martes, 24 de febrero de 2026

2001, EL FANTASMA QUE SOBREVUELA A LA ARGENTINA

 



 

Rubén Rojas Breu

 

2001, EL FANTASMA QUE SOBREVUELA A LA ARGENTINA

 

El 2001 en la Argentina quedó indeleblemente registrado en la memoria colectiva como la concurrencia de dos grandes acontecimientos que se dieron con inusitada repercusión, profundidad y extensión en el tiempo.

 

Ambos acontecimientos tanto se entrelazaron como se diferenciaron concurriendo en el mismo espacio y en el mismo tiempo:

Uno, la hecatombe resultante del fracaso de la política llevada a cabo por el menemismo y, en particular, su programa económico sustentado en la llamada “convertibilidad” pergeñada por Cavallo y los suyos; esa política económica fue continuada y hasta extremada por el gobierno de la Alianza encabezado por Fernando de la Rúa y Carlos “Chacho” Álvarez.

El otro, fue la gran rebelión popular que se dio en todo el territorio nacional al grito unánime “que se vayan todos”, grito que reflejaba la caducidad del régimen político institucional y de la configuración social, heredado y heredada de la dictadura.

 

Se trató de una rebelión que devino en situación revolucionaria, pacífica y ejemplar para el planeta, y que dejó en claro que el Pueblo había decidido protagonizar, asumiendo del todo aquella máxima del peronismo fundacional que reza “el pueblo es el artífice de su destino”.

 

Temblaron no solamente las dirigencias políticas de todo el espectro, de derecha a izquierda, sino también los concentradores de poder y de riqueza vernáculos y globales, los medios de comunicación dominantes y las dirigencias gremiales y sociales.

Asimismo, las empresas encuestadoras habían fracasado estrepitosamente en sus diagnósticos y pronósticos.

 

Nadie de todos esos había entendido los resultados electorales de octubre de ese año, todo un anticipo de lo que brotaría con tanta fuerza en las jornadas de diciembre a partir de la declaración del estado de sitio por el gobierno aliancista.

 

Nació un nuevo poder, alejado de los formales o ficticiamente institucionalistas: las asambleas populares; digo de paso, que siendo entonces presidente de la agrupación PODER cofundé varias y, particularmente, la Asamblea del Almacén en el barrio de San Cristóbal en CABA.

 

El régimen se abroqueló, valiéndose de la represión de las movilizaciones, dejando muertos, heridos y detenidos, y apelando a la cooptación de gran número de participantes de la rebelión.

 

 

Mañosa y maliciosamente impulsaron la lectura de que se trataba de una movida antipolítica, para lo cual todos los medios de comunicación, también de derecha a izquierda, se pusieron de acuerdo al punto que siguen difamando hasta el día de hoy.

 

Como es sabido, el kirchnerismo vino a salvar las papas del régimen político institucional caduco y a un paso de su sepultura, así como a preservar los intereses y privilegios de las élites y de los sectores dominantes, locales y globales.

 

Hoy, ante el gravísimo estado de cosas que las argentinas y los argentinos estamos padeciendo, esa rebelión del 2001 sobrevuela a la Argentina como un fantasma que amenaza a los beneficiarios del régimen y que genera expectativas en aumento para los luchadores populares, para el Pueblo.

 

El gobierno totalitario, su horda y sus sostenedores están destruyendo a la Argentina de tal manera con la caída de todo y el hambre y desesperación de las mayorías, que se dan estos fenómenos opuestos y simultáneos:

 

Por un lado, los poderosos y sus instrumentos, las dirigencias políticas y sectoriales, así como los medios, están con el corazón en la boca. Temen una reedición de la rebelión del 2001.

Toda la oposición, reitero, de derecha a izquierda, es cómplice o incapaz ante tanta barbarie “libertaria” y al mismo tiempo tiene terror de otra gesta como aquella.

