lunes, 16 de febrero de 2026

QUÉ PENSAR Y QUÉ HACER EN LA ARGENTINA ACTUAL

 



 



Rubén Rojas Breu

 

Dadas la desorientación y desazón de militantes y/o luchadores populares

¿QUÉ PENSAR Y QUÉ HACER?

 

Porqués de esta publicación

Estoy observando la desorientación y la desazón crecientes de tantas y tantos luchadoras y luchadores que ven pasar los días, los meses y los años y se decepcionan porque nada parece tener el efecto transformador deseable.

 

Tomo nota de eso por lo que comparto y escucho en diversos ámbitos, por lo que veo y leo en mensajes que se intercambian en redes, en grupos de Whatsapp y en diversos medios y. sobre todo, en las movilizaciones callejeras, empezando por las de jubiladas y jubilados llevadas a cabo cada miércoles a fuerza de tenacidad, de valentía y claridad política.

 

Veo a diario cómo compañeras y compañeros de mi edad y de dilatada trayectoria son afectadas y afectados por la depresión resultante de tantas frustraciones.

 

Esa desorientación y desazón son tanto más agudas y, al mismo tiempo tanto más crónicas, cuando compañeras y compañeros perciben que tanto compromiso, tanta pelea, tanto esfuerzo parecen ser en vano, sin resultados apreciables.

Sucede que sin rumbo no hay camino.

 

Ese malestar es más notorio en compañeras y compañeros que no están encuadradas o encuadrados en partidos y agrupaciones, que no tienen pertenencias orgánicas reconocibles como tal pese a que sí llevan tanta o más lucha a cuestas que quienes sí participan de algún grupo kirchnerista o progresista o de la izquierda clasista o de un gremio combativo o de un movimiento social definido.  

 

Esta publicación se dirige fundamentalmente a esas compañeras o compañeros, desoladas y desolados, batalladoras y batalladores, que hoy son independientes o están fuera de una agrupación, aunque tengan afinidades ideológicas con alguna en particular.

 

Por supuesto que también tengo en cuenta a quienes están encuadradas o encuadrados en alguna organización del campo nacional y popular o de la izquierda en todo su espectro, pero soy consciente, y lo compruebo a diario con compañeras y compañeros que militan en tal carácter, que consideran que su senda está ya definida y que sus interrogantes ya tienen respuesta.

 

Así que este texto es sobre todo para quienes además del malestar que ya mencioné, tienen más preguntas que certezas y que se encuentran invadidas e invadidos por la sensación de que hace falta un rumbo.

 

Soy muy consciente de que es imposible hacerse escuchar si no hay quienes quieran oír. De eso sé un “rato largo” como se decía en los barrios.

 

Ya muy entrado en años, gastando los últimos cartuchos, sumando casi siete décadas de luchas, desde escolar, estoy haciendo intentos para hacerme escuchar con paciencia oriental, a pesar de mis oscilaciones del ánimo: voy del sentimiento de que es inútil y que son bajísimas las posibilidades de alcanzar algún eco a la esperanza de que quizá sea éste el momento oportuno para lograr disposición a leerme y a abrirse a lo que tengo para decir, para convocarme y para pasar del dicho al hecho, de las palabras a la acción.

 

El título ¿QUÉ PENSAR Y QUÉ HACER? se debe a que se trata de articular el pensamiento y la acción como enseñaron tantos líderes y militantes populares a lo largo de la Historia.

 

Ya sabemos que pensar sin hacer es cháchara, es distracción de diletantes.

 

Pero hacer sin pensar es un voluntarismo sin estrategia, carente de objetivos ciertos, es repetir fórmulas conocidas y ya gastadas que terminan siendo contraproducentes, desmotivadoras e inútiles.

 

En las circunstancias que afrontamos se torna un imperativo pensar, generar teoría política, diseñar una estrategia, debatir hasta comprender, ver debajo del agua.

 

A ese pensar para hacer y al hacer habiendo pensado me he dedicado toda mi vida y por cierto que, cuando esa articulación se dio y en esa articulación fui acompañado, los desafíos fueron superados y los logros les ganaron a las frustraciones.

Hoy entre las luchadoras y luchadores populares predomina casi excluyentemente el hacer voluntarista, sin el suficiente pensar, y las consecuencias están a la vista.

 

Quienes nos someten, acá y en el planeta, cuentan con todo a su favor, menos con la inteligencia y la compresión suficiente sobre el comportamiento humano.

