martes, 10 de marzo de 2026

MILEI O LA SUMISIÓN COMO POLÍTICA

 


 

Rubén Rojas Breu

 

MILEI O LA SUMISIÓN COMO POLÍTICA

 

Dirigencias, medios, redes, encuestadores y, por supuesto los concentradores de poder locales y globales ponen el foco en Milei.

 

Ponen el foco todos esos actores y sectores, tanto los que lo apoyan como los que se oponen a su gobierno y a su figura.

 

Ya veremos lo perjudicial que es para el Pueblo ese hacer foco en Milei, sea para aplaudirlo, sea para repudiarlo.

El discurso de Milei en la apertura de las sesiones ordinarias de un Congreso caricaturesco fortaleció ese hacer foco en él.

 

Hay consenso acerca de que fue el discurso de un desequilibrado, de un desquiciado, de un incapaz que busca encerrarse en sus certezas que, contrarias a toda racionalidad, son construcciones delirantes.

 

A diario, por no decir a cada hora, este farolero busca posicionarse como el adalid de la ultraderecha en el mundo acometiendo con desatinos, groserías y disparates.

 

Ahora en una universidad yanqui, una de las tantas incalificables que abundan en ese país, Milei se declaró el “presidente más sionista del mundo” definiendo a Irán como “el enemigo” al que “le vamos a ganar”.

Barbaridades que nos ponen en riesgo.

 

No es pertinente que me valga de mis conocimientos en Psicología y Psicoanálisis para evaluar a Milei ya que ni lo tengo ante mí ni corresponde cuando la cuestión de la que se trata compete a la Política.

 

Basta con que reitere que Milei no es solamente Milei, sino que se trata de una fratria compartida con la hermana la cual hace de sostén psíquico, de muleta, para que el susodicho conserve cierto nivel precario de adaptación beneficiándose ella de ocupar protagonismo y de tornarse objeto de deseo de obsecuentes y bobos.

 

Milei o la fratria Milei es apenas, a duras penas, un síntoma, la señal a la vez trágica y paródica, de una Argentina hundida en la decadencia desde que ésta fuera aterrorizadoramente inaugurada por la última dictadura cívico militar hace cincuenta años.

 

 

 

Los gobiernos civiles y las dirigencias políticas y sectoriales que la sucedieron incentivaron tal decadencia para beneplácito y beneficio de los concentradores de poder y de riqueza de acá y de las grandes potencias, principalmente el país yanqui.

Si no fuera así, los Milei serían patéticos ignotos.

 

La dictadura sembró la triste creencia de que la masa o la “mayoría silenciosa” antipolítica e inorgánica era y es el cimiento de una sociedad normal y deseable.

Esa creencia sirvió enormemente a los poderosos, a la oligarquía, a los grandes capitalistas y, también, a todas las dirigencias, políticas, gremiales, sociales.

 

Dicho lo ya expuesto, la palabra clave es “sumisión”.

Los Milei representan a la sumisión como política.

Y toda su política es la sumisión.

La sumisión, en ellos y los suyos, es punto de partida y horizonte.

 

Según el diccionario de la RAE la sumisión es: “sometimiento de alguien a otra u otras personas”, “sometimiento del juicio de alguien al de otra persona” o “acatamiento o subordinación manifiesta con palabras y acciones”.

 

Traducido en versión Hegel, la sumisión es lo sintetizado en la dialéctica del amo y del esclavo.

 

Sumisión es, a la vez, esclavizar y esclavizarse.

Milei, o los Milei, proponen y ejecutan como política la de la sumisión.

Para ellos, la sumisión conduce al Paraíso terrenal.

Libertad en su particular lenguaje es el derecho de quienes someten, de quienes obligan a acatar.

 

 

Ahora bien, los Milei, y particularmente el locuaz hermano, representan la condición de sumisos. Toda la verborragia desaforada del hermano es la pantalla en modo patotero con la cual disfraza su verdadera condición: la de sumiso, condición que comparte con la hermana, con los secuaces, con la horda que los encaramó e, inclusive, con los poderosos vernáculos cuya vocación es la de la servir a los poderosos globales, particularmente, hoy, los yanquis.

