martes, 14 de abril de 2026

EL GRAVE ATOLLADERO QUE AFRONTA LA ARGENTINA

 



 

Rubén Rojas Breu

 

EL GRAVE ATOLLADERO QUE AFRONTA LA ARGENTINA

 

“La política es quizá la única profesión

para la que no se considera

 necesaria ninguna preparación”

Robert Louis Stevenson

 

 

(No recurro en absoluto a la IA para la producción de mis textos. Todo lo que escribo y publico sale de mis neuronas, con ellas me alcanza, y cuando cito lo hago con las referencias que corresponden)

 

Atolladero, atascadero, impasse, sin salida y otras expresiones describen en una o dos palabras la coyuntura actual de la Argentina.

 

El grave atolladero que afronta la Argentina consiste en:

que el gobierno autocrático libertario ya fracasó y se halla en bancarrota,

y, simultáneamente,

la oposición, inactiva o infructuosa desde los resultados electorales de octubre de 2023, es incapaz políticamente de revertir este cuadro de situación terminal.

 

El gobierno fracasó en todas las líneas, tiraniza y tiranizó para hundirnos más todavía en la decadencia que arrastramos desde la madrugada de la instauración del Terror del 24 de marzo de 1976.

 

Es un gobierno tan fracasado, o más, como el que encabezó de la Rúa secundado por Carlos “Chacho” Álvarez y acompañado por gran parte de dirigentes que persisten hasta el presente con su politiquería desgastante, que poco aportan, cuando no contravienen, a los intereses nacionales y populares.

 

El gobierno capitaneado por la fratria Milei se quedó sin apoyos, ni locales ni globales, máxime teniendo en cuenta que el país yanqui fue derrotado por el pueblo iraní y que también la odiosa superpotencia fue aislada internacionalmente.

Sus amigotes del Norte hacen agua y están poniendo su ignominioso empeño en salvar la ropa a como dé lugar; se quedaron sin restos para insuflar aire a los Milei y su horda.

 

El gobierno libertario sólo cuenta con la adhesión de la horda que lo encaramó y de una porción sumamente retrógrada de la masa, esa antagonista del Pueblo.

 

Milei está en pleno brote, acusando recibo de que está al borde del abismo.

 

Agravia, insulta, vocifera al mismo tiempo que presume de una erudición colmada de rudimentos simplotes, insustentables y disparatados, que tienen como fuentes a seudo economistas y seudo filósofos locales y globales que no cuentan con el respeto ni siquiera de sus parientes.

 

Se nota demasiado que Milei apela a esa erudición huera para ponerse, ilusoriamente, por encima de los economistas de formación de alto nivel egresados de las universidades estatales, particularmente de la UBA.

 

No me sumo ni me sumé nunca a los diagnósticos silvestres de locura pese a que soy Psicólogo egresado de la UBA, con más de cincuenta años de ejercicio profesional y en condiciones, por lo tanto, de hacer un diagnóstico.

 

Mis análisis y mis publicaciones se enmarcan en la Política.

Aplico un enfoque científicamente fundado para analizar al gobierno y la sociedad con el aval de mi extensa trayectoria política, de décadas, ocupando hasta los más altos niveles.

 

 

En todo caso quienes plantean que el presidente es un desquiciado deberían preguntarse cómo llegó a la presidencia de la nación un trastornado o un orate.

Se asombrarían de las conclusiones a las que llegarían.

 

Por otro lado, una oposición inactiva sostiene a Milei.

Inactiva, inerte, paralizada, incompetente, ineficaz, negligente, displicente, apática, abúlica y podría seguirse con todos los vocablos de este tenor que el diccionario de la RAE contenga para dar cuenta de un comportamiento persistentemente decepcionante e irresponsable de toda la oposición.

 

Cuando digo “toda la oposición” estoy incluyendo al kirchnerismo, el cristinismo, al kicillofismo, a las demás variantes del seudo peronismo, al progresismo, a la izquierda en todas sus versiones incluyendo la que se dice clasista.

 

No se registra en la historia argentina, salvo durante la dictadura terrorista de estado, una tan flagrante ausencia de oposición, una ausencia tan atronadora, que hace de ella una oposición finalmente complaciente cuando no cómplice.

 

Que dirigentes, gobernadores y parlamentarios notorios, erráticamente, participen de movilizaciones o recaigan en discursos encendidos en el Congreso o en peroratas ante cámaras y micrófonos es insuficiente para concluir que ejercen eficazmente su rol de opositores.