 

Ahí radica nuestra principal ventaja si la queremos aprovechar: la inteligencia y la creatividad para dar cuenta de la situación que afrontamos y actuar en consecuencia.

 

Si no procedemos así aumentarán la desorientación y la desazón y estos enemigos de los pueblos o, más aún, enemigos de la Humanidad seguirán pisando, por empezar en nuestro país, en esta postergada Argentina.

 

Es muy importante para la lectura de estas líneas bajarse de cualquier caballo, renunciar a la soberbia, a la arrogancia y al sectarismo: se requiere una actitud humilde, se requiere apertura, se requieren ganas de pensar y repensar, se requiere disposición a escuchar e intercambiar.

 

Veamos ahora las principales causas de la desorientación y la desazón aludidas.

 

Causas de la desazón y desorientación de quienes luchan

 

Cuatro causas principales destaco, las tres primeras son palpables.

 

La cuarta, en cambio, es casi imperceptible y acá la pongo a la vista de todos, la hago pasar de latente a patente, considerándola, finalmente, la más decisiva.

 

La primera causa es la de sentir que parecen infructuosas, de insuficiente repercusión o de alcance muy limitado las acciones, las manifestaciones, las convocatorias, las marchas, los cacerolazos, el hacer frente a la represión tan salvaje, etc.

Lucha y más lucha y más lucha, pero el gobierno despótico de la fratria Milei y su horda, así como toda la derecha anacrónica se salen con la suya, con mayor o menor éxito, pero terminan logrando más de lo esperable.

Eso que se da en la Argentina sintoniza con lo que sucede en el planeta en el cual el imperialismo yanqui, a contramano de todo acuerdo internacional y de todo respeto por la autodeterminación de los pueblos, comete atrocidades, como en Venezuela, o amenaza con llevar a cabo más barbaridades, en Cuba, en Irán, en Groenlandia y en donde se le ocurra.

 

La segunda causa, se debe a la propaganda maliciosa, a las prédicas mediáticas de la derecha o a la difusión ineficaz de los “nacionales y populares” y de la izquierda, a las encuestas y los indeseables “focus groups”, a las redes virtuales; también, a las opiniones de los intelectuales famosos de acá y del mundo que incurren en análisis infecundos sin advertir que, al menos desde los 90 a este presente, no acertaron en nada y que, pese a eso,  se escudan en su arrogancia.

 

La tercera causa de tanta desorientación, desazón y depresión es el comportamiento de gran parte de la población, que claramente embrutecida, pretendidamente apolítica, fuertemente endogámica y, también, derrochando soberbia, se obstina, aún contra sus intereses, en apoyar y votar a esta ultraderecha que espanta.

 

Por supuesto, apoya pasivamente, ya que no es una población que se juegue; con tal pasividad a los mandantes les alcanza y sobra.  

 

El electoralismo, un vicio que nada tiene de genuinamente electoral, y un falso institucionalismo, que nada tiene de respeto por las instituciones ni por la Constitución, contribuyen a validar la conducta y el sufragio de ese gran sector de la población.

 

En lo relacionado con esta causa, lo enunciado en la anterior, es un factor decisivo: o sea, medios, redes, encuestas le dan aire y avalan a esa población tan sometida, tan terca y tan incivil.

 

En lugar de generar las condiciones para politizar, para educar, para ayudar a que aprenda de las experiencias y para concientizar, quienes mandan y sus esbirros operan para embrutecer más.

 

La cuarta causa del malestar, de la desorientación y de la desazón de luchadoras y luchadores es la más determinante.

Y la menos visible.


Esta cuarta causa es la inacción, la ineficacia, la complacencia y/o la complicidad de la oposición.

En particular, es muy decisiva y desalentadora la inacción, la ineficacia, la cortedad de miras y la mediocridad de las dirigencias que se dicen nacionales y populares, empezando por el kirchnerismo, progresistas o de izquierda en todo su espectro a lo que hay que agregar a la CGT, las CTA y las dirigencias gremiales en general, así como a las llamadas dirigencias sociales, más espuma que jabón.

 

En vez de convocar, generar una conducción, diseñar y aplicar una estrategia, organizar y movilizar, se adaptan, se refugian en el electoralismo y en un institucionalismo ficticio, se escudan en los medios y en las encuestas, se conforman diciéndose y diciendo “hay que esperar a las próximas elecciones”, “hay que respetar la voluntad popular”, “hay que aceptar que las cosas hoy son así”.