 

En sus medidas de gobierno, así como en sus diatribas, el metamensaje y, a menudo el mensaje mismo, así como el de su cofradía, es: “poderosos de Occidente, poderosos de la gran potencia del Norte y de sus aliados, aquí estoy, aquí estamos para servirles incondicionalmente, aquí estamos para ser sus lacayos, sus lamebotas y los ejecutores todoterreno de sus designios”.

 

Persuadido de su rol sube todo el tiempo la apuesta, para evidenciar su acatamiento.

Se apoya en los factores de poder globales, sus mandamases, y en la horda que lo puso ahí, en los medios de comunicación, en las redes virtuales, en las empresas encuestadoras, en una oposición ineficaz, itinerante o cómplice, y en la masa.

 

Veamos: desde el momento en que nacemos, y aún antes según puede demostrarse, somos interactuantes, nos constituimos inexorablemente como sociales en el seno de la interdependencia con otras y con otros, en el seno de la organización familiar y las colindantes, tales como las de la salud, la educación, etc.

 

La identificación, inconsciente, por cierto, es el dispositivo, el enlace (Freud dixit) por el cual interactuamos, la cual genera entrelazamientos que tienden al infinito, con madre, padre y otros, así como viceversa (no sólo el bebé se identifica con sus progenitores y demás interactuantes, sino que al mismo tiempo éstos se identifican con el bebé, lo cual no profundizo acá).

 

Ya en esos momentos iniciales se da la oposición sometimiento – autonomía, ya en esos momentos iniciales afrontamos la tendencia a acatar versus la tendencia a desarrollarnos, la tendencia al encierro endogámico versus la tendencia a la apertura exogámica.

Los Milei, sus mandamases, los secuaces y la horda optan por los primeros términos de las enunciadas oposiciones:  eligen, más inconsciente que conscientemente, el sometimiento, el acatamiento y el encierro endogámico; es ocioso aclarar que los mandamases globales lo eligen para someter, pero ciertamente avalan, por ese camino, a la sumisión.

Dentro de la sumisión, todo: ésa es la máxima.

 

Aquí viene a colación, con la mayor trascendencia, la diferenciación entre masa y Pueblo.

 

 

La masa es proclive a la sumisión, se somete, acata y se encierra en su minúsculo mundo endogámico. Es la masa a la que manipulan los concentradores de poder y de riqueza y a la que se ciñen gobernantes, dirigentes, medios de comunicación, redes virtuales, intelectuales, consultores y encuestadores.

La sumisión, para quien se somete, tiene un beneficio de alto voltaje.

Le permite evadirse:

·      de la angustiante responsabilidad de decidir,

 

·      de la angustiante distancia entre lo poco posible y los ideales que les resultan siempre exigentes

 

·      de la angustiante apertura a lo exogámico, terreno que les resulta pantanoso, inescrutable, riesgoso.

Los Milei, como prácticamente todos sus cofrades, se formaron en hogares de fuerte impronta endogámica bajo el mandato de que hay que someterse y acatar.

Recordemos el enojo de Milei púber por la toma de Malvinas encabezada por el dictador terrorista Galtieri; el “niño” Javier no podía tolerar que se desafiara a su madre patria.

La formación escolar y colegial, así como la universitaria fortalecieron, incentivaron y brindaron herramientas supuestamente éticas e intelectuales para someterse y acatar.

Por supuesto la precaria, insostenible y paupérrima escuela austríaca viene como anillo al dedo para justificar la sumisión; lejos de poner en cuestión el mundo como es, sobradamente injusto, lo valoriza y lo reconoce como el mejor posible, como el mundo al que hay que optimizar sustentando crecientemente a regímenes económicos basados en la explotación, la acumulación de los pudientes y en la maximización de la plusvalía.

 

Ahora bien, defino al Pueblo como “la población políticamente culturalizada y organizada que tiene por objetivos su emancipación y realización en consonancia con la nación, los trabajadores y la solidaridad con la región y los oprimidos del planeta”.

 

Eso significa que el Pueblo opta, siempre, por los segundos términos de aquellas oposiciones ut supra mencionadas: opta por la autonomía, por el desarrollo y por la apertura exogámica.  

 

Llevado todo este planteo a qué hacer, urge que el Pueblo cambie el foco: en vez de ponerlo en Milei, debe centrarse en su Proyecto.

 

En vez de insistir con reclamos infructuosos ante el despotismo del gobierno totalitario y sus mandos, lo cual lleva al desánimo y el derrotismo, tiene que diseñar y levantar su Proyecto.

