sábado, 30 de mayo de 2026

EN ARGENTINA UNA SOCIEDAD QUE NO CUIDA

 



 

Rubén Rojas Breu

 

UNA SOCIEDAD QUE NO CUIDA, NI SIQUIERA, DE SÍ MISMA

A propósito de la desaparición de Agostina

 

Una vez más asistimos a la desaparición de una niña, de una adolescente, en esta Argentina en la cual la desaparición forzada como modalidad represiva de alta criminalidad se impuso como rutina en la dictadura cívico militar terrorista de estado.

 

Secuestradores en la era de los gobiernos civiles son herederos de los siniestros grupos de tareas que desaparecieron a treinta mil argentinas y argentinos.

Con el primer gobierno civil, el radical encabezado por Alfonsín, desapareció la médica Cecilia Giubileo.

 

A esa desaparición siguió el secuestro de la adolescente María Soledad Morales, finalmente asesinada, y a ese crimen le siguieron muchos similares hasta llegar a Sofía Herrera, Jorge Julio López hasta llegar a los casos más recientes como el de Candela, de Loan y ahora Agostina.

 

En particular hay ensañamiento con mujeres y, particularmente, niñas y adolescentes.

 

Una sociedad cumple o debe cumplir con un sinnúmero de funciones, todas las que hacen a la vida puesto que los humanos somos constitutivamente sociales.

 

Desde la concepción y el nacimiento pasando por la alimentación y la salud hasta la educación, el trabajo y la realización de todos y de cada uno, la sociedad está absolutamente implicada y es inexorablemente responsable.

 

Cabe destacar dos funciones en estas penosas circunstancias a una semana de la desaparición de Agostina: cuidado y justicia.

 

Ambas funciones estuvieron ausentes en todas las desapariciones y en sus trágicas consecuencias, sea la desaparición para siempre, sea el homicidio o el feminicidio.

 

Esto es consecuencia de la decadencia, de un régimen político institucional obsoleto, incluyendo un ya anacrónico poder judicial, de la destrucción del tejido social, de un electoralismo corrupto y de la voracidad de mandamases y poderosos.

 

La responsabilidad de una sociedad recae en su régimen político institucional, incluyendo a todos los poderes de gobierno, en sus dirigencias y, también, en los factores y concentradores de poder.

 

 

Todos esos actores responsables de la marcha de una sociedad afrontan o deben afrontar imperiosamente, sin cortapisas, sus culpas en aquellas desapariciones y en la de Agostina.

 

Anoche, con desenfado, una periodista de C5N buscó denodadamente salvar las ropas del gobernador cordobés, uno de los más notorios cómplices de la depredación y de la destrucción que lleva a cabo el autocrático gobierno libertario encabezado por la fratria Milei, puesto en la Rosada por la horda y avalado por los poderosos locales y globales y por todas las dirigencias políticas y sectoriales.

 

Agostina es víctima de una conspiración de hecho de la que participan todos esos actores: quien la secuestró es un barrabrava del club cordobés Instituto, empleado municipal hasta recientemente, vinculado a la politiquería y al sindicalismo.

 

Favorecido por contactos y privilegios se movía en completa libertad pese a su comportamiento delictivo.

 

El mismo gobierno nacional, el mismo gobierno provincial, que reprimen a jubilados y discapacitados, que niegan derechos y hambrean, prohíjan a este delincuente con la tolerancia de toda la politiquería y de toda la clase dominante.

 

Se dirá que los Milei o Llaryora no tienen responsabilidad.

 

Falso de toda falsedad ya que el régimen que los consagró gobernantes es el mismo, punto por punto, que el que premia al delincuente.  

 

Forman parte de la misma runfla y son protagonistas de la misma barbarie.

 

La madre de Agostina, toda su familia, acudió a la Unidad Judicial pertinente para denunciar la desaparición y la trataron con negligencia, aplicando el mismo criterio con el que se manejan con adultos.

 

Vuelvo: estado, gobiernos, poder judicial, poder legislativo y dirigencias son responsables de todas y todos las ciudadanas y los ciudadanos.

 

Son, sobre todo, responsables de niñas, niños y adolescentes, de discapacitadas y discapacitados, de ancianas y de ancianos.

 

Esa responsabilidad no le cabe únicamente a la familia: el Estado, gobiernos y demás actores enunciados son responsables. En este caso se suma el club Instituto que junto con sus pares o equivalentes cobijan a barrabravas y otros especímenes indeseables.

 

 

 

 

El gobierno y el poder judicial le fallaron a Agostina y a su familia, al menos, dos veces:

 

1.         Al generar y alentar las condiciones que hacen que un mafioso, un barrabrava y abusador pueda cometer sus actos aberrantes

 

2.         Al desentenderse luego de hacerse cargo de ubicar y rescatar con vida a Agostina.

 

De manera que hacen bien la familia de Agostina y su entorno, amigos y vecinos, así como todas las argentinas y argentinos honradas y honrados en culpabilizar a gobernantes, jueces, fiscales y jefes policiales.

 

Si hay una reacción popular que se salga de todo control se entiende dado que dos funciones básicas fueron incumplidas: cuidado y justicia.

El anarco capitalismo, el libertarismo y todo ese liberalismo de pacotilla junto con sus cómplices son, definitivamente, asociales y amorales.

 

Ahora la familia y la población honesta y solidaria de nuestro país espera la peor de las noticias.

 

Y muchos son los que tendrán que pagar, no solamente el criminal procesado.

 

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, mayo 30 de 2026

 

 


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