martes, 17 de marzo de 2026

A 50 AÑOS DEL INICIO DEL TERROR EN LA ARGENTINA, ¿LA DICTADURA SE SALIÓ CON LA SUYA?

 



 

Rubén Rojas Breu

 

A 50 AÑOS DEL INICIO DEL TERROR, ¿LA DICTADURA SE SALIÓ CON LA SUYA?

 

En principio hay razones para responder de la manera más triste, más desalentadora, más alarmante, más desgarradora.

 

Ante el procesador de textos me detengo, inquieto por la pregunta que yo mismo estoy haciendo en el título.

 

¿Cómo responder a una pregunta tan angustiante?

 

Enseguida me digo: tranquilo, la pregunta admite más de una respuesta, admite, básicamente, dos y ambas se contradicen, ambas son al mismo tiempo afirmación y negación, negación y afirmación.

 

Ambas, entonces, están a la espera de la síntesis, a la espera de que la negación de la negación nos lleve a la síntesis.

 

Una vez más y como siempre lo hago, aunque no lo diga a cada rato, estoy navegando en las aguas de la dialéctica.

 

Por lo tanto, la capacidad para aplicar el conocimiento científico y lo aprendido a lo largo de mi extensa trayectoria política empiezan a ganarles en mí al pesimismo, a la desesperación, a la depresión.

 

 

 

De acuerdo a la tan gastada figura de la botella semivacía o semillena que ilustra sobre las perspectivas contrapuestas, negativa o positiva, desde la cual se observa, la respuesta indeseable y la promisoria coexisten.

 

Ya Einstein de un modo sumamente complejo demostró el rol relevante del punto de vista del observador.

 

De tal manera, a la pregunta “¿la dictadura se salió con la suya?” respondo: sí y no.

 

Por qué sí:

 

·      Tenemos un gobierno de ultraderecha que reivindica a la dictadura y que, aún más, se muestra creciente y provocadoramente  heredero de la misma en lo cultural, lo político, lo social, lo económico y hasta en lo psicológico.

 

·      Al mismo tiempo, los concentradores de poder y de riqueza, así como los factores de poder, como si el tiempo se hubiera congelado, son los mismos que apoyaron a la dictadura, aunque hayan cambiado varios nombres.

Seguimos teniendo al imperialismo yanqui -protagónico, aunque eventualmente acompañado por otros intervencionismos globales-, a la sempiterna oligarquía criolla, a los mismos grandes monopolios y oligopolios multinacionales y locales, a dirigencias políticas, gremiales y sociales análogas a las de entonces, un Estado de similar perfil, pese a algunas modificaciones, a los mismos directores o sus descendientes físicos o simbólicos en las más influyentes organizaciones de la sociedad civil, a los mismos medios de comunicación hegemónicos con pocas variaciones, a fuerzas armadas que siguen subordinadas a la tenebrosa Escuela de la Américas yanqui, que siguen adhiriendo, de hecho, a la doctrina de la seguridad nacional y el enemigo interno, a fuerzas de seguridad que siguen aplicando modalidades represivas propias de los regímenes tiránicos ahora fortalecidas con el protocolo Bullrich y se pueden seguir agregando semejanzas o equivalencias.

 

¿Por qué no?

O, ¿en qué la dictadura no se salió con la suya?

 

La última dictadura, así como las que la antecedieron, y sus patrocinantes locales y globales, tuvo un propósito principalísimo: acabar con el Pueblo argentino.

 

En la concreción de tan vil e infame propósito coincidieron sus gemelas de otros países latinoamericanos y de un alto número de otras latitudes, obstinadas en terminar con los pueblos, ejecutando sus planes de exterminio.

 

 

 

 

El 1° de julio de 1974, casi dos años antes de la noche inaugural del Terror, había muerto Perón.

 

Con él, tal como se comprobó penosamente después, había llegado a su fin, la conducción política de la Argentina, de su nación y de su pueblo.

 

Veinte días antes, ante una Plaza de Mayo colmada, Perón había designado al Pueblo como su único heredero, anuncio que tendría especial resonancia en ese momento tan convulsionado por un internismo feroz protagonizado por quienes no entendían al viejo general, un cuadro de violencia generalizada inédito y las amenazas sordas pero sonoras de golpe de estado.

