lunes, 25 de mayo de 2026

¿LA ARGENTINA EN LA FASE TERMINAL DE LO QUE INAUGURÓ EL MENEMISMO?

 


Rubén Rojas Breu


EN ESTE 25 DE MAYO, UN INTERROGANTE MEDULAR:

¿LA ARGENTINA EN LA FASE TERMINAL DE LO QUE INAUGURÓ EL MENEMISMO?

 

Este 25 de mayo, 216 años después de aquella jornada fría de los paraguas, nos pone ante un desafío crucial si queremos ser leales a aquel pueblo y aquellos líderes que iniciaron el camino de nuestra independencia:

¿cómo recuperar la Patria que hoy parece perdida en manos de cipayos que hacen de la crueldad, de la injusticia y de la entrega sus divisas?

 

Este momento tan infausto para la Argentina, para nuestro Pueblo y para trabajadoras y trabajadores, para niñas, niños, adolescentes, jubiladas y jubilados, es la resultante de la decadencia iniciada con la dictadura terrorista de estado y, en particular, con la acción deletérea que llevó a cabo el menemismo.

La pregunta del título es muy abierta y contiene una dramática disyuntiva.

 

Se abre a estas interpretaciones con la consiguiente disyuntiva:

 

-     La interpretación desoladora, ¿la Argentina está en su fase terminal como consecuencia de una decadencia que se tornó ya irreversible?

 

-     La deseable, ¿la herencia del menemismo ingresa en su fase terminal para dar paso a una nueva era?

 

 

Retomando la sentencia atribuida al poeta español republicano Antonio Machado, para que se dé la opción deseable vale lo de que “sólo el pueblo salvará al pueblo”, frase que el Movimiento Peronista hizo suya.

 

Esa sentencia es totalmente válida ya que:

 

Es el Pueblo, la organización política de máxima complejidad, en cualquier tiempo y lugar, el protagonista inexorable de su emancipación y realización conjuntamente con las de la Nación y los trabajadores.

 

En nuestra actualidad, sólo tenemos al Pueblo dada la defección, inoperancia o complicidad de todas las dirigencias políticas y sectoriales para enfrentar a la actual concentración de poder y al gobierno autocrático libertario encabezado por la fratria Milei con la horda que los colocó en la Rosada.

 

Para encontrar claves que den cuenta de este presente impiadoso, debemos ahondar en el significado de la palabra más irritante del título: menemismo.

 

No se incluye suficientemente en los análisis qué significó el menemismo, cuáles son los estragos que causó y sigue causando: por empezar, téngase en cuenta que el caudillo libertario se percibe algo así como el “primer menemista” y que en su círculo perverso la familia Menem ocupa una posición de la mayor relevancia.

 

Los análisis políticos, las peroratas de las dirigencias kirchnerista y de demás variantes seudo peronistas, progresistas y de izquierda, las chácharas de intelectuales progres y la vocinglería de periodistas obsecuentes de los distintos bandos, circunscriben la depredación menemista a su plan económico, particularmente el llevado a cabo por Cavallo, al saqueo y entrega de nuestros recursos, las privatizaciones y a la destrucción de todo el aparato productivo de nuestro país.

 

Ahora bien, en esos análisis están ausentes la mirada científica y la políticamente sustentable que cabe  aplicar en profundidad y sistémicamente, tal como señalo axiomáticamente en mi creación, el Método Vincular: esto es, incluyendo a todos los vínculos y términos presentes y operantes en un determinado campo de análisis.

 

El menemismo destruyó, básicamente, la cultura en general y la cultura política en particular.

 

Respecto de la depredación que cometió con la cultura en general, se suele señalar que la Argentina hace décadas, con anterioridad a la última dictadura, era el país más culto de América Latina, afirmación que poco comparto por estas razones:

 

1.         Es enojosa toda comparación que se haga son los países hermanos latinoamericanos, los cuales por cierto destacan en muchas áreas.

 

2.         No cabe circunscribir a América Latina, toda vez que Canadá comienza a brillar recientemente y el país yanqui es el más inculto y deshumanizante del planeta.