 

Los prudentes que tanto abundan dirán que con lo antedicho demuestro vocación para generarme como enemigos a todas y todos los que posan como dirigentes, referentes y, por lo tanto, inclusive a gran parte de la sociedad.

Quizá haya heredado yo el tábano de Sócrates.

 

Respondo que la patria y el pueblo están por encima de todo cuidado de mí.

 

Digo esto último de viva voz, aunque corra el riesgo de que se pueda pensar que alardeo, que sobreactúo o que incurro en cursilería. 

 

El gobierno y los poderosos locales y globales que lo apoyan devastaron a la Argentina.

 

No hace falta detallar, demasiado sufren argentinas y argentinos como para que necesiten que se siga enumerando las calamidades que estamos padeciendo.

 

A diario la población consciente, la población más comprometida con la defensa de los intereses nacionales y populares, con la preservación de los derechos de trabajadores, mujeres, niñas, niños y adolescentes, jubilados y discapacitados se indigna con sobrada razón por las acciones de este gobierno, por las leyes que se votan en un Congreso burdo y deshonroso, como la llamada “ley de glaciares”, y por los procederes y fallos del Poder Judicial.

Mi extensa trayectoria política como militante y dirigente impide que caiga en la ingenuidad.

 

Por lo tanto, soy muy consciente de que esa inacción opositora obedece, en gran medida, a transas, a negociados, a componendas y a contubernios obviamente llevados a cabo a escondidas y que se encubren con chamuyo, con esos discursos encendidos en el Parlamento, con denuncias infértiles en los Tribunales, con las declaraciones estridentes ante los micrófonos y las cámaras.

 

En ese encubrimiento juegan un rol fundamental, de partenaires, los medios de prensa adictos a las distintas variedades de la oposición ut supra enunciadas.

 

Allí tenemos a C5N, Radio 10, P12, La izquierda diario, Perfil, sus equivalentes en el Interior y muchos más que no hace falta mencionar.

 

Esos medios, además, tienen a sus periodistas “estrellas” que, dotados de una verba tan inflamada como anodina, finalmente estéril, sólo se ocupan de criticar anestesiando por esa vía y, por lo tanto, objetivamente desalentando la acción que debería ser eficazmente opositora.

 

Todos los días se levantan y se acuestan proclamando “el peor momento del gobierno”: dos años, sobre todo el último, llevan repitiendo ese latiguillo.

 

Fatigan los espíritus con las denuncias de corrupción, temática que agitan desde la década menemista con cero resultados.  

 

Aunque la corrupción existe y es abominable, cuando todo gira en torno a este denuncismo se fomenta un pensamiento superficial y la inacción.

 

 

Es mera distracción si no se inscribe la cuestión en la Política, si no se propone un Proyecto, si no se diseña y aplica una estrategia, si no hay conducción ni organización y si no se impulsa a la acción transformadora.

 

Asimismo, militantes y simpatizantes de distintas fuerzas o facciones políticas depositan esperanzas, muy torpe o ingenuamente, en figuras afamadas como Cristina Fernández de Kirchner, Miriam Bregman, Axel Kicillof, Juan Grabois, alguna o algún etcétera más.

Expectativas mesiánicas que quedarán en expectativas.

 

Confían o hasta idolatran sin ver hasta qué punto han llevado a este desastre y hasta qué punto son corresponsables de este tenebroso presente y de que los Milei estén donde están.

 

El gobierno sigue disponiendo como actor único, sin competencia, sin rivales, sin obstáculos.

Hablo de un gobierno ya derrotado.

 

Derrotado definitivamente en el orden interno por el fracaso de su política despiadada y destructiva.

Derrotado en el frente externo por su alineamiento descarado, antinacional, antipopular, antihumano con el país yanqui y su socio, el gobierno de Israel.

 

Queda claro que, en política internacional, a la vista del resultado catastrófico para los yanquis de su guerra con Irán, el gobierno y, particularmente, Milei apostaron al perdedor.

Ergo, Milei es un perdedor.

 

El país yanqui se edificó sobre la base del antagonismo “ganador-perdedor”, antagonismo del paladar de Milei.

Así que Milei es un perdedor en sus propios términos.

 

 

Pese a estar totalmente derrotado, pese a que Milei y su gobierno la dan servida para poner fin a sus tropelías, la oposición se mantiene exasperantemente inactiva, deja hacer.

