Rubén Rojas Breu
ANÁLISIS POLÍTICO DE LA REFORMA LABORAL
La informalidad desplaza a la formalidad.
Porqués ya sabidos y porqués subyacentes que llevan a
conclusiones revulsivas
La mal nacida
La reforma laboral que ya cuenta con media sanción del Senado de
la Nación es un engendro según esta acepción de la RAE: “plan, designio u obra intelectual mal concebidos”.
Es una reforma mal nacida por donde se la mire.
Como tantos actos de este gobierno, y de sus
antecesores, va en dirección contraria a lo que se da en el mundo.
En los países europeos, entre ellos España, se
avanza en propuestas de reducción de la jornada laboral, inclusive en la instauración
de la semana de cuatro días laborables.
Quede claro que cabe, al menos cada tanto y quizá
con creciente frecuencia, reformar la legislación laboral.
Lo que no cabe es que en lugar de mejorar la
situación de los trabajadores, de fomentar el empleo formal y digno, de generar
las condiciones para un incremento significativo de las fuentes de trabajo y de
reconocer nuevos derechos, se geste una reforma que atrasa y genera más atraso,
que legalice la desigualdad y la esclavización, que retrotraiga a épocas
pretéritas, que deshumanice.
En la pronunciada decadencia argentina letalmente
iniciada con la última dictadura cívico militar y continuada desde entonces
ininterrumpidamente con el advenimiento desde 1983 de los gobiernos civiles,
esta reforma laboral es una barbaridad más, una barbaridad de las tantas a las
que nos somete un régimen social, político y económico injusto en todos los
órdenes que hacen a la vida en sociedad, a la vida humana como tal.
Es una reforma atentatoria contra derechos
constitucionales, así como contraria a los establecidos por la OIT y los
tratados internacionales.
Destruye o lesiona definitivamente los salarios,
las condiciones laborales, los beneficios consagrados, la agremiación y tanto
más.
Más aún, destila crueldad como lo que contiene en
referencia a cómo se arrojará al desamparo a las enfermas y los enfermos, a
accidentadas y accidentados, a quienes terminen padeciendo discapacidad.
Acaba con las conquistas que los trabajadores
lograron gracias a denodadas luchas desde el siglo XIX, acaba con leyes
impulsadas por el anarquismo y el socialismo, acaba con políticas instauradas
por los gobiernos de Yrigoyen como la jornada de ocho horas, la cual, aclaremos,
fue lanzada como proclama por Marx quien la consideró
como una necesidad histórica y una victoria fundamental de la lucha de clases
contra la explotación capitalista.
Promovida bajo el lema "8 horas para trabajar, 8 para dormir y 8 para la casa", Marx impulsó
esta demanda a través de la Asociación Internacional de los Trabajadores en 1866,
describiendo la limitación legal del tiempo de trabajo como el primer paso para
la emancipación del proletariado.
Sobre todo, la reforma
laboral acaba con la enorme realización del peronismo fundacional, conducido
por Perón, el cual promovió y llevó a cabo la más integral o completa
legislación laboral, auténticamente moderna, que conozca el planeta entero.
Una legislación laboral
de avanzada que conjuntamente con otras políticas que implementó aquel gobierno
en todas las áreas puso a la Argentina en la senda definitiva del bienestar
colectivo, del desarrollo y de país de referencia para el planeta.
Fue ese peronismo al
cual John William Cooke definió como “el hecho maldito del país burgués”, el país
burgués que conspiró para acabar con tantas conquistas y derechos, pese a que,
objetivamente, tal peronismo original propiciaba el desarrollo.
Ver a quienes, en franca
exhibición de impostura, se autodenominan “peronistas” (sean kirchneristas,
kicillofistas, cegetistas o de la variante que se invoque) y a marxistas avalar
la reforma u oponerse a ella con argumentos de una flojedad patética, sin
movilizar, sin conducir, sin organizar, sin concientizar es de una inconmensurable
infamia.
Estos últimos, mientras
declaman ante micrófonos y cámaras, tras bambalinas transan y devienen
finalmente cómplices sea por inacción, sea por colaboracionismo, sea por
ineficacia.
