martes, 17 de marzo de 2026

A 50 AÑOS DEL INICIO DEL TERROR EN LA ARGENTINA, ¿LA DICTADURA SE SALIÓ CON LA SUYA?

 



 

Rubén Rojas Breu

 

A 50 AÑOS DEL INICIO DEL TERROR, ¿LA DICTADURA SE SALIÓ CON LA SUYA?

 

En principio hay razones para responder de la manera más triste, más desalentadora, más alarmante, más desgarradora.

 

Ante el procesador de textos me detengo, inquieto por la pregunta que yo mismo estoy haciendo en el título.

 

¿Cómo responder a una pregunta tan angustiante?

 

Enseguida me digo: tranquilo, la pregunta admite más de una respuesta, admite, básicamente, dos y ambas se contradicen, ambas son al mismo tiempo afirmación y negación, negación y afirmación.

 

Ambas, entonces, están a la espera de la síntesis, a la espera de que la negación de la negación nos lleve a la síntesis.

 

Una vez más y como siempre lo hago, aunque no lo diga a cada rato, estoy navegando en las aguas de la dialéctica.

 

Por lo tanto, la capacidad para aplicar el conocimiento científico y lo aprendido a lo largo de mi extensa trayectoria política empiezan a ganarles en mí al pesimismo, a la desesperación, a la depresión.

 

 

 

De acuerdo a la tan gastada figura de la botella semivacía o semillena que ilustra sobre las perspectivas contrapuestas, negativa o positiva, desde la cual se observa, la respuesta indeseable y la promisoria coexisten.

 

Ya Einstein de un modo sumamente complejo demostró el rol relevante del punto de vista del observador.

 

De tal manera, a la pregunta “¿la dictadura se salió con la suya?” respondo: sí y no.

 

Por qué sí:

 

·      Tenemos un gobierno de ultraderecha que reivindica a la dictadura y que, aún más, se muestra creciente y provocadoramente  heredero de la misma en lo cultural, lo político, lo social, lo económico y hasta en lo psicológico.

 

·      Al mismo tiempo, los concentradores de poder y de riqueza, así como los factores de poder, como si el tiempo se hubiera congelado, son los mismos que apoyaron a la dictadura, aunque hayan cambiado varios nombres.

Seguimos teniendo al imperialismo yanqui -protagónico, aunque eventualmente acompañado por otros intervencionismos globales-, a la sempiterna oligarquía criolla, a los mismos grandes monopolios y oligopolios multinacionales y locales, a dirigencias políticas, gremiales y sociales análogas a las de entonces, un Estado de similar perfil, pese a algunas modificaciones, a los mismos directores o sus descendientes físicos o simbólicos en las más influyentes organizaciones de la sociedad civil, a los mismos medios de comunicación hegemónicos con pocas variaciones, a fuerzas armadas que siguen subordinadas a la tenebrosa Escuela de la Américas yanqui, que siguen adhiriendo, de hecho, a la doctrina de la seguridad nacional y el enemigo interno, a fuerzas de seguridad que siguen aplicando modalidades represivas propias de los regímenes tiránicos ahora fortalecidas con el protocolo Bullrich y se pueden seguir agregando semejanzas o equivalencias.

 

¿Por qué no?

O, ¿en qué la dictadura no se salió con la suya?

 

La última dictadura, así como las que la antecedieron, y sus patrocinantes locales y globales, tuvo un propósito principalísimo: acabar con el Pueblo argentino.

 

En la concreción de tan vil e infame propósito coincidieron sus gemelas de otros países latinoamericanos y de un alto número de otras latitudes, obstinadas en terminar con los pueblos, ejecutando sus planes de exterminio.

 

 

 

 

El 1° de julio de 1974, casi dos años antes de la noche inaugural del Terror, había muerto Perón.

 

Con él, tal como se comprobó penosamente después, había llegado a su fin, la conducción política de la Argentina, de su nación y de su pueblo.