 

No se trata de incurrir en nostalgia ni de dejarse llevar el culto de personalidad o el caudillismo sino de pensar como aquello que inauguró el ateniense de la Antigüedad Tucídides, el realismo político en lo que también ahondaría Maquiavelo casi un milenio después.

Para tal realismo político lo determinante es el poder. Por mi parte, defino a la Política como la ciencia y la práctica que tiene por objeto interpretar y operar sobre las relaciones de poder.

 

De tal manera, de acuerdo a mis desarrollos basados en mi creación, el Método Vincular, lo real son las relaciones de poder.

 

Guiado por tal modo científico de abordar la cuestión, la muerte de Perón significó el fin de la conducción política ya que no había condiciones para su reemplazo.

Con Perón fallecido las relaciones de poder se tornaban desfavorables para el Pueblo, tanto hacia adentro del Movimiento Peronista como hacia afuera.

 

Según mi conceptualización la conducción política no se circunscribe al desempeño de un conductor.

 

Defino a la conducción política como la articulación entre toma de iniciativa y síntesis que tiene por objetivo guiar al Pueblo y a la Nación para consumar el Proyecto de emancipación y realización

 

De tal manera, la conducción política es una función de la organización política ejercida colectivamente.

 

Perón fallece sin lograr tal objetivo, el de generar una conducción política tal como acabo de definirla.

 

En consecuencia, consciente de que transitaba sus últimos días, proclamó como único heredero al Pueblo.

 

El Pueblo cumplió y cumple.

Así que a no ceder ante el derrotismo y a levantar el ánimo.

 

El Pueblo batalló como pudo durante la dictadura y creció en despliegue a partir del retorno a los gobiernos civiles en una democracia de corto alcance y en un estado de derecho sometido a continuas embestidas de la oligarquía local, de los monopolios globales, de los factores de poder y del conjunto de operadores que les sirven.

 

De tal manera, el Pueblo es no solamente el heredero ungido por Perón sino la demostración más acabada de que la dictadura no se salió del todo con la suya.

 

Para derrotar a la dictadura, su legado y sus venales continuadores hay que asumir el Proyecto de emancipación y de realización, construir la conducción política, elevar la cultura política, generar la organización política y contar con la estrategia imprescindibles para ello.

 

Debe tenerse en cuenta que el Pueblo no solamente tiene en contra a los concentradores de poder y de riqueza y sus tentáculos sino también a la masa, ésa que cuando el Pueblo no hace tronar el escarmiento, se deja llevar de las narices por la derecha tan totalitaria, hoy devenida en extremista al punto de alinearse con el país yanqui y con el gobierno de Israel, poniendo a las argentinas y a los argentinos en situación de riesgo alto tal como hizo saber el gobierno teocrático de Irán al afirmar que el gobierno autocrático libertario “cruzó una línea roja imperdonable”.

 

Todo el tiempo el Pueblo se moviliza, se expresa, se organiza en sus bases, da infinidad de batallas en paz a pesar de la represión brutal, de la prédica de los medios de comunicación masivos y de las empresas encuestadoras.

 

A pesar también de la masa, de esa “mayoría silenciosa” que durante la dictadura, a medida que se conocían las desapariciones forzadas o los variados crímenes de lesa humanidad, sentenciaba “por algo será” justificando despiadadamente el accionar letal.

 

El Pueblo está y está con toda su fuerza.

Falta, entonces, la conducción política con el Proyecto y todo lo que en tal dirección enuncié ut supra.

Cuando contemos con eso, podremos responder con todos los énfasis: la dictadura, finalmente, no se salió con la suya.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, marzo 17 de 2026

 


domingo, 15 de marzo de 2026

UNA GUERRA DEVASTADORA PARA LA HUMANIDAD Y DE PRONÓSTICO INCIERTO

 


 

 

Rubén Rojas Breu

 

UNA GUERRA DEVASTADORA PARA LA HUMANIDAD Y DE PRONÓSTICO INCIERTO

 

A 50 años del inicio del Terror en la Argentina con la instauración de la dictadura cívico militar exterminadora de todo, el país que la patrocinó, el país yanqui, sumerge a la Humanidad en un presente sombrío poniéndonos en el umbral de una guerra global devastadora y de pronóstico incierto.

 

Incierto, sí. Los yanquis, alardeando, acorde con su estilo, habían anticipado que su incursión bélica en Irán sería un paseo y que el régimen autocrático habría de sucumbir.

