultural, social y política, el atraso fenomenal y el debilitamiento atroz de las instituciones.

 

Nadie entre quienes disponen de poder quiere asumir su responsabilidad ni reconocer que si no destituyeron a esta fratria es porque:

 

-    Carecen de capacidad de convocatoria y de aptitud

 

-    Prefieren conformar a la masa, subordinarse a las grandes corporaciones y dar bola a los medios, a las redes virtuales y a las empresas encuestadoras, en vez de escuchar al Pueblo.

 

 

-    Esperan, en modo cipayo y servil a lo que haga la justicia yanqui, justicia que permitió que Trump llegue a la presidencia, justicia que a lo largo de dos siglos y medio dio sobradas muestras de complacencia o de complicidad con delincuentes, en tanto respondan al supremacismo blanco y sean potentados.

 

Si a Milei lo juzgan en EEUU es por sudaca, así nomás, y es penoso que medios que se dicen nacionales y populares y la oposición estén esperando eso.

 

La fratria Milei debe ser destituida, juzgada y sentenciada en la Argentina por argentinas y argentinos.  

 

Es, entonces, imperdonable que a esta altura ni la oposición en todo su espectro ni el Congreso ni el Poder Judicial hayan resuelto acabar con esta fratria incalificable.

 

No van justificaciones de que están evitando algo peor como el reemplazo por Villarruel o el descalabro institucional.

 

Basta de supercherías, de extorsiones y de amenazas.

 

Bochornosa, vergonzosa tanta inacción, tanto más cuanto estamos bajo la lupa o recibiendo reproches y burlas en el planeta.

Lo que es todavía peor, hacia adentro de nuestras fronteras, se está convalidando o premiando la corrupción, los comportamientos delictivos, lo lumpen; también, se está desestimulando o maltratando a quienes laburan y a quienes se comprometen social y políticamente.

 

La fratria Milei se caracteriza por un vínculo sólidamente simbiótico, sincrético, como unida por un cordón umbilical.

 

Hermana y hermano son cara y ceca de una moneda, son como siameses.

 

Separados carecen de toda identidad.

 

La hermana es quien, inconscientemente, posibilita que su hermano se adapte, muy precariamente, a la vida en sociedad.

 

El hermano es quien, también inconscientemente, le da a la hermana la posibilidad de sustento y de identidad.

 

La una sin el otro o él sin ella, caen en un desequilibrio inmanejable, derrapan, se derrumban, se disuelven psíquica y socialmente.

 

La fratria Milei es un emergente brotado de la decadencia, de la tremenda caída en la endogamia en la que está inserta la sociedad argentina.

 

La endogamia implica identificación extrema entre personas y grupos, al interior de todas y cada una de las organizaciones.

 

Identificación sin diferenciación, sin reconocimiento del otro como distinto con quien se interactúa y sin Proyecto.

 

Cuando la endogamia se naturaliza y se  absolutiza, propicia la aversión a la ciencia, la aversión a la Política, el retorno de comportamientos primitivos incluyendo la violencia física y verbal, la hostilización hacia todo, el desprecio por los otros, entre otras calamidades.

 

La fratria Milei representa en su mayor voltaje a esa endogamia tan generalizada y tan presente en las dirigencias, medios, intelectuales y, también, en las grandes corporaciones que aquí operan.

 

La fratria Milei indudablemente desde edad muy temprana funciona en ese registro tan simbiótico, de tanto apego o pegoteo.

 

La simbiosis se disuelve, maduramente, por la intervención del Tercero, de las figuras, grupos y organizaciones que encarnan a la sociedad.

 

No se trata del “Padre” de la Ley del Padre de la teología del psiquiatra francés Lacan, teología cuya influencia sirvió y sirve para impulsar el apoliticismo, el patriarcalismo y la derechización espantosa en la que se cayó y que nos trajo a los Milei.

 

Se trata del Tercero que representa a lo social y, dentro de lo social, fundamentalmente a la Política y las instituciones a cargo de lo público.

 

Los Milei están huyendo hacia adelante con el único fin de preservar su simbiosis, su apego.

 

Reprimir a jubilados ayer o avanzar contra el Banco Nación son acciones que indican esa huida hacia adelante, un tipo de acciones en las que persistirán si no se termina con su mandato.