 

 

Esta última aseveración lejos de ser antojadiza o prejuiciosa, coincide con la opinión de referentes prestigiosos de todo el planeta, a saber:

 

Tocqueville advertía sobre el riesgo de que terminase siendo una tiranía de la mayoría, y efectivamente el país yanqui, que carece y careció siempre de pueblo, es manejado por poderosos concentradores de riqueza y sostenido por la voluntad manipulable de la masa, ese amorfo que a menudo es antagónica del Pueblo.

 

Bernard Shaw afirmaba que es «el único país que ha pasado de la barbarie a la decadencia sin haber pasado jamás por la civilización» y que “el 100% de los estadounidenses son 99% idiotas”.

 

José Enrique Rodó criticó severamente el materialismo y utilitarismo yanquis señalando que eran antagónicos como antagónico del humanismo latinoamericano.

 

Borges llegó a declarar que, exceptuando a Nueva Inglaterra, el resto del país le parecía literariamente estéril y notaba una marcada incultura general en el medio oeste. 

Aclaro que, por mi parte, no hago esa excepción.

 

Manuel Ugarte advirtió sobre “el peligro yanqui” y Perón fue declaradamente opuesto a su imperialismo, del cual, además, fue víctima.

 

El menemismo se alió incondicionalmente con el país yanqui, decisión catastrófica por donde se mire.

 

No sólo tal decisión fue catastrófica por lo que representó geopolíticamente y por la renuncia a una premisa del peronismo fundacional y de Perón: la Tercera Posición.

 

Lo fue también porque al abrir de par en par las puertas al país yanqui, no únicamente puso en manos de tal imperialismo nuestros recursos, sino porque dio paso a la penetración cultural e ideológica más empobrecedora del planeta y de la historia de la humanidad, facilitando el debilitamiento del Pueblo, la demagogia que da gusto a la masa o “mayoría silenciosa” bendecida por ese país, el reemplazo de la educación, del conocimiento, de la ciencia, del arte, del trabajo, de la solidaridad, de todo lo que humaniza, por el modelo de la hamburguesa mandando en todos los ámbitos, el modelo de lo fácilmente digerible y sin esfuerzo, el modelo de la frivolidad, el modelo de la violencia para la vida en sociedad, el modelo del desprecio por nuestra propia cultura.


De allí importó la antinomia "ganador versus perdedor" que perdura hasta la actualidad.

Con esa lógica vale corromper, cometer latrocinio, defraudar y cualquier acción vil si se logra el éxito, si se logran beneficios. La masa ensalza al ganador inescrupuloso con aquello de "sí la sabe hacer" la cual se aplicó a Menem y a tantos y también a Milei: "la saben hacer, roban pero la saben hacer". De tal manera lo amoral y hasta lo delictivo devienen virtudes. 

 

Con el menemismo adviene la primera fratria, la conformada por Carlos y su hermano Eduardo, en torno a los cuales se aglutinaron lo más bajo de la sociedad argentina: desde oportunistas antipolítica hasta faranduleros e ídolos de masas representativos de lo asocial al tiempo de contar con el apoyo de la oligarquía criolla y de las grandes corporaciones locales y globales.

 

Ahí tenemos una primera similitud: los Milei son la segunda fratria, fratria que cuenta también con los mismos adláteres y los mismos patrocinantes poderosos.

En ambas fratrias, un hermano es el mascarón de proa que con una verba de bajo fondo seduce, sea con sonrisas, sea con gritería soez, a la masa apolítica que se encandila con las estupideces que provienen del “gran país del Norte” y con la banalidad vernácula.

Es la verba de un bajo fondo que no sólo los humildes  no cultivan sino que la sufren por la presencia del narco, de los violentos, de los barrabravas. Es la verba de bajo fondo que las oligarquías celebran porque refleja el despotismo. 

 

El hermano o la hermana juegan de discretos y asumen el rol de la contención, la garantía de que los figurones no se descarrilen.

