lunes, 25 de mayo de 2026

¿LA ARGENTINA EN LA FASE TERMINAL DE LO QUE INAUGURÓ EL MENEMISMO?

 


Rubén Rojas Breu


EN ESTE 25 DE MAYO, UN INTERROGANTE MEDULAR:

¿LA ARGENTINA EN LA FASE TERMINAL DE LO QUE INAUGURÓ EL MENEMISMO?

 

Este 25 de mayo, 216 años después de aquella jornada fría de los paraguas, nos pone ante un desafío crucial si queremos ser leales a aquel pueblo y aquellos líderes que iniciaron el camino de nuestra independencia:

¿cómo recuperar la Patria que hoy parece perdida en manos de cipayos que hacen de la crueldad, de la injusticia y de la entrega sus divisas?

 

Este momento tan infausto para la Argentina, para nuestro Pueblo y para trabajadoras y trabajadores, para niñas, niños, adolescentes, jubiladas y jubilados, es la resultante de la decadencia iniciada con la dictadura terrorista de estado y, en particular, con la acción deletérea que llevó a cabo el menemismo.

La pregunta del título es muy abierta y contiene una dramática disyuntiva.

 

Se abre a estas interpretaciones con la consiguiente disyuntiva:

 

-     La interpretación desoladora, ¿la Argentina está en su fase terminal como consecuencia de una decadencia que se tornó ya irreversible?

 

-     La deseable, ¿la herencia del menemismo ingresa en su fase terminal para dar paso a una nueva era?

 

 

Retomando la sentencia atribuida al poeta español republicano Antonio Machado, para que se dé la opción deseable vale lo de que “sólo el pueblo salvará al pueblo”, frase que el Movimiento Peronista hizo suya.

 

Esa sentencia es totalmente válida ya que:

 

Es el Pueblo, la organización política de máxima complejidad, en cualquier tiempo y lugar, el protagonista inexorable de su emancipación y realización conjuntamente con las de la Nación y los trabajadores.

 

En nuestra actualidad, sólo tenemos al Pueblo dada la defección, inoperancia o complicidad de todas las dirigencias políticas y sectoriales para enfrentar a la actual concentración de poder y al gobierno autocrático libertario encabezado por la fratria Milei con la horda que los colocó en la Rosada.

 

Para encontrar claves que den cuenta de este presente impiadoso, debemos ahondar en el significado de la palabra más irritante del título: menemismo.

 

No se incluye suficientemente en los análisis qué significó el menemismo, cuáles son los estragos que causó y sigue causando: por empezar, téngase en cuenta que el caudillo libertario se percibe algo así como el “primer menemista” y que en su círculo perverso la familia Menem ocupa una posición de la mayor relevancia.

 

Los análisis políticos, las peroratas de las dirigencias kirchnerista y de demás variantes seudo peronistas, progresistas y de izquierda, las chácharas de intelectuales progres y la vocinglería de periodistas obsecuentes de los distintos bandos, circunscriben la depredación menemista a su plan económico, particularmente el llevado a cabo por Cavallo, al saqueo y entrega de nuestros recursos, las privatizaciones y a la destrucción de todo el aparato productivo de nuestro país.

 

Ahora bien, en esos análisis están ausentes la mirada científica y la políticamente sustentable que cabe  aplicar en profundidad y sistémicamente, tal como señalo axiomáticamente en mi creación, el Método Vincular: esto es, incluyendo a todos los vínculos y términos presentes y operantes en un determinado campo de análisis.

 

El menemismo destruyó, básicamente, la cultura en general y la cultura política en particular.

 

Respecto de la depredación que cometió con la cultura en general, se suele señalar que la Argentina hace décadas, con anterioridad a la última dictadura, era el país más culto de América Latina, afirmación que poco comparto por estas razones:

 

1.         Es enojosa toda comparación que se haga son los países hermanos latinoamericanos, los cuales por cierto destacan en muchas áreas.

 

2.         No cabe circunscribir a América Latina, toda vez que Canadá comienza a brillar recientemente y el país yanqui es el más inculto y deshumanizante del planeta.

