domingo, 15 de marzo de 2026

UNA GUERRA DEVASTADORA PARA LA HUMANIDAD Y DE PRONÓSTICO INCIERTO

 


 

 

Rubén Rojas Breu

 

UNA GUERRA DEVASTADORA PARA LA HUMANIDAD Y DE PRONÓSTICO INCIERTO

 

A 50 años del inicio del Terror en la Argentina con la instauración de la dictadura cívico militar exterminadora de todo, el país que la patrocinó, el país yanqui, sumerge a la Humanidad en un presente sombrío poniéndonos en el umbral de una guerra global devastadora y de pronóstico incierto.

 

Incierto, sí. Los yanquis, alardeando, acorde con su estilo, habían anticipado que su incursión bélica en Irán sería un paseo y que el régimen autocrático habría de sucumbir.

Pues, no.

Irán respondió con una capacidad política, firmeza a toda prueba y solvencia militar que hizo que tal alarde de la gran potencia del Norte deviniera ridículo.

 

Hace unos días publiqué en FB un posteo con la siguiente pregunta: “¿Qué pasa con Milei si los yanquis y el gobierno de Israel pierden la guerra con Irán?”

 

Tuve tres respuestas o sea muy poca repercusión, pese a que la pregunta debería dar lugar a debate, a despertar inquietudes, a abrir más interrogantes, a generar desconcierto o esperanza, según se ubique ideológica y políticamente la lectora o el lector.

 

Debo decir que las tres respuestas fueron de nivel muy pobre, muy por debajo de los alcances de una pregunta atrevida y cuestionadora.

 

Queda claro que gran parte de las dirigencias y de la población argentina, también las de otras latitudes, se basa en la premisa ingenua de que lo que decide el resultado de una guerra es la fuerza de los contendientes entendida ésta como la suma de todos los recursos para el combate incluyendo: militares, armamento, tecnología, logística, capacidad económica, destacándose hoy en día la inteligencia artificial, los misiles, los drones y el arsenal nuclear.

 

En suma, en lo que se basan gran número de gobernantes, de dirigentes, de periodistas y, por supuesto, la masa, tan amorfa, tan ingenua y tan obtusa ella, es en lo que antaño se llamaba “poder de fuego” entendido como la magnitud de fuerza destructiva que se puede proyectar contra un enemigo por tierra, mar y aire.

 

Es la creencia del rioba, según la cual el más grandote le da la biaba al más chico, creencia que viví en carne propia ya que del barro provengo y, créaseme, que aprendí a arreglarme con los patoteros hercúleos pese a mi menor poder de fuego, figuradamente dicho.

 

En la dupla Israel – yanquis, la primera es el actor inteligente, sobradamente dotado, con experiencia de milenios en batallas enfrentando a enemigos más potentes: vale recordar la anécdota de David frente a Goliat o la derrota del ejército asirio de Holofernes, enviado por Nabucodonosor siglo VI A.C., gracias al enorme ingenio de la legendaria heroína hebrea Judith.

 

Hay expertos que señalan que el gobierno de Israel era reticente, pero ante el impulso y la prepotencia yanqui, típicamente yanqui, cedió embarcándose en algo que puede ser una aventura trágica, que ya es una aventura descomunalmente trágica y, repito, de final impredecible.

 

Lo que ya podría pronosticarse es que el resultado más probable sería el de una derrota de todos y, consiguientemente, una derrota de la Humanidad.

 

Los yanquis demuestran una vez más su necedad, cualidad imprescindible para manejarse con su complejo de superioridad, su creencia de país ungido por la divinidad, creencia que lo marca desde su largada en 1776 por aquello de la “doctrina del destino manifiesto” a la que adherían esos supremacistas blancos esclavistas liderados por Washington, Jefferson y Franklin, continuadores de la “secta de la purificación” anglicana, secta expulsada hacia el este de América del Norte por la monarquía inglesa.

 

 

Los yanquis de hoy, todos los yanquis y no solamente Trump y sus esbirros, sangran por la herida como consecuencia de que están quedándose sin su hegemonía de tiempo atrás, que el mundo avanza hacia la multipolaridad, que China va en camino de ser primera potencia a la que se suman India, Japón. Rusia, Brasil y quizá Europa occidental, esa Europa que es como el ave Fénix.

La Argentina, ausente: ni siquiera convidado de piedra.

 

Ciertamente, viene fracasando o es insuficiente el “poder de fuego” de los yanquis al mismo tiempo que hicieron agua sus servicios de inteligencia históricamente ineficaces, tan por debajo de la eficiencia del Mossad, el cual generalmente suma aciertos, y de la capacidad de espionaje de las grandes potencias europeas, incluyendo Rusia, y de las grandes asiáticas.