Pues, no.

Irán respondió con una capacidad política, firmeza a toda prueba y solvencia militar que hizo que tal alarde de la gran potencia del Norte deviniera ridículo.

 

Hace unos días publiqué en FB un posteo con la siguiente pregunta: “¿Qué pasa con Milei si los yanquis y el gobierno de Israel pierden la guerra con Irán?”

 

Tuve tres respuestas o sea muy poca repercusión, pese a que la pregunta debería dar lugar a debate, a despertar inquietudes, a abrir más interrogantes, a generar desconcierto o esperanza, según se ubique ideológica y políticamente la lectora o el lector.

 

Debo decir que las tres respuestas fueron de nivel muy pobre, muy por debajo de los alcances de una pregunta atrevida y cuestionadora.

 

Queda claro que gran parte de las dirigencias y de la población argentina, también las de otras latitudes, se basa en la premisa ingenua de que lo que decide el resultado de una guerra es la fuerza de los contendientes entendida ésta como la suma de todos los recursos para el combate incluyendo: militares, armamento, tecnología, logística, capacidad económica, destacándose hoy en día la inteligencia artificial, los misiles, los drones y el arsenal nuclear.

 

En suma, en lo que se basan gran número de gobernantes, de dirigentes, de periodistas y, por supuesto, la masa, tan amorfa, tan ingenua y tan obtusa ella, es en lo que antaño se llamaba “poder de fuego” entendido como la magnitud de fuerza destructiva que se puede proyectar contra un enemigo por tierra, mar y aire.

 

Es la creencia del rioba, según la cual el más grandote le da la biaba al más chico, creencia que viví en carne propia ya que del barro provengo y, créaseme, que aprendí a arreglarme con los patoteros hercúleos pese a mi menor poder de fuego, figuradamente dicho.

 

En la dupla Israel – yanquis, la primera es el actor inteligente, sobradamente dotado, con experiencia de milenios en batallas enfrentando a enemigos más potentes: vale recordar la anécdota de David frente a Goliat o la derrota del ejército asirio de Holofernes, enviado por Nabucodonosor siglo VI A.C., gracias al enorme ingenio de la legendaria heroína hebrea Judith.

 

Hay expertos que señalan que el gobierno de Israel era reticente, pero ante el impulso y la prepotencia yanqui, típicamente yanqui, cedió embarcándose en algo que puede ser una aventura trágica, que ya es una aventura descomunalmente trágica y, repito, de final impredecible.

 

Lo que ya podría pronosticarse es que el resultado más probable sería el de una derrota de todos y, consiguientemente, una derrota de la Humanidad.

 

Los yanquis demuestran una vez más su necedad, cualidad imprescindible para manejarse con su complejo de superioridad, su creencia de país ungido por la divinidad, creencia que lo marca desde su largada en 1776 por aquello de la “doctrina del destino manifiesto” a la que adherían esos supremacistas blancos esclavistas liderados por Washington, Jefferson y Franklin, continuadores de la “secta de la purificación” anglicana, secta expulsada hacia el este de América del Norte por la monarquía inglesa.

 

 

Los yanquis de hoy, todos los yanquis y no solamente Trump y sus esbirros, sangran por la herida como consecuencia de que están quedándose sin su hegemonía de tiempo atrás, que el mundo avanza hacia la multipolaridad, que China va en camino de ser primera potencia a la que se suman India, Japón. Rusia, Brasil y quizá Europa occidental, esa Europa que es como el ave Fénix.

La Argentina, ausente: ni siquiera convidado de piedra.

 

Ciertamente, viene fracasando o es insuficiente el “poder de fuego” de los yanquis al mismo tiempo que hicieron agua sus servicios de inteligencia históricamente ineficaces, tan por debajo de la eficiencia del Mossad, el cual generalmente suma aciertos, y de la capacidad de espionaje de las grandes potencias europeas, incluyendo Rusia, y de las grandes asiáticas.

Pero, sobre todo, lo que se revela definitivamente como a todas luces desacertada, por no decir inservible, es la concepción de la geopolítica, de la política y de la guerra que tienen los yanquis.

 

Contrariando a Clausewitz, para los yanquis la política es la continuación de la guerra: llegan a la política cuando no pudieron conseguir el éxito a través de la acción bélica. Tal concepción es la que explica que vivan en guerra desde el momento en que alumbraron hace 250 años.

