domingo, 15 de marzo de 2026

UNA GUERRA DEVASTADORA PARA LA HUMANIDAD Y DE PRONÓSTICO INCIERTO

 


 

 

Rubén Rojas Breu

 

UNA GUERRA DEVASTADORA PARA LA HUMANIDAD Y DE PRONÓSTICO INCIERTO

 

A 50 años del inicio del Terror en la Argentina con la instauración de la dictadura cívico militar exterminadora de todo, el país que la patrocinó, el país yanqui, sumerge a la Humanidad en un presente sombrío poniéndonos en el umbral de una guerra global devastadora y de pronóstico incierto.

 

Incierto, sí. Los yanquis, alardeando, acorde con su estilo, habían anticipado que su incursión bélica en Irán sería un paseo y que el régimen autocrático habría de sucumbir.

Pues, no.

Irán respondió con una capacidad política, firmeza a toda prueba y solvencia militar que hizo que tal alarde de la gran potencia del Norte deviniera ridículo.

 

Hace unos días publiqué en FB un posteo con la siguiente pregunta: “¿Qué pasa con Milei si los yanquis y el gobierno de Israel pierden la guerra con Irán?”

 

Tuve tres respuestas o sea muy poca repercusión, pese a que la pregunta debería dar lugar a debate, a despertar inquietudes, a abrir más interrogantes, a generar desconcierto o esperanza, según se ubique ideológica y políticamente la lectora o el lector.

 

Debo decir que las tres respuestas fueron de nivel muy pobre, muy por debajo de los alcances de una pregunta atrevida y cuestionadora.

 

Queda claro que gran parte de las dirigencias y de la población argentina, también las de otras latitudes, se basa en la premisa ingenua de que lo que decide el resultado de una guerra es la fuerza de los contendientes entendida ésta como la suma de todos los recursos para el combate incluyendo: militares, armamento, tecnología, logística, capacidad económica, destacándose hoy en día la inteligencia artificial, los misiles, los drones y el arsenal nuclear.

 

En suma, en lo que se basan gran número de gobernantes, de dirigentes, de periodistas y, por supuesto, la masa, tan amorfa, tan ingenua y tan obtusa ella, es en lo que antaño se llamaba “poder de fuego” entendido como la magnitud de fuerza destructiva que se puede proyectar contra un enemigo por tierra, mar y aire.

 

Es la creencia del rioba, según la cual el más grandote le da la biaba al más chico, creencia que viví en carne propia ya que del barro provengo y, créaseme, que aprendí a arreglarme con los patoteros hercúleos pese a mi menor poder de fuego, figuradamente dicho.

 

En la dupla Israel – yanquis, la primera es el actor inteligente, sobradamente dotado, con experiencia de milenios en batallas enfrentando a enemigos más potentes: vale recordar la anécdota de David frente a Goliat o la derrota del ejército asirio de Holofernes, enviado por Nabucodonosor siglo VI A.C., gracias al enorme ingenio de la legendaria heroína hebrea Judith.

 

Hay expertos que señalan que el gobierno de Israel era reticente, pero ante el impulso y la prepotencia yanqui, típicamente yanqui, cedió embarcándose en algo que puede ser una aventura trágica, que ya es una aventura descomunalmente trágica y, repito, de final impredecible.

 

Lo que ya podría pronosticarse es que el resultado más probable sería el de una derrota de todos y, consiguientemente, una derrota de la Humanidad.

 

Los yanquis demuestran una vez más su necedad, cualidad imprescindible para manejarse con su complejo de superioridad, su creencia de país ungido por la divinidad, creencia que lo marca desde su largada en 1776 por aquello de la “doctrina del destino manifiesto” a la que adherían esos supremacistas blancos esclavistas liderados por Washington, Jefferson y Franklin, continuadores de la “secta de la purificación” anglicana, secta expulsada hacia el este de América del Norte por la monarquía inglesa.

 

 

Los yanquis de hoy, todos los yanquis y no solamente Trump y sus esbirros, sangran por la herida como consecuencia de que están quedándose sin su hegemonía de tiempo atrás, que el mundo avanza hacia la multipolaridad, que China va en camino de ser primera potencia a la que se suman India, Japón. Rusia, Brasil y quizá Europa occidental, esa Europa que es como el ave Fénix.

La Argentina, ausente: ni siquiera convidado de piedra.

 

Ciertamente, viene fracasando o es insuficiente el “poder de fuego” de los yanquis al mismo tiempo que hicieron agua sus servicios de inteligencia históricamente ineficaces, tan por debajo de la eficiencia del Mossad, el cual generalmente suma aciertos, y de la capacidad de espionaje de las grandes potencias europeas, incluyendo Rusia, y de las grandes asiáticas.