 

El núcleo de este diagnóstico es que se trata de una oposición divorciada del Pueblo.

 

Mientras el Pueblo lucha denodadamente y en soledad, la oposición permanece en un letargo inconcebible.

 

Muchos y variados son los motivos que la oposición y el periodismo que la apoya esgrimen, pública o reservadamente, para justificar un proceder tan injustificable.

 

Se recurre a la racionalización, el cual, de acuerdo al Diccionario de Psicoanálisis (Laplanche y Pontalis, 1998, Editorial Labor, Barcelona) es un procedimiento inconsciente que fue generado en el Psicoanálisis por Ernest Jones y adoptado por Freud.

Consiste en dar una explicación coherente desde el punto de vista lógico o aceptable desde el punto de vista moral, a comportamientos que son inadmisibles, vergonzosos o deficientes.

Excusas que se disfrazan como asertos indiscutibles o irrefutables.

 

En la fábula “La zorra y las uvas” atribuida a Esopo y retomada por varios fabulistas se describe la racionalización.

Cuenta la fábula que una zorra sedienta se encuentra con una parra de la cual cuelga un racimo de uvas.

En su afán por alcanzarlo se yergue lo más posible sin éxito, persiste poniéndose en punta de patas, estira sus patas delanteras fracasando una y otra vez. Por último, da saltos, pero todo intento resulta inútil.

Dándose por vencida se dice a sí misma: “pero, para qué, si están verdes”.

 

Como la zorra, la oposición y sus adherentes en medios y otros ámbitos, incurren en numerosas y reiteradas racionalizaciones con el fin de ocultar sus carencias: incapacidad política, falta de un Proyecto y de la consiguiente estrategia y poder de convocatoria prácticamente nulo.

Es una oposición que pone en evidencia la falta de conducción política que la Argentina arrastra desde hace décadas.

 

Toda esa ineptitud quedó al descubierto ya en las jornadas del 14 de octubre y del 19 y 20 de diciembre del 2001 seguidas de un fuerte protagonismo popular y las asambleas.

 

Ese 2001 quedó registrado en la memoria de estas dirigencias como algo catastrófico toda vez que dio por caduco el régimen político institucional.

 

Entre esas racionalizaciones o falsas razones que la oposición se da a sí misma y a la sociedad, se destacan:

 

-     Que el gobierno libertario cuenta con el apoyo incondicional de los concentradores de poder locales y globales.

 

-     Que la población en su mayoría lo votó y “hay que respetar la voluntad popular”

 

 

-     Que las encuestas lo favorecen o lo respaldaron

 

-     Que los medios hegemónicos tienen una influencia inmensurable y con su prédica lo fortalecen

 

-     Que “la gente” está apática, indiferente o con poca disposición a movilizarse.

 

 

-     Que hay que preservar las instituciones

 

-     Que las elecciones son el único medio idóneo para cambiar de gobierno.

  

Cuatro vicios resaltan en esa descripción: el institucionalismo vacuo, la adicción a la prensa, el electoralismo que propicia la manipulación de la masa y el encuestismo, dando a las empresas encuestadoras una relevancia infundada y perjudicial en desmedro del Pueblo.

 

De manera que todas esas racionalizaciones o excusas ocultan la incapacidad de las dirigencias de la oposición, la falta de conducción política y el miedo descomunal que tienen por una posible reedición del levantamiento popular de 2001.

 

Ojalá tuvieran la humildad de decir: “no sabemos qué hacer”.

 

Así las cosas, una penosa conclusión se impone, una conclusión que nadie se anima a verbalizar:

No tenemos en el horizonte cercano fuerzas políticas ni candidatas ni candidatos que garanticen un gobierno confiable y, mucho menos, una conducción política capaz de plasmar un Proyecto de emancipación y de realización.

 

Si tuviéramos una oposición a la altura de nuestro Pueblo y de lo mejor de nuestra Historia, ya estaría convocando como lo hizo Perón, acompañado por Balbín, con La Hora del Pueblo en 1970 o, inclusive, la Multipartidaria de 1981.

 

Sólo tenemos al Pueblo.

 

 Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, abril 14 de 2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


martes, 7 de abril de 2026

EL OBSCENO GOBIERNO DE MILEI YA ESTÁ DERROTADO

 


 

Rubén Rojas Breu

 

EL OBSCENO GOBIERNO DE MILEI YA ESTÁ DERROTADO

 

En rigor de verdad, este gobierno nació derrotado desde el momento en que desde su primer día se definió en contra de la nación, del pueblo y de los trabajadores, en contra de las argentinas y de los argentinos.