 

 

Esta última aseveración lejos de ser antojadiza o prejuiciosa, coincide con la opinión de referentes prestigiosos de todo el planeta, a saber:

 

Tocqueville advertía sobre el riesgo de que terminase siendo una tiranía de la mayoría, y efectivamente el país yanqui, que carece y careció siempre de pueblo, es manejado por poderosos concentradores de riqueza y sostenido por la voluntad manipulable de la masa, ese amorfo que a menudo es antagónica del Pueblo.

 

Bernard Shaw afirmaba que es «el único país que ha pasado de la barbarie a la decadencia sin haber pasado jamás por la civilización» y que “el 100% de los estadounidenses son 99% idiotas”.

 

José Enrique Rodó criticó severamente el materialismo y utilitarismo yanquis señalando que eran antagónicos como antagónico del humanismo latinoamericano.

 

Borges llegó a declarar que, exceptuando a Nueva Inglaterra, el resto del país le parecía literariamente estéril y notaba una marcada incultura general en el medio oeste. 

Aclaro que, por mi parte, no hago esa excepción.

 

Manuel Ugarte advirtió sobre “el peligro yanqui” y Perón fue declaradamente opuesto a su imperialismo, del cual, además, fue víctima.

 

El menemismo se alió incondicionalmente con el país yanqui, decisión catastrófica por donde se mire.

 

No sólo tal decisión fue catastrófica por lo que representó geopolíticamente y por la renuncia a una premisa del peronismo fundacional y de Perón: la Tercera Posición.

 

Lo fue también porque al abrir de par en par las puertas al país yanqui, no únicamente puso en manos de tal imperialismo nuestros recursos, sino porque dio paso a la penetración cultural e ideológica más empobrecedora del planeta y de la historia de la humanidad, facilitando el debilitamiento del Pueblo, la demagogia que da gusto a la masa o “mayoría silenciosa” bendecida por ese país, el reemplazo de la educación, del conocimiento, de la ciencia, del arte, del trabajo, de la solidaridad, de todo lo que humaniza, por el modelo de la hamburguesa mandando en todos los ámbitos, el modelo de lo fácilmente digerible y sin esfuerzo, el modelo de la frivolidad, el modelo de la violencia para la vida en sociedad, el modelo del desprecio por nuestra propia cultura.


De allí importó la antinomia "ganador versus perdedor" que perdura hasta la actualidad.

Con esa lógica vale corromper, cometer latrocinio, defraudar y cualquier acción vil si se logra el éxito, si se logran beneficios. La masa ensalza al ganador inescrupuloso con aquello de "sí la sabe hacer" la cual se aplicó a Menem y a tantos y también a Milei: "la saben hacer, roban pero la saben hacer". De tal manera lo amoral y hasta lo delictivo devienen virtudes. 

 

Con el menemismo adviene la primera fratria, la conformada por Carlos y su hermano Eduardo, en torno a los cuales se aglutinaron lo más bajo de la sociedad argentina: desde oportunistas antipolítica hasta faranduleros e ídolos de masas representativos de lo asocial al tiempo de contar con el apoyo de la oligarquía criolla y de las grandes corporaciones locales y globales.

 

Ahí tenemos una primera similitud: los Milei son la segunda fratria, fratria que cuenta también con los mismos adláteres y los mismos patrocinantes poderosos.

En ambas fratrias, un hermano es el mascarón de proa que con una verba de bajo fondo seduce, sea con sonrisas, sea con gritería soez, a la masa apolítica que se encandila con las estupideces que provienen del “gran país del Norte” y con la banalidad vernácula.

Es la verba de un bajo fondo que no sólo los humildes  no cultivan sino que la sufren por la presencia del narco, de los violentos, de los barrabravas. Es la verba de bajo fondo que las oligarquías celebran porque refleja el despotismo. 

 

El hermano o la hermana juegan de discretos y asumen el rol de la contención, la garantía de que los figurones no se descarrilen.

 

Contrariamente a lo que postuló Hanna Arendt, la banalidad no es efecto del mal, sino su causa.

 

El menemismo banalizó y lo hizo con el fin de concluir la macabra tarea iniciada por la dictadura: derrotar al Pueblo.

 

En ese plan, destruyó al Movimiento Peronista y a las demás organizaciones políticas, vandalizó a las gremiales, socavó a las sociales.

Destruyó al Movimiento arrasando hasta con el último vestigio que quedaba del peronismo fundacional y de la palabra y obra de Perón.