Pero, sobre todo, lo que se revela definitivamente como a todas luces desacertada, por no decir inservible, es la concepción de la geopolítica, de la política y de la guerra que tienen los yanquis.

 

Contrariando a Clausewitz, para los yanquis la política es la continuación de la guerra: llegan a la política cuando no pudieron conseguir el éxito a través de la acción bélica. Tal concepción es la que explica que vivan en guerra desde el momento en que alumbraron hace 250 años.

 

Contrariando a Sun Tzu, ignoran premisas tales como que la guerra supone la puesta en juego de todos los recursos y capacidades, no solamente militares, sino también sociales, económicos y hasta mentales, empezando por conocer a fondo el terreno.

 

Podría citar más teóricos de la guerra, pero ya es suficiente.

 

Ciertamente lo yanquis no tienen ni tuvieron jamás un Temístocles, un Alejandro Magno, un Carlomagno, una Juana de Arco, un Napoleón, un San Martín, un Bolívar, un Zukhov y seguiría la lista si no fuera porque no quiero abrumar a la lectora y al lector. Tampoco tuvieron nada equivalente a quienes ya hace milenios inauguraron la tradición combativa y el conocimiento experto de Persia o Irán: Jerjes, Darío y unos cuantos más.

Lo comprobable es que para los yanquis la guerra es el comienzo y el fin de todo, que reducen la guerra al poder de fuego y que ignoran todo lo que se pone en juego cada vez que se actúa bélicamente.

 

Por ejemplo, no previeron la reacción contundente de Irán, ni todo lo que entra en el proceso, ignorando qué pasaría con otros países de la región y del mundo, qué pasaría con el petróleo, qué pasaría con sus aliados más incondicionales, qué pasaría con las vías marítimas y tanto más.

 

Como dirían en el barrio, “ellos se mandan y así nos va”.

 

Tampoco previeron qué pasaría con la población y las dirigencias de Irán, dando lugar a que les haya salido el tiro por la culata: el régimen autocrático que ya estaba en jaque por la lucha del digno pueblo iraní y, fundamentalmente, por sus heroicas mujeres, cuenta ahora con el apoyo de la población dado el odio o el temor que despierta la invasión de un enemigo bestial que arrancó masacrando a doscientas niñas escolares.

El régimen autocrático iraní que tenía en contra la presión internacional ahora es mirado, si no con simpatía o comprensión, sí con preocupación por los organismos internacionales y por las grandes potencias que ahora afrontan situaciones dilemáticas y acosadas por pueblos que abogan por la paz.

 

Los yanquis hasta tal punto incurren en perversión que, en simultáneo con su locura belicista, celebran la fiesta obscena de sus ridículos premios Oscar, tienden la alfombra roja mientras que en otras latitudes de ese color se tiñe la tierra por obra de ellos.

 

Sería el colmo que algún premiado o alguna premiada se exhiba haciendo grandilocuencia, declamando, en actitud crítica hacia su gobierno.

Sería muy estúpido creerle a la actriz, actor, cineasta, guionista o quien sea que vocifere su discursito opositor, pura manifestación de hipocresía.

 

 

 

Llegados a este punto, los yanquis recurren a artimañas propias de quienes se ven ante el riesgo de la derrota, como por ejemplo difundir falsedades, subir la apuesta con sus amenazas, poner más fuerzas en el campo de batalla.

 

También, dada el desafío no previamente calculado, están desgañitándose para conseguir la adhesión activa, militar y tecnológica, de otras potencias, sin resultados hasta ahora. Inclusive una aliada ultraderechista como Meloni, la presidente del Consejo de Ministros de Italia, se negó a entrar en guerra.

 

De acuerdo a mi creación, el Método Vincular, el país yanqui ocupa el Posicionamiento Dominancial, lo cual entre muchísimos aspectos y rasgos que hacen a su perfil, se destaca la endogamia llevada a su punto más extremo, el encierro en sí mismos y la creencia de que el resto del mundo es una extensión de la cual tienen el derecho de adueñarse.

Así de primitivos son.

 

Vuelvo ahora a nuestra sufriente Argentina, tan cuesta abajo.

Vuelvo con la pregunta crucial:

“¿Qué pasa con Milei si los yanquis y el gobierno de Israel pierden la guerra con Irán?”

 

Amplío; en caso de derrota miliar y/o política del país yanqui y del gobierno israelí, ¿qué pasaría  con Milei, con la fratria Milei, con los poderosos que lo apoyan, lo horda que lo sostiene y la masa que lo vota?

