Rubén Rojas Breu
La significación de la
consigna sagrada “La Patria no se vende”
Desde
los albores oscuros del gobierno libertario ultraderechista, antipopular y
antinacional, el Pueblo se manifestó incluyendo entre sus consignas la del
título: “La Patria no se vende”.
La
reciente exhibición por parte de nuestros futbolistas, ante los ojos del
planeta, de la sábana pintada con la justísima divisa “Las Malvinas son
argentinas” hizo de la consigna sagrada un grito estentóreo voceado a los
cuatro vientos por la inmensa mayoría de las argentinas y de los argentinos
hasta en el último rincón de nuestro país, marcando un primer “antes y
después”.
Para rabia
de las potencias colonialistas, sobre todo Inglaterra y sus socios, para irritación
del gobierno libertario y para desconcierto de las dirigencias de todo el
espectro, de los medios y de los intelectuales, de los analistas políticos y de
los encuestadores, ya nada es lo mismo: se fortaleció el Pueblo y
se debilitaron sus opresores y sus engañosos representantes.
No
sólo se reactivó fuertemente el reclamo que implica a todo nuestro sur del
Atlántico Sur, sino que también se puso en evidencia que la corona británica,
su socio, el país yanqui, y los cipayos son, ni más ni menos, los integrantes
del antagonista estratégico, quienes cuentan únicamente a nivel de sus bases
con las hordas y el sector de la masa deseosa de sometimiento y cómoda con el
apoliticismo y el embrutecimiento.
“La
Patria no se vende” fue la consigna asumida activamente por quienes se definen
incondicionalmente del lado de la Nación, del Pueblo, de las mayorías y de las
minorías castigadas por el gobierno dictatorial y sus patrocinadores globales y
sus mandamases locales, la sempiterna oligarquía criolla y los grandes
capitalistas tan voraces ellos y tan enconados obstáculos para impulsar el
desarrollo y para aspirar y concretar la justicia en todos los órdenes de la
vida en comunidad.
Así
llegamos a estas últimas semanas en las cuales el gobierno se fijó el propósito
de votar la eufemísticamente llamada “ley de tierras”, un instrumento de la
entrega, del saqueo, de la expoliación de nuestro territorio y de nuestros
recursos naturales y también la venia para más padecimiento para las mayorías
en distintos ámbitos y rubros que hacen a la vida misma.
La
reacción del Pueblo, y solamente del Pueblo, fue de tal envergadura que se
obtuvo categóricamente un triunfo parcial frustrando en buena medida los planes
del totalitarismo libertario.
Ese
triunfo, aún con sus limitados alcances, significa un segundo “antes y después”.
En el
antes, la fratria Milei, su horda, sus secuaces y sus mandamases
avanzaban en la concreción de sus odiosos fines, escalaban, ignorando la
resistencia popular y ninguneando a una oposición ineficaz.
En el
después, el Pueblo impuso e impone su protagonismo.
De las
tres banderas que identifican al peronismo fundacional y a Perón, la soberanía
política, la soberanía sin cortapisas, se alzó con una vitalidad que
sorprendió, y asustó, a los poderosos, el gobierno y una oposición impotente,
negligente, alejada del Pueblo.
La
justicia social y la independencia económica, las otras dos banderas, fueron arriadas
o debilitadas desde la dictadura hasta hoy, incluyendo a todos los gobiernos
civiles,
y definitivamente incineradas por el gobierno
de los Milei.
Gran
parte de la masa que con su voto y su opinión se vuelca en favor del gobierno
apoyó, con argumentos propios de esclavos complacientes, que se barriera con
ambas banderas.
Las contundentes
defensa y valoración de la soberanía generó todo el
movimiento esperanzador y de perspectivas revolucionarias que hoy asoma
enérgico.
La
bandera celeste y blanca con su sol tan latinoamericano devino imponente, como
quizá nunca lo había sido desde la guerra de la Independencia o desde los
primeros gobiernos peronistas, cuya conclusión en 1955 fue determinada por la
acción sanguinaria del golpe cívico militar de 1955.
Quedaron
al descubierto las disyuntivas Milei o Patria y cipayismo o Nación.
Del
lado de los primeros términos de las citadas disyuntivas quedaron, no solamente
el gobierno y sus patrones, sino también los medios de comunicación masiva, la
barbarie de las redes virtuales y las empresas encuestadoras; también,
objetivamente, por su inacción, se posicionaron allí las dirigencias de la
oposición, políticas, gremiales, sociales, sectoriales.
A tal
punto esto es asi, que la Iglesia Católica despunta como cuasi única
organización realmente opositora.
El
Pueblo, solamente el Pueblo, puede arrogarse
legítimamente lo logrado hasta el momento y lo que se haga con deseable éxito
en las jornadas y semanas que siguen.
El
Pueblo, la organización política de más alta complejidad, viene dando su lucha
en soledad desde hace décadas y, particularmente, desde la llegada al gobierno
de los libertarios.
El
Pueblo, dejó en claro desde diciembre de 2023 su rechazo al gobierno al mismo
tiempo que crecientemente tomó la decisión de reclamar el fin ya
de esta dictadura ultraderechista.
El
Pueblo dejó en claro que no acompaña la devoción de todas las dirigencias de la
oposición por el institucionalismo vacuo, por el electoralismo sustentado en la
manipulación, por el influjo enfermizo que tales dirigencias ponen de
manifiesto atendiendo sumisamente a medios y encuestas.
Las
dirigencias de la oposición, esto es, kirchnerismo y otros seudo peronismos,
progresismo, izquierda blanda e izquierda clasista, no aprenden.
No
aprenden ni de la Historia ni de su propia experiencia.
Siguen
recurriendo al tacticismo proclamando y haciendo lo mismo, repitiéndose una y
otra vez con las mismas ideas degastadas y las mismas acciones improductivas,
mientras esperan a su Godot (Beckett dixit) que llegaría de la mano de los
lejanísimos comicios de octubre de 2027.
La incapacidad
de esas dirigencias para conducir, organizar y convocar, para
desafiar y para innovar, para evaluar y analizar en profundidad y para imaginar
es una patética demostración de mediocridad, de mezquindad y de connivencia.
Por su
lado, el Pueblo dejó en claro que aspira con firme convicción y con coraje
a su emancipación y realización, conjuntamente con la Nación, los
trabajadores y los marginados, enarbolando como nunca la bandera de la
soberanía y revitalizando las de la justicia social y la independencia
económica.
Rubén
Rojas Breu
Trabajador,
activista y dirigente político desde 1958
Docente
universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades
públicas y privadas de la Argentina
Lic.
en Psicología UBA, 1973
Científico
e investigador social desde 1974
Autor
del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado,
desde 1980 con libros y artículos publicados
Autor
de teorías sobre Política
Buenos
Aires, agosto 7 de 2026