 

Pero lo que no hagan el Congreso, las instituciones o las dirigencias, lo hará el tercero por excelencia, el Pueblo, u otros como la “justicia” yanqui o la jueza Servini si es arrinconada contra las cuerdas o alguna otra intervención de las que están en ciernes.

 

Porque en el destino inexorable de la fratria Milei está su separación, esa separación que evitaron durante más de cincuenta años de vida.

 

Esa separación, que conlleva su caída, va a ser sumamente traumática para ellos, pero les va a llegar, de una manera o de otra.  

 

Confío para ese logro, como siempre, en el único Tercero que tiene la capacidad de transformar de raíz en busca de su emancipación y de su realización: como ustedes bien saben, el Pueblo.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, febrero 20 de 2025


viernes, 14 de febrero de 2025

QUÉ ES MILEI

 



 

Rubén Rojas Breu

 

 

QUÉ ES MILEI

 

MILEI ES, SIMULTÁNEAMENTE, CONSECUENCIA, REPRESENTACIÓN Y EJECUCIÓN.

 

MILEI ES CONSECUENCIA de la decadencia y del atraso, de la declinación de la Política y de la obsolescencia del régimen político-institucional.

Ya expuse mucho al respecto en mis publicaciones anteriores, así que acá prescindo de abundar.

 

MILEI ES REPRESENTACIÓN de la masa, la cual generó la horda que lo encaramó como referente primero y como gobernante desde fines de 2023.

 

La masa es muy diferente del Pueblo.

Mientras el Pueblo tiene por objetivos su emancipación y su realización integrando a la Nación y a los trabajadores, la masa es meramente seguidista, rehúye la política y espera recibir sin hacer.

 

La horda que de ella emerge es abiertamente hostil al Pueblo y destructora de la Política.

 

Mientras el Pueblo para sus nobles propósitos construye poder autónomo, la masa se somete a actores y sectores a los que le asigna posiciones dominantes.

 

El Pueblo puede poner a la masa de su lado si desarrolla poder, para lo cual hoy carece de conducción política y de organizaciones políticas genuinas y eficaces.

De ahí, la desazón de tantas y tantos militantes de verdad, de tantas y tantos compañeras y compañeros.

 

Toda esta diferenciación entre masa y Pueblo se la saltean dirigentes, intelectuales, encuestadores y periodistas, para beneplácito de los concentradores de poder y de riqueza.

 

Basándome en mi creación más difundida, el Método Vincular, a Milei y sus libertarios hay que considerarlos como términos de un vínculo cuyo complementario es la masa.

 

Tanto la masa como Milei se ubican del lado de la Primarización, una conceptualización de suma complejidad de la cual aquí destaco lo nuclear y de más fácil comprensión.

 

Es la endogamia.

Tanto la masa como Milei se ubican en la cerrazón endogámica.

 

La masa porque se desenvuelve dentro de su mundillo conocido y familiar.

Milei por su simbiosis pública con la hermana, simbiosis que se expande a todo su grupo de férrea pertenencia.

 

Esa adhesión tan encolada, rígida y sincrética, tan resistente a toda diferenciación, da cuenta del rechazo a todo lo distinto y a todo lo que genera autonomía, de modo que en la redada caen: la ciencia y los científicos, las mujeres, los homosexuales, los transexuales y no binarios, el arte y los y las artistas, los y las jóvenes que no se dejan arrastrar por la horda, los opositores a pesar de ser tan flojitos, los apenas disidentes, los trabajadores y jubilados que reclaman, los periodistas un poquito díscolos y la lista sigue y en crescendo.

 

Porque Milei declama sobre la libertad de los individuos, pero él no puede despegarse de su hermana, integrando una dupla indisoluble, así que, ¿de qué “individuo” habla?

 

Se deduce que tiene mucho miedo a separarse maduramente de la hermana, a salirse de la fratria que lo sostiene.

 

Criar perros, animales domésticos y predecibles, es sumamente fácil si se compara con ejercer la paternidad y la maternidad: bebés, niñas, niños y adolescentes, imprevisibles y cuestionadores, obligan, afortunadamente, a crecer, a madurar, a responsabilizarse, a amar y, por lo tanto, a superar los lazos simbióticos y el pegoteo.

Inimaginable para Milei lo de despegarse de la hermana.