La connivencia o el derrotismo ganan la partida en esa oposición.

Por eso digo que el 2001 sobrevuela como un fantasma, ya que una de las acepciones del diccionario de la Real Academia es “Amenaza de un riesgo inminente o temor de que sobrevenga”.

Entiéndase, “amenaza” para quienes mandan y quienes les sirven.

 

Por otro lado, crecen en las mayorías maltratadas y, sobre todo en el Pueblo, la expectativa y las acciones que se encaminan a un nuevo 2001 ya que dejaron de confiar por completo en las dirigencias políticas, gremiales y sociales.

En este caso el fantasma que sobrevuela es el de la ilusión que anticipa la realización, la concreción de lo que tiene que suceder para abrir el camino para la emancipación y la realización.

No obstante, hay que tener en cuenta que la Historia enseña que nada se repite, nada se da del mismo modo que se dio en situaciones anteriores.

Es de esperar que no se repita porque podría redundar en una nueva y gravosa frustración.

Para que todo salga tal como el Pueblo anhela, hay que aprender del 2001 y lo que siguió.

 

Ésta es la gran lección que nos deja a quienes de verdad estamos en la vereda de la Nación, del Pueblo y de los trabajadores:

Que, sin Proyecto, sin conducción política, sin estrategia y sin organización no se logra el éxito.

De trabajar rápidamente para esto último es de lo que se trata.

Inexorablemente.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, febrero 16 de 2026

 

 


domingo, 22 de febrero de 2026

UNA RADIO FRANCESA PONDERA A UN ARGENTINO PRECLARO: MANUEL UGARTE

 


Rubén Rojas Breu

 

UNA RADIO FRANCESA PONDERA A UN ARGENTINO PRECLARO: MANUEL UGARTE

¨Los que han viajado por la América del Norte  

saben que en Nueva York se habla abiertamente

 de unificar la América bajo la bandera de Washington

de “El peligro yanqui” (1901) de Manuel Ugarte

 

En estos días, una radio francesa trajo a este presente, ponderando y ensalzando, al argentino Manuel Ugarte.

 

Es una radio francesa la que destaca la inconmensurable significación de Manuel Ugarte, algo a lo cual los argentinos debemos atender ya.

En Francia, así como en otros países europeos, se está incrementando la aversión a los yanquis, a quienes, por otra parte, nunca amaron mucho.  

 

Señalo, para empezar, que es muy importante hoy volver a estas fuentes, ante tanta ignorancia de nuestra historia, ante tanto derrotismo, tanto desconcierto, tanta falta de rumbo, tanta distorsión de lo que fue el peronismo fundacional, todo lo cual favorece los planes siniestros del gobierno totalitario, sus patrocinantes yanquis y sus mandamases locales.

 

Ugarte, muy tempranamente, en 1901 advirtió sobre el expansionismo yanqui, inquieto por las acciones abiertamente imperialistas que los del país del Norte habían llevado a cabo contra México, Nicaragua y Cuba.

 

Lo hace con su prédica, su militancia y sus publicaciones, destacadamente la citada en el epígrafe, “El peligro yanqui”.

Manuel Ugarte, nacido en 1875 fue un político, periodista, escritor y diplomático. Socialista en su juventud, prontamente se comprometió con la unidad e integración latinoamericana, siendo quien con una de sus publicaciones nos bautizó como “Patria Grande”.

 

Fue uno de los primeros latinoamericanos que advirtió sobre la voracidad expansionista de los EEUU del esclavista Washington, quizá el primero de quienes utilizó sistemáticamente el término “yanqui”, originado en el Sur enemigo del Norte de tal país.

 

Diagnosticó el expansionismo de los EEUU con base en Nueva York, la urbe “democrática” que deslumbra a nuestro cipayaje local, que, por ejemplo, se obnubila con las películas de Woody Allen. Penoso, por cierto.

 

Queda claro que las pretensiones expansionistas se iniciaron mucho antes de Trump, ¿no cierto?