Qué lejos están del Pueblo, que lucha en soledad, y qué lejos también de lo mejor de nuestra historia, empezando por el rechazo a principios del siglo XIX de las invasiones inglesas y continuando por toda la gesta de la independencia, luego los gobiernos nacionales y populares del siglo XX, las luchas de los 60 y los 70 e inclusive de lo que se dio a comienzos de los gobiernos civiles, del 83 en adelante hasta la gran rebelión del 2001.

Muy lejos o, peor aún, se hallan en la vereda opuesta de toda esa tradición digna y honrosa.

 

Estoy esforzándome por ser claro y comprensible; en tal intento, no profundizo ni me extiendo más a fin de no agobiar a la lectora o al lector, si es que esta publicación llega a contar con interesadas e interesados.

No soy pretencioso ni vivo en la Luna.

 

Qué pensar

Como se deduce de todo lo expuesto, hay que barajar y dar de nuevo en lo que a pensar se refiere.

En buena medida hay que pensar desde cero, ya que gran parte de las teorías sociológicas y políticas ha caducado.


Hay muchos y nuevos interrogantes que el mundo actual y nuestra propia realidad argentina nos plantean, dramáticamente.


Hago saber, esperando que no se me asigne petulancia, que se trata de interrogantes que fueron surgiendo ante mí desde hace décadas y, también, en el presente, a los cuales fui dando respuesta en la seguridad de que tenía que innovar, renovar pensamiento y teorías de la sociología, de la política y del comportamiento humano en general.


Exponer mis análisis, mis desarrollos teóricos que responden a los interrogantes, implicaría todo un tratado o una exposición o conferencia de extensa duración, para todo lo cual estoy a disposición.

 

Aquí me ciño a enunciar algunas problemáticas, interrogantes o temas a considerar para la tarea de pensar y repensar.

Aquí van: 

 

  • ·      Qué entender por Política en la actualidad

 

  • ·      Cómo definir el Poder y las relaciones de poder para tener claro cómo actuar.

  • ·      Cómo analizar sociológicamente a la Argentina actual

 

  • ·      Qué entender por Pueblo y otras categorías concurrentes.

 

 

  • ·      Qué es la opinión pública.

 

  • ·      Cómo operan y cuánto influyen y hasta qué punto son o no determinantes los medios, las redes y las encuestas

 

 

  • ·      Cómo analizar los comportamientos electorales. ¿Pueblo y votantes son lo mismo?

 

  • ·      Qué entender por Conducción Política

 

 

  • ·      Cómo pensar y diseñar una estrategia

 

  • ·      Qué entender por Cultura Política y cómo elevarla

 

 

  • ·      Qué es organizar y cómo hacerlo

 

  • ·      Cómo encarar la acción política, incluyendo cómo convocar, cómo movilizar, etc.

 

 

Qué hacer

 

En buena medida, se deduce de todo lo antedicho y en particular del ítem anterior “¿qué pensar?”

 

En primerísimo lugar hay que resolver la gran carencia, la falta de Conducción Política, dado que no hay hoy ninguna fuerza política, sea por “h” o por “b” que esté capacitada para conducir.

 

Muchas compañeras y muchos compañeros en todo momento, llevados por la desesperación, preguntan “¿y si le damos la oportunidad a Fulano o si confiamos de ahora en más en Mengano?”.

No, no es el camino.

 

Por supuesto que dirigentes nacionales y populares, progresistas, de la izquierda, de las organizaciones sociales y gremiales tienen que ser convocados al ¿qué hacer?, respetando y valorando sus conocimientos, trayectoria y experiencia.

Pero tienen que caer en la cuenta del imperativo de que tienen que reubicarse, revisar su pensar y su hacer para inaugurar y poner en práctica nuevos enfoques y acciones novedosas.

 

Hay que construir una Conducción Política

 

Una Conducción Política es mucho más que un conductor, una conductora o un líder.

 

La Conducción Política implica:

 

  • -     Proyecto, que tiene que ser de emancipación y de realización

      Un Proyecto define objetivos y políticas

 

  • -     Estrategia

 

  • -     Acción política guiada por el Proyecto y basada en la estrategia.

 

En segundo lugar, hay que convocar, apuntando a una sólida construcción de alianzas.

 

En tercer lugar, hay que generar conciencia empezando por los propios, contribuyendo a que se modifique de cuajo la perspectiva.