En una entrevista periodística contó que sufre mucho viajando.

Le resulta penoso salir del cascarón; lo confesó.

 

MILEI ES EJECUCIÓN de los planes de las grandes corporaciones financieras y, sobre todo, de las “nuevas oligarquías” que hoy inquietan sobremanera a dirigentes, gobernantes e intelectuales europeos.

 

Afrontamos una nueva oligarquía global constituida por los más grandes magnates del planeta.

 

Milei es el empleado dócil de la nueva oligarquía con sede en el país yanqui hoy comandada por Elon Musk y sus congéneres y competidores, magnates de Wall Street, de Silicon Valley y alrededores que tienen como su mascarón de proa a Trump, mezcla de poderoso y marioneta.

 

Milei entra de lleno en lo que el psicoanalista alemán Wilhelm Reich llamó “mentalidad de sargento”: suboficial sumiso con sus amos oligarcas globales y despiadado con quienes nos considera sus subordinados, las argentinas y los argentinos.

Milei se somete  y somete.

 

Es brazo ejecutor de designios tiránicos del Norte rico.

 

Aquí emerge un rasgo que merece ser destacado; veremos.

 

En los 90 el milico golpista carapintada Aldo Rico a lo gallito sentenció: “la duda es jactancia de intelectuales”.

 

Ese barbarismo contradice a toda la filosofía y a toda la ciencia, desde sus albores hasta hoy.

Descartes, no solamente afirmó aquello de “pienso, por tanto, existo” sino algo más importante todavía: la duda metódica.

 

Para conocer, para producir ciencia, hay que dudar de todo lo que se nos presenta a la observación, de todo lo que vemos, oímos o percibimos por los sentidos.

 

Milei, como Aldo Rico, no duda.

Obedece y ejecuta.

 

No dudar es manejarse con certezas, las cuales son siempre engañosas.

La certeza es propia de obtusos, de fanáticos y de todo lo que se deriva de la endogamia rigidizada.

 

Ahí tenemos una característica constitutiva de Milei, de su hermana y de los suyos.

 

Una característica que contradice a las enseñanzas de Sócrates y de Platón, así como de todos los que nos comprometemos con el conocimiento.

Recordemos el aforismo socrático: “sólo sé que no sé nada y eso no sé si lo sé”.

 

Milei y sus circundantes ignoran, ignoran mucho, ignoran casi todo.

 

Considerando a Sócrates, todos somos en gran medida ignorantes: no sabemos todo sobre todo, imposible de materializar tamaña pretensión.

 

Lo preocupante, sumamente grave en un gobernante, es ignorar que se ignora, es no darse cuenta de que se ignora.

 

Sus discursos, muy notorio el de Davos, y sus acciones demuestran que Milei ignora que ignora, Milei no se da cuenta o no sabe que hay muchísimo que no sabe.

 

Así que no se trata de pensar a Milei como si fuera un enigma, un fenómeno disruptivo, una novedad.

 

Milei es la encarnación de lo más primitivo o ancestral, de lo archiconocido, de lo que en cada oportunidad propicia se repite con el fin único de depredar para reactivar una configuración tribal arcaica.

 

Nuestra preocupación principal tiene que ser cómo construir poder para el Pueblo, único modo de alcanzar la democracia de veras.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, febrero 14 de 2025


miércoles, 12 de febrero de 2025

EN ARGENTINA, UN RÉGIMEN ELECTORAL QUE SOCAVA LA POLÍTICA

 


Rubén Rojas Breu

 

UN RÉGIMEN ELECTORAL QUE SOCAVA A LA POLÍTICA

 

El régimen electoral vigente es uno de los primordiales factores que socava a la Política hasta destruirla.

 

Debilita también a las instituciones poniéndonos ante un panorama desalentador.

 

 

Múltiples son las causas de nuestra decadencia, iniciada a fines del gobierno constitucional en 1976 reemplazado abrupta y sanguinariamente por la dictadura.

 

Una decadencia que se agravó y agrava con el paso del tiempo.

 

Una decadencia a la cual un régimen electoral injusto y absoluto contribuye mucho.

 

Todos los regímenes electorales del planeta han caducado; ése es el contexto global.

Se impone una reforma de fondo de los regímenes electorales, pero quienes deben encararla se encuentran a gusto con los actuales.