 

Contrariamente a lo que postuló Hanna Arendt, la banalidad no es efecto del mal, sino su causa.

 

El menemismo banalizó y lo hizo con el fin de concluir la macabra tarea iniciada por la dictadura: derrotar al Pueblo.

 

En ese plan, destruyó al Movimiento Peronista y a las demás organizaciones políticas, vandalizó a las gremiales, socavó a las sociales.

Destruyó al Movimiento arrasando hasta con el último vestigio que quedaba del peronismo fundacional y de la palabra y obra de Perón.

 

Porque el menemismo no sólo no fue peronista: fue abiertamente antiperonista, aunque Carlos se escudara en el disparate de que hacía lo que hubiera hecho Perón.

La mala fe o la inquina con el peronismo fundacional y con Perón que abundan en la derecha, en el progresismo y en la izquierda, se valió para beneficiarse o para denostar de que de eso se trataba el peronismo, de alcanzar y afirmarse en el poder por el poder mismo, de que había o hay cuatro, cinco y vaya a saber cuántos peronismos.

Considérese que Perón trató despectivamente y como cuerpo extraño a Menem y que su viuda,  Isabel, demostró con un gesto contundente su disgusto con el personaje negándose a recibirlo en Madrid.

 

El menemismo impulsó y premió a los brutos, condición de la que hacía gala el propio Carlos, y dio cabida y privilegios a todo el espectro que Jauretche había denostado: zonzos, tilingos y cipayos.

 

El menemismo, en tal derrotero, incentivó a una de las herencias más detestables y siniestras de la dictadura: la horda, los vándalos, las bandas, los inciviles. 

 

Esa horda, en su momento culminante, entronizó a los Milei.

 

De tal manera estos libertarios son la culminación, por ahora, de lo inaugurado por el menemismo.

 

Más semejanzas: Menem y Milei son típicos nenes de papá que se autoperciben, inconscientemente, débiles, lo cual aflora como complejo de inferioridad.

 

Ese complejo de inferioridad deriva en envidia y resentimiento y, simultáneamente, busca su transformación en lo contrario deviniendo megalomanía.

 

Ambos se sintieron o sienten ungidos, se autoproclamaron “mejor presidente o mejor gobierno de la historia”.

Néstor Kirchner avaló esa megalomanía cuando proclamó a Menem, en 1994, cuando la depredación estaba en su apogeo, “el mejor presidente de la historia”, evidenciando de paso su odio a Perón. 

 

Menem y Milei acusan su sentimiento de inferioridad, con sus pares el primero y con los economistas de veras el segundo, quien a cada paso al mismo tiempo que pone de manifiesto su paupérrima formación académica aborrece a los graduados en la UBA y en las universidades estatales.

 

Como investigador de opinión, asesor y confidente de Antonio Cafiero me consta cuánta envidia y tirria destilaba Menem con éste.

 

La atracción por el divismo y, sobre todo, por las divas, con baboseo explícito en Carlos Menem y con ostentación grotesca en Milei, es otro rasgo común de ambos que se enlaza con lo antedicho: megalomanía, avidez por despertar la envidia de los otros, machismo, exhibicionismo.

 

En el medio, entre los Menem y los Milei, acompañados éstos últimos por los descendientes consanguíneos y putativos de los primeros, se continuó con la endogamia: matrimonios Duhalde y Kirchner, dupla paterno-filial Macri, matrimonio virtual desavenido de los Fernández.

 

Ninguno de esos gobiernos removió ni mínimamente al menemismo: o lo asumieron activamente, como el Pro o macrismo o lo cuestionaron sólo superficialmente manteniendo sin cambios las bases; además, en el kirchnerismo abundan militantes menemistas empezando por la cúpula. 

 

Esa modalidad endogámica persistente es causante principal de la decadencia, de la incultura política, de la falta de Proyecto de emancipación y de realización de la Nación, del Pueblo y de los trabajadores, de los internismos estériles, de un electoralismo y un encuestismo enfermizos, de la carencia de conducción.