 

En lugar de centrarse en un gobierno objetivamente insostenible, debe exigir a la oposición que se dice nacional y popular, progresista o de izquierda que asuma su lugar, que se ponga al frente de una convocatoria y que acabe con poner expectativas en un electoralismo caduco, en prestar atención a consultores y  empresas encuestadoras que sirven a la preservación de este status quo deshumanizante,   en insistir en un institucionalismo agotado y en transas vergonzosas entre supuestos dirigentes ya agotados, ya ingresados en la obsolescencia.

 

El Pueblo tiene que poner el foco, entonces, en su propio Proyecto, en construir su conducción política, en organizarse de un modo crecientemente eficaz y en pasar a la acción según una estrategia innovadora, sacudiendo el polvo de lo ya añejo, convocando y movilizando con los numerosos medios a su alcance.

 

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, marzo 10 de 2026

 

 

 

 

 

 


domingo, 8 de marzo de 2026

EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER EN EL CONTEXTO DE LA BARBARIE

 



Rubén Rojas Breu

 

EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER EN EL CONTEXTO DE LA BARBARIE

 

El Día Internacional de la Mujer se celebra en un contexto de barbarie, barbarie cuyo principal adalid y ejecutor es, ¿cuándo no?, el país más deshumanizante del planeta y de la Historia: el país yanqui.

 

Acompañado por su principal aliado, el gobierno ultra de Israel y cómplices menores que integran una suerte de archipiélago en tierra firme de regímenes despóticos, el país yanqui pone en riesgo a la Humanidad.

 

 

La mujer, las mujeres, una vez más entre dos fuegos, entre dos terrores: por un lado, el régimen patriarcalista iraní, que, según las informaciones más confiables, tiene una política troglodita de género;  por otro lado, los atacantes no sólo están lejos de ser dechados de respeto por la igualdad de género, sino que ya, en sus primeros bombardeos, acabaron con la vida de casi doscientas niñas.

¿Así liberan a las mujeres?

 

La ofensiva desaforada y sin pausa de los yanquis y sus aliados no solamente deja indefensas a las mujeres de la región e, inclusive, del resto del mundo, sino que las castiga con sufrimiento indecible y derramamiento de sangre, impulsando a su vez a que su enemigo responda con iguales consecuencias funestas.

 

Conmemorar en esta fecha a las mujeres luchadoras de todos los tiempos y al mismo tiempo llevar a cabo una guerra tan extemporánea, tan aniquiladora, no solamente de vidas, sino de la Vida misma encierra una infinidad de contrasentidos.

 

Valerse de la guerra para supuestamente liberar a las mujeres iraníes que ya vienen dando su batalla pacífica para alcanzar su emancipación es uno de esos contrasentidos.

 

¿Qué favor hacen a esas heroicas mujeres los bombardeos que seguramente llevan a que las y los iraníes terminen estrechando filas ante tamaña destrucción, tamaña crueldad?

 

Además, los yanquis ¿no habían pronosticado que su arremetida contra Irán iba a ser un paseo?

 

Ya todos los analistas, y me incluyo, evalúan o evaluamos que esta guerra puede prolongarse en el tiempo y tener consecuencias descomunalmente catastróficas para toda la Humanidad.

Y su final es impredecible.

 

No sería la primera vez que los yanquis salen como rata por tirante; téngase en cuenta que jamás ganaron una guerra y, al mismo tiempo, son los causantes de la mayoría de los enfrentamientos bélicos desde que los colonos supremacistas blancos esclavistas en 1776, gracias a franceses y españoles, se salieron con la suya: dejar de pagar impuestos y comenzar a cumplir con su dogma del destino manifiesto, sintiéndose merecedores de la dominación del planeta.

 

Muchas mujeres de todas las latitudes sufrieron en consecuencia inconmensurable dolor.

Entre ellas, afroamericanas e hispanas que habitaron y habitan el país gringo.  

 

El Día Internacional de la Mujer merece que se celebre con la consagración de nuevos derechos, con la vigencia de las leyes y tratados internacionales y en paz.

 

Qué desgarrador que las cosas no sean así.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, marzo 8 de 2026

 

 


domingo, 1 de marzo de 2026

NUEVAMENTE LA BARBARIE YANQUI NOS PONE EN EL UMBRAL DE UNA GUERRA GLOBAL.