 

No es una pregunta para responder desde el derrotismo sino para sopesar, evaluar, pensar y comprometerse.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, marzo 14 de 2026

 

 

 


martes, 10 de marzo de 2026

MILEI O LA SUMISIÓN COMO POLÍTICA

 


 

Rubén Rojas Breu

 

MILEI O LA SUMISIÓN COMO POLÍTICA

 

Dirigencias, medios, redes, encuestadores y, por supuesto los concentradores de poder locales y globales ponen el foco en Milei.

 

Ponen el foco todos esos actores y sectores, tanto los que lo apoyan como los que se oponen a su gobierno y a su figura.

 

Ya veremos lo perjudicial que es para el Pueblo ese hacer foco en Milei, sea para aplaudirlo, sea para repudiarlo.

El discurso de Milei en la apertura de las sesiones ordinarias de un Congreso caricaturesco fortaleció ese hacer foco en él.

 

Hay consenso acerca de que fue el discurso de un desequilibrado, de un desquiciado, de un incapaz que busca encerrarse en sus certezas que, contrarias a toda racionalidad, son construcciones delirantes.

 

A diario, por no decir a cada hora, este farolero busca posicionarse como el adalid de la ultraderecha en el mundo acometiendo con desatinos, groserías y disparates.

 

Ahora en una universidad yanqui, una de las tantas incalificables que abundan en ese país, Milei se declaró el “presidente más sionista del mundo” definiendo a Irán como “el enemigo” al que “le vamos a ganar”.

Barbaridades que nos ponen en riesgo.

 

No es pertinente que me valga de mis conocimientos en Psicología y Psicoanálisis para evaluar a Milei ya que ni lo tengo ante mí ni corresponde cuando la cuestión de la que se trata compete a la Política.

 

Basta con que reitere que Milei no es solamente Milei, sino que se trata de una fratria compartida con la hermana la cual hace de sostén psíquico, de muleta, para que el susodicho conserve cierto nivel precario de adaptación beneficiándose ella de ocupar protagonismo y de tornarse objeto de deseo de obsecuentes y bobos.

 

Milei o la fratria Milei es apenas, a duras penas, un síntoma, la señal a la vez trágica y paródica, de una Argentina hundida en la decadencia desde que ésta fuera aterrorizadoramente inaugurada por la última dictadura cívico militar hace cincuenta años.

 

 

 

Los gobiernos civiles y las dirigencias políticas y sectoriales que la sucedieron incentivaron tal decadencia para beneplácito y beneficio de los concentradores de poder y de riqueza de acá y de las grandes potencias, principalmente el país yanqui.

Si no fuera así, los Milei serían patéticos ignotos.

 

La dictadura sembró la triste creencia de que la masa o la “mayoría silenciosa” antipolítica e inorgánica era y es el cimiento de una sociedad normal y deseable.

Esa creencia sirvió enormemente a los poderosos, a la oligarquía, a los grandes capitalistas y, también, a todas las dirigencias, políticas, gremiales, sociales.

 

Dicho lo ya expuesto, la palabra clave es “sumisión”.

Los Milei representan a la sumisión como política.

Y toda su política es la sumisión.

La sumisión, en ellos y los suyos, es punto de partida y horizonte.

 

Según el diccionario de la RAE la sumisión es: “sometimiento de alguien a otra u otras personas”, “sometimiento del juicio de alguien al de otra persona” o “acatamiento o subordinación manifiesta con palabras y acciones”.

 

Traducido en versión Hegel, la sumisión es lo sintetizado en la dialéctica del amo y del esclavo.

 

Sumisión es, a la vez, esclavizar y esclavizarse.

Milei, o los Milei, proponen y ejecutan como política la de la sumisión.

Para ellos, la sumisión conduce al Paraíso terrenal.

Libertad en su particular lenguaje es el derecho de quienes someten, de quienes obligan a acatar.

 

 

Ahora bien, los Milei, y particularmente el locuaz hermano, representan la condición de sumisos. Toda la verborragia desaforada del hermano es la pantalla en modo patotero con la cual disfraza su verdadera condición: la de sumiso, condición que comparte con la hermana, con los secuaces, con la horda que los encaramó e, inclusive, con los poderosos vernáculos cuya vocación es la de la servir a los poderosos globales, particularmente, hoy, los yanquis.

