domingo, 7 de junio de 2026

¿ALGUIEN ESCUCHA AL PUEBLO ARGENTINO?

 



 

Rubén Rojas Breu

 

¿ALGUIEN ESCUCHA AL PUEBLO ARGENTINO?

 

Respuesta: sí y no.

 

Veamos el porqué de esta respuesta dual.

 

porque hay, ninguneadas y ninguneados, que escuchan al Pueblo argentino.

 

Por supuesto la Historia registra destacadísimas figuras públicas que han escuchado a nuestro Pueblo: Belgrano, San Martín, Perón, Azurduy, Evita sobresalen entre los nombres más resonantes y, junto con ellas y ellos cientos de nombres y de organizaciones como las que representaron nuestros próceres de la Independencia y, ya en el siglo pasado, el peronismo fundacional.

En el presente, reitero, hay quienes escuchan y entre estos “quiénes” me ubico sin la menor intención de alarde.

 

Nací y me crie de niño y adolescente en un hogar muy humilde de toda humildad y politizado, mi infancia transcurrió durante los dos primeros gobiernos presididos por Perón, comencé a laburar al mismo tiempo que inicié mi militancia política, cuando aún cursaba a escuela primaria.

Jamás abandoné la actividad política, la militancia, también ocupando posiciones dirigenciales en el más alto nivel; claro que, siempre cultivando el perfil bajo y la discreción, por propia decisión o por determinación de otros.

 

Además, desde mi egreso de la UBA me desempeñé como investigador social y, gracias a tal ejercicio, creé el Método Vincular cuyo objeto es la interacción en todas las áreas de la vida, particularmente la Política.

Téngase en cuenta, además, que pasé décadas en la clandestinidad lo cual lleva a hacer de la vida de uno una existencia “en las sombras”.

 

Esta somera descripción autorreferencial es a los efectos de certificar que para escuchar e interpretar al Pueblo se requiere de formación, trayectoria, conocimientos, producción y compromiso.

 

Todo eso hizo que pueda escuchar e interpretar a mi Pueblo hasta en sus más íntimas fibras, en sus más sordos latidos, en sus más escondidos anhelos.

 

Aprendí, de tal manera, a “escuchar crecer la hierba”, habilidad que la mitología nórdica atribuía al dios Heimdall y que interpreto como la capacidad para registrar los sufrimientos y las expectativas silenciosas del Pueblo, detectando los movimientos y anhelos subterráneos, inconscientes, que procuran ser canalizados y conducidos hacia la emancipación y realización.

 

En los tiempos que corren es difícil encontrar a quienes escuchen al Pueblo argentino, salvo, como anticipé, ninguneadas y ninguneados que suelen movilizarse y lo que señalé en el comentario autorreferencial que espero sea tolerado y, ojalá, entendido.

 

Indudablemente hay científicos y artistas que escuchan al Pueblo.

 

Justamente en este momento, entre triste y celebratorio para gran parte de la población, acontece el fallecimiento del Indio Solari.

 

Más allá de las virtudes que se le reconocen como compositor, músico y poeta es de interés en el marco de esta publicación su significado como suceso de masas.

 

Según Freud en su texto “Psicología de las masas y análisis del Yo”, reinterpretado según mis propias investigaciones y producciones, el miembro de la masa renuncia a su Ideal de sí para sustituirlo por una figura con la cual se identifica según determinado rasgo o determinados rasgos.

 

La consecuencia es que tal identificación fundante lleva a la fraternidad entre los identificados generando la masa: o sea, ésta se constituye sobre la base de una identificación en común con alguien que es erigido como líder o como ídolo.

 

Esa depositación en el ídolo libera a cada miembro de la masa de la angustia causada por la distancia entre sus posibilidades, su Yo y las exigencias que el Ideal le impone.

 

En el caso del Indio Solari esa identificación procede gracias, precisamente, a que éste escuchaba y procesaba tal escucha en mensajes contenedores y esperanzadores generando fuerte sentimiento de fraternidad y propiciando la catarsis colectiva.

 

 

El Indio Solari evitó incursionar en los medios y la fama que se obtiene a través de éstos, impulsando una suerte de oposición entre lo mediático y el anonimato.  

 

El rasgo que une íntimamente y da lugar a la identificación entre Solari y los seguidores es algo que está en los genes de las mayorías de nuestro país: fraternidad entre los anónimos o, lo que es lo mismo, la solidaridad entre quienes carecen del reconocimiento que da la celebridad y que, por lo contrario, son ignorados por las castas, por las élites, por los intelectuales, por los medios, por las farándulas y, también, por dirigencias y gobernantes desde el inicio de la dictadura terrorista de estado y los gobiernos civiles que la sucedieron.