Ugarte inspiró a revolucionarios latinoamericanos a lo largo del siglo XX, desde, entre otros y entre otras, al patriota nicaragüense Sandino hasta Perón, con cuyos gobiernos se desempeñó como diplomático en México, Nicaragua y Cuba.

 

Sandino reconoció públicamente la trascendente influencia de Ugarte en su decisión de encarar la gesta liberadora.

 

En 1945 Manuel Ugarte adhiere al peronismo, el peronismo de verdad, el fundacional, y ejerce como embajador sucesivamente, en México, Nicaragua y Cuba.

 

Subrayo que se trataba del peronismo fundacional, el del origen, el fundado y conducido por Perón, en el cual fueron protagónicos Evita, Jauretche, Cooke, Juana Larrauri, Bramuglia y justamente Manuel Ugarte, entre tantas y tantos.

Un peronismo en el que el gran protagonista fue el Pueblo impulsado por trabajadoras y trabajadores.

 

Fue un peronismo revolucionario e inmensamente superior en comparación con la caricatura actual, sean el kirchnerismo, el massismo, el de los gobernadores y cegetistas, el de los de los llamados movimientos sociales, todo lo cual no puedo sino calificar como seudo peronismo o, cuando mucho, como peronismo mínimo o miniperonismo.

 

Aquel peronismo, efectiva e indiscutiblemente nacional, popular y de los trabajadores, fue, por lo mismo, decididamente antiimperialista.

 

Y tanto lo fue, que los yanquis, avalados por Inglaterra y su afamado Churchill, lo declararon enemigo principal, al punto de declarar a Perón objetivo a eliminar, ya con la casi flamante CIA haciendo de las suyas.

 

Al tiempo que me satisface enormemente que franceses revaloricen a Manuel Ugarte me produce escozor no sólo que en la Argentina lo hayamos dejado de tener en cuenta, sino que eso sea simultáneo con la creciente penetración ideológica y hasta cultural yanqui, muy notoria en jóvenes varones, esos que aspiran a convertirnos en una estrella más en la bandera del país del Norte, que creen en sus nazifascistas superhérores , que sueñan con ganar en dólares contantes y sonantes y que votan a los expoliadores y explotadores.

 

Lamentablemente no sólo esos muchachos son territorio de penetración.

 

También observo con inquietud cómo tantas y tantos compañeras y compañeros del kirchnerismo, del progresismo y de la izquierda clasista muestran admiración por intelectuales, cineastas, escritores, artistas y demás especímenes yanquis.

Incurren, aunque sea de buena fe, en cipayismo.

 

 

 

Muy grave es que eso se dé entre compañeras y compañeros de Sociales UBA, Psicología UBA, Económicas UBA y en otras instituciones públicas de altos estudios de todo el país.

 

Ignoran u olvidan que, parafraseando a Napoleón, cada yanqui lleva en su mochila el estandarte del conquistador o el látigo del esclavista.

 

De mi propio cuño, afirmo que el expansionismo yanqui nace en 1776, año en el cual un grupo de colonos blancos supremacistas y esclavistas se libera de pagar impuestos a la corona inglesa gracias a la sangre que derramaron franceses y españoles.

 

La historia de lo sucedido entonces nada tiene que ver con la que se cuenta en libros, clases, películas hollywoodenses y demás.

 

Washington, Franklin, Jefferson y compañía eran supremacistas y esclavistas, al punto, que como asevera Habermas, el último citado acude a la corte napoleónica para que Francia restablezca la esclavitud en Haití.

 

Creían en la “doctrina del destino manifiesto” según la cual los yanquis son el nuevo pueblo elegido, los fundadores de la nueva Jerusalén, los ungidos para apropiarse del planeta.

 

También, el tan venerado Lincoln, creía fervientemente eso a la par de su fe racista, ya que aspiraba a que los negros se fuesen de su país; ese fue el motivo de fondo de su supuesta lucha contra la esclavitud.