 

Una condición para salir de esta ciénaga en la cual nos hundimos a paso acelerado es sepultar al menemismo, es poner fin a la incultura en todos sus sentidos con el fin de construir la conducción política, resucitar la cultura política, asumir un Proyecto.

 

El Pueblo boliviano hoy está mostrando el camino, aún sufriendo por el envío de pertrechos por parte de este gobierno argentino estrafalario y antipopular, que reedita lo que hizo la gestión menemista cuando asistió militarmente a Ecuador en desmedro de Perú, alentando enfrentamiento entre naciones hermanas.

 

Este 25 de mayo de 2026 tenemos que dar comienzo a una nueva gesta de la independencia.

 

El Pueblo argentino habrá de lograrlo.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, mayo 25 de 2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


martes, 19 de mayo de 2026

"ESTE PUEBLO NO ES COMO LA ARGENTINA QUE AGUANTA AL PRESIDENTE", dicho por un manifestante boliviano

 


 

Rubén Rojas Breu

 

“ESTE PUEBLO NO ES COMO LA ARGENTINA QUE AGUANTA AL PRESIDENTE”

 

La frase fue lanzada por un manifestante boliviano en La Paz en el marco del potente reclamo popular del país hermano exigiendo la renuncia de su presidente, quien asumió hace, apenas, seis meses.

 

El digno pueblo boliviano no sólo da un gran ejemplo ya temido por el gobierno libertario de acá, sino que demuestra que se puede exigir hasta ese punto sin que se desmorone un país, tal como lo hizo en 2001 nuestro pueblo a través de una justificadísima rebelión que, lamentablemente, fue frustrada por el obsoleto régimen político institucional de nuestro país.

 

¿Tiene razón el manifestante boliviano?

Sí y no

Veamos.

No tiene razón si considera que es el Pueblo argentino el que aguanta o le hace al aguante a Milei, ya que:

 

1.         Nuestro Pueblo no votó a la fratria Milei.

El éxito electoralista de LLA fue impulsado por la masa.

Su brazo violento, la horda, encaramó a los Milei y su sector numéricamente mayoritario, la gilada, la catapultó con su voto.

 

2.         El Pueblo no sólo viene oponiéndose sistemáticamente al gobierno antipopular desde que asumió, sino que hace décadas que no pone sus expectativas en un sistema político institucional injusto ni en su régimen electoral.

 

El Pueblo argentino tiene un alto grado de madurez política que lo lleva a confiar únicamente en su propia organización y movilización, mientras construye una conducción política a su altura.

 

3.         Además, es de estricta justicia señalar que la única organización o institución que enfrenta de veras, del lado del Pueblo, al gobierno libertario es la Iglesia Católica.

 

Tiene razón el manifestante boliviano si se refiere a los demás actores y sectores de la sociedad argentina, a saber:

 

-     Los sectores dominantes y factores de poder locales y globales.

 

-     La politiquería, que poco y nada tiene que ver con la Política y que lejos está de representar al Pueblo.

 

La politiquería, en un espectro que va de derecha a izquierda, le hace el aguante a la fratria Milei, ya de manera descarada, lo que hace suponer a la mayoría de la población que hay transas inconfesables, a espaldas del Pueblo, en las sombras.

 

La POLITIQUERÍA está conformada por:

 

Las dirigencias políticas y sectoriales

 

Los medios de comunicación masiva

 

Las redes virtuales

 

Las encuestas y “focus groups” comercializadas por sus empresas fabricantes.

 

La masa, que se desdobla en su brazo violento, la horda, y su sector sometido, ingenuo y seguidista, la gilada.

 

Resumiendo, hacen el aguante a Milei los poderosos y la politiquería.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, mayo 19 de 2026

 

 


lunes, 18 de mayo de 2026

¿QUÉ SOSTIENE AL GOBIERNO DE LA FRATRIA MILEI YA AGÓNICO? Primera parte

 



Rubén Rojas Breu

 

¿QUÉ SOSTIENE AL GOBIERNO DE LA FRATRIA MILEI YA AGÓNICO?