 

Lo interesante de lo descrito no es la presencia indiscutible de esa escucha de la que se hacía cargo el artista, sino la ausencia de la escucha por parte de quienes ocupan las posiciones dirigenciales de una Argentina agobiada, una Argentina en decadencia que amenaza ser irreversible.

 

De esa ausencia de escucha se trata acá.

 

La derecha, la ultraderecha y, particularmente, el actual gobierno libertario, no escuchan.

 

Ahora bien, no escuchar es propio de tal derecha, ultraderecha y el gobierno antipopular y antinacional.

No escuchar hace a su identidad.

 

La fratria Milei y la horda que los sostiene asumen activamente la no escucha.

 

Más aún, hacer oídos sordos es tomado por tales como un mérito y les vale para contar con el aval de los concentradores de poder y de riqueza locales y globales.

 

No escuchar al Pueblo es condición de su existencia.

 

De tal manera y acorde con lo que sucede día tras día, no atienden reclamos de ninguna índole y seguirán haciéndolo de modo que las movidas crecientes en busca de reivindicaciones que hacen inclusive a la subsistencia, no serán atendidas.

 

Por lo tanto, el Pueblo tiene que buscar por otro lado, tiene que construir el camino que lleve a satisfacer sus justísimas demandas por otros medios.

 

El Indio Solari cumplió con su rol y sus convicciones con los alcances de un artista que, por definición, no son los que le corresponden a él ya que es tarea de la Política.

 

Un artista puede revelar lo socialmente subyacente, “oír crecer la hierba”, propiciar la catarsis, canalizar inquietudes, compartir padecimientos, solidarizarse, pero no está dentro de sus funciones o de su misión, conducir.

 

Conducir es una función de la Política.

 

Esto nos lleva a lo que sucede con las dirigencias políticas y sectoriales que se autodefinen como nacionales y populares o representativas de la clase obrera, como, por ejemplo, el kirchnerismo y otras variantes del seudo peronismo, el progresismo, la izquierda genérica y la izquierda clasista.

 

La respuesta, frustrante, por cierto, es que tampoco escuchan.

No escuchan.

 

No escuchan esas facciones finalmente politiqueras ni, obviamente, tampoco lo hacen sus más notorias o notorios referentes como Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof o Myriam Bregman.

 

Tampoco sus más renombrados intelectuales escuchan.

 

En definitiva, nadie de ellas ni de ellos ni sus organizaciones “escuchan crecer la hierba”.

 

Esas agrupaciones y tales referentes se agarran ahora de la repercusión generada por el fallecimiento del admirado artista con lo cual ponen en evidencia que no conducen, ni siquiera lideran.

 

El Pueblo clama por poner término al gobierno libertario pero tales facciones optan por el ficticio institucionalismo y por un desenfrenado electoralismo posponiendo para un lejanísimo e improbable 2027 la salida, incierta y precaria.

 

No escuchan, no atienden a las crecientes movilizaciones, huelgas, manifestaciones de toda índole prefiriendo oír a los medios de comunicación masivos, a las empresas encuestadoras y a las redes virtuales.

 

El Pueblo clama por su emancipación y por su realización lo cual implica hacer de la Argentina una potencia plenamente soberana, justa y desarrollada pero tales actores de la politiquería se quedan con una agenda mediocre, de corto alcance y ciertamente influida o condicionada por los poderosos de acá y de afuera.

 

Que el Indio Solari parta de este mundo con tamaña y merecida adhesión colectiva, revela el amor que se le profesa y, simultáneamente, que las dirigencias no escuchan; él oía lo que estas últimas desoyen.

 

Tanto desoyen que, con la pérdida, se ponen en la fila de los dolientes en lugar de ubicarse a la cabeza del Pueblo, con un Proyecto, convocando y organizando  para acabar de cuajo con este estado de cosas.

 

No estoy negando su derecho a la pena y al duelo, lo cual pueden vivir enteramente, sino llamándolos a cumplir con su obligación de conducir.

 

Véase hasta qué punto no escuchan que ni esas dirigencias, ni esos intelectuales y referentes, ni los medios ni las empresas encuestadoras registraron jamás la dimensión de la penetración de Solari en la población.

 

Por lo tanto, resumiendo:

 

El gobierno despótico libertario, lacayo de los grandes poderes, así como toda la derecha hacen de la no escucha una fe, un patrón de conducta.

 

La oposición se engaña y engaña, simula escuchar, cuando, en rigor, ignora al Pueblo, lo ningunea y hasta termina operando en su contra y facilitando al gobierno declaradamente antipopular y antinacional su accionar nefasto.  

 

De tal manera, el Pueblo tiene que construir su propia escucha, requisito para llenar cuanto antes un vacío crucial: el de la Conducción.

 

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, junio 7 de 2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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