lunes, 1 de junio de 2026

SÍ A MORIN, NO A LACAN

 


 

Rubén Rojas Breu

 

Sí A MORIN, NO A LACAN

 

A edad provecta, 104 años, en su ciudad, París, falleció el último 29 de mayo Edgar Morin, un destacadísimo, fecundo y meritorio sociólogo y político del período que va desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta el presente.

 

Comencé a conocer su obra, cuando ya había creado y desarrollado yo mi creación, el Método Vincular.

 

Me sorprendió, por un lado, su enorme contribución, su elaboración original de colosal magnitud.

 

Por otro lado, me impactó la similitud del enfoque justamente con mi concepción plasmada en el Método Vincular y en toda mi producción sobre las interacciones humanas en los diversos campos, particularmente el cultural, el social propiamente dicho, el político y el mercado.

 

Él llamó a su enfoque “Método de la Complejidad” y puede verse que la semejanza nos alcanza inclusive en la denominación de las respectivas creaciones.

 

Los porqués de la denominación de Método son expuestos, por mi parte, en mis libros y diversas publicaciones, lo cual no viene acá al caso.

 

Baste decir que también mi enfoque, al que llamo “sistémico relacional” guarda enorme parecido con su “método de la complejidad”.

Y como ya señalé, es curioso que ambos hayamos llegado a similares cuerpos conceptuales.

 

Sin ninguna duda esa semejanza se debe a que ambos fuimos (en mi caso, soy aún) investigadores científicos de lo humano, genuinos investigadores.

 

Otra semejanza me conmueve particularmente al mismo tiempo que define toda una postura de lado de lo Humano: el compromiso inclaudicable, sostenido, firme, con la Ciencia y la Política.

 

Edgar Morin fue luchador político a lo largo de toda su vida ya que muy joven colaboró activamente con los republicanos en la guerra civil española, dando batalla contra el fascismo.

 

Cuando los nazis ocuparon su patria, se enroló en la heroica Resistencia Francesa como combatiente llegando a alcanzar el grado de comandante.

 

Concluida la guerra fue cofundador del Comité contra la Guerra de Argelia adoptando taxativamente una posición anticolonialista y en favor de la liberación de esa nación y de su pueblo.

 

Vivió durante un tiempo en nuestro continente, América Latina, en donde valoró entusiastamente nuestra cultura.

 

Ante su muerte, me acometió el anhelo de contrastar a tan encomiable y ejemplar persona con el psiquiatra, también francés, Jacques Lacan.

 

Es tan colosal el contraste que no puedo evitar  la comparación aun corriendo el riesgo de desconcertar a lectoras y lectores, si los habrá, o de malquistar.

 

Ambos fueron contemporáneos, Lacan diez años mayor y, por lo tanto, ambos vivieron las mismas circunstancias históricas y en el mismo país.

 

Mientras Morin y, como ya señalé yo mismo, tomamos partido del lado de la Política y la Ciencia, Lacan se mostró siempre apolítico, pese a sus comentarios superficiales sobre determinados acontecimientos o sus reflexiones francamente elementales, propias de manuales de autoayuda, sobre el capitalismo.

 

Lacan fue acérrimo opositor de la Ciencia, rebajando al Psicoanálisis, la gran creación de Freud que hace de la Psicología una ciencia arrancándola del oscurantismo filosófico, a la condición de una mera hermenéutica de lo que él llama “sujeto”, categoría que por cierto enuncia y aplica indebidamente.

 

Redujo el Psicoanálisis a la lengua, incurriendo en no sólo en un desacierto desde el punto de vista epistemológico sino en un atropello a la comprensión de lo Humano con toda la complejidad, Morin dixit, que tal materia requiere.

 

Se opone al pensamiento simplificador y deshumanizante yanqui desde el anacronismo de la filosofía del ser.

 

No hay mayores opciones cuando se trata de abordar la complejidad de lo Humano, sus interacciones y los sistemas en las que las mismas se dan:

o se está del lado de la Ciencia y de la Política, siempre entrelazadas, o del lado de la filosofía y la religión.

 

Lacan, siguiendo al académico nazi Heidegger repone al Ser, buscando socavar el concepto de relación que la Ciencia había definitivamente instaurado, particularmente con la Teoría General de la Relatividad de Einstein.

 

De tal manera, Lacan toma partido por la religión y la filosofía, enmascarando a través de una verba seductora para sus seguidores, pero francamente retrógrada, su postura mística, su adhesión a los valores más tradicionales inclusive contrarios a la Revolución Francesa, su misoginia y sus ocultas creencias propias de un teólogo o un prelado de la era feudal.

 

Lacan despreció a América Latina, amonestó, al menos a través de su heredero y yerno Jacques Alan Miller, a los movimientos populares de estas latitudes, ignoró al pueblo español en su lucha antifascista y se mantuvo indignamente al margen en la guerra colonialista contra Argelia; por ejemplo, no firmó el Manifiesto de los 121 (1960), la célebre declaración que apoyaba la insumisión y el derecho a la independencia argelina.

 

 

Más grave aún, Lacan se abstuvo en la ocupación nazi de su país, postura sumamente reprobable que sus biógrafos obsecuentes pretenden justificar alegando “problemas familiares”.

 

Mientras numerosos compatriotas, incluyendo sus colegas, entregaban su libertad o su vida, morían en las mesas de tortura o en los campos de concentración, Lacan se dedicaba a su “vida familiar” y a tertulias aristocráticas a la manera de un noble de la corte de Luis XV.

 

Más todavía, sirvió en el Hospital Militar Val-de-Grâce bajo el mando alemán.

 

 

Debe llamar imperiosamente la atención que Morin tenga escasa repercusión en nuestro país, pese a su notable producción, mientras Lacan haya alcanzado una penetración que sirvió a la devaluación de la ciencia, de la Psicología y del Psicoanálisis y a la configuración de un culto tan lesivo para la producción de conocimiento y para las prácticas profesionales toda vez que se pone más el acento en descifrar “sagradas escrituras” que en la atención de las personas, de los grupos, de las familias, de las organizaciones en general.

 

NO A LACAN es el título de un extenso texto que estoy puliendo con el fin de publicar, en el cual demuestro que el psiquiatra francés solamente se dedicó a cultivar su voraz narcisismo y a un evangelio a contramano de lo que la humanidad requiere.

Tengo muy en cuenta que su prédica y su influencia, que no sólo se da entre psicólogos, psicoanalistas y psiquiatras, sino también en otros ámbitos académicos y profesionales, llegando de alguna manera retorcida a los medios y a los  públicos en general, ha contribuido a la derechización y, por lo tanto, a que tengamos que soportar a los Milei, a los Macri y, también, a la politiquería en general, desde la ultraderecha a un progresismo y una izquierda impotentes.

 

Su evangelio es el del conformismo y de la resignación.

 

SÍ A MORIN significa, entonces, celebrar, encomiar la Política y la Ciencia, el compromiso militante con las causas justas y la vocación irrenunciable por el conocimiento y la creación.

Espero que al comparar haya servido al loable propósito de enaltecer la significación de Edgar Morin, toda vez que los cotejos contribuyen para elevar al sitial de la trascendencia lo que ya, per se, es sobresaliente.

 

De eso se trata.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, junio 1° de 2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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