 

El menemismo, acompañado por toda la politiquería, fue el gran artífice de la destrucción de la Política y el de la degradación definitiva del régimen electoral.

 

El menemismo arrancó desmoronando la cultura política, siguió con la desintegración del peronismo y de todas las organizaciones políticas y, finalmente, con el ruinoso Pacto de Olivos entre Menem y Alfonsín, consiguió su ansiada reelección dando curso ya irreversible al electoralismo, una perversión que llevó a niveles estratosféricos el encuestismo, todo un vicio.

 

Menem con sus amigotes impulsó la era de los arribistas, de los faranduleros, de los frívolos famosos, de los atorrantes de toda laya que de la noche a la mañana fueron ungidos dirigentes y candidatos, una era que culmina, tres décadas después, en el actual presidente, su hermana, su horda y su corte demencial. 

 

Quienes teníamos genuino compromiso político, quienes contamos con conciencia política, con trayectoria y auténtica vocación política, pasamos a ser objeto de ninguneo, de censura, de agravios, de exclusiones.

 

La masa, de la cual emergió la horda, desplazó al Pueblo.

 

Quienes buscaban el negocito, quienes alardeaban de analfabetismo político o pugnaban por mostrarse mediáticos y brutos expulsaron a los dirigentes y militantes de verdad, a los que creemos en la Política como actividad sublime.

 

Ese cuadro de situación es lo que indujo a Kirchner a proclamar aquello de que “para hacer política hace falta plata”.

 

Dicho de otra manera, el curro y los morlacos pasaron a ser los recursos con los que “hacer política” en reemplazo de la militancia, de las convicciones, de las ideas, de la acción colectiva y del compromiso con un Proyecto de emancipación y de realización.

 

En los 90 y enfáticamente desde el 2003, mis amigos y antiguos compañeros de militancia de décadas argumentaban ante mí:

 

-       “estamos en la era de la lucha por el contrato”

 

-       “ya a nadie le interesa debatir ni mucho menos construir política”,

 

 

-        “no estamos en los 40, o 50, o 60 o en los 70”

 

-       y la más dolorosa de todas, “ya a nadie le interesa la Patria ni el Pueblo, eso quedó atrás”.

 

Se decía eso mientras hacían campaña por el Frepaso en los 90 o, ya en este siglo, por el kirchnerismo, por el progresismo o por la izquierda.  

 

Las campañas electorales ya no se basaban en propuestas políticas genuinas ni mucho menos en un Proyecto.

 

Se adoptan temas de las maliciosas “agendas” políticas, según la letra compuesta por asesores inescrupulosos, por el periodismo cínico, por las empresas encuestadoras.

 

Esa letra es el anzuelo para los votantes, letra que oculta las verdaderas intenciones: ocupar cargos, valerse del Estado, concentrar poder para sí y para las “nuevas oligarquías”, así bautizadas en Europa.

Las PASO sirvieron a este electoralismo viciado, fomentando más la politiquería.

 

Ahora, en medio de tanta calamidad y pese a la lucha denodada del Pueblo, la totalidad de las dirigencias políticas, gremiales y sociales, desalientan, frenan o boicotean la movilización popular apostando a las futuras elecciones.

 

En esas elecciones, más allá de los resultados subrepticiamente fraudulentos, el Pueblo nuevamente será cancelado.

 

Dirigentes, candidatas y candidatos optan por la masa con el beneplácito de los poderosos y ningunean al Pueblo.

 

Pregunto: quienes integramos el Pueblo ¿podemos apoyar a quienes nos descartan?  

 

Dirigencias, candidatas, candidatos, empresas encuestadoras, medios, manipuladores de las redes virtuales y concentradores de poder y de riqueza locales y globales de todo signo coinciden en algo: atraer a la masa, la población “apolítica”, la “gente” con bajo compromiso social y político.

Atraer inclusive a los faranduleros, a los famosos y hasta a los lumpen quienes hoy ya son importante porcentaje del padrón.

 

Una vez más, ante el altar de las urnas se ofrendarán campañas sucias, chicanas, recíprocas denuncias de conjuras y conspiraciones, puestas en escena, grietas ficticias, peleas por gallináceas, operaciones de prensa, sobrepromesas y macaneos, disputas de egolatrías alimentadas por la ambición, la ignorancia y los fanatismos.

