Rubén Rojas Breu
UNA SOCIEDAD QUE NO CUIDA,
NI SIQUIERA, DE SÍ MISMA
A propósito de la desaparición
de Agostina
Una
vez más asistimos a la desaparición de una niña, de una adolescente, en esta Argentina
en la cual la desaparición forzada como modalidad represiva de alta
criminalidad se impuso como rutina en la dictadura cívico militar terrorista de
estado.
Secuestradores
en la era de los gobiernos civiles son herederos de los siniestros grupos de
tareas que desaparecieron a treinta mil argentinas y argentinos.
Con
el primer gobierno civil, el radical encabezado por Alfonsín, desapareció la
médica Cecilia Giubileo.
A
esa desaparición siguió el secuestro de la adolescente María Soledad Morales,
finalmente asesinada, y a ese crimen le siguieron muchos similares hasta llegar
a Sofía Herrera, Jorge Julio López hasta llegar a los casos más recientes como
el de Candela, de Loan y ahora Agostina.
En
particular hay ensañamiento con mujeres y, particularmente, niñas y adolescentes.
Una
sociedad cumple o debe cumplir con un sinnúmero de funciones,
todas las que hacen a la vida puesto que los humanos somos constitutivamente
sociales.
Desde
la concepción y el nacimiento pasando por la alimentación y la salud hasta la
educación, el trabajo y la realización de todos y de cada uno, la sociedad está
absolutamente implicada y es inexorablemente responsable.
Cabe
destacar dos funciones en estas penosas circunstancias a una semana de la
desaparición de Agostina: cuidado y justicia.
Ambas
funciones estuvieron ausentes en todas las desapariciones y en sus trágicas
consecuencias, sea la desaparición para siempre, sea el homicidio o el
feminicidio.
Esto
es consecuencia de la decadencia, de un régimen político institucional
obsoleto, incluyendo un ya anacrónico poder judicial, de la destrucción del
tejido social, de un electoralismo corrupto y de la voracidad de mandamases y
poderosos.
La
responsabilidad de una sociedad recae en su régimen político institucional,
incluyendo a todos los poderes de gobierno, en sus dirigencias y, también, en
los factores y concentradores de poder.
Todos
esos actores responsables de la marcha de una sociedad afrontan o deben afrontar
imperiosamente, sin cortapisas, sus culpas en aquellas desapariciones y en la
de Agostina.
Anoche,
con desenfado, una periodista de C5N buscó denodadamente salvar las ropas del
gobernador cordobés, uno de los más notorios cómplices de la depredación y de
la destrucción que lleva a cabo el autocrático gobierno libertario encabezado
por la fratria Milei, puesto en la Rosada por la horda y avalado por los poderosos
locales y globales y por todas las dirigencias políticas y sectoriales.
Agostina
es víctima de una conspiración de hecho de la que participan todos esos
actores: quien la secuestró es un barrabrava del club cordobés Instituto, empleado
municipal hasta recientemente, vinculado a la politiquería y al sindicalismo.
Favorecido
por contactos y privilegios se movía en completa libertad pese a su
comportamiento delictivo.
El
mismo gobierno nacional, el mismo gobierno provincial, que reprimen a jubilados
y discapacitados, que niegan derechos y hambrean, prohíjan a este delincuente con
la tolerancia de toda la politiquería y de toda la clase dominante.
Se
dirá que los Milei o Llaryora no tienen responsabilidad.
Falso
de toda falsedad ya que el régimen que los consagró gobernantes es el mismo,
punto por punto, que el que premia al delincuente.
Forman
parte de la misma runfla y son protagonistas de la misma barbarie.
La
madre de Agostina, toda su familia, acudió a la Unidad Judicial pertinente para
denunciar la desaparición y la trataron con negligencia, aplicando el mismo criterio
con el que se manejan con adultos.
Vuelvo:
estado, gobiernos, poder judicial, poder legislativo y dirigencias son
responsables de todas y todos las ciudadanas y los ciudadanos.
Son,
sobre todo, responsables de niñas, niños y adolescentes, de discapacitadas y
discapacitados, de ancianas y de ancianos.
Esa
responsabilidad no le cabe únicamente a la familia: el
Estado, gobiernos y demás actores enunciados son responsables. En este caso se
suma el club Instituto que junto con sus pares o equivalentes cobijan a
barrabravas y otros especímenes indeseables.
El
gobierno y el poder judicial le fallaron a Agostina y a su familia, al menos, dos
veces:
1.
Al generar y alentar las condiciones que
hacen que un mafioso, un barrabrava y abusador pueda cometer sus actos
aberrantes
2.
Al desentenderse luego de hacerse cargo de
ubicar y rescatar con vida a Agostina.
De
manera que hacen bien la familia de Agostina y su entorno, amigos y vecinos, así
como todas las argentinas y argentinos honradas y honrados en culpabilizar a
gobernantes, jueces, fiscales y jefes policiales.
Si hay
una reacción popular que se salga de todo control se entiende dado que dos
funciones básicas fueron incumplidas: cuidado y justicia.
El
anarco capitalismo, el libertarismo y todo ese liberalismo de pacotilla junto
con sus cómplices son, definitivamente, asociales y amorales.
Ahora
la familia y la población honesta y solidaria de nuestro país espera la peor de
las noticias.
Y muchos
son los que tendrán que pagar, no solamente el criminal procesado.
Rubén
Rojas Breu
Buenos
Aires, mayo 30 de 2026
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