Rubén
Rojas Breu
Dadas la desorientación y
desazón de militantes y/o luchadores populares
¿QUÉ PENSAR Y QUÉ HACER?
Porqués
de esta publicación
Estoy
observando la desorientación y la desazón crecientes de tantas y tantos
luchadoras y luchadores que ven pasar los días, los meses y los años y se
decepcionan porque nada parece tener el efecto transformador deseable.
Tomo
nota de eso por lo que comparto y escucho en diversos ámbitos, por lo que veo y
leo en mensajes que se intercambian en redes, en grupos de Whatsapp y en
diversos medios y. sobre todo, en las movilizaciones callejeras, empezando por
las de jubiladas y jubilados llevadas a cabo cada miércoles a fuerza de
tenacidad, de valentía y claridad política.
Veo
a diario cómo compañeras y compañeros de mi edad y de dilatada trayectoria son afectadas
y afectados por la depresión resultante de tantas frustraciones.
Esa
desorientación y desazón son tanto más agudas y, al mismo tiempo tanto más crónicas,
cuando compañeras y compañeros perciben que tanto compromiso, tanta pelea,
tanto esfuerzo parecen ser en vano, sin resultados apreciables.
Sucede que sin rumbo no hay camino.
Ese
malestar es más notorio en compañeras y compañeros que no están
encuadradas o encuadrados en partidos y agrupaciones, que no tienen
pertenencias orgánicas reconocibles como tal pese a que sí llevan tanta o más
lucha a cuestas que quienes sí participan de algún grupo kirchnerista o progresista
o de la izquierda clasista o de un gremio combativo o de un movimiento social definido.
Esta
publicación se dirige fundamentalmente a esas compañeras o compañeros,
desoladas y desolados, batalladoras y batalladores, que hoy son
independientes o están fuera de una agrupación, aunque tengan
afinidades ideológicas con alguna en particular.
Por
supuesto que también tengo en cuenta a quienes están encuadradas o encuadrados
en alguna organización del campo nacional y popular o de la izquierda en todo
su espectro, pero soy consciente, y lo compruebo a diario con compañeras y
compañeros que militan en tal carácter, que consideran que su senda está ya
definida y que sus interrogantes ya tienen respuesta.
Así
que este texto es sobre todo para quienes además del malestar que ya mencioné,
tienen más preguntas que certezas y que se encuentran invadidas e invadidos por
la sensación de que hace falta un rumbo.
Soy
muy consciente de que es imposible hacerse escuchar si no hay quienes quieran
oír. De eso sé un “rato largo” como se decía en los barrios.
Ya muy
entrado en años, gastando los últimos cartuchos, sumando
casi siete décadas de luchas, desde escolar, estoy haciendo intentos para
hacerme escuchar con paciencia oriental, a pesar de mis oscilaciones del ánimo:
voy del sentimiento de que es inútil y que son bajísimas las posibilidades de
alcanzar algún eco a la esperanza de que quizá sea éste el momento oportuno
para lograr disposición a leerme y a abrirse a lo que tengo para decir, para
convocarme y para pasar del dicho al hecho, de las palabras a la acción.
El
título ¿QUÉ PENSAR Y QUÉ HACER? se debe a que se trata de articular el pensamiento
y la acción como enseñaron tantos líderes y militantes populares a lo largo de
la Historia.
Ya
sabemos que pensar sin hacer es cháchara, es distracción de diletantes.
Pero
hacer sin pensar es un voluntarismo sin estrategia, carente
de objetivos ciertos, es repetir fórmulas conocidas y ya gastadas que terminan siendo
contraproducentes, desmotivadoras e inútiles.
En
las circunstancias que afrontamos se torna un imperativo pensar, generar teoría
política, diseñar una estrategia, debatir hasta comprender, ver debajo del
agua.
A
ese pensar para hacer y al hacer habiendo pensado me he dedicado toda mi vida y
por cierto que, cuando esa articulación se dio y en esa articulación fui acompañado,
los desafíos fueron superados y los logros les ganaron a las frustraciones.
Hoy
entre las luchadoras y luchadores populares predomina casi excluyentemente el
hacer voluntarista, sin el suficiente pensar, y las consecuencias están a la
vista.
Quienes
nos someten, acá y en el planeta, cuentan con todo a su favor, menos con la
inteligencia y la compresión suficiente sobre el comportamiento humano.
Ahí
radica nuestra principal ventaja si la queremos aprovechar: la inteligencia y
la creatividad para dar cuenta de la situación que afrontamos y actuar en consecuencia.
Si
no procedemos así aumentarán la desorientación y la desazón y estos enemigos de
los pueblos o, más aún, enemigos de la Humanidad seguirán pisando, por empezar
en nuestro país, en esta postergada Argentina.