Ahora ya no quedan dudas de su derrota.

 

Está, además, derrotado en la medida que solamente es una carta devaluada con la que el régimen político institucional que caducó en 2001 busca perpetuarse dejando en ese intento, a contramano de la Historia, más decadencia, más atraso, más pobreza, más injusticia, más debilitamiento de nuestro país en la región y en el mundo, lo cual repercute desalentadoramente en la Patria Grande latinoamericana.

 

Ahora bien, un gobierno derrotado, como lo demuestra repetidamente la Historia, puede subsistir por un tiempo más o menos breve o más o menos prolongado.

 

La monarquía francesa fue derrotada en 1789 con la toma de la Bastilla y la posterior marcha de las mujeres al palacio de Versalles.

No obstante, la monarquía fue formalmente concluida en 1792, ergo sobrevivió tres años a su derrota.

 

La dictadura cívico militar terrorista de estado de nuestro país fue derrotada en junio de 1982 pero recién cayó en diciembre de 1983 cuando el primer gobierno civil que la sucedió inició su gestión luego de las elecciones de octubre de ese año.

 

Así que podemos afirmar sin temor a equivocación que el gobierno ultraderechista y cavernícola actual ya está derrotado, con creces.

 

Está derrotado en los dos frentes, el interno y el externo.

 

En el interno, porque el país está en la peor bancarrota imaginable con un atraso descomunal, estancamiento a la baja, pobreza e indigencia por doquier, hambre, violencia institucional y criminal, desamparo de niñas, niños, adolescentes, jubilados y discapacitados.

Manotazos, griterío persistente y alaridos propios de este gobierno también son signos de su estrepitoso fracaso.

No se puede más, no se da más.

 

En el externo, porque su política internacional de alineamiento con lo más repudiable lo llevó a quedar pegado al país yanqui ya vencido y camino de la capitulación, humillado por Irán, burlado por Rusia y China, ninguneado por las otras grandes potencias tanto europeas como asiáticas y resistido por la mayoría de los países de América Latina.

 

Los gobiernos de Israel, marionetista, y de la Argentina, lacayo, son los únicos con los que cuenta el país del Norte de América; el de nuestro país, como mero adorno de utilería.

 

Inexorablemente, ya vencido, una vez más, los EEUU del esclavista Washington arrastran en su caída a sus acompañantes fieles.

 

Aunque las amenazas yanquis, vociferadas por su rubicundo primer mandatario formal, se materializaran, ya el fracaso en el logro de los objetivos que se había propuesto el país yanqui salta a la vista.

 

En nuestro país, medios de comunicación masiva de todo el espectro y todas las empresas encuestadoras, que operaron ininterrumpidamente para potenciar y sostener a este gobierno incalificable, ya le retiraron su apoyo hasta acá incondicional.

 

El institucionalismo vacuo con el cual la oposición sostuvo al gobierno se hace pedazos, ya no sirve.

Además, el descreimiento en instituciones y dirigencias es pavoroso y amenaza con ser irreversible.

 

A esta oposición le cabe el primer verso del tango “Naipe marcado” de Ángel Greco inmortalizado por Gardel: “vayan parando el chamuyo”.

 

Queda claro que quienes apoyan o votan al gobierno de la fratria Milei y su horda, se han pronunciado y se pronuncian en contra de los intereses nacionales y populares, salvajemente, lo cual los hace merecedores de repudio, sean de la edad, género y estrato social que sean.

 

La ignorancia, la pobreza, el resentimiento, la falta de conocimiento de la Política o el rechazo al comportamiento sistemáticamente decepcionante cuando no desvergonzado de todos los gobiernos civiles que sucedieron a la dictadura terrorista de estado no justifican el aval o el sufragio en favor de un gobierno tan brutal, tan descomunalmente injusto, tan obsceno, tan violento y tan grosero que ejercita la procacidad como modalidad habitual de conducta.

 

Quienes lo apoyan o lo votan se identifican con esa conducta de caprichoso nene de papá, aunque la inmensa mayoría de esos adherentes y electores no tienen ni dónde caerse muertos.

El gusto por el sometimiento y el castigo tiene sus consecuencias.

