Rubén
Rojas Breu
EL OBSCENO GOBIERNO DE MILEI
YA ESTÁ DERROTADO
En
rigor de verdad, este gobierno nació derrotado desde el momento en que desde su
primer día se definió en contra de la nación, del pueblo y de los trabajadores,
en contra de las argentinas y de los argentinos.
Ahora
ya no quedan dudas de su derrota.
Está,
además, derrotado en la medida que solamente es una carta devaluada con la que
el régimen político institucional que caducó en 2001 busca perpetuarse dejando en
ese intento, a contramano de la Historia, más decadencia, más atraso, más
pobreza, más injusticia, más debilitamiento de nuestro país en la región y en
el mundo, lo cual repercute desalentadoramente en la Patria Grande
latinoamericana.
Ahora
bien, un gobierno derrotado, como lo demuestra repetidamente la Historia, puede
subsistir por un tiempo más o menos breve o más o menos prolongado.
La
monarquía francesa fue derrotada en 1789 con la toma de la Bastilla y la
posterior marcha de las mujeres al palacio de Versalles.
No
obstante, la monarquía fue formalmente concluida en 1792, ergo sobrevivió tres
años a su derrota.
La
dictadura cívico militar terrorista de estado de nuestro país fue derrotada en
junio de 1982 pero recién cayó en diciembre de 1983 cuando el primer gobierno
civil que la sucedió inició su gestión luego de las elecciones de octubre de
ese año.
Así
que podemos afirmar sin temor a equivocación que el gobierno ultraderechista y
cavernícola actual ya está derrotado, con creces.
Está
derrotado en los dos frentes, el interno y el externo.
En el
interno, porque el país está en la peor bancarrota
imaginable con un atraso descomunal, estancamiento a la baja, pobreza e
indigencia por doquier, hambre, violencia institucional y criminal, desamparo
de niñas, niños, adolescentes, jubilados y discapacitados.
Manotazos,
griterío persistente y alaridos propios de este gobierno también son signos de
su estrepitoso fracaso.
No
se puede más, no se da más.
En el
externo, porque su política internacional de
alineamiento con lo más repudiable lo llevó a quedar pegado al país yanqui ya
vencido y camino de la capitulación, humillado por Irán, burlado por Rusia y
China, ninguneado por las otras grandes potencias tanto europeas como asiáticas
y resistido por la mayoría de los países de América Latina.
Los
gobiernos de Israel, marionetista, y de la Argentina, lacayo, son los únicos con
los que cuenta el país del Norte de América; el de nuestro país, como mero
adorno de utilería.
Inexorablemente,
ya vencido, una vez más, los EEUU del esclavista Washington arrastran en su
caída a sus acompañantes fieles.
Aunque
las amenazas yanquis, vociferadas por su rubicundo primer mandatario formal, se
materializaran, ya el fracaso en el logro de los objetivos que se había
propuesto el país yanqui salta a la vista.
En
nuestro país, medios de comunicación masiva de todo el espectro y todas las empresas
encuestadoras, que operaron ininterrumpidamente para potenciar y sostener a
este gobierno incalificable, ya le retiraron su apoyo hasta acá incondicional.
El
institucionalismo vacuo con el cual la oposición sostuvo al gobierno se hace
pedazos, ya no sirve.
Además, el descreimiento en instituciones y dirigencias es pavoroso y amenaza con ser irreversible.
A
esta oposición le cabe el primer verso del tango “Naipe marcado” de Ángel Greco
inmortalizado por Gardel: “vayan parando el chamuyo”.
Queda
claro que quienes apoyan o votan al gobierno de la fratria Milei y su horda, se
han pronunciado y se pronuncian en contra de los intereses nacionales y
populares, salvajemente, lo cual los hace merecedores de repudio, sean de la
edad, género y estrato social que sean.
La
ignorancia, la pobreza, el resentimiento, la falta de conocimiento de la
Política o el rechazo al comportamiento sistemáticamente decepcionante cuando
no desvergonzado de todos los gobiernos civiles que sucedieron a la dictadura
terrorista de estado no justifican el aval o el sufragio en favor de un
gobierno tan brutal, tan descomunalmente injusto, tan obsceno, tan violento y
tan grosero que ejercita la procacidad como modalidad habitual de conducta.
Quienes
lo apoyan o lo votan se identifican con esa conducta de caprichoso nene de
papá, aunque la inmensa mayoría de esos adherentes y electores no tienen ni dónde
caerse muertos.
El gusto
por el sometimiento y el castigo tiene sus consecuencias.