Es
muy importante para la lectura de estas líneas bajarse de cualquier caballo,
renunciar a la soberbia, a la arrogancia y al sectarismo: se requiere una
actitud humilde, se requiere apertura, se requieren ganas de pensar y repensar,
se requiere disposición a escuchar e intercambiar.
Veamos
ahora las principales causas de la desorientación y la desazón aludidas.
Causas
de la desazón y desorientación de quienes luchan
Cuatro
causas principales destaco, las tres primeras son palpables.
La cuarta,
en cambio, es casi imperceptible y acá la pongo a la vista de todos, la hago
pasar de latente a patente, considerándola, finalmente, la más decisiva.
La
primera causa es la de sentir que
parecen infructuosas, de insuficiente repercusión o de alcance muy limitado las
acciones, las manifestaciones, las convocatorias, las marchas, los cacerolazos,
el hacer frente a la represión tan salvaje, etc.
Lucha
y más lucha y más lucha, pero el gobierno despótico de la fratria Milei y su
horda, así como toda la derecha anacrónica se salen con la suya, con mayor o
menor éxito, pero terminan logrando más de lo esperable.
Eso
que se da en la Argentina sintoniza con lo que sucede en el planeta en el cual
el imperialismo yanqui, a contramano de todo acuerdo internacional y de todo
respeto por la autodeterminación de los pueblos, comete atrocidades, como en
Venezuela, o amenaza con llevar a cabo más barbaridades, en Cuba, en Irán, en
Groenlandia y en donde se le ocurra.
La
segunda causa, se debe a la propaganda maliciosa, a las
prédicas mediáticas de la derecha o a la difusión ineficaz de los “nacionales y
populares” y de la izquierda, a las encuestas y los indeseables “focus groups”,
a las redes virtuales; también, a las opiniones de los intelectuales famosos de
acá y del mundo que incurren en análisis infecundos sin advertir que, al menos
desde los 90 a este presente, no acertaron en nada y que, pese a eso, se escudan en su arrogancia.
La tercera
causa de tanta desorientación, desazón y depresión es el
comportamiento de gran parte de la población, que claramente embrutecida, pretendidamente
apolítica, fuertemente endogámica y, también, derrochando soberbia, se obstina,
aún contra sus intereses, en apoyar y votar a esta ultraderecha que espanta.
Por
supuesto, apoya pasivamente, ya que no es una población que se juegue; con tal
pasividad a los mandantes les alcanza y sobra.
El
electoralismo, un vicio que nada tiene de genuinamente electoral, y un falso institucionalismo,
que nada tiene de respeto por las instituciones ni por la Constitución,
contribuyen a validar la conducta y el sufragio de ese gran sector de la
población.
En
lo relacionado con esta causa, lo enunciado en la anterior, es un factor
decisivo: o sea, medios, redes, encuestas le dan aire y avalan a esa población
tan sometida, tan terca y tan incivil.
En
lugar de generar las condiciones para politizar, para educar, para ayudar a que
aprenda de las experiencias y para concientizar, quienes mandan y sus esbirros
operan para embrutecer más.
La
cuarta causa del malestar, de la desorientación y de la desazón de luchadoras y
luchadores es la más determinante.
Y la
menos visible.
Esta
cuarta causa es la inacción, la ineficacia, la complacencia y/o la complicidad
de la oposición.
En
particular, es muy decisiva y desalentadora la inacción, la ineficacia, la
cortedad de miras y la mediocridad de las dirigencias que se dicen nacionales y
populares, empezando por el kirchnerismo, progresistas o de izquierda en todo
su espectro a lo que hay que agregar a la CGT, las CTA y las dirigencias
gremiales en general, así como a las llamadas dirigencias sociales, más espuma
que jabón.
En
vez de convocar, generar una conducción, diseñar y aplicar una estrategia,
organizar y movilizar, se adaptan, se refugian en el electoralismo y en un institucionalismo
ficticio, se escudan en los medios y en las encuestas, se conforman diciéndose
y diciendo “hay que esperar a las próximas elecciones”, “hay que respetar la
voluntad popular”, “hay que aceptar que las cosas hoy son así”.
Qué
lejos están del Pueblo, que lucha en soledad, y qué lejos también de lo mejor
de nuestra historia, empezando por el rechazo a principios del siglo XIX de las
invasiones inglesas y continuando por toda la gesta de la independencia, luego
los gobiernos nacionales y populares del siglo XX, las luchas de los 60 y los
70 e inclusive de lo que se dio a comienzos de los gobiernos civiles, del 83 en
adelante hasta la gran rebelión del 2001.
Muy
lejos o, peor aún, se hallan en la vereda opuesta de toda esa tradición digna y honrosa.