 


 

Rubén Rojas Breu

 

NUEVAMENTE LA BARBARIE YANQUI NOS PONE EN EL UMBRAL DE UNA GUERRA GLOBAL.

 

Nuevamente la barbarie yanqui con su principal aliado, el gobierno de Israel, nos pone en el umbral de una guerra global.

 

Nuevamente el país yanqui, el más deshumanizante del planeta y de la Historia de la humanidad, impulsado por su voracidad no sólo de petróleo y de recursos energéticos sino también y, sobre todo, por su insaciable afán de hegemonía y absolutismo acomete contra los pueblos.

Acomete contra los pueblos tal como lo hizo a lo largo de toda su historia, desde su ficticia independencia en 1776 en la cual los colonos supremacistas blancos, encabezados por los esclavistas Washington, Jefferson, Franklin y compañía, que se oponían a pagar impuestos, materializan su anhelo gracias a los ejércitos franceses y españoles.

 

Desde sus inicios, contra Haití y México hasta estos días contra Venezuela, Cuba, Groenlandia, Irán y sigue la lista, el país yanqui no ha cejado en sus intentos de apropiarse del planeta.

 

Cada yanqui, quede claro, parafraseando a Napoleón, lleva en su mochila el estandarte del conquistador o el látigo del esclavista como bien lo sabemos argentinas y argentinos, latinoamericanas y latinoamericanos.

Lo de  “cada yanqui” queda verificado por la conducta del tan venerado Chomsky, quien valiéndose de la condición de ser natural de ese país, alcanzó poder y fama pese a que su seudo teoría lingüística es epistémicamente insostenible tal como evidencio ejerciendo mi rol de científico e investigador en las Ciencias de lo Humano.

Ahí lo tienen, puesto al descubierto en su papel de asesor del magnate delincuente Epstein, íntimo amigo de Trump

 

Así que, a no engañarse; esto no es solamente Trump.

Son los yanquis.

 

Trump sigue la tradición inaugurada por sus ancestros y cumplimentada por los Roosevelt, Truman, Eisenhower, Kennedy y sus sucesores, incluyendo a Clinton, los Bush y Obama, una tradición avalada por sus empresarios, congresistas, militares, intelectuales, cineastas y demás, desde el fondo de su historia hasta hoy.  

 

La inaceptable teocracia iraní debía ser derrotada y derrocada por el digno y heroico pueblo de Irán y no por la acción incivilizada, prepotente y despiadada de los yanquis y su aliado.

 

Por otro lado, para poner freno a los despotismos están o deberían estar los organismos internacionales, empezando por Naciones Unidas.

 

Pero los yanquis, quienes jamás suscribieron un tratado internacional, desde la fundación de la ONU se dedicaron a debilitarla hasta dejarla hecha un sello, comportamiento en el que por cierto fueron acompañados por otras potencias.

 

De todos modos, los yanquis estuvieron siempre a la cabeza del debilitamiento de los organismos internacionales.

 

Irán como casi todos los países del mundo, incluyendo a Israel, tiene un Pueblo, algo de lo cual carecen los yanquis.

Que la Guardia Revolucionaria iraní haya atacado al portaaviones Abraham Lincoln simboliza un aserto indiscutible: todo yanqui, incluyendo al tenebroso Lincoln, tiene alma de imperialista, de colonizador, de déspota.

La hora de los pueblos tiene que concretarse.

 

En la Argentina gobierna una facción totalmente alineada con el imperialismo yanqui, una facción que a través del presidente y su horda apoya fervientemente las acciones criminales del país del Norte, lo cual, una vez más, como ya sucedió con el menemismo, nos pone en situación de riesgo alto.

 

Al comportamiento repudiable del gobierno argentino se agrega la ausencia de una oposición, la cual termina cediendo, transando, inmovilizando y desconociendo las luchas que el Pueblo argentino viene dando, en soledad, desde hace años y sobre todo desde el inicio del gobierno despótico libertario.

En la Argentina necesitamos imperiosamente construir una conducción política, hoy inexistente, a la altura de esta gravísima coyuntura.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, marzo 1° de 2026


martes, 24 de febrero de 2026

2001, EL FANTASMA QUE SOBREVUELA A LA ARGENTINA

 



 

Rubén Rojas Breu

 

2001, EL FANTASMA QUE SOBREVUELA A LA ARGENTINA

 

El 2001 en la Argentina quedó indeleblemente registrado en la memoria colectiva como la concurrencia de dos grandes acontecimientos que se dieron con inusitada repercusión, profundidad y extensión en el tiempo.

