Rubén Rojas Breu
¿ALGUIEN ESCUCHA AL PUEBLO ARGENTINO?
Respuesta: sí y no.
Veamos el porqué de esta respuesta dual.
Sí
porque hay, ninguneadas y ninguneados, que sí escuchan al Pueblo
argentino.
Por
supuesto la Historia registra destacadísimas figuras públicas que han escuchado
a nuestro Pueblo: Belgrano, San Martín, Perón, Azurduy, Evita sobresalen entre
los nombres más resonantes y, junto con ellas y ellos cientos de nombres y de
organizaciones como las que representaron nuestros próceres de la Independencia
y, ya en el siglo pasado, el peronismo fundacional.
En
el presente, reitero, hay quienes escuchan y entre estos “quiénes” me ubico sin
la menor intención de alarde.
Nací
y me crie de niño y adolescente en un hogar muy humilde de toda humildad y
politizado, mi infancia transcurrió durante los dos primeros gobiernos
presididos por Perón, comencé a laburar al mismo tiempo que inicié mi
militancia política, cuando aún cursaba a escuela primaria.
Jamás
abandoné la actividad política, la militancia, también ocupando posiciones
dirigenciales en el más alto nivel; claro que, siempre cultivando el perfil
bajo y la discreción, por propia decisión o por determinación de otros.
Además,
desde mi egreso de la UBA me desempeñé como investigador social y, gracias a
tal ejercicio, creé el Método Vincular cuyo objeto es la interacción en todas
las áreas de la vida, particularmente la Política.
Téngase
en cuenta, además, que pasé décadas en la clandestinidad lo cual lleva a hacer
de la vida de uno una existencia “en las sombras”.
Esta
somera descripción autorreferencial es a los efectos de certificar que para
escuchar e interpretar al Pueblo se requiere de formación, trayectoria, conocimientos,
producción y compromiso.
Todo
eso hizo que pueda escuchar e interpretar a mi Pueblo hasta en sus más íntimas
fibras, en sus más sordos latidos, en sus más escondidos anhelos.
Aprendí,
de tal manera, a “escuchar crecer la hierba”, habilidad que la mitología
nórdica atribuía al dios Heimdall y que interpreto como la capacidad para
registrar los sufrimientos y las expectativas silenciosas del Pueblo,
detectando los movimientos y anhelos subterráneos, inconscientes, que procuran
ser canalizados y conducidos hacia la emancipación y realización.
En
los tiempos que corren es difícil encontrar a quienes escuchen al Pueblo
argentino, salvo, como anticipé, ninguneadas y ninguneados que suelen
movilizarse y lo que señalé en el comentario autorreferencial que espero sea
tolerado y, ojalá, entendido.
Indudablemente
hay científicos y artistas que escuchan al Pueblo.
Justamente
en este momento, entre triste y celebratorio para gran parte de la población, acontece
el fallecimiento del Indio Solari.
Más
allá de las virtudes que se le reconocen como compositor, músico y poeta es de
interés en el marco de esta publicación su significado como suceso de masas.
Según
Freud en su texto “Psicología de las masas y análisis del Yo”, reinterpretado
según mis propias investigaciones y producciones, el miembro de la masa
renuncia a su Ideal de sí para sustituirlo por una figura con la cual se
identifica según determinado rasgo o determinados rasgos.
La
consecuencia es que tal identificación fundante lleva a la fraternidad entre
los identificados generando la masa: o sea, ésta se constituye sobre la base de
una identificación en común con alguien que es erigido como líder o como ídolo.
Esa
depositación en el ídolo libera a cada miembro de la masa de la angustia
causada por la distancia entre sus posibilidades, su Yo y las exigencias que el
Ideal le impone.
En
el caso del Indio Solari esa identificación procede gracias, precisamente, a
que éste escuchaba y procesaba tal escucha en mensajes contenedores y
esperanzadores generando fuerte sentimiento de fraternidad y propiciando la
catarsis colectiva.
El
Indio Solari evitó incursionar en los medios y la fama que se obtiene a través
de éstos, impulsando una suerte de oposición entre lo mediático y el anonimato.
El
rasgo que une íntimamente y da lugar a la identificación entre Solari y los
seguidores es algo que está en los genes de las mayorías de nuestro país: fraternidad
entre los anónimos o, lo que es lo mismo, la solidaridad entre quienes
carecen del reconocimiento que da la celebridad y que, por lo contrario, son
ignorados por las castas, por las élites, por los intelectuales, por los
medios, por las farándulas y, también, por dirigencias y gobernantes desde el
inicio de la dictadura terrorista de estado y los gobiernos civiles que la
sucedieron.
Lo
interesante de lo descrito no es la presencia indiscutible de esa escucha de la
que se hacía cargo el artista, sino la ausencia de la escucha por
parte de quienes ocupan las posiciones dirigenciales de una Argentina agobiada,
una Argentina en decadencia que amenaza ser irreversible.