 

Los auténticos independentistas o revolucionarios se solidarizan con los pueblos y sus gestas liberadoras.

 

Así lo hicieron en el comienzo de nuestras patrias, nuestros pueblos y nuestros lideres como Belgrano, Moreno, San Martín, Bolívar, Manuela Sáenz, Sucre, Azurduy, Pedraza, Güemes y Macacha Güemes, José Martí y tantas y tantos más.

 

Los ficticios independistas yanquis, de inicio, fueron anexionistas, imperialistas y declarados enemigos de los pueblos y de sus luchas de liberación.

 

De modo que Manuel Ugarte fue sumamente preclaro, todo un visionario y, por supuesto, un auténtico revolucionario.

 

Hoy, ante el presente desolador que argentinas y argentinos estamos padeciendo por obra del gobierno totalitario encabezado por la fratria Milei y su horda, manejado y sostenido por los concentradores de poder locales y globales, por el imperialismo yanqui, por la ineficacia o la complicidad de la oposición, por el derrotismo y sumisión de quienes se dicen “nacionales y populares”, progresistas o de izquierda, celebro que una radio francesa recuerde a un gran patriota.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista (y luego) dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado (y luego) de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, febrero 22 de 2026

 

 

 

 

 

 

 


lunes, 16 de febrero de 2026

QUÉ PENSAR Y QUÉ HACER EN LA ARGENTINA ACTUAL

 



 



Rubén Rojas Breu

 

Dadas la desorientación y desazón de militantes y/o luchadores populares

¿QUÉ PENSAR Y QUÉ HACER?

 

Porqués de esta publicación

Estoy observando la desorientación y la desazón crecientes de tantas y tantos luchadoras y luchadores que ven pasar los días, los meses y los años y se decepcionan porque nada parece tener el efecto transformador deseable.

 

Tomo nota de eso por lo que comparto y escucho en diversos ámbitos, por lo que veo y leo en mensajes que se intercambian en redes, en grupos de Whatsapp y en diversos medios y. sobre todo, en las movilizaciones callejeras, empezando por las de jubiladas y jubilados llevadas a cabo cada miércoles a fuerza de tenacidad, de valentía y claridad política.

 

Veo a diario cómo compañeras y compañeros de mi edad y de dilatada trayectoria son afectadas y afectados por la depresión resultante de tantas frustraciones.

 

Esa desorientación y desazón son tanto más agudas y, al mismo tiempo tanto más crónicas, cuando compañeras y compañeros perciben que tanto compromiso, tanta pelea, tanto esfuerzo parecen ser en vano, sin resultados apreciables.

Sucede que sin rumbo no hay camino.

 

Ese malestar es más notorio en compañeras y compañeros que no están encuadradas o encuadrados en partidos y agrupaciones, que no tienen pertenencias orgánicas reconocibles como tal pese a que sí llevan tanta o más lucha a cuestas que quienes sí participan de algún grupo kirchnerista o progresista o de la izquierda clasista o de un gremio combativo o de un movimiento social definido.  

 

Esta publicación se dirige fundamentalmente a esas compañeras o compañeros, desoladas y desolados, batalladoras y batalladores, que hoy son independientes o están fuera de una agrupación, aunque tengan afinidades ideológicas con alguna en particular.

 

Por supuesto que también tengo en cuenta a quienes están encuadradas o encuadrados en alguna organización del campo nacional y popular o de la izquierda en todo su espectro, pero soy consciente, y lo compruebo a diario con compañeras y compañeros que militan en tal carácter, que consideran que su senda está ya definida y que sus interrogantes ya tienen respuesta.

 

Así que este texto es sobre todo para quienes además del malestar que ya mencioné, tienen más preguntas que certezas y que se encuentran invadidas e invadidos por la sensación de que hace falta un rumbo.