 

Porque el menemismo no sólo no fue peronista: fue abiertamente antiperonista, aunque Carlos se escudara en el disparate de que hacía lo que hubiera hecho Perón.

La mala fe o la inquina con el peronismo fundacional y con Perón que abundan en la derecha, en el progresismo y en la izquierda, se valió para beneficiarse o para denostar de que de eso se trataba el peronismo, de alcanzar y afirmarse en el poder por el poder mismo, de que había o hay cuatro, cinco y vaya a saber cuántos peronismos.

Considérese que Perón trató despectivamente y como cuerpo extraño a Menem y que su viuda,  Isabel, demostró con un gesto contundente su disgusto con el personaje negándose a recibirlo en Madrid.

 

El menemismo impulsó y premió a los brutos, condición de la que hacía gala el propio Carlos, y dio cabida y privilegios a todo el espectro que Jauretche había denostado: zonzos, tilingos y cipayos.

 

El menemismo, en tal derrotero, incentivó a una de las herencias más detestables y siniestras de la dictadura: la horda, los vándalos, las bandas, los inciviles. 

 

Esa horda, en su momento culminante, entronizó a los Milei.

 

De tal manera estos libertarios son la culminación, por ahora, de lo inaugurado por el menemismo.

 

Más semejanzas: Menem y Milei son típicos nenes de papá que se autoperciben, inconscientemente, débiles, lo cual aflora como complejo de inferioridad.

 

Ese complejo de inferioridad deriva en envidia y resentimiento y, simultáneamente, busca su transformación en lo contrario deviniendo megalomanía.

 

Ambos se sintieron o sienten ungidos, se autoproclamaron “mejor presidente o mejor gobierno de la historia”.

Néstor Kirchner avaló esa megalomanía cuando proclamó a Menem, en 1994, cuando la depredación estaba en su apogeo, “el mejor presidente de la historia”, evidenciando de paso su odio a Perón. 

 

Menem y Milei acusan su sentimiento de inferioridad, con sus pares el primero y con los economistas de veras el segundo, quien a cada paso al mismo tiempo que pone de manifiesto su paupérrima formación académica aborrece a los graduados en la UBA y en las universidades estatales.

 

Como investigador de opinión, asesor y confidente de Antonio Cafiero me consta cuánta envidia y tirria destilaba Menem con éste.

 

La atracción por el divismo y, sobre todo, por las divas, con baboseo explícito en Carlos Menem y con ostentación grotesca en Milei, es otro rasgo común de ambos que se enlaza con lo antedicho: megalomanía, avidez por despertar la envidia de los otros, machismo, exhibicionismo.

 

En el medio, entre los Menem y los Milei, acompañados éstos últimos por los descendientes consanguíneos y putativos de los primeros, se continuó con la endogamia: matrimonios Duhalde y Kirchner, dupla paterno-filial Macri, matrimonio virtual desavenido de los Fernández.

 

Ninguno de esos gobiernos removió ni mínimamente al menemismo: o lo asumieron activamente, como el Pro o macrismo o lo cuestionaron sólo superficialmente manteniendo sin cambios las bases; además, en el kirchnerismo abundan militantes menemistas empezando por la cúpula. 

 

Esa modalidad endogámica persistente es causante principal de la decadencia, de la incultura política, de la falta de Proyecto de emancipación y de realización de la Nación, del Pueblo y de los trabajadores, de los internismos estériles, de un electoralismo y un encuestismo enfermizos, de la carencia de conducción.

 

Una condición para salir de esta ciénaga en la cual nos hundimos a paso acelerado es sepultar al menemismo, es poner fin a la incultura en todos sus sentidos con el fin de construir la conducción política, resucitar la cultura política, asumir un Proyecto.

 

El Pueblo boliviano hoy está mostrando el camino, aún sufriendo por el envío de pertrechos por parte de este gobierno argentino estrafalario y antipopular, que reedita lo que hizo la gestión menemista cuando asistió militarmente a Ecuador en desmedro de Perú, alentando enfrentamiento entre naciones hermanas.

 

Este 25 de mayo de 2026 tenemos que dar comienzo a una nueva gesta de la independencia.

 

El Pueblo argentino habrá de lograrlo.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, mayo 25 de 2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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