 

En sus medidas de gobierno, así como en sus diatribas, el metamensaje y, a menudo el mensaje mismo, así como el de su cofradía, es: “poderosos de Occidente, poderosos de la gran potencia del Norte y de sus aliados, aquí estoy, aquí estamos para servirles incondicionalmente, aquí estamos para ser sus lacayos, sus lamebotas y los ejecutores todoterreno de sus designios”.

 

Persuadido de su rol sube todo el tiempo la apuesta, para evidenciar su acatamiento.

Se apoya en los factores de poder globales, sus mandamases, y en la horda que lo puso ahí, en los medios de comunicación, en las redes virtuales, en las empresas encuestadoras, en una oposición ineficaz, itinerante o cómplice, y en la masa.

 

Veamos: desde el momento en que nacemos, y aún antes según puede demostrarse, somos interactuantes, nos constituimos inexorablemente como sociales en el seno de la interdependencia con otras y con otros, en el seno de la organización familiar y las colindantes, tales como las de la salud, la educación, etc.

 

La identificación, inconsciente, por cierto, es el dispositivo, el enlace (Freud dixit) por el cual interactuamos, la cual genera entrelazamientos que tienden al infinito, con madre, padre y otros, así como viceversa (no sólo el bebé se identifica con sus progenitores y demás interactuantes, sino que al mismo tiempo éstos se identifican con el bebé, lo cual no profundizo acá).

 

Ya en esos momentos iniciales se da la oposición sometimiento – autonomía, ya en esos momentos iniciales afrontamos la tendencia a acatar versus la tendencia a desarrollarnos, la tendencia al encierro endogámico versus la tendencia a la apertura exogámica.

Los Milei, sus mandamases, los secuaces y la horda optan por los primeros términos de las enunciadas oposiciones:  eligen, más inconsciente que conscientemente, el sometimiento, el acatamiento y el encierro endogámico; es ocioso aclarar que los mandamases globales lo eligen para someter, pero ciertamente avalan, por ese camino, a la sumisión.

Dentro de la sumisión, todo: ésa es la máxima.

 

Aquí viene a colación, con la mayor trascendencia, la diferenciación entre masa y Pueblo.

 

 

La masa es proclive a la sumisión, se somete, acata y se encierra en su minúsculo mundo endogámico. Es la masa a la que manipulan los concentradores de poder y de riqueza y a la que se ciñen gobernantes, dirigentes, medios de comunicación, redes virtuales, intelectuales, consultores y encuestadores.

La sumisión, para quien se somete, tiene un beneficio de alto voltaje.

Le permite evadirse:

·      de la angustiante responsabilidad de decidir,

 

·      de la angustiante distancia entre lo poco posible y los ideales que les resultan siempre exigentes

 

·      de la angustiante apertura a lo exogámico, terreno que les resulta pantanoso, inescrutable, riesgoso.

Los Milei, como prácticamente todos sus cofrades, se formaron en hogares de fuerte impronta endogámica bajo el mandato de que hay que someterse y acatar.

Recordemos el enojo de Milei púber por la toma de Malvinas encabezada por el dictador terrorista Galtieri; el “niño” Javier no podía tolerar que se desafiara a su madre patria.

La formación escolar y colegial, así como la universitaria fortalecieron, incentivaron y brindaron herramientas supuestamente éticas e intelectuales para someterse y acatar.

Por supuesto la precaria, insostenible y paupérrima escuela austríaca viene como anillo al dedo para justificar la sumisión; lejos de poner en cuestión el mundo como es, sobradamente injusto, lo valoriza y lo reconoce como el mejor posible, como el mundo al que hay que optimizar sustentando crecientemente a regímenes económicos basados en la explotación, la acumulación de los pudientes y en la maximización de la plusvalía.

 

Ahora bien, defino al Pueblo como “la población políticamente culturalizada y organizada que tiene por objetivos su emancipación y realización en consonancia con la nación, los trabajadores y la solidaridad con la región y los oprimidos del planeta”.

 

Eso significa que el Pueblo opta, siempre, por los segundos términos de aquellas oposiciones ut supra mencionadas: opta por la autonomía, por el desarrollo y por la apertura exogámica.  

 

Llevado todo este planteo a qué hacer, urge que el Pueblo cambie el foco: en vez de ponerlo en Milei, debe centrarse en su Proyecto.

 

En vez de insistir con reclamos infructuosos ante el despotismo del gobierno totalitario y sus mandos, lo cual lleva al desánimo y el derrotismo, tiene que diseñar y levantar su Proyecto.