 

Ambos acontecimientos tanto se entrelazaron como se diferenciaron concurriendo en el mismo espacio y en el mismo tiempo:

Uno, la hecatombe resultante del fracaso de la política llevada a cabo por el menemismo y, en particular, su programa económico sustentado en la llamada “convertibilidad” pergeñada por Cavallo y los suyos; esa política económica fue continuada y hasta extremada por el gobierno de la Alianza encabezado por Fernando de la Rúa y Carlos “Chacho” Álvarez.

El otro, fue la gran rebelión popular que se dio en todo el territorio nacional al grito unánime “que se vayan todos”, grito que reflejaba la caducidad del régimen político institucional y de la configuración social, heredado y heredada de la dictadura.

 

Se trató de una rebelión que devino en situación revolucionaria, pacífica y ejemplar para el planeta, y que dejó en claro que el Pueblo había decidido protagonizar, asumiendo del todo aquella máxima del peronismo fundacional que reza “el pueblo es el artífice de su destino”.

 

Temblaron no solamente las dirigencias políticas de todo el espectro, de derecha a izquierda, sino también los concentradores de poder y de riqueza vernáculos y globales, los medios de comunicación dominantes y las dirigencias gremiales y sociales.

Asimismo, las empresas encuestadoras habían fracasado estrepitosamente en sus diagnósticos y pronósticos.

 

Nadie de todos esos había entendido los resultados electorales de octubre de ese año, todo un anticipo de lo que brotaría con tanta fuerza en las jornadas de diciembre a partir de la declaración del estado de sitio por el gobierno aliancista.

 

Nació un nuevo poder, alejado de los formales o ficticiamente institucionalistas: las asambleas populares; digo de paso, que siendo entonces presidente de la agrupación PODER cofundé varias y, particularmente, la Asamblea del Almacén en el barrio de San Cristóbal en CABA.

 

El régimen se abroqueló, valiéndose de la represión de las movilizaciones, dejando muertos, heridos y detenidos, y apelando a la cooptación de gran número de participantes de la rebelión.

 

 

Mañosa y maliciosamente impulsaron la lectura de que se trataba de una movida antipolítica, para lo cual todos los medios de comunicación, también de derecha a izquierda, se pusieron de acuerdo al punto que siguen difamando hasta el día de hoy.

 

Como es sabido, el kirchnerismo vino a salvar las papas del régimen político institucional caduco y a un paso de su sepultura, así como a preservar los intereses y privilegios de las élites y de los sectores dominantes, locales y globales.

 

Hoy, ante el gravísimo estado de cosas que las argentinas y los argentinos estamos padeciendo, esa rebelión del 2001 sobrevuela a la Argentina como un fantasma que amenaza a los beneficiarios del régimen y que genera expectativas en aumento para los luchadores populares, para el Pueblo.

 

El gobierno totalitario, su horda y sus sostenedores están destruyendo a la Argentina de tal manera con la caída de todo y el hambre y desesperación de las mayorías, que se dan estos fenómenos opuestos y simultáneos:

 

Por un lado, los poderosos y sus instrumentos, las dirigencias políticas y sectoriales, así como los medios, están con el corazón en la boca. Temen una reedición de la rebelión del 2001.

Toda la oposición, reitero, de derecha a izquierda, es cómplice o incapaz ante tanta barbarie “libertaria” y al mismo tiempo tiene terror de otra gesta como aquella.

La connivencia o el derrotismo ganan la partida en esa oposición.

Por eso digo que el 2001 sobrevuela como un fantasma, ya que una de las acepciones del diccionario de la Real Academia es “Amenaza de un riesgo inminente o temor de que sobrevenga”.

Entiéndase, “amenaza” para quienes mandan y quienes les sirven.

 

Por otro lado, crecen en las mayorías maltratadas y, sobre todo en el Pueblo, la expectativa y las acciones que se encaminan a un nuevo 2001 ya que dejaron de confiar por completo en las dirigencias políticas, gremiales y sociales.

En este caso el fantasma que sobrevuela es el de la ilusión que anticipa la realización, la concreción de lo que tiene que suceder para abrir el camino para la emancipación y la realización.