Primera parte

 

Cuando me refiero al gobierno de la fratria Milei doy por sentado que incluyo a la horda que lo encaramó y a la oligarquía criolla y los grandes capitalistas locales y globales que lo avalan.

 

Enfatizo: el gobierno libertario está políticamente acabado.

 

Por cierto, que estas afirmaciones provocan inexorablemente escepticismo o escozor, pero eso se debe a las mismas razones por las cuales el gobierno subsiste o perdura.

 

Soy consciente de que seducen mucho más a un vasto número de lectoras y de lectores las publicaciones que se regodean con análisis pesimistas, que abrevan en el fatalismo o en el nihilismo y que pregonan, injustificadamente, la impotencia de los pueblos.

 

Allí abundan los nombres más mediáticos, de más fama, de mayor influencia y más mimados por las editoriales, las academias, los gobiernos, las dirigencias y los medios de comunicación masiva, de nuestro país y del planeta.

 

Allí, como en una suerte de Parnaso gerenciado por Apolos y musas frívolos que se deslumbran por oropeles reveladores del patrocinio de poderosos y cortesanos, se pueden encontrar figuras como el surcoreano Han, el esloveno Žižek, el francés Jacques Lacan o el tan decepcionante yanqui Chomsky, decepcionante para quienes fueron o son sus cándidos admiradores.  

 

También residen en tan eximia morada intelectuales argentinos como Santiago O´Donnell, Ernesto Laclau, Jorge Alemán, José Pablo Feinmann y tantos más que distrajeron o distraen con una retórica al servicio de convalidar lo que hay, aunque, a menudo, se empilchen de contestatarios.

 

Debo asumir que ante tal tropel mi dilatada trayectoria política y científica o mis libros y publicaciones logran menor resonancia.

 

No debería sorprender mi aseveración de que el gobierno cavernario de la fratria Milei fracasó y está acabado; lo que debería generar asombro es que aún esté ahí.

 

Algunos argumentos e ilustraciones que pueden ayudar a entender el porqué de mi diagnóstico tan taxativo:

1.  El gobierno fracasó y, por lo tanto, caducó,  considerando que no cumplió ni pudo cumplir con los propósitos, ciertamente inconcebibles, que alzó durante su campaña en 2023: no instauró el dólar como moneda oficial ni clausuró el Banco Central ni puso fin a la inflación ni logró inversiones ni congeló las tarifas ni eliminó impuestos para la población en general ni, muchísimo menos, mejoró ingresos y capacidad adquisitiva de las mayorías.

Todo lo contrario.

 

Tampoco, como es obvio a esta altura y abusivamente repetido, puso fin a la casta a la cual, por el contrario, consagró y fortaleció.

 

2. Abundan los testimonios históricos de gobiernos de distinto tenor que subsistieron o persistieron después de quedar políticamente terminados:

 

Luis XVI de Francia y su cónyuge María Antonieta son derrocados tres años después de quedar políticamente terminados, en 1792, ya que la toma de la Bastilla de París y la marcha de las mujeres a Versalles, que dan inicio a la Revolución Francesa, acontecieron en 1789.

 

En nuestro país, la última dictadura cívico militar fue categóricamente derrotada en Malvinas el 14 de junio de 1982; no obstante, sobrevivió dieciséis meses, hasta el 30 de octubre de 1983 en que asume el primer gobierno civil de esta era.

 

Que esa dictadura, represora, antipopular y antinacional hasta su último suspiro, haya subsistido todo ese tiempo es indicador de la incapacidad política ingénita de las coetáneas organizaciones políticas, gremiales y sociales de la Argentina, incapacidad que nos atenaza desde ese entonces.

 

Eso sí, dedican desde tiempo inmemorial hasta el presente tiempo y energías para criticar, vituperar o difamar a Perón y el peronismo fundacional.

 

Vaya.