Estoy
esforzándome por ser claro y comprensible; en tal intento, no profundizo ni me
extiendo más a fin de no agobiar a la lectora o al lector, si es que esta
publicación llega a contar con interesadas e interesados.
No
soy pretencioso ni vivo en la Luna.
Qué
pensar
Como
se deduce de todo lo expuesto, hay que barajar y dar de nuevo en lo que a pensar
se refiere.
En
buena medida hay que pensar desde cero, ya que gran parte de las teorías
sociológicas y políticas ha caducado.
Hay muchos
y nuevos interrogantes que el mundo actual y nuestra propia
realidad argentina nos plantean, dramáticamente.
Hago
saber, esperando que no se me asigne petulancia, que se trata de interrogantes
que fueron surgiendo ante mí desde hace décadas y, también, en el presente, a
los cuales fui dando respuesta en la seguridad de que tenía que
innovar, renovar pensamiento y teorías de la sociología, de la política y del comportamiento
humano en general.
Exponer
mis análisis, mis desarrollos teóricos que responden a los interrogantes,
implicaría todo un tratado o una exposición o conferencia de extensa duración,
para todo lo cual estoy a disposición.
Aquí
me ciño a enunciar algunas problemáticas, interrogantes o temas a considerar para
la tarea de pensar y repensar.
Aquí
van:
- · Qué
entender por Política en la actualidad
- · Cómo
definir el Poder y las relaciones de poder para tener claro cómo actuar.
- · Cómo analizar sociológicamente a la Argentina actual
- · Qué
entender por Pueblo y otras categorías concurrentes.
- · Qué es
la opinión pública.
- · Cómo
operan y cuánto influyen y hasta qué punto son o no determinantes los medios,
las redes y las encuestas
- · Cómo
analizar los comportamientos electorales. ¿Pueblo y votantes son lo mismo?
- · Qué
entender por Conducción Política
- · Cómo
pensar y diseñar una estrategia
- · Qué
entender por Cultura Política y cómo elevarla
- · Qué es
organizar y cómo hacerlo
- · Cómo
encarar la acción política, incluyendo cómo convocar, cómo movilizar, etc.
Qué
hacer
En
buena medida, se deduce de todo lo antedicho y en particular del ítem anterior “¿qué
pensar?”
En
primerísimo lugar hay que resolver la gran carencia, la falta de Conducción Política,
dado que no hay hoy ninguna fuerza política, sea por “h” o por “b” que esté
capacitada para conducir.
Muchas
compañeras y muchos compañeros en todo momento, llevados por la desesperación,
preguntan “¿y si le damos la oportunidad a Fulano o si confiamos de ahora en
más en Mengano?”.
No,
no es el camino.
Por
supuesto que dirigentes nacionales y populares, progresistas, de la izquierda,
de las organizaciones sociales y gremiales tienen que ser convocados al ¿qué
hacer?, respetando y valorando sus conocimientos, trayectoria y experiencia.
Pero
tienen que caer en la cuenta del imperativo de que tienen que reubicarse,
revisar su pensar y su hacer para inaugurar y poner en práctica nuevos enfoques
y acciones novedosas.
Hay que
construir una Conducción Política
Una
Conducción Política es mucho más que un conductor, una conductora o un líder.
La
Conducción Política implica:
- - Proyecto, que tiene que ser de emancipación y
de realización
Un Proyecto define objetivos y políticas
- -
Estrategia
- -
Acción política guiada por el Proyecto y
basada en la estrategia.
En
segundo lugar, hay que convocar, apuntando a una sólida construcción
de alianzas.
En tercer
lugar, hay que generar conciencia empezando por los propios,
contribuyendo a que se modifique de cuajo la perspectiva.
No
va más seguir mirando el acontecer con las mismas categorías o análisis que ya
resultan vetustos, repetidos, agotados.
Por
supuesto, hay que movilizar.
Pero
también hay que hacerlo innovando consignas, innovando modos, invitando a más
sectores que hasta hoy están inactivos o hundidos en la depresión.
Parecen
demasiadas tareas, parece un desafío insuperable, pero todo se facilita si hay
disposición a modificar el horizonte, a adoptar una nueva mirada a todo y a
generar la solidaridad y marcha común que las luchadoras y luchadores sabemos
generar.
Rubén
Rojas Breu
Trabajador,
activista (y luego) dirigente político desde 1958
Docente
universitario de grado (y luego) de posgrado desde 1969 en UBA y otras
universidades públicas y privadas de la Argentina
Lic.
en Psicología UBA, 1973
Científico
e investigador social desde 1974
Autor
del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado,
desde 1980 con libros y artículos publicados
Autor
de teorías sobre Política
Buenos
Aires, febrero 16 de 2026