 

En lugar de centrarse en un gobierno objetivamente insostenible, debe exigir a la oposición que se dice nacional y popular, progresista o de izquierda que asuma su lugar, que se ponga al frente de una convocatoria y que acabe con poner expectativas en un electoralismo caduco, en prestar atención a consultores y  empresas encuestadoras que sirven a la preservación de este status quo deshumanizante,   en insistir en un institucionalismo agotado y en transas vergonzosas entre supuestos dirigentes ya agotados, ya ingresados en la obsolescencia.

 

El Pueblo tiene que poner el foco, entonces, en su propio Proyecto, en construir su conducción política, en organizarse de un modo crecientemente eficaz y en pasar a la acción según una estrategia innovadora, sacudiendo el polvo de lo ya añejo, convocando y movilizando con los numerosos medios a su alcance.

 

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, marzo 10 de 2026

 

 

 

 

 

 


domingo, 1 de marzo de 2026

NUEVAMENTE LA BARBARIE YANQUI NOS PONE EN EL UMBRAL DE UNA GUERRA GLOBAL.

 


 

Rubén Rojas Breu

 

NUEVAMENTE LA BARBARIE YANQUI NOS PONE EN EL UMBRAL DE UNA GUERRA GLOBAL.

 

Nuevamente la barbarie yanqui con su principal aliado, el gobierno de Israel, nos pone en el umbral de una guerra global.

 

Nuevamente el país yanqui, el más deshumanizante del planeta y de la Historia de la humanidad, impulsado por su voracidad no sólo de petróleo y de recursos energéticos sino también y, sobre todo, por su insaciable afán de hegemonía y absolutismo acomete contra los pueblos.

Acomete contra los pueblos tal como lo hizo a lo largo de toda su historia, desde su ficticia independencia en 1776 en la cual los colonos supremacistas blancos, encabezados por los esclavistas Washington, Jefferson, Franklin y compañía, que se oponían a pagar impuestos, materializan su anhelo gracias a los ejércitos franceses y españoles.

 

Desde sus inicios, contra Haití y México hasta estos días contra Venezuela, Cuba, Groenlandia, Irán y sigue la lista, el país yanqui no ha cejado en sus intentos de apropiarse del planeta.

 

Cada yanqui, quede claro, parafraseando a Napoleón, lleva en su mochila el estandarte del conquistador o el látigo del esclavista como bien lo sabemos argentinas y argentinos, latinoamericanas y latinoamericanos.

Lo de  “cada yanqui” queda verificado por la conducta del tan venerado Chomsky, quien valiéndose de la condición de ser natural de ese país, alcanzó poder y fama pese a que su seudo teoría lingüística es epistémicamente insostenible tal como evidencio ejerciendo mi rol de científico e investigador en las Ciencias de lo Humano.

Ahí lo tienen, puesto al descubierto en su papel de asesor del magnate delincuente Epstein, íntimo amigo de Trump

 

Así que, a no engañarse; esto no es solamente Trump.

Son los yanquis.

 

Trump sigue la tradición inaugurada por sus ancestros y cumplimentada por los Roosevelt, Truman, Eisenhower, Kennedy y sus sucesores, incluyendo a Clinton, los Bush y Obama, una tradición avalada por sus empresarios, congresistas, militares, intelectuales, cineastas y demás, desde el fondo de su historia hasta hoy.  

 

La inaceptable teocracia iraní debía ser derrotada y derrocada por el digno y heroico pueblo de Irán y no por la acción incivilizada, prepotente y despiadada de los yanquis y su aliado.

 

Por otro lado, para poner freno a los despotismos están o deberían estar los organismos internacionales, empezando por Naciones Unidas.

 

Pero los yanquis, quienes jamás suscribieron un tratado internacional, desde la fundación de la ONU se dedicaron a debilitarla hasta dejarla hecha un sello, comportamiento en el que por cierto fueron acompañados por otras potencias.

 

De todos modos, los yanquis estuvieron siempre a la cabeza del debilitamiento de los organismos internacionales.

 

Irán como casi todos los países del mundo, incluyendo a Israel, tiene un Pueblo, algo de lo cual carecen los yanquis.

Que la Guardia Revolucionaria iraní haya atacado al portaaviones Abraham Lincoln simboliza un aserto indiscutible: todo yanqui, incluyendo al tenebroso Lincoln, tiene alma de imperialista, de colonizador, de déspota.

La hora de los pueblos tiene que concretarse.

 

En la Argentina gobierna una facción totalmente alineada con el imperialismo yanqui, una facción que a través del presidente y su horda apoya fervientemente las acciones criminales del país del Norte, lo cual, una vez más, como ya sucedió con el menemismo, nos pone en situación de riesgo alto.