Por
otra parte, ningún malestar causado por gestiones anteriores que puedan alegar esos
simpatizantes y votantes de este gobierno da licencia para traicionar a la
patria y para castigar al pueblo.
Si
no coinciden con las fuerzas políticas que, lamentablemente, tenemos, el camino
es el de generar la organización política que nos conduzca a una Argentina y un
pueblo que alcancen su emancipación y su realización.
Los
factores de poder y, desde luego, los concentradores de poder y de riqueza
globales y locales que sostuvieron y sostienen a este régimen político
institucional caduco y que, en particular, impulsaron y alentaron al gobierno
libertario, también lo están dejando a éste sin aire.
Si
este gobierno continúa haciendo y deshaciendo queda ahora definitivamente
claro, muy claro, que es porque la oposición en totalidad, kirchneristas y
otros seudo peronismos, progresistas y la izquierda en toda su extensión está
durmiendo la siesta y porque tal oposición, lo cual es gravísimo, carece de
Proyecto, de políticas, de estrategia y de capacidad de convocatoria.
Nunca
el Pueblo viene dando y da como en el presente su lucha en este grado de
soledad.
El
Pueblo está dando ejemplo hacia fronteras adentro y
hacia el mundo de conciencia política y de capacidad de acción.
Nunca
una oposición, salvo durante la última dictadura en la cual reinaba el Terror,
fue tan complaciente, tan ineficaz, tan negligente.
Nunca
un parlamento fue tan estéril, tan sometido, tan entregado, tan incapaz.
Tampoco
es admisible el comportamiento indolente, por decir lo menos, de la Corte
Suprema y el Poder Judicial en su conjunto.
Si
se tratase de una oposición que ejerciera mínimamente su rol tendría ya que
generar una convocatoria de gran alcance y gran amplitud con el objetivo,
como primer paso, de reestablecer una auténtica institucionalidad respetuosa de
la Constitución, de la nación, del pueblo y garante de los derechos que tan
salvajemente fueron arrasados en estos últimos dos años larguísimos.
La
oposición tiene antecedentes que podría emular, reeditar, como la exitosa Hora
del Pueblo impulsada por Perón con el acompañamiento del radicalismo encabezado
por Balbín en 1970 o como la menos trascendente pero mínimamente esperanzadora Multipartidaria Nacional de 1981.
Lamentablemente
algo sumamente contrario a los intereses nacionales y populares atraviesa y
signa a gran parte de la sociedad argentina y, en especial, a todas sus
dirigencias, medios de comunicación, intelectuales y referentes afamados,
empresas encuestadoras y de lo cual se benefician los concentradores de poder y
de riqueza: el infantilismo.
Es
un infantilismo en dos versiones, el de derecha representado
por este gobierno y el de izquierda, manifiesto en el kirchnerismo y otros
seudo peronismos, el progresismo y la izquierda propiamente dicha.
Ya
Lenin en 1920, a propósito del comportamiento francamente pueril de los
comunistas alemanes e ingleses publicó su ensayo severamente crítico “El
izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”.
A su
vez, Perón a los vocingleros que buscaban debilitar al gobierno democrático, categóricamente
nacional y popular, los llamó “imberbes”.
No voy
a profundizar sobre el infantilismo aquí, lo dejo para próximas publicaciones.
Acá
me limito a señalar su perjudicial influencia y su labor inhibitoria para
encarar la acción que nos lleve a un destino promisorio.
Con
el riesgo de reiterarme, solamente en el Pueblo podemos confiar mientras nos
aboquemos, de una vez por todas, a construir la conducción política.
Por
mi parte, estoy como lo estuve desde siempre, desde mi temprana edad, a
disposición de mi patria y de mi pueblo.
Puede
sonar pomposo lo antedicho, pero no encuentro otro modo de ser más elocuente y
téngase en cuenta que soportar la censura continuamente, el ninguneo, la
represión en sus variadas formas y la enorme pena por ver a la propia patria,
por la cual tanto luché, en picada tan cuesta abajo, hace que sea muy difícil
encontrar las palabras que los bien pensantes puedan considerar oportunas.
Rubén
Rojas Breu
Trabajador,
activista y dirigente político desde 1958
Docente
universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades
públicas y privadas de la Argentina
Lic.
en Psicología UBA, 1973
Científico
e investigador social desde 1974
Autor
del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado,
desde 1980 con libros y artículos publicados
Autor
de teorías sobre Política
Buenos
Aires, abril 7 de 2026
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