 

Contrariando a Sun Tzu, ignoran premisas tales como que la guerra supone la puesta en juego de todos los recursos y capacidades, no solamente militares, sino también sociales, económicos y hasta mentales, empezando por conocer a fondo el terreno.

 

Podría citar más teóricos de la guerra, pero ya es suficiente.

 

Ciertamente lo yanquis no tienen ni tuvieron jamás un Temístocles, un Alejandro Magno, un Carlomagno, una Juana de Arco, un Napoleón, un San Martín, un Bolívar, un Zukhov y seguiría la lista si no fuera porque no quiero abrumar a la lectora y al lector. Tampoco tuvieron nada equivalente a quienes ya hace milenios inauguraron la tradición combativa y el conocimiento experto de Persia o Irán: Jerjes, Darío y unos cuantos más.

Lo comprobable es que para los yanquis la guerra es el comienzo y el fin de todo, que reducen la guerra al poder de fuego y que ignoran todo lo que se pone en juego cada vez que se actúa bélicamente.

 

Por ejemplo, no previeron la reacción contundente de Irán, ni todo lo que entra en el proceso, ignorando qué pasaría con otros países de la región y del mundo, qué pasaría con el petróleo, qué pasaría con sus aliados más incondicionales, qué pasaría con las vías marítimas y tanto más.

 

Como dirían en el barrio, “ellos se mandan y así nos va”.

 

Tampoco previeron qué pasaría con la población y las dirigencias de Irán, dando lugar a que les haya salido el tiro por la culata: el régimen autocrático que ya estaba en jaque por la lucha del digno pueblo iraní y, fundamentalmente, por sus heroicas mujeres, cuenta ahora con el apoyo de la población dado el odio o el temor que despierta la invasión de un enemigo bestial que arrancó masacrando a doscientas niñas escolares.

El régimen autocrático iraní que tenía en contra la presión internacional ahora es mirado, si no con simpatía o comprensión, sí con preocupación por los organismos internacionales y por las grandes potencias que ahora afrontan situaciones dilemáticas y acosadas por pueblos que abogan por la paz.

 

Los yanquis hasta tal punto incurren en perversión que, en simultáneo con su locura belicista, celebran la fiesta obscena de sus ridículos premios Oscar, tienden la alfombra roja mientras que en otras latitudes de ese color se tiñe la tierra por obra de ellos.

 

Sería el colmo que algún premiado o alguna premiada se exhiba haciendo grandilocuencia, declamando, en actitud crítica hacia su gobierno.

Sería muy estúpido creerle a la actriz, actor, cineasta, guionista o quien sea que vocifere su discursito opositor, pura manifestación de hipocresía.

 

 

 

Llegados a este punto, los yanquis recurren a artimañas propias de quienes se ven ante el riesgo de la derrota, como por ejemplo difundir falsedades, subir la apuesta con sus amenazas, poner más fuerzas en el campo de batalla.

 

También, dada el desafío no previamente calculado, están desgañitándose para conseguir la adhesión activa, militar y tecnológica, de otras potencias, sin resultados hasta ahora. Inclusive una aliada ultraderechista como Meloni, la presidente del Consejo de Ministros de Italia, se negó a entrar en guerra.

 

De acuerdo a mi creación, el Método Vincular, el país yanqui ocupa el Posicionamiento Dominancial, lo cual entre muchísimos aspectos y rasgos que hacen a su perfil, se destaca la endogamia llevada a su punto más extremo, el encierro en sí mismos y la creencia de que el resto del mundo es una extensión de la cual tienen el derecho de adueñarse.

Así de primitivos son.

 

Vuelvo ahora a nuestra sufriente Argentina, tan cuesta abajo.

Vuelvo con la pregunta crucial:

“¿Qué pasa con Milei si los yanquis y el gobierno de Israel pierden la guerra con Irán?”

 

Amplío; en caso de derrota miliar y/o política del país yanqui y del gobierno israelí, ¿qué pasaría  con Milei, con la fratria Milei, con los poderosos que lo apoyan, lo horda que lo sostiene y la masa que lo vota?