 

Por otra parte, ningún malestar causado por gestiones anteriores que puedan alegar esos simpatizantes y votantes de este gobierno da licencia para traicionar a la patria y para castigar al pueblo.

 

Si no coinciden con las fuerzas políticas que, lamentablemente, tenemos, el camino es el de generar la organización política que nos conduzca a una Argentina y un pueblo que alcancen su emancipación y su realización.

Los factores de poder y, desde luego, los concentradores de poder y de riqueza globales y locales que sostuvieron y sostienen a este régimen político institucional caduco y que, en particular, impulsaron y alentaron al gobierno libertario, también lo están dejando a éste sin aire.

 

Si este gobierno continúa haciendo y deshaciendo queda ahora definitivamente claro, muy claro, que es porque la oposición en totalidad, kirchneristas y otros seudo peronismos, progresistas y la izquierda en toda su extensión está durmiendo la siesta y porque tal oposición, lo cual es gravísimo, carece de Proyecto, de políticas, de estrategia y de capacidad de convocatoria.

 

Nunca el Pueblo viene dando y da como en el presente su lucha en este grado de soledad.

 

El Pueblo está dando ejemplo hacia fronteras adentro y hacia el mundo de conciencia política y de capacidad de acción.

Nunca una oposición, salvo durante la última dictadura en la cual reinaba el Terror, fue tan complaciente, tan ineficaz, tan negligente.

 

Nunca un parlamento fue tan estéril, tan sometido, tan entregado, tan incapaz.

 

Tampoco es admisible el comportamiento indolente, por decir lo menos, de la Corte Suprema y el Poder Judicial en su conjunto.

 

Si se tratase de una oposición que ejerciera mínimamente su rol tendría ya que generar una convocatoria de gran alcance y gran amplitud con el objetivo, como primer paso, de reestablecer una auténtica institucionalidad respetuosa de la Constitución, de la nación, del pueblo y garante de los derechos que tan salvajemente fueron arrasados en estos últimos dos años larguísimos.

 

 

La oposición tiene antecedentes que podría emular, reeditar, como la exitosa Hora del Pueblo impulsada por Perón con el acompañamiento del radicalismo encabezado por Balbín en 1970 o como la menos trascendente pero mínimamente esperanzadora  Multipartidaria Nacional de 1981.

 

Lamentablemente algo sumamente contrario a los intereses nacionales y populares atraviesa y signa a gran parte de la sociedad argentina y, en especial, a todas sus dirigencias, medios de comunicación, intelectuales y referentes afamados, empresas encuestadoras y de lo cual se benefician los concentradores de poder y de riqueza: el infantilismo.

Es un infantilismo en dos versiones, el de derecha representado por este gobierno y el de izquierda, manifiesto en el kirchnerismo y otros seudo peronismos, el progresismo y la izquierda propiamente dicha.

 

Ya Lenin en 1920, a propósito del comportamiento francamente pueril de los comunistas alemanes e ingleses publicó su ensayo severamente crítico “El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”.

 

A su vez, Perón a los vocingleros que buscaban debilitar al gobierno democrático, categóricamente nacional y popular, los llamó “imberbes”.

 

No voy a profundizar sobre el infantilismo aquí, lo dejo para próximas publicaciones.

 

Acá me limito a señalar su perjudicial influencia y su labor inhibitoria para encarar la acción que nos lleve a un destino promisorio.

 

Con el riesgo de reiterarme, solamente en el Pueblo podemos confiar mientras nos aboquemos, de una vez por todas, a construir la conducción política.

Por mi parte, estoy como lo estuve desde siempre, desde mi temprana edad, a disposición de mi patria y de mi pueblo.

 

Puede sonar pomposo lo antedicho, pero no encuentro otro modo de ser más elocuente y téngase en cuenta que soportar la censura continuamente, el ninguneo, la represión en sus variadas formas y la enorme pena por ver a la propia patria, por la cual tanto luché, en picada tan cuesta abajo, hace que sea muy difícil encontrar las palabras que los bien pensantes puedan considerar oportunas.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, abril 7 de 2026

 

 


"ESTE PUEBLO NO ES COMO LA ARGENTINA QUE AGUANTA AL PRESIDENTE", dicho por un manifestante boliviano

    Rubén Rojas Breu   “ESTE PUEBLO NO ES COMO LA ARGENTINA QUE AGUANTA AL PRESIDENTE”   La frase fue lanzada por un manifestante ...