viernes, 7 de agosto de 2026

La significación de la consigna sagrada “La Patria no se vende”

 


Rubén Rojas Breu

 

La significación de la consigna sagrada “La Patria no se vende”

 

Desde los albores oscuros del gobierno libertario ultraderechista, antipopular y antinacional, el Pueblo se manifestó incluyendo entre sus consignas la del título: “La Patria no se vende”.

 

La reciente exhibición por parte de nuestros futbolistas, ante los ojos del planeta, de la sábana pintada con la justísima divisa “Las Malvinas son argentinas” hizo de la consigna sagrada un grito estentóreo voceado a los cuatro vientos por la inmensa mayoría de las argentinas y de los argentinos hasta en el último rincón de nuestro país, marcando un primer “antes y después”.

 

Para rabia de las potencias colonialistas, sobre todo Inglaterra y sus socios, para irritación del gobierno libertario y para desconcierto de las dirigencias de todo el espectro, de los medios y de los intelectuales, de los analistas políticos y de los encuestadores, ya nada es lo mismo: se fortaleció el Pueblo y se debilitaron sus opresores y sus engañosos representantes.

 

No sólo se reactivó fuertemente el reclamo que implica a todo nuestro sur del Atlántico Sur, sino que también se puso en evidencia que la corona británica, su socio, el país yanqui, y los cipayos son, ni más ni menos, los integrantes del antagonista estratégico, quienes cuentan únicamente a nivel de sus bases con las hordas y el sector de la masa deseosa de sometimiento y cómoda con el apoliticismo y el embrutecimiento.

 

“La Patria no se vende” fue la consigna asumida activamente por quienes se definen incondicionalmente del lado de la Nación, del Pueblo, de las mayorías y de las minorías castigadas por el gobierno dictatorial y sus patrocinadores globales y sus mandamases locales, la sempiterna oligarquía criolla y los grandes capitalistas tan voraces ellos y tan enconados obstáculos para impulsar el desarrollo y para aspirar y concretar la justicia en todos los órdenes de la vida en comunidad.

 

Así llegamos a estas últimas semanas en las cuales el gobierno se fijó el propósito de votar la eufemísticamente llamada “ley de tierras”, un instrumento de la entrega, del saqueo, de la expoliación de nuestro territorio y de nuestros recursos naturales y también la venia para más padecimiento para las mayorías en distintos ámbitos y rubros que hacen a la vida misma.

 

La reacción del Pueblo, y solamente del Pueblo, fue de tal envergadura que se obtuvo categóricamente un triunfo parcial frustrando en buena medida los planes del totalitarismo libertario.

 

Ese triunfo, aún con sus limitados alcances, significa un segundo “antes y después”.

 

En el antes, la fratria Milei, su horda, sus secuaces y sus mandamases avanzaban en la concreción de sus odiosos fines, escalaban, ignorando la resistencia popular y ninguneando a una oposición ineficaz.

 

En el después, el Pueblo impuso e impone su protagonismo.

De las tres banderas que identifican al peronismo fundacional y a Perón, la soberanía política, la soberanía sin cortapisas, se alzó con una vitalidad que sorprendió, y asustó, a los poderosos, el gobierno y una oposición impotente, negligente, alejada del Pueblo.

 

La justicia social y la independencia económica, las otras dos banderas, fueron arriadas o debilitadas desde la dictadura hasta hoy, incluyendo a todos los gobiernos civiles,

 y definitivamente incineradas por el gobierno de los Milei.

 

Gran parte de la masa que con su voto y su opinión se vuelca en favor del gobierno apoyó, con argumentos propios de esclavos complacientes, que se barriera con ambas banderas.

 

Las contundentes defensa y valoración de la soberanía generó todo el movimiento esperanzador y de perspectivas revolucionarias que hoy asoma enérgico.

 

La bandera celeste y blanca con su sol tan latinoamericano devino imponente, como quizá nunca lo había sido desde la guerra de la Independencia o desde los primeros gobiernos peronistas, cuya conclusión en 1955 fue determinada por la acción sanguinaria del golpe cívico militar de 1955.

 

Quedaron al descubierto las disyuntivas Milei o Patria y cipayismo o Nación.

 

Del lado de los primeros términos de las citadas disyuntivas quedaron, no solamente el gobierno y sus patrones, sino también los medios de comunicación masiva, la barbarie de las redes virtuales y las empresas encuestadoras; también, objetivamente, por su inacción, se posicionaron allí las dirigencias de la oposición, políticas, gremiales, sociales, sectoriales.

 

A tal punto esto es asi, que la Iglesia Católica despunta como cuasi única organización realmente opositora.

 

El Pueblo, solamente el Pueblo, puede arrogarse legítimamente lo logrado hasta el momento y lo que se haga con deseable éxito en las jornadas y semanas que siguen.

 

El Pueblo, la organización política de más alta complejidad, viene dando su lucha en soledad desde hace décadas y, particularmente, desde la llegada al gobierno de los libertarios.

 

El Pueblo, dejó en claro desde diciembre de 2023 su rechazo al gobierno al mismo tiempo que crecientemente tomó la decisión de reclamar el fin ya de esta dictadura ultraderechista.

 

El Pueblo dejó en claro que no acompaña la devoción de todas las dirigencias de la oposición por el institucionalismo vacuo, por el electoralismo sustentado en la manipulación, por el influjo enfermizo que tales dirigencias ponen de manifiesto atendiendo sumisamente a medios y encuestas.

 

Las dirigencias de la oposición, esto es, kirchnerismo y otros seudo peronismos, progresismo, izquierda blanda e izquierda clasista, no aprenden.

 

No aprenden ni de la Historia ni de su propia experiencia.

 

Siguen recurriendo al tacticismo proclamando y haciendo lo mismo, repitiéndose una y otra vez con las mismas ideas degastadas y las mismas acciones improductivas, mientras esperan a su Godot (Beckett dixit) que llegaría de la mano de los lejanísimos comicios de octubre de 2027.

 

La incapacidad de esas dirigencias para conducir, organizar y convocar, para desafiar y para innovar, para evaluar y analizar en profundidad y para imaginar es una patética demostración de mediocridad, de mezquindad y de connivencia.

 

Por su lado, el Pueblo dejó en claro que aspira con firme convicción y con coraje a su emancipación y realización, conjuntamente con la Nación, los trabajadores y los marginados, enarbolando como nunca la bandera de la soberanía y revitalizando las de la justicia social y la independencia económica.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, agosto 7 de 2026

 

 

 

 

 

 

 


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

La significación de la consigna sagrada “La Patria no se vende”

  Rubén Rojas Breu   La significación de la consigna sagrada “La Patria no se vende”   Desde los albores oscuros del gobierno libert...