No va más seguir mirando el acontecer con las mismas categorías o análisis que ya resultan vetustos, repetidos, agotados.

 

Por supuesto, hay que movilizar.

 

Pero también hay que hacerlo innovando consignas, innovando modos, invitando a más sectores que hasta hoy están inactivos o hundidos en la depresión.

 

Parecen demasiadas tareas, parece un desafío insuperable, pero todo se facilita si hay disposición a modificar el horizonte, a adoptar una nueva mirada a todo y a generar la solidaridad y marcha común que las luchadoras y luchadores sabemos generar.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista (y luego) dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado (y luego) de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, febrero 16 de 2026

 

 


viernes, 13 de febrero de 2026

SOBRE LA REFORMA LABORAL EN LA ARGENTINA

 



 

Rubén Rojas Breu

 

ANÁLISIS POLÍTICO DE LA REFORMA LABORAL

La informalidad desplaza a la formalidad.

Porqués ya sabidos y porqués subyacentes que llevan a conclusiones revulsivas

 

La mal nacida

La reforma laboral que ya cuenta con media sanción del Senado de la Nación es un engendro según esta acepción de la RAE: “plan, designio u obra intelectual mal concebidos”.

Es una reforma mal nacida por donde se la mire.

Como tantos actos de este gobierno, y de sus antecesores, va en dirección contraria a lo que se da en el mundo.

En los países europeos, entre ellos España, se avanza en propuestas de reducción de la jornada laboral, inclusive en la instauración de la semana de cuatro días laborables.

Quede claro que cabe, al menos cada tanto y quizá con creciente frecuencia, reformar la legislación laboral.

Lo que no cabe es que en lugar de mejorar la situación de los trabajadores, de fomentar el empleo formal y digno, de generar las condiciones para un incremento significativo de las fuentes de trabajo y de reconocer nuevos derechos, se geste una reforma que atrasa y genera más atraso, que legalice la desigualdad y la esclavización, que retrotraiga a épocas pretéritas, que deshumanice.  

En la pronunciada decadencia argentina letalmente iniciada con la última dictadura cívico militar y continuada desde entonces ininterrumpidamente con el advenimiento desde 1983 de los gobiernos civiles, esta reforma laboral es una barbaridad más, una barbaridad de las tantas a las que nos somete un régimen social, político y económico injusto en todos los órdenes que hacen a la vida en sociedad, a la vida humana como tal.

Es una reforma atentatoria contra derechos constitucionales, así como contraria a los establecidos por la OIT y los tratados internacionales.

Destruye o lesiona definitivamente los salarios, las condiciones laborales, los beneficios consagrados, la agremiación y tanto más.

Más aún, destila crueldad como lo que contiene en referencia a cómo se arrojará al desamparo a las enfermas y los enfermos, a accidentadas y accidentados, a quienes terminen padeciendo discapacidad.

Acaba con las conquistas que los trabajadores lograron gracias a denodadas luchas desde el siglo XIX, acaba con leyes impulsadas por el anarquismo y el socialismo, acaba con políticas instauradas por los gobiernos de Yrigoyen como la jornada de ocho horas, la cual, aclaremos, fue lanzada como proclama por Marx quien la consideró como una necesidad histórica y una victoria fundamental de la lucha de clases contra la explotación capitalista.

Promovida bajo el lema "8 horas para trabajar, 8 para dormir y 8 para la casa", Marx impulsó esta demanda a través de la Asociación Internacional de los Trabajadores en 1866, describiendo la limitación legal del tiempo de trabajo como el primer paso para la emancipación del proletariado. 

Sobre todo, la reforma laboral acaba con la enorme realización del peronismo fundacional, conducido por Perón, el cual promovió y llevó a cabo la más integral o completa legislación laboral, auténticamente moderna, que conozca el planeta entero.

Una legislación laboral de avanzada que conjuntamente con otras políticas que implementó aquel gobierno en todas las áreas puso a la Argentina en la senda definitiva del bienestar colectivo, del desarrollo y de país de referencia para el planeta.

Fue ese peronismo al cual John William Cooke definió como “el hecho maldito del país burgués”, el país burgués que conspiró para acabar con tantas conquistas y derechos, pese a que, objetivamente, tal peronismo original propiciaba el desarrollo.

Ver a quienes, en franca exhibición de impostura, se autodenominan “peronistas” (sean kirchneristas, kicillofistas, cegetistas o de la variante que se invoque) y a marxistas avalar la reforma u oponerse a ella con argumentos de una flojedad patética, sin movilizar, sin conducir, sin organizar, sin concientizar es de una inconmensurable infamia.