 

No es una pregunta para responder desde el derrotismo sino para sopesar, evaluar, pensar y comprometerse.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, marzo 14 de 2026

 

 

 


martes, 10 de marzo de 2026

MILEI O LA SUMISIÓN COMO POLÍTICA

 


 

Rubén Rojas Breu

 

MILEI O LA SUMISIÓN COMO POLÍTICA

 

Dirigencias, medios, redes, encuestadores y, por supuesto los concentradores de poder locales y globales ponen el foco en Milei.

 

Ponen el foco todos esos actores y sectores, tanto los que lo apoyan como los que se oponen a su gobierno y a su figura.

 

Ya veremos lo perjudicial que es para el Pueblo ese hacer foco en Milei, sea para aplaudirlo, sea para repudiarlo.

El discurso de Milei en la apertura de las sesiones ordinarias de un Congreso caricaturesco fortaleció ese hacer foco en él.

 

Hay consenso acerca de que fue el discurso de un desequilibrado, de un desquiciado, de un incapaz que busca encerrarse en sus certezas que, contrarias a toda racionalidad, son construcciones delirantes.

 

A diario, por no decir a cada hora, este farolero busca posicionarse como el adalid de la ultraderecha en el mundo acometiendo con desatinos, groserías y disparates.

 

Ahora en una universidad yanqui, una de las tantas incalificables que abundan en ese país, Milei se declaró el “presidente más sionista del mundo” definiendo a Irán como “el enemigo” al que “le vamos a ganar”.

Barbaridades que nos ponen en riesgo.

 

No es pertinente que me valga de mis conocimientos en Psicología y Psicoanálisis para evaluar a Milei ya que ni lo tengo ante mí ni corresponde cuando la cuestión de la que se trata compete a la Política.

 

Basta con que reitere que Milei no es solamente Milei, sino que se trata de una fratria compartida con la hermana la cual hace de sostén psíquico, de muleta, para que el susodicho conserve cierto nivel precario de adaptación beneficiándose ella de ocupar protagonismo y de tornarse objeto de deseo de obsecuentes y bobos.

 

Milei o la fratria Milei es apenas, a duras penas, un síntoma, la señal a la vez trágica y paródica, de una Argentina hundida en la decadencia desde que ésta fuera aterrorizadoramente inaugurada por la última dictadura cívico militar hace cincuenta años.

 

 

 

Los gobiernos civiles y las dirigencias políticas y sectoriales que la sucedieron incentivaron tal decadencia para beneplácito y beneficio de los concentradores de poder y de riqueza de acá y de las grandes potencias, principalmente el país yanqui.

Si no fuera así, los Milei serían patéticos ignotos.

 

La dictadura sembró la triste creencia de que la masa o la “mayoría silenciosa” antipolítica e inorgánica era y es el cimiento de una sociedad normal y deseable.

Esa creencia sirvió enormemente a los poderosos, a la oligarquía, a los grandes capitalistas y, también, a todas las dirigencias, políticas, gremiales, sociales.

 

Dicho lo ya expuesto, la palabra clave es “sumisión”.

Los Milei representan a la sumisión como política.

Y toda su política es la sumisión.

La sumisión, en ellos y los suyos, es punto de partida y horizonte.

 

Según el diccionario de la RAE la sumisión es: “sometimiento de alguien a otra u otras personas”, “sometimiento del juicio de alguien al de otra persona” o “acatamiento o subordinación manifiesta con palabras y acciones”.

 

Traducido en versión Hegel, la sumisión es lo sintetizado en la dialéctica del amo y del esclavo.

 

Sumisión es, a la vez, esclavizar y esclavizarse.

Milei, o los Milei, proponen y ejecutan como política la de la sumisión.

Para ellos, la sumisión conduce al Paraíso terrenal.

Libertad en su particular lenguaje es el derecho de quienes someten, de quienes obligan a acatar.

 

 

Ahora bien, los Milei, y particularmente el locuaz hermano, representan la condición de sumisos. Toda la verborragia desaforada del hermano es la pantalla en modo patotero con la cual disfraza su verdadera condición: la de sumiso, condición que comparte con la hermana, con los secuaces, con la horda que los encaramó e, inclusive, con los poderosos vernáculos cuya vocación es la de la servir a los poderosos globales, particularmente, hoy, los yanquis.