Las dirigencias
políticas y sindicales, como lo vengo sosteniendo desde el inicio del gobierno
despótico de la fratria Milei y la horda que los encaramó, dejaron al
Pueblo luchando en soledad, dejó a la Patria inerme, mientras desde sus
mansiones, sus pisos, oficinas, despachos y balcones miran pasiva y
egolátricamente la devastación.
Tales dirigencias se
escudan en los medios cada vez más frívolos y complacientes con lo que hay y en
las empresas encuestadoras, instrumentos de la manipulación.
Dirigencias políticas y
sindicales, medios y empresas encuestadoras malversan con el único fin de su
propio beneficio, distorsionan, muestran craso desconocimiento y garrafal falta
de vocación por la Política tal como ésta debe ser ejercida.
Me eximo acá de analizar
en detalle la reforma laboral de lo cual ya se ocupan con creces los
especialistas, en particular los abogados laboralistas.
Éste es un
análisis político y sociológico
Seguidamente expongo los
porqués que han hecho posible que esta esclavizante y retrógrada reforma
laboral sea dada a luz.
Porqués ya
sabidos
1. El rol decisivo y
crecientemente determinante de las grandes corporaciones globales y locales,
los factores de poder, la sempiterna y vetusta oligarquía local y las presiones
imperialistas con los EEUU de Washington a la cabeza y sus digitados organismos
internacionales, como el FMI, sin duda es una condición obvia y que vale, una
vez más, mencionar.
2. A eso se suma lo ya
dicho acerca, según sea el caso, de la mediocridad, de la inacción, de la
ineficacia, de la complacencia o de la complicidad de todas las dirigencias
políticas, gremiales y sociales, sean del palo que sean, aliadas venales del
gobierno totalitario ultraderechista y brutal o supuestamente opositoras
aunque, como ya fuera dicho ut supra, entregadas o rendidas, refugiadas
o sostenidas en las prédicas mediáticas, en las encuestas y confiadas en males
endémicos y obsoletos como el “institucionalismo” y el electoralismo.
Aclaro,
“institucionalismo” no es institucionalidad, marco institucional o sostén en
las instituciones.
“Institucionalismo” es
la perversión consistente en usar la cáscara de las llamadas instituciones vaciadas
de toda significación, ajenas a la auténtica democracia..
Porqués subyacentes
Se trata de porqués que
nadie tiene en cuenta, tal es el nivel paupérrimo de los análisis de expertos,
analistas políticos, periodistas y, por supuesto, dirigentes, sus asesores y
encuestadores.
Desde la dictadura y con
fuerte impulso durante el menemismo, se fue destruyendo la Política misma y,
por ende, las organizaciones políticas, la cultura política, la conducción
política,
También, sumamente
grave, con la defección del gobierno radical en la Pascua de 1987 ante
militares carapintadas, defección en la cual tal gobierno fue acompañado por
las dirigencias de entonces, se empezó a asestar golpes contra la organización
política por excelencia, la organización política de más alta complejidad y la
que da a la democracia su nombre; el Pueblo, que ya había sido objeto de
aniquilación por la dictadura.
Sobreviene el impulso a
la masa, a la opinión pública que actualmente está constituida por tal masa
junto con los medios, las redes virtuales y las encuestas.
Peor aún, se da aire a
lo más pernicioso, el monstruo que sale de las entrañas de la masa; la horda.
En paralelo con tal
parición se desarrolla a niveles inauditos lo lumpen.
Pierden las
organizaciones en general, pierde protagonismo la organización como tal, la
organización legal y legítima, para dar lugar a procesos de desorganización
política y social que generarán nuevos tipos de organizaciones francamente
asociales; entre ellas, mafia y narcos.
La justificadísima
rebelión popular de 2001 que derivó en las ejemplares asambleas populares fue
un intento prerrevolucionario de reestablecer el protagonismo del Pueblo.
Tal proceso fue abortado
por el régimen político institucional el cual se valió del kirchnerismo para
perpetuarse, para restablecer el orden conservador al servicio de las grandes
corporaciones, de los factores de poder y, desde luego, con la fachada de las
dirigencias políticas, sociales y gremiales anacrónicas y añosas.
Esa derrota del Pueblo,
definitivamente consumada en mayo de 2003 y de la cual además del kirchnerismo
y sus apoyos también fueron responsables todo el progresismo y la izquierda,
alimentó todavía más a las organizaciones asociales.