 

Al comportamiento repudiable del gobierno argentino se agrega la ausencia de una oposición, la cual termina cediendo, transando, inmovilizando y desconociendo las luchas que el Pueblo argentino viene dando, en soledad, desde hace años y sobre todo desde el inicio del gobierno despótico libertario.

En la Argentina necesitamos imperiosamente construir una conducción política, hoy inexistente, a la altura de esta gravísima coyuntura.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, marzo 1° de 2026


domingo, 22 de febrero de 2026

UNA RADIO FRANCESA PONDERA A UN ARGENTINO PRECLARO: MANUEL UGARTE

 


Rubén Rojas Breu

 

UNA RADIO FRANCESA PONDERA A UN ARGENTINO PRECLARO: MANUEL UGARTE

¨Los que han viajado por la América del Norte  

saben que en Nueva York se habla abiertamente

 de unificar la América bajo la bandera de Washington

de “El peligro yanqui” (1901) de Manuel Ugarte

 

En estos días, una radio francesa trajo a este presente, ponderando y ensalzando, al argentino Manuel Ugarte.

 

Es una radio francesa la que destaca la inconmensurable significación de Manuel Ugarte, algo a lo cual los argentinos debemos atender ya.

En Francia, así como en otros países europeos, se está incrementando la aversión a los yanquis, a quienes, por otra parte, nunca amaron mucho.  

 

Señalo, para empezar, que es muy importante hoy volver a estas fuentes, ante tanta ignorancia de nuestra historia, ante tanto derrotismo, tanto desconcierto, tanta falta de rumbo, tanta distorsión de lo que fue el peronismo fundacional, todo lo cual favorece los planes siniestros del gobierno totalitario, sus patrocinantes yanquis y sus mandamases locales.

 

Ugarte, muy tempranamente, en 1901 advirtió sobre el expansionismo yanqui, inquieto por las acciones abiertamente imperialistas que los del país del Norte habían llevado a cabo contra México, Nicaragua y Cuba.

 

Lo hace con su prédica, su militancia y sus publicaciones, destacadamente la citada en el epígrafe, “El peligro yanqui”.

Manuel Ugarte, nacido en 1875 fue un político, periodista, escritor y diplomático. Socialista en su juventud, prontamente se comprometió con la unidad e integración latinoamericana, siendo quien con una de sus publicaciones nos bautizó como “Patria Grande”.

 

Fue uno de los primeros latinoamericanos que advirtió sobre la voracidad expansionista de los EEUU del esclavista Washington, quizá el primero de quienes utilizó sistemáticamente el término “yanqui”, originado en el Sur enemigo del Norte de tal país.

 

Diagnosticó el expansionismo de los EEUU con base en Nueva York, la urbe “democrática” que deslumbra a nuestro cipayaje local, que, por ejemplo, se obnubila con las películas de Woody Allen. Penoso, por cierto.

 

Queda claro que las pretensiones expansionistas se iniciaron mucho antes de Trump, ¿no cierto?

Ugarte inspiró a revolucionarios latinoamericanos a lo largo del siglo XX, desde, entre otros y entre otras, al patriota nicaragüense Sandino hasta Perón, con cuyos gobiernos se desempeñó como diplomático en México, Nicaragua y Cuba.

 

Sandino reconoció públicamente la trascendente influencia de Ugarte en su decisión de encarar la gesta liberadora.

 

En 1945 Manuel Ugarte adhiere al peronismo, el peronismo de verdad, el fundacional, y ejerce como embajador sucesivamente, en México, Nicaragua y Cuba.

 

Subrayo que se trataba del peronismo fundacional, el del origen, el fundado y conducido por Perón, en el cual fueron protagónicos Evita, Jauretche, Cooke, Juana Larrauri, Bramuglia y justamente Manuel Ugarte, entre tantas y tantos.

Un peronismo en el que el gran protagonista fue el Pueblo impulsado por trabajadoras y trabajadores.

 

Fue un peronismo revolucionario e inmensamente superior en comparación con la caricatura actual, sean el kirchnerismo, el massismo, el de los gobernadores y cegetistas, el de los de los llamados movimientos sociales, todo lo cual no puedo sino calificar como seudo peronismo o, cuando mucho, como peronismo mínimo o miniperonismo.

 

Aquel peronismo, efectiva e indiscutiblemente nacional, popular y de los trabajadores, fue, por lo mismo, decididamente antiimperialista.

 

Y tanto lo fue, que los yanquis, avalados por Inglaterra y su afamado Churchill, lo declararon enemigo principal, al punto de declarar a Perón objetivo a eliminar, ya con la casi flamante CIA haciendo de las suyas.