 

Soy muy consciente de que es imposible hacerse escuchar si no hay quienes quieran oír. De eso sé un “rato largo” como se decía en los barrios.

 

Ya muy entrado en años, gastando los últimos cartuchos, sumando casi siete décadas de luchas, desde escolar, estoy haciendo intentos para hacerme escuchar con paciencia oriental, a pesar de mis oscilaciones del ánimo: voy del sentimiento de que es inútil y que son bajísimas las posibilidades de alcanzar algún eco a la esperanza de que quizá sea éste el momento oportuno para lograr disposición a leerme y a abrirse a lo que tengo para decir, para convocarme y para pasar del dicho al hecho, de las palabras a la acción.

 

El título ¿QUÉ PENSAR Y QUÉ HACER? se debe a que se trata de articular el pensamiento y la acción como enseñaron tantos líderes y militantes populares a lo largo de la Historia.

 

Ya sabemos que pensar sin hacer es cháchara, es distracción de diletantes.

 

Pero hacer sin pensar es un voluntarismo sin estrategia, carente de objetivos ciertos, es repetir fórmulas conocidas y ya gastadas que terminan siendo contraproducentes, desmotivadoras e inútiles.

 

En las circunstancias que afrontamos se torna un imperativo pensar, generar teoría política, diseñar una estrategia, debatir hasta comprender, ver debajo del agua.

 

A ese pensar para hacer y al hacer habiendo pensado me he dedicado toda mi vida y por cierto que, cuando esa articulación se dio y en esa articulación fui acompañado, los desafíos fueron superados y los logros les ganaron a las frustraciones.

Hoy entre las luchadoras y luchadores populares predomina casi excluyentemente el hacer voluntarista, sin el suficiente pensar, y las consecuencias están a la vista.

 

Quienes nos someten, acá y en el planeta, cuentan con todo a su favor, menos con la inteligencia y la compresión suficiente sobre el comportamiento humano.

 

Ahí radica nuestra principal ventaja si la queremos aprovechar: la inteligencia y la creatividad para dar cuenta de la situación que afrontamos y actuar en consecuencia.

 

Si no procedemos así aumentarán la desorientación y la desazón y estos enemigos de los pueblos o, más aún, enemigos de la Humanidad seguirán pisando, por empezar en nuestro país, en esta postergada Argentina.

 

Es muy importante para la lectura de estas líneas bajarse de cualquier caballo, renunciar a la soberbia, a la arrogancia y al sectarismo: se requiere una actitud humilde, se requiere apertura, se requieren ganas de pensar y repensar, se requiere disposición a escuchar e intercambiar.

 

Veamos ahora las principales causas de la desorientación y la desazón aludidas.

 

Causas de la desazón y desorientación de quienes luchan

 

Cuatro causas principales destaco, las tres primeras son palpables.

 

La cuarta, en cambio, es casi imperceptible y acá la pongo a la vista de todos, la hago pasar de latente a patente, considerándola, finalmente, la más decisiva.

 

La primera causa es la de sentir que parecen infructuosas, de insuficiente repercusión o de alcance muy limitado las acciones, las manifestaciones, las convocatorias, las marchas, los cacerolazos, el hacer frente a la represión tan salvaje, etc.

Lucha y más lucha y más lucha, pero el gobierno despótico de la fratria Milei y su horda, así como toda la derecha anacrónica se salen con la suya, con mayor o menor éxito, pero terminan logrando más de lo esperable.

Eso que se da en la Argentina sintoniza con lo que sucede en el planeta en el cual el imperialismo yanqui, a contramano de todo acuerdo internacional y de todo respeto por la autodeterminación de los pueblos, comete atrocidades, como en Venezuela, o amenaza con llevar a cabo más barbaridades, en Cuba, en Irán, en Groenlandia y en donde se le ocurra.