 

En sus medidas de gobierno, así como en sus diatribas, el metamensaje y, a menudo el mensaje mismo, así como el de su cofradía, es: “poderosos de Occidente, poderosos de la gran potencia del Norte y de sus aliados, aquí estoy, aquí estamos para servirles incondicionalmente, aquí estamos para ser sus lacayos, sus lamebotas y los ejecutores todoterreno de sus designios”.

 

Persuadido de su rol sube todo el tiempo la apuesta, para evidenciar su acatamiento.

Se apoya en los factores de poder globales, sus mandamases, y en la horda que lo puso ahí, en los medios de comunicación, en las redes virtuales, en las empresas encuestadoras, en una oposición ineficaz, itinerante o cómplice, y en la masa.

 

Veamos: desde el momento en que nacemos, y aún antes según puede demostrarse, somos interactuantes, nos constituimos inexorablemente como sociales en el seno de la interdependencia con otras y con otros, en el seno de la organización familiar y las colindantes, tales como las de la salud, la educación, etc.

 

La identificación, inconsciente, por cierto, es el dispositivo, el enlace (Freud dixit) por el cual interactuamos, la cual genera entrelazamientos que tienden al infinito, con madre, padre y otros, así como viceversa (no sólo el bebé se identifica con sus progenitores y demás interactuantes, sino que al mismo tiempo éstos se identifican con el bebé, lo cual no profundizo acá).

 

Ya en esos momentos iniciales se da la oposición sometimiento – autonomía, ya en esos momentos iniciales afrontamos la tendencia a acatar versus la tendencia a desarrollarnos, la tendencia al encierro endogámico versus la tendencia a la apertura exogámica.

Los Milei, sus mandamases, los secuaces y la horda optan por los primeros términos de las enunciadas oposiciones:  eligen, más inconsciente que conscientemente, el sometimiento, el acatamiento y el encierro endogámico; es ocioso aclarar que los mandamases globales lo eligen para someter, pero ciertamente avalan, por ese camino, a la sumisión.

Dentro de la sumisión, todo: ésa es la máxima.

 

Aquí viene a colación, con la mayor trascendencia, la diferenciación entre masa y Pueblo.

 

 

La masa es proclive a la sumisión, se somete, acata y se encierra en su minúsculo mundo endogámico. Es la masa a la que manipulan los concentradores de poder y de riqueza y a la que se ciñen gobernantes, dirigentes, medios de comunicación, redes virtuales, intelectuales, consultores y encuestadores.

La sumisión, para quien se somete, tiene un beneficio de alto voltaje.

Le permite evadirse:

·      de la angustiante responsabilidad de decidir,

 

·      de la angustiante distancia entre lo poco posible y los ideales que les resultan siempre exigentes

 

·      de la angustiante apertura a lo exogámico, terreno que les resulta pantanoso, inescrutable, riesgoso.

Los Milei, como prácticamente todos sus cofrades, se formaron en hogares de fuerte impronta endogámica bajo el mandato de que hay que someterse y acatar.

Recordemos el enojo de Milei púber por la toma de Malvinas encabezada por el dictador terrorista Galtieri; el “niño” Javier no podía tolerar que se desafiara a su madre patria.

La formación escolar y colegial, así como la universitaria fortalecieron, incentivaron y brindaron herramientas supuestamente éticas e intelectuales para someterse y acatar.

Por supuesto la precaria, insostenible y paupérrima escuela austríaca viene como anillo al dedo para justificar la sumisión; lejos de poner en cuestión el mundo como es, sobradamente injusto, lo valoriza y lo reconoce como el mejor posible, como el mundo al que hay que optimizar sustentando crecientemente a regímenes económicos basados en la explotación, la acumulación de los pudientes y en la maximización de la plusvalía.

 

Ahora bien, defino al Pueblo como “la población políticamente culturalizada y organizada que tiene por objetivos su emancipación y realización en consonancia con la nación, los trabajadores y la solidaridad con la región y los oprimidos del planeta”.

 

Eso significa que el Pueblo opta, siempre, por los segundos términos de aquellas oposiciones ut supra mencionadas: opta por la autonomía, por el desarrollo y por la apertura exogámica.  

 

Llevado todo este planteo a qué hacer, urge que el Pueblo cambie el foco: en vez de ponerlo en Milei, debe centrarse en su Proyecto.

 

En vez de insistir con reclamos infructuosos ante el despotismo del gobierno totalitario y sus mandos, lo cual lleva al desánimo y el derrotismo, tiene que diseñar y levantar su Proyecto.