 

Al tiempo que me satisface enormemente que franceses revaloricen a Manuel Ugarte me produce escozor no sólo que en la Argentina lo hayamos dejado de tener en cuenta, sino que eso sea simultáneo con la creciente penetración ideológica y hasta cultural yanqui, muy notoria en jóvenes varones, esos que aspiran a convertirnos en una estrella más en la bandera del país del Norte, que creen en sus nazifascistas superhérores , que sueñan con ganar en dólares contantes y sonantes y que votan a los expoliadores y explotadores.

 

Lamentablemente no sólo esos muchachos son territorio de penetración.

 

También observo con inquietud cómo tantas y tantos compañeras y compañeros del kirchnerismo, del progresismo y de la izquierda clasista muestran admiración por intelectuales, cineastas, escritores, artistas y demás especímenes yanquis.

Incurren, aunque sea de buena fe, en cipayismo.

 

 

 

Muy grave es que eso se dé entre compañeras y compañeros de Sociales UBA, Psicología UBA, Económicas UBA y en otras instituciones públicas de altos estudios de todo el país.

 

Ignoran u olvidan que, parafraseando a Napoleón, cada yanqui lleva en su mochila el estandarte del conquistador o el látigo del esclavista.

 

De mi propio cuño, afirmo que el expansionismo yanqui nace en 1776, año en el cual un grupo de colonos blancos supremacistas y esclavistas se libera de pagar impuestos a la corona inglesa gracias a la sangre que derramaron franceses y españoles.

 

La historia de lo sucedido entonces nada tiene que ver con la que se cuenta en libros, clases, películas hollywoodenses y demás.

 

Washington, Franklin, Jefferson y compañía eran supremacistas y esclavistas, al punto, que como asevera Habermas, el último citado acude a la corte napoleónica para que Francia restablezca la esclavitud en Haití.

 

Creían en la “doctrina del destino manifiesto” según la cual los yanquis son el nuevo pueblo elegido, los fundadores de la nueva Jerusalén, los ungidos para apropiarse del planeta.

 

También, el tan venerado Lincoln, creía fervientemente eso a la par de su fe racista, ya que aspiraba a que los negros se fuesen de su país; ese fue el motivo de fondo de su supuesta lucha contra la esclavitud.

 

Los auténticos independentistas o revolucionarios se solidarizan con los pueblos y sus gestas liberadoras.

 

Así lo hicieron en el comienzo de nuestras patrias, nuestros pueblos y nuestros lideres como Belgrano, Moreno, San Martín, Bolívar, Manuela Sáenz, Sucre, Azurduy, Pedraza, Güemes y Macacha Güemes, José Martí y tantas y tantos más.

 

Los ficticios independistas yanquis, de inicio, fueron anexionistas, imperialistas y declarados enemigos de los pueblos y de sus luchas de liberación.

 

De modo que Manuel Ugarte fue sumamente preclaro, todo un visionario y, por supuesto, un auténtico revolucionario.

 

Hoy, ante el presente desolador que argentinas y argentinos estamos padeciendo por obra del gobierno totalitario encabezado por la fratria Milei y su horda, manejado y sostenido por los concentradores de poder locales y globales, por el imperialismo yanqui, por la ineficacia o la complicidad de la oposición, por el derrotismo y sumisión de quienes se dicen “nacionales y populares”, progresistas o de izquierda, celebro que una radio francesa recuerde a un gran patriota.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista (y luego) dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado (y luego) de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, febrero 22 de 2026

 

 

 

 

 

 

 


lunes, 16 de febrero de 2026

QUÉ PENSAR Y QUÉ HACER EN LA ARGENTINA ACTUAL

 



 



Rubén Rojas Breu

 

Dadas la desorientación y desazón de militantes y/o luchadores populares

¿QUÉ PENSAR Y QUÉ HACER?

 

Porqués de esta publicación

Estoy observando la desorientación y la desazón crecientes de tantas y tantos luchadoras y luchadores que ven pasar los días, los meses y los años y se decepcionan porque nada parece tener el efecto transformador deseable.

 

Tomo nota de eso por lo que comparto y escucho en diversos ámbitos, por lo que veo y leo en mensajes que se intercambian en redes, en grupos de Whatsapp y en diversos medios y. sobre todo, en las movilizaciones callejeras, empezando por las de jubiladas y jubilados llevadas a cabo cada miércoles a fuerza de tenacidad, de valentía y claridad política.

 

Veo a diario cómo compañeras y compañeros de mi edad y de dilatada trayectoria son afectadas y afectados por la depresión resultante de tantas frustraciones.