Creció más la pobreza,
el atraso se fue tornando constitutivo, la Argentina se quedaba sin Proyecto de
emancipación y de realización, se quedaba sin la posibilidad de consumar su
destino de potencia al servicio de la paz y de la confraternización entre
naciones y pueblos.
En ese marco, el trabajo
y la cultura del trabajo se debilitaron enormemente,
Creció la informalidad y
el “sálvese quien pueda” junto con un asistencialismo causante de más
deterioro.
La informalidad ganó la
delantera al llamado trabajo en blanco.
Gran parte de la
población quedó fuera de lo que se da en llamar “mercado de trabajo”.
Aumentaron las
ocupaciones temporarias, las ocupaciones unipersonales enmascaradas como
“microemprendimientos”, los seudo empleos del tipo de los envíos a domicilio,
remiserías y cuentapropistas de toda índole, servicios de todo tipo en hogares,
las modalidades virtuales, aplicaciones y plataformas, aislándose así quienes
trabajan.
Aisladas y aislados
trabajadoras y trabajadores no sólo se debilitan las condiciones para la tan
meneada conciencia de clase, sino que quedan sujetas y sujetos a los manejos
extorsivos de quienes “dan trabajo”.
En simultáneo como he
señalado crecieron las mafias y los narcos, con sus modalidades criminales y
extorsivas, como una suerte de sociedad ilegal paralela.
Quienes viven de
actividades legales informales y quienes viven de las ilegales, no gozaron ni
gozan de la legislación laboral que beneficia y organiza a los trabajadores
formales o “en blanco”.
A tal punto es así que
contribuyeron al avance de la derecha y de la ultraderecha en la convicción de
que tendrían derechos y hasta salarios en dólares que se les negaban o
impedían.
La horda tuvo así el
camino llano para catapultar a la fratria Milei y sus esbirros.
Dirigencias políticas,
sociales y gremiales como así también medios y empresas encuestadoras crearon
el clima propicio para que el huevo de la serpiente empollara y se rompiera
para dar a luz al engendro.
De tal manera la
informalidad fue incrementándose en dos categorías:
La legal, la de los trabajos
fuera de los derechos, desde cuentapropistas hasta repartidores en un amplio
espectro de gran volumen ya descrito
La ilegal, la que se da bajo el
imperio de mafias y narcos así como del bandidaje en general.
Toda esa informalidad,
legal e ilegal, desplazó a la formalidad, no solamente en el
trabajo sino también en la cabeza de argentinas y argentinos enviados al
“sálvese quien pueda”.
Quienes fueron arrojadas
y arrojados a tamaña situación poco pueden saber o valorar de derechos de
trabajadoras y trabajadores.
Se les naturalizó la
explotación más despiadada, el subsistir, las privaciones, la exclusión, el
sometimiento.
Entonces, una
conclusión revulsiva, que seguramente sorprende a la vez que golpea:
La reforma laboral, en vez de contribuir a
la formalización y al aumento del empleo digno y registrado, legitima la
informalidad desplazando a la formalidad,
Ahora, la informalidad,
con formato institucional, desplaza a la formalidad.
Más grave es la cosa
todavía:
no solamente gana la
informalidad, sino que, habida cuenta de lo antes desarrollado, la ilegal
que habita en su seno.
Así, la reforma laboral.tiene
mucho de inspiración en el funcionamiento “laboral” de las organizaciones
mafiosas y narcos.
¿O no?
A diferencia de
gobernantes y dirigentes, cada vez más encapsulados y divorciados del Pueblo,
quienes conocemos las calles, quienes pateamos los barrios y quienes nos
comprometemos políticamente de verdad, sabemos hasta qué punto lo referido es
la triste verdad, tan penosa como cotidiana.
La incapacidad política
de las dirigencias de la oposición las torna ineptas e incompetentes para
advertir la gravedad, alcances e implicancias que este análisis destaca.
En consecuencia, tal
incapacidad también la limita sobremanera para mejorar sus argumentos, y peor
aún, las hace inútiles para generar la conducción, la estrategia y la
organización políticas que la hora requiere.
Pese a lo desolador de
este análisis, en el mismo está esbozada la salida: construir, sin más
dilaciones, la conducción política.
Rubén Rojas Breu
Buenos Aires, febrero 13 de 2026