 

La segunda causa, se debe a la propaganda maliciosa, a las prédicas mediáticas de la derecha o a la difusión ineficaz de los “nacionales y populares” y de la izquierda, a las encuestas y los indeseables “focus groups”, a las redes virtuales; también, a las opiniones de los intelectuales famosos de acá y del mundo que incurren en análisis infecundos sin advertir que, al menos desde los 90 a este presente, no acertaron en nada y que, pese a eso,  se escudan en su arrogancia.

 

La tercera causa de tanta desorientación, desazón y depresión es el comportamiento de gran parte de la población, que claramente embrutecida, pretendidamente apolítica, fuertemente endogámica y, también, derrochando soberbia, se obstina, aún contra sus intereses, en apoyar y votar a esta ultraderecha que espanta.

 

Por supuesto, apoya pasivamente, ya que no es una población que se juegue; con tal pasividad a los mandantes les alcanza y sobra.  

 

El electoralismo, un vicio que nada tiene de genuinamente electoral, y un falso institucionalismo, que nada tiene de respeto por las instituciones ni por la Constitución, contribuyen a validar la conducta y el sufragio de ese gran sector de la población.

 

En lo relacionado con esta causa, lo enunciado en la anterior, es un factor decisivo: o sea, medios, redes, encuestas le dan aire y avalan a esa población tan sometida, tan terca y tan incivil.

 

En lugar de generar las condiciones para politizar, para educar, para ayudar a que aprenda de las experiencias y para concientizar, quienes mandan y sus esbirros operan para embrutecer más.

 

La cuarta causa del malestar, de la desorientación y de la desazón de luchadoras y luchadores es la más determinante.

Y la menos visible.


Esta cuarta causa es la inacción, la ineficacia, la complacencia y/o la complicidad de la oposición.

En particular, es muy decisiva y desalentadora la inacción, la ineficacia, la cortedad de miras y la mediocridad de las dirigencias que se dicen nacionales y populares, empezando por el kirchnerismo, progresistas o de izquierda en todo su espectro a lo que hay que agregar a la CGT, las CTA y las dirigencias gremiales en general, así como a las llamadas dirigencias sociales, más espuma que jabón.

 

En vez de convocar, generar una conducción, diseñar y aplicar una estrategia, organizar y movilizar, se adaptan, se refugian en el electoralismo y en un institucionalismo ficticio, se escudan en los medios y en las encuestas, se conforman diciéndose y diciendo “hay que esperar a las próximas elecciones”, “hay que respetar la voluntad popular”, “hay que aceptar que las cosas hoy son así”.

Qué lejos están del Pueblo, que lucha en soledad, y qué lejos también de lo mejor de nuestra historia, empezando por el rechazo a principios del siglo XIX de las invasiones inglesas y continuando por toda la gesta de la independencia, luego los gobiernos nacionales y populares del siglo XX, las luchas de los 60 y los 70 e inclusive de lo que se dio a comienzos de los gobiernos civiles, del 83 en adelante hasta la gran rebelión del 2001.

Muy lejos o, peor aún, se hallan en la vereda opuesta de toda esa tradición digna y honrosa.

 

Estoy esforzándome por ser claro y comprensible; en tal intento, no profundizo ni me extiendo más a fin de no agobiar a la lectora o al lector, si es que esta publicación llega a contar con interesadas e interesados.

No soy pretencioso ni vivo en la Luna.

 

Qué pensar

Como se deduce de todo lo expuesto, hay que barajar y dar de nuevo en lo que a pensar se refiere.

En buena medida hay que pensar desde cero, ya que gran parte de las teorías sociológicas y políticas ha caducado.


Hay muchos y nuevos interrogantes que el mundo actual y nuestra propia realidad argentina nos plantean, dramáticamente.


Hago saber, esperando que no se me asigne petulancia, que se trata de interrogantes que fueron surgiendo ante mí desde hace décadas y, también, en el presente, a los cuales fui dando respuesta en la seguridad de que tenía que innovar, renovar pensamiento y teorías de la sociología, de la política y del comportamiento humano en general.


