domingo, 5 de julio de 2026

Con motivo de la bandera yanqui izada en nuestro monumento a la bandera de Rosario

 



Rubén Rojas Breu

 

Con motivo de la bandera yanqui izada en nuestro monumento a la bandera de Rosario

 

Por una decisión del gobierno nacional encabezado por la fratria cipaya Milei con su horda en conjunto con el lacayo gobierno provincial de Santa Fe a cargo de Pullaro y sus cómplices se izó la bandera yanqui este 4 de julio de 2026 en nuestro monumento a la bandera en la muy emblemática ciudad de Rosario, cuna de nuestro mayor símbolo nacional gracias a uno de nuestros más insignes patriotas, Manuel Belgrano.

 

Es un ultraje desde todo punto de vista.

Este acto repudiable se suma a la participación protagónica de Milei y otros en la celebración en la embajada. 

Compañeros y compañeras de todo el país reaccionaron con justificadísima indignación acusando, es mi caso, un dolor lacerantemente visceral.

 

Izaron la bandera del país más deshumanizante del planeta, la bandera del país más imperialista de la Historia de la Humanidad, la bandera del país que más subyugó y subyuga a nuestra castigada América Latina, el país que con sus bloqueos condena a condiciones sumamente precarias a los pueblos hermanos de Cuba y de Venezuela, el país que promovió y patrocinó las dictaduras cívico militares terroristas de estado que sufrimos en la Argentina y en naciones hermanas, el país que una y otra vez invadió e invade pueblos, el país que mordió humillantemente ahora el polvo de la derrota ante Irán.

 

Desde ya que el cipayismo de la fratria Milei, sus padrinos y sus fanáticos no tiene límites, pero quedarnos en esta afirmación es birlar la complejidad de la cuestión.

No solamente la ultraderecha libertaria retrógrada y obsecuente con lo peor del planeta es culpable de un acto de tamaña naturaleza.

 

Esa decisión tan deleznable es posible porque prácticamente todas las dirigencias de todo el espectro político e ideológico, dirigencias políticas y sectoriales, así como los ámbitos culturales, académicos, intelectuales y mediáticos padecen la colonización mental por obra de la descomunal propaganda yanqui, la cual desde fines de la segunda guerra mundial creció en progresión geométrica alcanzando a todo el globo.

 

No únicamente Clarín y LN evidencian esa penetración sino también P12, R10, C5N y hasta los medios de izquierda, lo cual es muy comprobable.

 

Esa colonización también se advierte en gran parte de la población que ve en el país yanqui la materialización de sus sueños más caros, que cree en modo idiota en las producciones de Hollywood y de otras sedes de la incultura yanqui que invaden continuamente con sus series televisivas y su cine.

 

Disney, Marvel y demás grandes productoras hacen su agosto al tiempo que penetran con su prédica las cabezas huecas.

Al mismo tiempo es penoso observar cuántas personas visten ropas con leyendas en el incivil inglés yanqui o con referencias a ciudades de ese lugar, inclusive a sus fuerzas armadas y de seguridad, como la tan extendida “NYPD”.

 

Ahondo señalando que el kirchnerismo y otras variantes del seudo peronismo, el progresismo, la izquierda genérica y hasta la clasista desvarían viendo en el país yanqui o en determinados sectores del mismo virtudes. A diario perturba mi espíritu encontrar en estos grupos referencias elogiosas a su cine, a su literatura, a su televisión, a sus universidades, la confesional Harvard, Yale, MIT, Stanford, Princeton y restantes; inclusive alaban a personajes claramente inspirados en el nazifascismo como Superman y Batman, o ensalzan a los Simpson o destacan elogiosamente a Rocky y Terminator.

 

Véase además quién terminó siendo el tan ponderado Chomsky, quien no sólo fingió su progresismo, sino que fue inexplicablemente valorado por su lingüística consistente en conjeturas epistemológicamente insustentables.

 

Todo ello demuestra no solamente que se rinden ante la bandera más imperialista y más odiada del planeta sino un desconocimiento enorme sobre el resto del mundo y sus grandes realizaciones culturales y políticas.   

 

A tal punto llegó la propaganda yanqui que gran parte de las dirigencias y de la población, de acá y de otras latitudes, creen que fueron los yanquis los vencedores de la segunda guerra mundial, en la cual lo probadamente cierto es que su participación no solamente fue cuasi irrelevante sino contraproducente, tal como lo denunciaron grandes estrategas protagonistas en esa guerra como el británico Montgomery.

 

Digo de paso que esa guerra la ganaron el Ejército Rojo soviético y las resistencias nacionales, como la francesa, la griega, la yugoeslava e, incluso, la alemana y la italiana.

 

Yendo más a fondo, el 4 de julio el país yanqui celebra una de las más grandes mentiras históricas, la de su ficticia independencia.

 

Ese día colonos blancos supremacistas y esclavistas tomaron el poder en el este yanqui gracias a la derrota que franceses y españoles les infligieron a los ingleses.

Tales colonos eran descendientes de fanáticos de la secta de la purificación expulsada de Inglaterra por su fundamentalismo, concepción arcaica religiosa presente en toda la seudo cultura yanqui.

 

Esos yanquis se rebelaron por un motivo francamente miserable: su resistencia a seguir pagando impuestos, por cierto, una causa minúscula e inmoral si se compara con las luchas genuinas por la independencia que llevaron nuestros países desde México al norte hasta Argentina, Chile y Uruguay al sur: habría que agregar tantos pueblos que también llegaron auténticamente, bien de veras, a su independencia como Argelia, Marruecos, Sudáfrica, Vietnam, Corea y sigue la inmensa lista.

 

Esos colonos, antes y después de su absurdo 4 de julio, masacraron pueblos originarios.

 

Desde ese 4 de julio el país yanqui, se comportó de modo muy distinto a gestas como las encabezadas por Belgrano, San Martín, Azurduy, Bolívar, Artigas, Sucre y tantas y tantos más.

 

Mientras nuestras y nuestros patriotas batallaron para independizar no solamente a sus territorios sino también a las naciones hermanas, el país yanqui se dedicó a anexar y a someter.

 

Su himno es revelador elocuente de su belicismo y de su ambición hegemónica, de su arrogancia y de su vocación imperialista.

 

Lo de una supuesta revolución yanqui que culmina hace 250 años fue letra que los franceses a fines del siglo XVIII le dieron al donjuanesco y frívolo Jefferson, tal como documenta Habermas.   

 

Contrarrestar con el fin de poner término en el futuro inmediato o mediato a esa penetración requiere lo que hoy falta de manera colosalmente dramática:

 

-     Debate a fondo, incrementando el nivel ideológico y político: hay que asumir que hoy en la Argentina está en auge la mediocridad, lo cual fortalece a los Milei y sus patrocinantes.

-     Construir la conducción política.

 

Eso para empezar.

Y hay que poner manos a la obra ya.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, julio 5 de 2026

 

 


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