 

Son estas dirigencias contemporáneas más proclives a someterse a los poderosos que a ponerse del lado del Pueblo, como lo demostró el gobierno encabezado por Alfonsín en la Pascua de 1983 al capitular ante los militares carapintadas en desmedro precisamente del Pueblo dispuesto a jugarse por la democracia; en esa deplorable capitulación el gobierno radical fue acompañado por las fuerzas políticas de entonces, incluyendo a un peronismo ya tambaleante que en gran medida había abandonado el legado de Perón y del peronismo fundacional.

 

Desde entonces, los gobiernos civiles y todas las dirigencias políticas y sectoriales hicieron una de dos:

 

o acabaron rindiéndose ante los sectores dominantes, como la fallida Alianza con la defección de Carlos Chacho Álvarez y como lo hizo durante casi dos décadas el kirchnerismo,

 

o asumieron abiertamente los intereses antinacionales, antipopulares y antagónicos de los trabajadores como ocurrió y ocurre con el menemismo, el Pro y estos truhanes libertarios.

 

Es cierto que el gobierno libertario sigue su marcha, a los tropezones, por el apoyo descarado de los concentradores de poder vernáculos y extranjeros, particularmente yanquis.

 

Pero quedarnos con esa causal es alimentar el conformismo, el pesimismo, la desesperanza y la desesperación.

 

Es aliarse con los discursos de la impotencia.

 

Es renunciar a la Política, por lo cual, en aras de recuperar a ésta como actividad sublime y transformadora al servicio de los Pueblos y proveer a nuestro Pueblo de una herramienta eficaz, voy a encarar seguidamente el análisis auténticamente político, un tipo de análisis ausente en el Congreso, en los medios, en los ámbitos académicos y, desde luego, en los despachos y mesas de las dirigencias.

 

 

Sucede que, en nuestro país, el lugar que debería ocupar la Política está usurpado por la politiquería.

 

Según el diccionario de la _RAE “politiquería es acción y efecto de politiquear”.

 

Politiquear tiene tres acepciones, todas las cuales se dan en nuestro país: “intervenir o brujulear en política, tratar de política con superficialidad o ligereza o hacer política de intrigas y bajezas”.

 

Más claro, agua.

 

En la politiquería confluyen simultánea y sinérgicamente:

 

Las dirigencias políticas y sectoriales

 

Los medios de comunicación masiva

 

Las redes virtuales

 

Las encuestas y “focus groups” comercializadas por sus empresas fabricantes.

 

La masa, que se desdobla en su brazo violento, la horda, y su sector sometido, ingenuo y seguidista, la gilada.

 

Veremos por medio de mi análisis cómo la resignación, el conformismo, el desaliento o, lo que es más grave, la atribución de omnipotencia al gobierno de la fratria Milei y su horda, es efecto de la politiquería a la cual, a su vez, retroalimentación mediante, impulsa y un justificativo consciente e inconsciente de la inacción, la ineficacia o la complicidad de toda la oposición, particularmente del kirchnerismo, otros seudo peronismos, del progresismo y de la izquierda, incluyendo a la dizque clasista.

 

Continuará

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, mayo 18 de 2026

 

 

 


sábado, 9 de mayo de 2026

A 81 AÑOS DE LA DERROTA DE HITLER Y EL NAZISMO POR OBRA DEL EJÉRCITO ROJO SOVIÉTICO Y LAS RESISTENCIAS POPULARES EUROPEAS

 


 

Rubén Rojas Breu

 

 

A 81 AÑOS DE LA DERROTA DE HITLER Y EL NAZISMO POR OBRA DEL EJÉRCITO ROJO SOVIÉTICO Y LAS RESISTENCIAS POPULARES EUROPEAS

 

El 9 de mayo de 1945 el Ejército Rojo Soviético encabezado por el más grande estratega de la Segunda Guerra Mundial, el mariscal Georgi Zukhov, logra la rendición definitiva del Tercer Reich nazi.

 

El mariscal alemán Wilhelm Keitel firma la capitulación ante Zukhov, siete días después de la derrota definitiva del nazismo y nueve días después del suicidio de Hitler.

 

El más aterrador régimen totalitario que había sometido cruelmente a Europa y otras latitudes había llegado a su fin.