No obstante, hay que tener en cuenta que la Historia enseña que nada se repite, nada se da del mismo modo que se dio en situaciones anteriores.

Es de esperar que no se repita porque podría redundar en una nueva y gravosa frustración.

Para que todo salga tal como el Pueblo anhela, hay que aprender del 2001 y lo que siguió.

 

Ésta es la gran lección que nos deja a quienes de verdad estamos en la vereda de la Nación, del Pueblo y de los trabajadores:

Que, sin Proyecto, sin conducción política, sin estrategia y sin organización no se logra el éxito.

De trabajar rápidamente para esto último es de lo que se trata.

Inexorablemente.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, febrero 16 de 2026

 

 


domingo, 22 de febrero de 2026

UNA RADIO FRANCESA PONDERA A UN ARGENTINO PRECLARO: MANUEL UGARTE

 


Rubén Rojas Breu

 

UNA RADIO FRANCESA PONDERA A UN ARGENTINO PRECLARO: MANUEL UGARTE

¨Los que han viajado por la América del Norte  

saben que en Nueva York se habla abiertamente

 de unificar la América bajo la bandera de Washington

de “El peligro yanqui” (1901) de Manuel Ugarte

 

En estos días, una radio francesa trajo a este presente, ponderando y ensalzando, al argentino Manuel Ugarte.

 

Es una radio francesa la que destaca la inconmensurable significación de Manuel Ugarte, algo a lo cual los argentinos debemos atender ya.

En Francia, así como en otros países europeos, se está incrementando la aversión a los yanquis, a quienes, por otra parte, nunca amaron mucho.  

 

Señalo, para empezar, que es muy importante hoy volver a estas fuentes, ante tanta ignorancia de nuestra historia, ante tanto derrotismo, tanto desconcierto, tanta falta de rumbo, tanta distorsión de lo que fue el peronismo fundacional, todo lo cual favorece los planes siniestros del gobierno totalitario, sus patrocinantes yanquis y sus mandamases locales.

 

Ugarte, muy tempranamente, en 1901 advirtió sobre el expansionismo yanqui, inquieto por las acciones abiertamente imperialistas que los del país del Norte habían llevado a cabo contra México, Nicaragua y Cuba.

 

Lo hace con su prédica, su militancia y sus publicaciones, destacadamente la citada en el epígrafe, “El peligro yanqui”.

Manuel Ugarte, nacido en 1875 fue un político, periodista, escritor y diplomático. Socialista en su juventud, prontamente se comprometió con la unidad e integración latinoamericana, siendo quien con una de sus publicaciones nos bautizó como “Patria Grande”.

 

Fue uno de los primeros latinoamericanos que advirtió sobre la voracidad expansionista de los EEUU del esclavista Washington, quizá el primero de quienes utilizó sistemáticamente el término “yanqui”, originado en el Sur enemigo del Norte de tal país.

 

Diagnosticó el expansionismo de los EEUU con base en Nueva York, la urbe “democrática” que deslumbra a nuestro cipayaje local, que, por ejemplo, se obnubila con las películas de Woody Allen. Penoso, por cierto.

 

Queda claro que las pretensiones expansionistas se iniciaron mucho antes de Trump, ¿no cierto?

Ugarte inspiró a revolucionarios latinoamericanos a lo largo del siglo XX, desde, entre otros y entre otras, al patriota nicaragüense Sandino hasta Perón, con cuyos gobiernos se desempeñó como diplomático en México, Nicaragua y Cuba.

 

Sandino reconoció públicamente la trascendente influencia de Ugarte en su decisión de encarar la gesta liberadora.

 

En 1945 Manuel Ugarte adhiere al peronismo, el peronismo de verdad, el fundacional, y ejerce como embajador sucesivamente, en México, Nicaragua y Cuba.

 

Subrayo que se trataba del peronismo fundacional, el del origen, el fundado y conducido por Perón, en el cual fueron protagónicos Evita, Jauretche, Cooke, Juana Larrauri, Bramuglia y justamente Manuel Ugarte, entre tantas y tantos.

Un peronismo en el que el gran protagonista fue el Pueblo impulsado por trabajadoras y trabajadores.

