miércoles, 8 de julio de 2026

La Selección Argentina de fútbol versus los yanquis

 



Rubén Rojas Breu

 

La Selección Argentina versus los yanquis

 

Aclarando: el título no hace referencia, estrictamente hablando, ni a la competencia futbolística ni a la política.

 

No refiere a la competencia futbolística porque afortunadamente la Argentina en este mundial 2026 enfrentó y enfrentará selecciones dignas, las cuales son todas excepto una, la yanqui.

 

No refiere a la política porque los integrantes de la selección argentina se muestran injustificadamente prescindentes o de derecha y no demuestran en absoluto una posición antiyanqui, todo lo contrario. Si hay alguna excepción sería interesante y reconfortante que se sepa, pero no parece encontrarse en esta selección ningún émulo de Alfredo Di Stéfano, Adolfo Pedernera, Alejandro Presa, César Luis Menotti, Jorge Valdano o René Houseman.

 

Para más, en comportamiento ignominioso, Messi, De Paul y Mascherano se reunieron con el presidente Trump.

 

Acá se trata de establecer un contraste, un fuerte contraste, en lo cultural y/o en lo social en general.

 

La selección argentina y todas las argentinas y argentinos, así como todas las selecciones y países participantes del Mundial, con excepción de los yanquis, han demostrado y demuestran un comportamiento respetuoso hacia los públicos, hacia los países organizadores, hacia la FIFA, hacia los rivales, hacia la prensa y, categóricamente, hacia las leyes y reglamentos.

 

Todo lo contrario, cabe decir del comportamiento de los yanquis.

 

Siendo el principal país organizador, desde el comienzo del torneo deportivo más importante del planeta, el país yanqui tuvo conductas poco hospitalarias cuando no abiertamente hostiles hacia los invitados, mostrando especial ensañamiento con la representación de Irán.

 

Ya se había opuesto a la participación de Rusia con motivo de la invasión de Ucrania, lo cual fue aprobado por los demás países centrales y por la FIFA, en clara desigualdad si se considera que los EEUU de Washington inician guerras de conquista a diario; justamente la última fue contra Irán, guerra en la cual esta última nación resultó victoriosa para humillación de la incalificable superpotencia del Norte.

 

 

 

El máximum de la prepotencia lo constituyó la intromisión del presidente Trump ordenando a la FIFA el levantamiento de la sanción, tarjeta roja, aplicada a su goleador.

 

Un farabute el mencionado que, suelto de cuerpo, dice no saber ni jota sobre fútbol, algo típicamente propio de su país en el cual cualquiera se pronuncia sobre cualquier tema con la arrogancia de quienes se sienten superiores a los humanos.

 

Quienes creen que al país yanqui se le puede aplicar una visión generosa según la cual hay allí buenos y malos, concluyen en que fue una decisión del repudiado Trump.

 

Esa benévola lectura de un episodio tan irracional, ilegal y prepotente es, cuando menos, ingenua.

 

Trump, con su modo brutal de conducirse, representa a todas las yanquis y a todos los yanquis, quienes, desde hace 250 años, cuando se concretó su ficticia “revolución independentista” se han guiado por su doctrina del “destino manifiesto” según la cual son la nueva Israel, el nuevo pueblo elegido según el supremacista blanco fundador de tal país Benjamín Franklin.

 

Aquellos colonos blancos supremacistas y esclavistas, que se liberaron del pago de impuestos, tuvieron en sus descendientes a anexionistas, belicistas y conquistadores que tienen como práctica habitual tanto el uso desmedido de la violencia como el desconocimiento de las leyes internacionales.

 

Trump simplemente respondió a esa execrable tradición yanqui, la cual es cultivada por republicanos, demócratas, progresistas, ultraderechistas e izquierdistas de ese país.

 

En todas las latitudes son mayorías quienes creen que hay yanquis humana, cultural y políticamente valorables.

 

Creen verlos en sus intelectuales, en sus literatas y literatos, en sus artistas en general, en sus cineastas, actrices y actores, en sus dirigentes gremiales y sociales, en sus referentes de distintos ámbitos.

 

Sin embargo, la realidad contradice esa cándida o interesada creencia: obsérvese lo sucedido con el “progresista” Chomsky quien queda claro que,  buscándose posicionar como lingüista, no es más que un practicante de la charlatanería; sus “estructuras sintácticas” de poco sirven para legitimarlo.

 

En el particular y aborrecible caso del levantamiento de la tarjeta roja para el goleador yanqui, Trump fue apoyado por toda la plana mayor y toda la población de su país.

 

Ergo, también, por los integrantes de la selección: su goleador, desvergonzadamente, se vistió la camiseta para enfrentar a la encomiable selección belga y ni el director técnico y sus asistentes, ni su hinchada, ni el resto de la población siquiera se ruborizaron.

Tomaron como natural una decisión adoptada de prepo ya que se consideran superiores al resto de la humanidad y elegidos para ejercer la hegemonía a gusto y piacere.

 

Todos los yanquis coinciden en esa tenebrosa convicción, cualquiera sea su género, cualquiera sea su etnia, cualquiera sea su pertenencia cultural y social, cualquiera sea su posición política, si la tienen.

 

Es el único país del mundo que carece de pueblo, el único que jamás sufrió una invasión o ataque extranjero de veras, el único que desconoce sistemáticamente tratados y leyes internacionales, el único que arrojó bombas atómicas arrasando con ciudades enteras, en Japón.

 

Blancos o caucásicos, afroamericanos o negros, hispanos, morenos o mestizos, indígenas, mujeres y varones, jóvenes y mayores, pobres y magnates, obreros, empleados y empresarios apoyaron la intromisión injuriosa de Trump y celebraron entusiastas que su jugador “estrella” estuviera, ilegalmente, en la cancha.

Si alguna o algún yanqui protestó, créase, fue de boca para afuera.

 

Contrariamente, la selección argentina en todo el desarrollo del Mundial demostró no solamente una calidad en fútbol de la cual los yanquis carecen, sino también educación, respeto y juego virtuoso, al igual que los representativos de los demás países participantes.

Además, digo de paso aunque merece profundización: la remontada épica frente a la elogiable selección egipcia tiene más valor y más proyección que el sufrimiento previo.

Algo que las dirigencias de la oposición en la Argentina deberían imitar, cuanto más si quien gobierna es un seudópodo de los yanquis.

 

Todo lo antedicho nos pone en el umbral de un tema mucho más relevante que debería ser objeto de preocupación de todos los estados y gobiernos, de todas las dirigencias, de todos los intelectuales e, inclusive, de todos los poderosos del mundo, tema que lleva por título:

 

El país yanqui versus la Humanidad.

 

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, julio 08 de 2026

 

 

 

 


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

La Selección Argentina de fútbol versus los yanquis

  Rubén Rojas Breu   La Selección Argentina versus los yanquis   Aclarando: el título no hace referencia, estrictamente hablando, ni...