 

Ese fin fue el resultado, como digo más arriba, de la campaña del heroico Ejército Rojo y de las no menos encomiables y gloriosas Resistencias populares europeas entre las cuales destacaron la francesa, la griega, la italiana, la yugoeslava entre otras e, inclusive, la alemana.

 

Quiero destacar, dada tanta omisión u olvido, que en esas Resistencias las mujeres tuvieron un rol destacadísimo, combatiendo, espiando a los mandos del enemigo, llevando y trayendo mensajes, asegurando logística y refugios entre otras misiones y tareas.

Vale mencionar a la joven alemana Sophie Scholl, militante de la Rosa Blanca, detenida en 1943 por la Gestapo y ejecutada a sus 21 años.

 

En Francia se destacaron “Las 9” o las resistentes del grupo Alliance, en Polonia, Zivia Lubetkin, líder del levantamiento del gueto de Varsovia y Roza Robota, organizadora de la revuelta en Auschwitz.

 

Hicieron su aporte complementario, en el frente occidental, los británicos, los franceses comandados por De Gaulle desde su exilio, los canadienses, los argelinos, los marroquíes y otras comunidades que residían y resistían en Francia.

 

Poca mención merecen los yanquis cuya participación en la Segunda Guerra mundial no solamente fue poco significativa al punto de que fueron casi derrotados por los alemanes en su desembarco en Normandía, playas en las cuales se debió a británicos, franceses y canadienses la victoria sobre los germanos.

 

Como es bien sabido los yanquis ganan guerras únicamente en Hollywood, tal como quizá ya estén programando para inventar un triunfo contra Irán y su pueblo tan digno.

 

Lamentablemente la descomunal propaganda del país yanqui ha hecho creer a gran parte de la población mundial, a la gilada planetaria, que fue el protagonista de esa guerra tan cruel.

 

Vale como uno de tantos datos que desmienten a los yanquis que el mariscal inglés Bernard Montgomery se quejó repetidamente de las decisiones y acciones del farsesco y rabioso anticomunista general yanqui Eisenhower y se lamentó de haberle prestado atención en ciertas circunstancias.  

También puede consignarse que en la película alemana "La caída" del cineasta Oliver Hirschbiegel se muestra elocuentemente cómo a Hitler le inquietaba únicamente el avance ruso, considerando en poco lo que hacían los aliados en el frente occidental.


Debería quedar claro que la intervención yanqui en Europa en la Segunda Guerra obedeció, principalmente, a contrarrestar el poder que habían alcanzado los partidos comunistas occidentales, principalmente el francés y el italiano.

 

Ciertamente mientras el fanfarrón general yanqui Patton hacía su entrada triunfal en París, dando por terminada la ocupación de la Ciudad Luz, los combatientes de la Resistencia seguían atacando los nidos de alemanes que aún presentaban batalla.

 

Nada se dice tampoco de los crímenes de guerra que cometieron los yanquis, algo tan habitual en ellos en cada invasión, en cada acontecimiento bélico que protagonizan.

 

Hoy vale recordar la victoria de los pueblos sobre el nazismo no sólo por su significación sobre ese entonces sino a manera de ejemplo vivo para los pueblos oprimidos del planeta.

Particularmente es del mayor interés para nuestra desolada Argentina recordar aquella gesta de los pueblos que se alzaron contra el nazismo y contra el fascismo para que sirva de estímulo a la lucha que acá, nuestro Pueblo, encara para acabar con el totalitarismo de turba encabezado por la fratria Milei, su horda y sus patrocinadores locales y globales, precisamente, y sobre todo, los yanquis.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, mayo 9 de 2026

¿LA ARGENTINA EN LA FASE TERMINAL DE LO QUE INAUGURÓ EL MENEMISMO?

  Rubén Rojas Breu EN ESTE 25 DE MAYO, UN INTERROGANTE MEDULAR: ¿LA ARGENTINA EN LA FASE TERMINAL DE LO QUE INAUGURÓ EL MENEMISMO?   E...