 

Veinte días antes, ante una Plaza de Mayo colmada, Perón había designado al Pueblo como su único heredero, anuncio que tendría especial resonancia en ese momento tan convulsionado por un internismo feroz protagonizado por quienes no entendían al viejo general, un cuadro de violencia generalizada inédito y las amenazas sordas pero sonoras de golpe de estado.

 

No se trata de incurrir en nostalgia ni de dejarse llevar el culto de personalidad o el caudillismo sino de pensar como aquello que inauguró el ateniense de la Antigüedad Tucídides, el realismo político en lo que también ahondaría Maquiavelo casi un milenio después.

Para tal realismo político lo determinante es el poder. Por mi parte, defino a la Política como la ciencia y la práctica que tiene por objeto interpretar y operar sobre las relaciones de poder.

 

De tal manera, de acuerdo a mis desarrollos basados en mi creación, el Método Vincular, lo real son las relaciones de poder.

 

Guiado por tal modo científico de abordar la cuestión, la muerte de Perón significó el fin de la conducción política ya que no había condiciones para su reemplazo.

Con Perón fallecido las relaciones de poder se tornaban desfavorables para el Pueblo, tanto hacia adentro del Movimiento Peronista como hacia afuera.

 

Según mi conceptualización la conducción política no se circunscribe al desempeño de un conductor.

 

Defino a la conducción política como la articulación entre toma de iniciativa y síntesis que tiene por objetivo guiar al Pueblo y a la Nación para consumar el Proyecto de emancipación y realización

 

De tal manera, la conducción política es una función de la organización política ejercida colectivamente.

 

Perón fallece sin lograr tal objetivo, el de generar una conducción política tal como acabo de definirla.

 

En consecuencia, consciente de que transitaba sus últimos días, proclamó como único heredero al Pueblo.

 

El Pueblo cumplió y cumple.

Así que a no ceder ante el derrotismo y a levantar el ánimo.

 

El Pueblo batalló como pudo durante la dictadura y creció en despliegue a partir del retorno a los gobiernos civiles en una democracia de corto alcance y en un estado de derecho sometido a continuas embestidas de la oligarquía local, de los monopolios globales, de los factores de poder y del conjunto de operadores que les sirven.

 

De tal manera, el Pueblo es no solamente el heredero ungido por Perón sino la demostración más acabada de que la dictadura no se salió del todo con la suya.

 

Para derrotar a la dictadura, su legado y sus venales continuadores hay que asumir el Proyecto de emancipación y de realización, construir la conducción política, elevar la cultura política, generar la organización política y contar con la estrategia imprescindibles para ello.

 

Debe tenerse en cuenta que el Pueblo no solamente tiene en contra a los concentradores de poder y de riqueza y sus tentáculos sino también a la masa, ésa que cuando el Pueblo no hace tronar el escarmiento, se deja llevar de las narices por la derecha tan totalitaria, hoy devenida en extremista al punto de alinearse con el país yanqui y con el gobierno de Israel, poniendo a las argentinas y a los argentinos en situación de riesgo alto tal como hizo saber el gobierno teocrático de Irán al afirmar que el gobierno autocrático libertario “cruzó una línea roja imperdonable”.

 

Todo el tiempo el Pueblo se moviliza, se expresa, se organiza en sus bases, da infinidad de batallas en paz a pesar de la represión brutal, de la prédica de los medios de comunicación masivos y de las empresas encuestadoras.

 

A pesar también de la masa, de esa “mayoría silenciosa” que durante la dictadura, a medida que se conocían las desapariciones forzadas o los variados crímenes de lesa humanidad, sentenciaba “por algo será” justificando despiadadamente el accionar letal.

 

El Pueblo está y está con toda su fuerza.

Falta, entonces, la conducción política con el Proyecto y todo lo que en tal dirección enuncié ut supra.

Cuando contemos con eso, podremos responder con todos los énfasis: la dictadura, finalmente, no se salió con la suya.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, marzo 17 de 2026

 


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