Exponer mis análisis, mis desarrollos teóricos que responden a los interrogantes, implicaría todo un tratado o una exposición o conferencia de extensa duración, para todo lo cual estoy a disposición.

 

Aquí me ciño a enunciar algunas problemáticas, interrogantes o temas a considerar para la tarea de pensar y repensar.

Aquí van: 

 

  • ·      Qué entender por Política en la actualidad

 

  • ·      Cómo definir el Poder y las relaciones de poder para tener claro cómo actuar.

  • ·      Cómo analizar sociológicamente a la Argentina actual

 

  • ·      Qué entender por Pueblo y otras categorías concurrentes.

 

 

  • ·      Qué es la opinión pública.

 

  • ·      Cómo operan y cuánto influyen y hasta qué punto son o no determinantes los medios, las redes y las encuestas

 

 

  • ·      Cómo analizar los comportamientos electorales. ¿Pueblo y votantes son lo mismo?

 

  • ·      Qué entender por Conducción Política

 

 

  • ·      Cómo pensar y diseñar una estrategia

 

  • ·      Qué entender por Cultura Política y cómo elevarla

 

 

  • ·      Qué es organizar y cómo hacerlo

 

  • ·      Cómo encarar la acción política, incluyendo cómo convocar, cómo movilizar, etc.

 

 

Qué hacer

 

En buena medida, se deduce de todo lo antedicho y en particular del ítem anterior “¿qué pensar?”

 

En primerísimo lugar hay que resolver la gran carencia, la falta de Conducción Política, dado que no hay hoy ninguna fuerza política, sea por “h” o por “b” que esté capacitada para conducir.

 

Muchas compañeras y muchos compañeros en todo momento, llevados por la desesperación, preguntan “¿y si le damos la oportunidad a Fulano o si confiamos de ahora en más en Mengano?”.

No, no es el camino.

 

Por supuesto que dirigentes nacionales y populares, progresistas, de la izquierda, de las organizaciones sociales y gremiales tienen que ser convocados al ¿qué hacer?, respetando y valorando sus conocimientos, trayectoria y experiencia.

Pero tienen que caer en la cuenta del imperativo de que tienen que reubicarse, revisar su pensar y su hacer para inaugurar y poner en práctica nuevos enfoques y acciones novedosas.

 

Hay que construir una Conducción Política

 

Una Conducción Política es mucho más que un conductor, una conductora o un líder.

 

La Conducción Política implica:

 

  • -     Proyecto, que tiene que ser de emancipación y de realización

      Un Proyecto define objetivos y políticas

 

  • -     Estrategia

 

  • -     Acción política guiada por el Proyecto y basada en la estrategia.

 

En segundo lugar, hay que convocar, apuntando a una sólida construcción de alianzas.

 

En tercer lugar, hay que generar conciencia empezando por los propios, contribuyendo a que se modifique de cuajo la perspectiva.

No va más seguir mirando el acontecer con las mismas categorías o análisis que ya resultan vetustos, repetidos, agotados.

 

Por supuesto, hay que movilizar.

 

Pero también hay que hacerlo innovando consignas, innovando modos, invitando a más sectores que hasta hoy están inactivos o hundidos en la depresión.

 

Parecen demasiadas tareas, parece un desafío insuperable, pero todo se facilita si hay disposición a modificar el horizonte, a adoptar una nueva mirada a todo y a generar la solidaridad y marcha común que las luchadoras y luchadores sabemos generar.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista (y luego) dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado (y luego) de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, febrero 16 de 2026

 

 


2001, EL FANTASMA QUE SOBREVUELA A LA ARGENTINA

    Rubén Rojas Breu   2001, EL FANTASMA QUE SOBREVUELA A LA ARGENTINA   El 2001 en la Argentina quedó indeleblemente registrado e...