Estos últimos, mientras declaman ante micrófonos y cámaras, tras bambalinas transan y devienen finalmente cómplices sea por inacción, sea por colaboracionismo, sea por ineficacia.

Las dirigencias políticas y sindicales, como lo vengo sosteniendo desde el inicio del gobierno despótico de la fratria Milei y la horda que los encaramó, dejaron al Pueblo luchando en soledad, dejó a la Patria inerme, mientras desde sus mansiones, sus pisos, oficinas, despachos y balcones miran pasiva y egolátricamente la devastación.

Tales dirigencias se escudan en los medios cada vez más frívolos y complacientes con lo que hay y en las empresas encuestadoras, instrumentos de la manipulación.

Dirigencias políticas y sindicales, medios y empresas encuestadoras malversan con el único fin de su propio beneficio, distorsionan, muestran craso desconocimiento y garrafal falta de vocación por la Política tal como ésta debe ser ejercida.

Me eximo acá de analizar en detalle la reforma laboral de lo cual ya se ocupan con creces los especialistas, en particular los abogados laboralistas.

 

Éste es un análisis político y sociológico

 

Seguidamente expongo los porqués que han hecho posible que esta esclavizante y retrógrada reforma laboral sea dada a luz.

 

Porqués ya sabidos

1.   El rol decisivo y crecientemente determinante de las grandes corporaciones globales y locales, los factores de poder, la sempiterna y vetusta oligarquía local y las presiones imperialistas con los EEUU de Washington a la cabeza y sus digitados organismos internacionales, como el FMI, sin duda es una condición obvia y que vale, una vez más, mencionar.

 

2.   A eso se suma lo ya dicho acerca, según sea el caso, de la mediocridad, de la inacción, de la ineficacia, de la complacencia o de la complicidad de todas las dirigencias políticas, gremiales y sociales, sean del palo que sean, aliadas venales del gobierno totalitario ultraderechista y brutal o supuestamente opositoras aunque, como ya fuera dicho ut supra, entregadas o rendidas, refugiadas o sostenidas en las prédicas mediáticas, en las encuestas y confiadas en males endémicos y obsoletos como el “institucionalismo” y el electoralismo.

Aclaro, “institucionalismo” no es institucionalidad, marco institucional o sostén en las instituciones.

“Institucionalismo” es la perversión consistente en usar la cáscara de las llamadas instituciones vaciadas de toda significación, ajenas a la auténtica democracia..

 

Porqués subyacentes

Se trata de porqués que nadie tiene en cuenta, tal es el nivel paupérrimo de los análisis de expertos, analistas políticos, periodistas y, por supuesto, dirigentes, sus asesores y encuestadores.

Desde la dictadura y con fuerte impulso durante el menemismo, se fue destruyendo la Política misma y, por ende, las organizaciones políticas, la cultura política, la conducción política,

También, sumamente grave, con la defección del gobierno radical en la Pascua de 1987 ante militares carapintadas, defección en la cual tal gobierno fue acompañado por las dirigencias de entonces, se empezó a asestar golpes contra la organización política por excelencia, la organización política de más alta complejidad y la que da a la democracia su nombre; el Pueblo, que ya había sido objeto de aniquilación por la dictadura.

Sobreviene el impulso a la masa, a la opinión pública que actualmente está constituida por tal masa junto con los medios, las redes virtuales y las encuestas.

Peor aún, se da aire a lo más pernicioso, el monstruo que sale de las entrañas de la masa; la horda.

En paralelo con tal parición se desarrolla a niveles inauditos lo lumpen.

Pierden las organizaciones en general, pierde protagonismo la organización como tal, la organización legal y legítima, para dar lugar a procesos de desorganización política y social que generarán nuevos tipos de organizaciones francamente asociales; entre ellas, mafia y narcos.

La justificadísima rebelión popular de 2001 que derivó en las ejemplares asambleas populares fue un intento prerrevolucionario de reestablecer el protagonismo del Pueblo.

Tal proceso fue abortado por el régimen político institucional el cual se valió del kirchnerismo para perpetuarse, para restablecer el orden conservador al servicio de las grandes corporaciones, de los factores de poder y, desde luego, con la fachada de las dirigencias políticas, sociales y gremiales anacrónicas y añosas.