 

Fue un peronismo revolucionario e inmensamente superior en comparación con la caricatura actual, sean el kirchnerismo, el massismo, el de los gobernadores y cegetistas, el de los de los llamados movimientos sociales, todo lo cual no puedo sino calificar como seudo peronismo o, cuando mucho, como peronismo mínimo o miniperonismo.

 

Aquel peronismo, efectiva e indiscutiblemente nacional, popular y de los trabajadores, fue, por lo mismo, decididamente antiimperialista.

 

Y tanto lo fue, que los yanquis, avalados por Inglaterra y su afamado Churchill, lo declararon enemigo principal, al punto de declarar a Perón objetivo a eliminar, ya con la casi flamante CIA haciendo de las suyas.

 

Al tiempo que me satisface enormemente que franceses revaloricen a Manuel Ugarte me produce escozor no sólo que en la Argentina lo hayamos dejado de tener en cuenta, sino que eso sea simultáneo con la creciente penetración ideológica y hasta cultural yanqui, muy notoria en jóvenes varones, esos que aspiran a convertirnos en una estrella más en la bandera del país del Norte, que creen en sus nazifascistas superhérores , que sueñan con ganar en dólares contantes y sonantes y que votan a los expoliadores y explotadores.

 

Lamentablemente no sólo esos muchachos son territorio de penetración.

 

También observo con inquietud cómo tantas y tantos compañeras y compañeros del kirchnerismo, del progresismo y de la izquierda clasista muestran admiración por intelectuales, cineastas, escritores, artistas y demás especímenes yanquis.

Incurren, aunque sea de buena fe, en cipayismo.

 

 

 

Muy grave es que eso se dé entre compañeras y compañeros de Sociales UBA, Psicología UBA, Económicas UBA y en otras instituciones públicas de altos estudios de todo el país.

 

Ignoran u olvidan que, parafraseando a Napoleón, cada yanqui lleva en su mochila el estandarte del conquistador o el látigo del esclavista.

 

De mi propio cuño, afirmo que el expansionismo yanqui nace en 1776, año en el cual un grupo de colonos blancos supremacistas y esclavistas se libera de pagar impuestos a la corona inglesa gracias a la sangre que derramaron franceses y españoles.

 

La historia de lo sucedido entonces nada tiene que ver con la que se cuenta en libros, clases, películas hollywoodenses y demás.

 

Washington, Franklin, Jefferson y compañía eran supremacistas y esclavistas, al punto, que como asevera Habermas, el último citado acude a la corte napoleónica para que Francia restablezca la esclavitud en Haití.

 

Creían en la “doctrina del destino manifiesto” según la cual los yanquis son el nuevo pueblo elegido, los fundadores de la nueva Jerusalén, los ungidos para apropiarse del planeta.

 

También, el tan venerado Lincoln, creía fervientemente eso a la par de su fe racista, ya que aspiraba a que los negros se fuesen de su país; ese fue el motivo de fondo de su supuesta lucha contra la esclavitud.

 

Los auténticos independentistas o revolucionarios se solidarizan con los pueblos y sus gestas liberadoras.

 

Así lo hicieron en el comienzo de nuestras patrias, nuestros pueblos y nuestros lideres como Belgrano, Moreno, San Martín, Bolívar, Manuela Sáenz, Sucre, Azurduy, Pedraza, Güemes y Macacha Güemes, José Martí y tantas y tantos más.

 

Los ficticios independistas yanquis, de inicio, fueron anexionistas, imperialistas y declarados enemigos de los pueblos y de sus luchas de liberación.

 

De modo que Manuel Ugarte fue sumamente preclaro, todo un visionario y, por supuesto, un auténtico revolucionario.

 

Hoy, ante el presente desolador que argentinas y argentinos estamos padeciendo por obra del gobierno totalitario encabezado por la fratria Milei y su horda, manejado y sostenido por los concentradores de poder locales y globales, por el imperialismo yanqui, por la ineficacia o la complicidad de la oposición, por el derrotismo y sumisión de quienes se dicen “nacionales y populares”, progresistas o de izquierda, celebro que una radio francesa recuerde a un gran patriota.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista (y luego) dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado (y luego) de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, febrero 22 de 2026

 

 

 

 

 

 

 


MILEI O LA SUMISIÓN COMO POLÍTICA

    Rubén Rojas Breu   MILEI O LA SUMISIÓN COMO POLÍTICA   Dirigencias, medios, redes, encuestadores y, por supuesto los concentra...