 

Una campaña en las que figuras repetidas y desgastadas abrumarán con sus chácharas. Nada nuevo ni innovador, nada edificante ni esperanzador bajo el sol ni bajo las estrellas.

 

Todo el arsenal de la politiquería está listo para alcanzar el vergonzante éxito electoral.

 

Por comida y por dignidad es el único clamor que busca hacerse oír desde el subsuelo de la patria consagrado por Scalabrini Ortiz.

Es un clamor que no se tapa con afiches calcados y redundantes.

 

 

Un exaltado periodista “estrella” de C5N proclama que se pone al frente de la Resistencia, desvirtuando un concepto sagrado para la humanidad y para nuestro pueblo.

 

Llama “resistencia” a una mera campaña electoral.

Cuánta impudicia al ultrajar la memoria de luchas libradas por los pueblos contra los conquistadores, invasores y tiranías de todas las épocas.

 

Así se rebaja más la Política y se corroen aún más a las instituciones, se ponen más obstáculos al Pueblo a la par de empeorar a niveles extremos las condiciones de vida de argentinas y argentinos.

 

Luego de los comicios dirán, mentirosamente, que el pueblo dio su veredicto, sintiéndose habilitadas y habilitados para materializar sus mezquinos fines.

 

Entonces, más destrucción de la Política y más deterioro de las instituciones.

 

Así se saldrán con la suya.

 

SALVO QUE, A TIEMPO, EL PUEBLO HAGA TRONAR EL ESCARMIENTO.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, febrero 12 de 2025

 

 


viernes, 7 de febrero de 2025

A LAS ÓRDENES DE LA VIOLENCIA EN UNA ARGENTINA DESOLADA

 


 

Rubén Rojas Breu

 

A LAS ÓRDENES DE LA VIOLENCIA EN UNA ARGENTINA DESOLADA

 

La combinación propia de la violencia, combinación que fusiona uso de la fuerza desatada, la arbitrariedad y la ira sin control, gobierna, circula y se disemina hasta el último rincón en esta Argentina desolada.

 

Una Argentina desolada por la conjunción de privaciones, frustraciones, tristeza, presente sombrío, futuro desalentador y, justamente, la práctica generalizada de la violencia.

 

Hoy un asesinato sucedido en Mar del Plata, del cual fue víctima un buen muchacho por una acción policial criminal, es el suceso que conmueve no sólo a la bella ciudad de nuestro Atlántico sino a toda la sociedad argentina.

 

No hay día, no hay hora, no hay minuto en el que no acontezca un feminicidio, un asalto con letales derivaciones, un hecho de gatillo fácil, un ajuste de cuentas narco o de otra índole, el secuestro de una niña o un niño y sigue implacable, interminable, la espeluznante lista.

 

El asesinato del pibe marplatense es un calco de los crímenes típicos de la Triple A o de la dictadura y sus “grupos de tareas”: auto sin patente, policías de civil sin identificación, disparos en modo metralla, ejecución.

 

La dictadura nos dejó una Argentina en ruinas con una herencia siniestra.

Uno de los tantos males que nos legó es el de la violencia como patrón de comportamiento.

 

La mayoría de las argentinas y de los argentinos elige activamente y practica la convivencia civilizada y pacífica, lo cual, paradójicamente, la convierte en víctima.

 

Desde el gatillero de las eufemísticamente denominadas “fuerzas de seguridad” hasta el criminal que asalta, secuestra, viola o mata son sicarios de la violencia como régimen, como instrumento del orden social injusto.

 

Esa violencia tiene como fines explícitos o tácitos, manifiestos o latentes, intimidar a la población, inhibir la acción política, cercar o enajenar las calles, encumbrar a los indeseables hasta el punto de llevarlos a ocupar o a usurpar las posiciones políticas y sociales más relevantes, los lugares destacados de las instituciones estatales y de las organizaciones privadas.

 

Es así que esta Argentina desolada se encuentra sojuzgada por las corporaciones, grupos hegemónicos, medios dominantes, los influyentes de las redes virtuales, patotas, dirigentes y gobernantes que procuran, conquistan, consolidan o fortalecen sus posiciones de poder valiéndose de la violencia.

 

 

El ejercicio de la violencia les es inherente.