Esa derrota del Pueblo, definitivamente consumada en mayo de 2003 y de la cual además del kirchnerismo y sus apoyos también fueron responsables todo el progresismo y la izquierda, alimentó todavía más a las organizaciones asociales.

Creció más la pobreza, el atraso se fue tornando constitutivo, la Argentina se quedaba sin Proyecto de emancipación y de realización, se quedaba sin la posibilidad de consumar su destino de potencia al servicio de la paz y de la confraternización entre naciones y pueblos.

En ese marco, el trabajo y la cultura del trabajo se debilitaron enormemente,

Creció la informalidad y el “sálvese quien pueda” junto con un asistencialismo causante de más deterioro.

La informalidad ganó la delantera al llamado trabajo en blanco.

Gran parte de la población quedó fuera de lo que se da en llamar “mercado de trabajo”.

Aumentaron las ocupaciones temporarias, las ocupaciones unipersonales enmascaradas como “microemprendimientos”, los seudo empleos del tipo de los envíos a domicilio, remiserías y cuentapropistas de toda índole, servicios de todo tipo en hogares, las modalidades virtuales, aplicaciones y plataformas, aislándose así quienes trabajan.

Aisladas y aislados trabajadoras y trabajadores no sólo se debilitan las condiciones para la tan meneada conciencia de clase, sino que quedan sujetas y sujetos a los manejos extorsivos de quienes “dan trabajo”.

En simultáneo como he señalado crecieron las mafias y los narcos, con sus modalidades criminales y extorsivas, como una suerte de sociedad ilegal paralela.

Quienes viven de actividades legales informales y quienes viven de las ilegales, no gozaron ni gozan de la legislación laboral que beneficia y organiza a los trabajadores formales o “en blanco”.

A tal punto es así que contribuyeron al avance de la derecha y de la ultraderecha en la convicción de que tendrían derechos y hasta salarios en dólares que se les negaban o impedían.

La horda tuvo así el camino llano para catapultar a la fratria Milei y sus esbirros.

Dirigencias políticas, sociales y gremiales como así también medios y empresas encuestadoras crearon el clima propicio para que el huevo de la serpiente empollara y se rompiera para dar a luz al engendro.


De tal manera la informalidad fue incrementándose en dos categorías:


La legal, la de los trabajos fuera de los derechos, desde cuentapropistas hasta repartidores en un amplio espectro de gran volumen ya descrito

La ilegal, la que se da bajo el imperio de mafias y narcos así como del bandidaje en general.

 

Toda esa informalidad, legal e ilegal, desplazó a la formalidad, no solamente en el trabajo sino también en la cabeza de argentinas y argentinos enviados al “sálvese quien pueda”.

Quienes fueron arrojadas y arrojados a tamaña situación poco pueden saber o valorar de derechos de trabajadoras y trabajadores.

Se les naturalizó la explotación más despiadada, el subsistir, las privaciones, la exclusión, el sometimiento.



Entonces, una conclusión revulsiva, que seguramente sorprende a la vez que golpea:


La reforma laboral, en vez de contribuir a la formalización y al aumento del empleo digno y registrado, legitima la informalidad desplazando a la formalidad,

Ahora, la informalidad, con formato institucional, desplaza a la formalidad.


Más grave es la cosa todavía:

no solamente gana la informalidad, sino que, habida cuenta de lo antes desarrollado, la ilegal que habita en su seno.

Así, la reforma laboral.tiene mucho de inspiración en el funcionamiento “laboral” de las organizaciones mafiosas y narcos.

¿O no?


A diferencia de gobernantes y dirigentes, cada vez más encapsulados y divorciados del Pueblo, quienes conocemos las calles, quienes pateamos los barrios y quienes nos comprometemos políticamente de verdad, sabemos hasta qué punto lo referido es la triste verdad, tan penosa como cotidiana.

La incapacidad política de las dirigencias de la oposición las torna ineptas e incompetentes para advertir la gravedad, alcances e implicancias que este análisis destaca.

En consecuencia, tal incapacidad también la limita sobremanera para mejorar sus argumentos, y peor aún, las hace inútiles para generar la conducción, la estrategia y la organización políticas que la hora requiere.

Pese a lo desolador de este análisis, en el mismo está esbozada la salida: construir, sin más dilaciones, la conducción política.


Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, febrero 13 de 2026

 

 

 

 

 

 


QUÉ PENSAR Y QUÉ HACER EN LA ARGENTINA ACTUAL

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