Rubén Rojas Breu
Con motivo de la bandera
yanqui izada en nuestro monumento a la bandera de Rosario
Por
una decisión del gobierno nacional encabezado por la fratria cipaya Milei con
su horda en conjunto con el lacayo gobierno provincial de Santa Fe a cargo de
Pullaro y sus cómplices se izó la bandera yanqui este 4 de julio de 2026 en
nuestro monumento a la bandera en la muy emblemática ciudad de Rosario, cuna de
nuestro mayor símbolo nacional gracias a uno de nuestros más insignes patriotas,
Manuel Belgrano.
Es
un ultraje desde todo punto de vista.
Este acto repudiable se suma a la participación protagónica de Milei y otros en la celebración en la embajada.
Compañeros
y compañeras de todo el país reaccionaron con justificadísima indignación acusando,
es mi caso, un dolor lacerantemente visceral.
Izaron
la bandera del país más deshumanizante del planeta, la bandera del país más
imperialista de la Historia de la Humanidad, la bandera del país que más
subyugó y subyuga a nuestra castigada América Latina, el país que con sus
bloqueos condena a condiciones sumamente precarias a los pueblos hermanos de
Cuba y de Venezuela, el país que promovió y patrocinó las dictaduras cívico
militares terroristas de estado que sufrimos en la Argentina y en naciones
hermanas, el país que una y otra vez invadió e invade pueblos, el país que mordió
humillantemente ahora el polvo de la derrota ante Irán.
Desde
ya que el cipayismo de la fratria Milei, sus padrinos y sus fanáticos no tiene
límites, pero quedarnos en esta afirmación es birlar la complejidad de la
cuestión.
No
solamente la ultraderecha libertaria retrógrada y obsecuente con lo peor del
planeta es culpable de un acto de tamaña naturaleza.
Esa decisión
tan deleznable es posible porque prácticamente todas las dirigencias de todo el
espectro político e ideológico, dirigencias políticas y sectoriales, así como los
ámbitos culturales, académicos, intelectuales y mediáticos padecen la colonización
mental por obra de la descomunal propaganda yanqui, la cual desde fines de la
segunda guerra mundial creció en progresión geométrica alcanzando a todo el globo.
No
únicamente Clarín y LN evidencian esa penetración sino también P12, R10, C5N y
hasta los medios de izquierda, lo cual es muy comprobable.
Esa
colonización también se advierte en gran parte de la población que ve en el
país yanqui la materialización de sus sueños más caros, que cree en modo idiota
en las producciones de Hollywood y de otras sedes de la incultura yanqui que invaden
continuamente con sus series televisivas y su cine.
Disney,
Marvel y demás grandes productoras hacen su agosto al tiempo que penetran con
su prédica las cabezas huecas.
Al
mismo tiempo es penoso observar cuántas personas visten ropas con leyendas en
el incivil inglés yanqui o con referencias a ciudades de ese lugar, inclusive a
sus fuerzas armadas y de seguridad, como la tan extendida “NYPD”.
Ahondo
señalando que el kirchnerismo y otras variantes del seudo peronismo, el
progresismo, la izquierda genérica y hasta la clasista desvarían viendo en el
país yanqui o en determinados sectores del mismo virtudes. A diario perturba mi
espíritu encontrar en estos grupos referencias elogiosas a su cine, a su literatura,
a su televisión, a sus universidades, la confesional Harvard, Yale, MIT,
Stanford, Princeton y restantes; inclusive alaban a personajes claramente
inspirados en el nazifascismo como Superman y Batman, o ensalzan a los Simpson
o destacan elogiosamente a Rocky y Terminator.
Véase
además quién terminó siendo el tan ponderado Chomsky, quien no sólo fingió su
progresismo, sino que fue inexplicablemente valorado por su lingüística
consistente en conjeturas epistemológicamente insustentables.
Todo
ello demuestra no solamente que se rinden ante la bandera más imperialista y
más odiada del planeta sino un desconocimiento enorme sobre el resto del mundo
y sus grandes realizaciones culturales y políticas.
A
tal punto llegó la propaganda yanqui que gran parte de las dirigencias y de la
población, de acá y de otras latitudes, creen que fueron los yanquis los
vencedores de la segunda guerra mundial, en la cual lo probadamente cierto es
que su participación no solamente fue cuasi irrelevante sino contraproducente,
tal como lo denunciaron grandes estrategas protagonistas en esa guerra como el
británico Montgomery.
Digo
de paso que esa guerra la ganaron el Ejército Rojo soviético y las resistencias
nacionales, como la francesa, la griega, la yugoeslava e, incluso, la alemana y
la italiana.
Yendo
más a fondo, el 4 de julio el país yanqui celebra una de las más grandes
mentiras históricas, la de su ficticia independencia.
Ese
día colonos blancos supremacistas y esclavistas tomaron el poder en el este
yanqui gracias a la derrota que franceses y españoles les infligieron a los ingleses.
Tales
colonos eran descendientes de fanáticos de la secta de la purificación
expulsada de Inglaterra por su fundamentalismo, concepción arcaica religiosa presente
en toda la seudo cultura yanqui.
Esos
yanquis se rebelaron por un motivo francamente miserable: su resistencia a
seguir pagando impuestos, por cierto, una causa minúscula e inmoral si se
compara con las luchas genuinas por la independencia que llevaron nuestros
países desde México al norte hasta Argentina, Chile y Uruguay al sur: habría
que agregar tantos pueblos que también llegaron auténticamente, bien de veras,
a su independencia como Argelia, Marruecos, Sudáfrica, Vietnam, Corea y sigue
la inmensa lista.
Esos
colonos, antes y después de su absurdo 4 de julio, masacraron pueblos
originarios.
Desde
ese 4 de julio el país yanqui, se comportó de modo muy distinto a gestas como
las encabezadas por Belgrano, San Martín, Azurduy, Bolívar, Artigas, Sucre y
tantas y tantos más.
Mientras
nuestras y nuestros patriotas batallaron para independizar no solamente a sus
territorios sino también a las naciones hermanas, el país yanqui se dedicó a
anexar y a someter.
Su himno
es revelador elocuente de su belicismo y de su ambición hegemónica, de su
arrogancia y de su vocación imperialista.
Lo
de una supuesta revolución yanqui que culmina hace 250 años fue letra que los
franceses a fines del siglo XVIII le dieron al donjuanesco y frívolo Jefferson,
tal como documenta Habermas.
Contrarrestar
con el fin de poner término en el futuro inmediato o mediato a esa penetración
requiere lo que hoy falta de manera colosalmente dramática:
-
Debate a fondo, incrementando el nivel
ideológico y político: hay que asumir que hoy en la Argentina está en auge la
mediocridad, lo cual fortalece a los Milei y sus patrocinantes.
-
Construir la conducción política.
Eso
para empezar.
Y
hay que poner manos a la obra ya.
Rubén
Rojas Breu
Trabajador,
activista y dirigente político desde 1958
Docente
universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades
públicas y privadas de la Argentina
Lic.
en Psicología UBA, 1973
Científico
e investigador social desde 1974
Autor
del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado,
desde 1980 con libros y artículos publicados
Autor
de teorías sobre Política
Buenos
Aires, julio 5 de 2026