 

La violencia no es, en quienes acabo de listar, ni eventual ni accidental ni circunstancial ni complementaria ni ajena a sus concepciones o a su modo de existencia.

 

La violencia es, en su caso, constitutiva: es decir, está en sus genes, en sus raíces y, por lo tanto, para sus sostenedores y practicantes, violentar y ejercer la violencia es el único patrón de conducta que conocen.

 

Psicopatía, sociopatía y perversión devienen así modelos de existencia normalizados, naturalizados, alentados, potenciados.

 

Esa violencia se expresa en los comportamientos abiertamente criminales, así como en las conductas soeces, el culto de la grosería, el insulto a través de todos los medios y en los ámbitos públicos sin considerar a niñas, niños y adolescentes, la falta de ideas y de capacidad argumentativa, la brutalidad y la ignorancia a las cuales se encomia y recomienda, la misoginia, la homofobia, el racismo y la intolerancia mayúscula.

 

Por supuesto, hoy, la horda libertaria y su caudillo presidente están a la cabeza de esa extendida violencia que beneficia a muy pocos y que maltrata hasta dañar irreversiblemente o matar a nuestra población tan decaída, tan avasallada por tanta injusticia, tan atenazada, tan humillada y arrojada a una ciénaga de penurias y calamidades.

 

La horda libertaria tiene, entonces, a la violencia sistemática como su modo único de existencia.

 

La disertación infame y difamatoria del presidente en Davos, antecedida y sucedida por discursos y actos de extrema violencia manifestados desde mucho antes de asumir y que se perpetúan y perpetuarán se complementa por la represión a las movilizaciones populares, empezando por las de jubiladas y jubilados, el protocolo Bullrich, el patoterismo de sus esbirros, y, por supuesto, por todas las políticas que implementan, los decretazos, el cercenamiento de derechos y tanto más.

 

El alineamiento con el país yanqui no es mera coincidencia por supuesto.

 

En consonancia con lo que aquí expongo ese alineamiento es la certificación de la vocación activa por la violencia, terreno en el cual el país yanqui es adalid desde su origen mismo, origen anexionista, belicoso, esclavista, supremacista.

 

El país que más guerras causa y que más aterroriza al planeta con su comportamiento belicoso, el país que lanzó las primeras y únicas bombas nucleares destruyendo a medio Japón, es el modelo a seguir por los libertarios y su jefe o sus jefes.

 

Se trata del país que no solamente depreda política y económicamente sino también con su descomunal propaganda engañosa y sus producciones seudo culturales, como todo su cine, toda su televisión, toda su literatura, todas sus artes.

 

Celebración de la violencia, héroes o superhéroes brutos y brutales ensalzados como dioses, mafiosos alabados como exitosos, políticos que como viles marionetas declaran o apoyan guerras para invadir países pobres, magnates que hacen el saludo nazi, integran la galería representativa de la “superpotencia”; hasta inventores que roban patentes.

 

Francamente, nada más se les puede pedir para otorgarles el reconocimiento como paladines de la deshumanización.  

 

 

Los aliados del gobierno libertario participan crecientemente de esa naturalización de la violencia, por la cual siempre sintieron fascinación, como bien lo demostraron desde el golpe del 30, la década infame, el derrocamiento sanguinario de Perón y el peronismo en el 55, la sucesión de dictaduras cívico militares hasta alcanzar sus mayores tenebrosos galardones con la instaurada en 1976.

 

Tampoco dejaré de reiterar una y otra vez que toda la oposición, por complacencia cuando no por complicidad, o por incapacidad o por ingenuidad, participa finalmente de este juego violento, de esta especie de “juego del calamar” vernáculo; de paso, mi homenaje a tan esclarecedora y aguda realización surcoreana.

 

A la violencia se la enfrenta enriqueciendo la teoría política, impulsando la cultura política hoy tan venida abajo, elevando la calidad y la profundidad de los debates, con producción científica y artística, con conducción política, con organización política, con estrategia.

 

También, y fundamentalmente, con el Pueblo y con la movilización en las calles, en las plazas y en todos los ámbitos.

 

Los violentos de toda calaña arrugan y retroceden cuando el Pueblo se adueña de las calles.

 

Tal como corresponde cuando se ejerce activamente la democracia y se toma partido por la paz, esa incondicional amiga de los pueblos.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, febrero 7 de 2025


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