Rubén
Rojas Breu
¿QUÉ SOSTIENE AL GOBIERNO DE
LA FRATRIA MILEI YA AGÓNICO?
Primera
parte
Cuando
me refiero al gobierno de la fratria Milei doy por sentado que incluyo a la
horda que lo encaramó y a la oligarquía criolla y los grandes capitalistas
locales y globales que lo avalan.
Enfatizo:
el gobierno libertario está políticamente acabado.
Por
cierto, que estas afirmaciones provocan inexorablemente escepticismo o escozor,
pero eso se debe a las mismas razones por las cuales el gobierno subsiste o perdura.
Soy
consciente de que seducen mucho más a un vasto número de lectoras y de lectores
las publicaciones que se regodean con análisis pesimistas, que abrevan en el
fatalismo o en el nihilismo y que pregonan, injustificadamente, la impotencia
de los pueblos.
Allí
abundan los nombres más mediáticos, de más fama, de mayor influencia y más
mimados por las editoriales, las academias, los gobiernos, las dirigencias y
los medios de comunicación masiva, de nuestro país y del planeta.
Allí,
como en una suerte de Parnaso gerenciado por Apolos y musas frívolos que se
deslumbran por oropeles reveladores del patrocinio de poderosos y cortesanos,
se pueden encontrar figuras como el surcoreano Han, el esloveno Žižek, el
francés Jacques Lacan o el tan decepcionante yanqui Chomsky, decepcionante para
quienes fueron o son sus cándidos admiradores.
También residen en
tan eximia morada intelectuales argentinos como Santiago O´Donnell, Ernesto Laclau,
Jorge Alemán, José Pablo Feinmann y tantos más que distrajeron o distraen con
una retórica al servicio de convalidar lo que hay, aunque, a menudo, se empilchen
de contestatarios.
Debo asumir que ante
tal tropel mi dilatada trayectoria política y científica o mis libros y
publicaciones logran menor resonancia.
No debería
sorprender mi aseveración de que el gobierno cavernario de la fratria Milei fracasó
y está acabado; lo que debería generar asombro es que aún esté ahí.
Algunos argumentos e
ilustraciones que pueden ayudar a entender el porqué de mi diagnóstico tan
taxativo:
1. El gobierno fracasó y, por lo tanto, caducó, considerando que no cumplió ni pudo cumplir
con los propósitos, ciertamente inconcebibles, que alzó durante su campaña en
2023: no instauró el dólar como moneda oficial ni clausuró el Banco Central ni
puso fin a la inflación ni logró inversiones ni congeló las tarifas ni eliminó
impuestos para la población en general ni, muchísimo menos, mejoró ingresos y
capacidad adquisitiva de las mayorías.
Todo lo contrario.
Tampoco, como es
obvio a esta altura y abusivamente repetido, puso fin a la casta a la cual, por
el contrario, consagró y fortaleció.
2. Abundan los testimonios
históricos de gobiernos de distinto tenor que subsistieron o persistieron
después de quedar políticamente terminados:
Luis XVI de Francia
y su cónyuge María Antonieta son derrocados tres años después de quedar
políticamente terminados, en 1792, ya que la toma de la Bastilla de París y la
marcha de las mujeres a Versalles, que dan inicio a la Revolución Francesa, acontecieron
en 1789.
En nuestro país, la última
dictadura cívico militar fue categóricamente derrotada en Malvinas el 14 de junio
de 1982; no obstante, sobrevivió dieciséis meses, hasta el 30 de octubre de
1983 en que asume el primer gobierno civil de esta era.
Que esa dictadura,
represora, antipopular y antinacional hasta su último suspiro, haya subsistido
todo ese tiempo es indicador de la incapacidad política ingénita de las coetáneas
organizaciones políticas, gremiales y sociales de la Argentina, incapacidad que
nos atenaza desde ese entonces.
Eso sí, dedican
desde tiempo inmemorial hasta el presente tiempo y energías para criticar,
vituperar o difamar a Perón y el peronismo fundacional.
Vaya.
Son estas dirigencias
contemporáneas más proclives a someterse a los poderosos que a ponerse del lado
del Pueblo, como lo demostró el gobierno encabezado por Alfonsín en la Pascua
de 1983 al capitular ante los militares carapintadas en desmedro precisamente
del Pueblo dispuesto a jugarse por la democracia; en esa deplorable
capitulación el gobierno radical fue acompañado por las fuerzas políticas de
entonces, incluyendo a un peronismo ya tambaleante que en gran medida había abandonado
el legado de Perón y del peronismo fundacional.
Desde entonces, los gobiernos civiles y todas las dirigencias
políticas y sectoriales hicieron una de dos:
o acabaron rindiéndose ante los sectores dominantes, como la
fallida Alianza con la defección de Carlos Chacho Álvarez y como lo hizo durante
casi dos décadas el kirchnerismo,
o asumieron abiertamente los intereses antinacionales,
antipopulares y antagónicos de los trabajadores como ocurrió y ocurre con el
menemismo, el Pro y estos truhanes libertarios.
Es cierto que el gobierno libertario sigue su marcha, a los
tropezones, por el apoyo descarado de los concentradores de poder vernáculos y
extranjeros, particularmente yanquis.
Pero quedarnos con esa causal es alimentar el conformismo, el
pesimismo, la desesperanza y la desesperación.
Es aliarse con los discursos de la impotencia.
Es renunciar a la Política, por lo cual, en aras de recuperar a
ésta como actividad sublime y transformadora al servicio de los Pueblos y
proveer a nuestro Pueblo de una herramienta eficaz, voy a encarar seguidamente
el análisis auténticamente político, un tipo de análisis ausente en el
Congreso, en los medios, en los ámbitos académicos y, desde luego, en los
despachos y mesas de las dirigencias.
Sucede que, en nuestro país, el lugar que debería ocupar la
Política está usurpado por la politiquería.
Según el diccionario de la _RAE “politiquería es acción y
efecto de politiquear”.
Politiquear tiene tres acepciones, todas las cuales se dan en
nuestro país: “intervenir o brujulear en política, tratar de política con
superficialidad o ligereza o hacer política de intrigas y bajezas”.
Más claro, agua.
En la politiquería confluyen simultánea y sinérgicamente:
Las dirigencias políticas y sectoriales
Los medios de comunicación masiva
Las redes virtuales
Las encuestas y “focus groups” comercializadas por sus
empresas fabricantes.
La masa, que se desdobla en su brazo violento, la horda, y su
sector sometido, ingenuo y seguidista, la gilada.
Veremos por medio de mi análisis cómo la
resignación, el conformismo, el desaliento o, lo que es más grave, la
atribución de omnipotencia al gobierno de la fratria Milei y su horda, es
efecto de la politiquería a la cual, a su vez, retroalimentación mediante, impulsa
y un justificativo consciente e inconsciente de la inacción, la ineficacia o la
complicidad de toda la oposición, particularmente del kirchnerismo, otros seudo
peronismos, del progresismo y de la izquierda, incluyendo a la dizque clasista.
Continuará
Rubén
Rojas Breu
Trabajador,
activista y dirigente político desde 1958
Docente
universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades
públicas y privadas de la Argentina
Lic.
en Psicología UBA, 1973
Científico
e investigador social desde 1974
Autor
del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado,
desde 1980 con libros y artículos publicados
Autor
de teorías sobre Política
Buenos
Aires, mayo 18 de 2026
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