De
esa ausencia de escucha se trata acá.
La
derecha, la ultraderecha y, particularmente, el actual gobierno libertario, no
escuchan.
Ahora
bien, no escuchar es propio de tal derecha, ultraderecha y el
gobierno antipopular y antinacional.
No
escuchar hace a su identidad.
La
fratria Milei y la horda que los sostiene asumen activamente la no escucha.
Más
aún, hacer oídos sordos es tomado por tales como un mérito y les vale para
contar con el aval de los concentradores de poder y de riqueza locales y
globales.
No
escuchar al Pueblo es condición de su existencia.
De
tal manera y acorde con lo que sucede día tras día, no atienden reclamos de
ninguna índole y seguirán haciéndolo de modo que las movidas crecientes en
busca de reivindicaciones que hacen inclusive a la subsistencia, no serán
atendidas.
Por
lo tanto, el Pueblo tiene que buscar por otro lado, tiene que construir el
camino que lleve a satisfacer sus justísimas demandas por otros medios.
El
Indio Solari cumplió con su rol y sus convicciones con los alcances de un
artista que, por definición, no son los que le corresponden a él ya que es
tarea de la Política.
Un
artista puede revelar lo socialmente subyacente, “oír crecer la hierba”,
propiciar la catarsis, canalizar inquietudes, compartir padecimientos,
solidarizarse, pero no está dentro de sus funciones o de su misión, conducir.
Conducir
es una función de la Política.
Esto
nos lleva a lo que sucede con las dirigencias políticas y sectoriales que se
autodefinen como nacionales y populares o representativas de la clase obrera,
como, por ejemplo, el kirchnerismo y otras variantes del seudo peronismo, el
progresismo, la izquierda genérica y la izquierda clasista.
La
respuesta, frustrante, por cierto, es que tampoco escuchan.
No
escuchan.
No
escuchan esas facciones finalmente politiqueras ni, obviamente, tampoco lo
hacen sus más notorias o notorios referentes como Cristina Fernández de
Kirchner, Axel Kicillof o Myriam Bregman.
Tampoco
sus más renombrados intelectuales escuchan.
En
definitiva, nadie de ellas ni de ellos ni sus organizaciones “escuchan crecer
la hierba”.
Esas
agrupaciones y tales referentes se agarran ahora de la repercusión generada por
el fallecimiento del admirado artista con lo cual ponen en evidencia que
no conducen, ni siquiera lideran.
El
Pueblo clama por poner término al gobierno libertario pero tales facciones
optan por el ficticio institucionalismo y por un desenfrenado electoralismo
posponiendo para un lejanísimo e improbable 2027 la salida, incierta y
precaria.
No
escuchan, no atienden a las crecientes movilizaciones, huelgas, manifestaciones
de toda índole prefiriendo oír a los medios de comunicación masivos, a las
empresas encuestadoras y a las redes virtuales.
El
Pueblo clama por su emancipación y por su realización lo
cual implica hacer de la Argentina una potencia plenamente soberana, justa y
desarrollada pero tales actores de la politiquería se quedan con una agenda
mediocre, de corto alcance y ciertamente influida o condicionada por los
poderosos de acá y de afuera.
Que
el Indio Solari parta de este mundo con tamaña y merecida adhesión colectiva,
revela el amor que se le profesa y, simultáneamente, que las dirigencias no
escuchan; él oía lo que estas últimas desoyen.
Tanto
desoyen que, con la pérdida, se ponen en la fila de los dolientes en lugar de
ubicarse a la cabeza del Pueblo, con un Proyecto, convocando y organizando para acabar de cuajo con este estado de cosas.
No estoy
negando su derecho a la pena y al duelo, lo cual pueden vivir enteramente, sino
llamándolos a cumplir con su obligación de conducir.
Véase
hasta qué punto no escuchan que ni esas dirigencias, ni esos intelectuales y
referentes, ni los medios ni las empresas encuestadoras registraron jamás
la dimensión de la penetración de Solari en la población.
Por
lo tanto, resumiendo:
El
gobierno despótico libertario, lacayo de los grandes
poderes, así como toda la derecha hacen de la no escucha una fe, un patrón de
conducta.
La
oposición se engaña y engaña, simula escuchar, cuando,
en rigor, ignora al Pueblo, lo ningunea y hasta termina operando en su contra y
facilitando al gobierno declaradamente antipopular y antinacional su accionar
nefasto.
De
tal manera, el Pueblo tiene que construir su propia escucha, requisito para llenar
cuanto antes un vacío crucial: el de la Conducción.
Rubén
Rojas Breu
Trabajador,
activista y dirigente político desde 1958
Docente
universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades
públicas y privadas de la Argentina
Lic.
en Psicología UBA, 1973
Científico
e investigador social desde 1974
Autor
del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado,
desde 1980 con libros y artículos publicados
Autor
de teorías sobre Política
Buenos
Aires, junio 7 de 2026
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