 

En lugar de centrarse en un gobierno objetivamente insostenible, debe exigir a la oposición que se dice nacional y popular, progresista o de izquierda que asuma su lugar, que se ponga al frente de una convocatoria y que acabe con poner expectativas en un electoralismo caduco, en prestar atención a consultores y  empresas encuestadoras que sirven a la preservación de este status quo deshumanizante,   en insistir en un institucionalismo agotado y en transas vergonzosas entre supuestos dirigentes ya agotados, ya ingresados en la obsolescencia.

 

El Pueblo tiene que poner el foco, entonces, en su propio Proyecto, en construir su conducción política, en organizarse de un modo crecientemente eficaz y en pasar a la acción según una estrategia innovadora, sacudiendo el polvo de lo ya añejo, convocando y movilizando con los numerosos medios a su alcance.

 

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, marzo 10 de 2026

 

 

 

 

 

 


domingo, 8 de marzo de 2026

EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER EN EL CONTEXTO DE LA BARBARIE

 



Rubén Rojas Breu

 

EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER EN EL CONTEXTO DE LA BARBARIE

 

El Día Internacional de la Mujer se celebra en un contexto de barbarie, barbarie cuyo principal adalid y ejecutor es, ¿cuándo no?, el país más deshumanizante del planeta y de la Historia: el país yanqui.

 

Acompañado por su principal aliado, el gobierno ultra de Israel y cómplices menores que integran una suerte de archipiélago en tierra firme de regímenes despóticos, el país yanqui pone en riesgo a la Humanidad.

 

 

La mujer, las mujeres, una vez más entre dos fuegos, entre dos terrores: por un lado, el régimen patriarcalista iraní, que, según las informaciones más confiables, tiene una política troglodita de género;  por otro lado, los atacantes no sólo están lejos de ser dechados de respeto por la igualdad de género, sino que ya, en sus primeros bombardeos, acabaron con la vida de casi doscientas niñas.

¿Así liberan a las mujeres?

 

La ofensiva desaforada y sin pausa de los yanquis y sus aliados no solamente deja indefensas a las mujeres de la región e, inclusive, del resto del mundo, sino que las castiga con sufrimiento indecible y derramamiento de sangre, impulsando a su vez a que su enemigo responda con iguales consecuencias funestas.

 

Conmemorar en esta fecha a las mujeres luchadoras de todos los tiempos y al mismo tiempo llevar a cabo una guerra tan extemporánea, tan aniquiladora, no solamente de vidas, sino de la Vida misma encierra una infinidad de contrasentidos.

 

Valerse de la guerra para supuestamente liberar a las mujeres iraníes que ya vienen dando su batalla pacífica para alcanzar su emancipación es uno de esos contrasentidos.

 

¿Qué favor hacen a esas heroicas mujeres los bombardeos que seguramente llevan a que las y los iraníes terminen estrechando filas ante tamaña destrucción, tamaña crueldad?

 

Además, los yanquis ¿no habían pronosticado que su arremetida contra Irán iba a ser un paseo?

 

Ya todos los analistas, y me incluyo, evalúan o evaluamos que esta guerra puede prolongarse en el tiempo y tener consecuencias descomunalmente catastróficas para toda la Humanidad.

Y su final es impredecible.

 

No sería la primera vez que los yanquis salen como rata por tirante; téngase en cuenta que jamás ganaron una guerra y, al mismo tiempo, son los causantes de la mayoría de los enfrentamientos bélicos desde que los colonos supremacistas blancos esclavistas en 1776, gracias a franceses y españoles, se salieron con la suya: dejar de pagar impuestos y comenzar a cumplir con su dogma del destino manifiesto, sintiéndose merecedores de la dominación del planeta.

 

Muchas mujeres de todas las latitudes sufrieron en consecuencia inconmensurable dolor.

Entre ellas, afroamericanas e hispanas que habitaron y habitan el país gringo.  

 

El Día Internacional de la Mujer merece que se celebre con la consagración de nuevos derechos, con la vigencia de las leyes y tratados internacionales y en paz.

 

Qué desgarrador que las cosas no sean así.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, marzo 8 de 2026

 

 


A 50 AÑOS DEL INICIO DEL TERROR EN LA ARGENTINA, ¿LA DICTADURA SE SALIÓ CON LA SUYA?

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