Pero, sobre todo, lo que se revela definitivamente como a todas luces desacertada, por no decir inservible, es la concepción de la geopolítica, de la política y de la guerra que tienen los yanquis.

 

Contrariando a Clausewitz, para los yanquis la política es la continuación de la guerra: llegan a la política cuando no pudieron conseguir el éxito a través de la acción bélica. Tal concepción es la que explica que vivan en guerra desde el momento en que alumbraron hace 250 años.

 

Contrariando a Sun Tzu, ignoran premisas tales como que la guerra supone la puesta en juego de todos los recursos y capacidades, no solamente militares, sino también sociales, económicos y hasta mentales, empezando por conocer a fondo el terreno.

 

Podría citar más teóricos de la guerra, pero ya es suficiente.

 

Ciertamente lo yanquis no tienen ni tuvieron jamás un Temístocles, un Alejandro Magno, un Carlomagno, una Juana de Arco, un Napoleón, un San Martín, un Bolívar, un Zukhov y seguiría la lista si no fuera porque no quiero abrumar a la lectora y al lector. Tampoco tuvieron nada equivalente a quienes ya hace milenios inauguraron la tradición combativa y el conocimiento experto de Persia o Irán: Jerjes, Darío y unos cuantos más.

Lo comprobable es que para los yanquis la guerra es el comienzo y el fin de todo, que reducen la guerra al poder de fuego y que ignoran todo lo que se pone en juego cada vez que se actúa bélicamente.

 

Por ejemplo, no previeron la reacción contundente de Irán, ni todo lo que entra en el proceso, ignorando qué pasaría con otros países de la región y del mundo, qué pasaría con el petróleo, qué pasaría con sus aliados más incondicionales, qué pasaría con las vías marítimas y tanto más.

 

Como dirían en el barrio, “ellos se mandan y así nos va”.

 

Tampoco previeron qué pasaría con la población y las dirigencias de Irán, dando lugar a que les haya salido el tiro por la culata: el régimen autocrático que ya estaba en jaque por la lucha del digno pueblo iraní y, fundamentalmente, por sus heroicas mujeres, cuenta ahora con el apoyo de la población dado el odio o el temor que despierta la invasión de un enemigo bestial que arrancó masacrando a doscientas niñas escolares.

El régimen autocrático iraní que tenía en contra la presión internacional ahora es mirado, si no con simpatía o comprensión, sí con preocupación por los organismos internacionales y por las grandes potencias que ahora afrontan situaciones dilemáticas y acosadas por pueblos que abogan por la paz.

 

Los yanquis hasta tal punto incurren en perversión que, en simultáneo con su locura belicista, celebran la fiesta obscena de sus ridículos premios Oscar, tienden la alfombra roja mientras que en otras latitudes de ese color se tiñe la tierra por obra de ellos.

 

Sería el colmo que algún premiado o alguna premiada se exhiba haciendo grandilocuencia, declamando, en actitud crítica hacia su gobierno.

Sería muy estúpido creerle a la actriz, actor, cineasta, guionista o quien sea que vocifere su discursito opositor, pura manifestación de hipocresía.

 

 

 

Llegados a este punto, los yanquis recurren a artimañas propias de quienes se ven ante el riesgo de la derrota, como por ejemplo difundir falsedades, subir la apuesta con sus amenazas, poner más fuerzas en el campo de batalla.

 

También, dada el desafío no previamente calculado, están desgañitándose para conseguir la adhesión activa, militar y tecnológica, de otras potencias, sin resultados hasta ahora. Inclusive una aliada ultraderechista como Meloni, la presidente del Consejo de Ministros de Italia, se negó a entrar en guerra.

 

De acuerdo a mi creación, el Método Vincular, el país yanqui ocupa el Posicionamiento Dominancial, lo cual entre muchísimos aspectos y rasgos que hacen a su perfil, se destaca la endogamia llevada a su punto más extremo, el encierro en sí mismos y la creencia de que el resto del mundo es una extensión de la cual tienen el derecho de adueñarse.

Así de primitivos son.

 

Vuelvo ahora a nuestra sufriente Argentina, tan cuesta abajo.

Vuelvo con la pregunta crucial:

“¿Qué pasa con Milei si los yanquis y el gobierno de Israel pierden la guerra con Irán?”

 

Amplío; en caso de derrota miliar y/o política del país yanqui y del gobierno israelí, ¿qué pasaría  con Milei, con la fratria Milei, con los poderosos que lo apoyan, lo horda que lo sostiene y la masa que lo vota?

 

No es una pregunta para responder desde el derrotismo sino para sopesar, evaluar, pensar y comprometerse.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, marzo 14 de 2026

 

 

 


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