 

Esa desorientación y desazón son tanto más agudas y, al mismo tiempo tanto más crónicas, cuando compañeras y compañeros perciben que tanto compromiso, tanta pelea, tanto esfuerzo parecen ser en vano, sin resultados apreciables.

Sucede que sin rumbo no hay camino.

 

Ese malestar es más notorio en compañeras y compañeros que no están encuadradas o encuadrados en partidos y agrupaciones, que no tienen pertenencias orgánicas reconocibles como tal pese a que sí llevan tanta o más lucha a cuestas que quienes sí participan de algún grupo kirchnerista o progresista o de la izquierda clasista o de un gremio combativo o de un movimiento social definido.  

 

Esta publicación se dirige fundamentalmente a esas compañeras o compañeros, desoladas y desolados, batalladoras y batalladores, que hoy son independientes o están fuera de una agrupación, aunque tengan afinidades ideológicas con alguna en particular.

 

Por supuesto que también tengo en cuenta a quienes están encuadradas o encuadrados en alguna organización del campo nacional y popular o de la izquierda en todo su espectro, pero soy consciente, y lo compruebo a diario con compañeras y compañeros que militan en tal carácter, que consideran que su senda está ya definida y que sus interrogantes ya tienen respuesta.

 

Así que este texto es sobre todo para quienes además del malestar que ya mencioné, tienen más preguntas que certezas y que se encuentran invadidas e invadidos por la sensación de que hace falta un rumbo.

 

Soy muy consciente de que es imposible hacerse escuchar si no hay quienes quieran oír. De eso sé un “rato largo” como se decía en los barrios.

 

Ya muy entrado en años, gastando los últimos cartuchos, sumando casi siete décadas de luchas, desde escolar, estoy haciendo intentos para hacerme escuchar con paciencia oriental, a pesar de mis oscilaciones del ánimo: voy del sentimiento de que es inútil y que son bajísimas las posibilidades de alcanzar algún eco a la esperanza de que quizá sea éste el momento oportuno para lograr disposición a leerme y a abrirse a lo que tengo para decir, para convocarme y para pasar del dicho al hecho, de las palabras a la acción.

 

El título ¿QUÉ PENSAR Y QUÉ HACER? se debe a que se trata de articular el pensamiento y la acción como enseñaron tantos líderes y militantes populares a lo largo de la Historia.

 

Ya sabemos que pensar sin hacer es cháchara, es distracción de diletantes.

 

Pero hacer sin pensar es un voluntarismo sin estrategia, carente de objetivos ciertos, es repetir fórmulas conocidas y ya gastadas que terminan siendo contraproducentes, desmotivadoras e inútiles.

 

En las circunstancias que afrontamos se torna un imperativo pensar, generar teoría política, diseñar una estrategia, debatir hasta comprender, ver debajo del agua.

 

A ese pensar para hacer y al hacer habiendo pensado me he dedicado toda mi vida y por cierto que, cuando esa articulación se dio y en esa articulación fui acompañado, los desafíos fueron superados y los logros les ganaron a las frustraciones.

Hoy entre las luchadoras y luchadores populares predomina casi excluyentemente el hacer voluntarista, sin el suficiente pensar, y las consecuencias están a la vista.

 

Quienes nos someten, acá y en el planeta, cuentan con todo a su favor, menos con la inteligencia y la compresión suficiente sobre el comportamiento humano.

 

Ahí radica nuestra principal ventaja si la queremos aprovechar: la inteligencia y la creatividad para dar cuenta de la situación que afrontamos y actuar en consecuencia.

 

Si no procedemos así aumentarán la desorientación y la desazón y estos enemigos de los pueblos o, más aún, enemigos de la Humanidad seguirán pisando, por empezar en nuestro país, en esta postergada Argentina.

 

Es muy importante para la lectura de estas líneas bajarse de cualquier caballo, renunciar a la soberbia, a la arrogancia y al sectarismo: se requiere una actitud humilde, se requiere apertura, se requieren ganas de pensar y repensar, se requiere disposición a escuchar e intercambiar.

 

Veamos ahora las principales causas de la desorientación y la desazón aludidas.

 

Causas de la desazón y desorientación de quienes luchan

 

Cuatro causas principales destaco, las tres primeras son palpables.

 

La cuarta, en cambio, es casi imperceptible y acá la pongo a la vista de todos, la hago pasar de latente a patente, considerándola, finalmente, la más decisiva.

 

La primera causa es la de sentir que parecen infructuosas, de insuficiente repercusión o de alcance muy limitado las acciones, las manifestaciones, las convocatorias, las marchas, los cacerolazos, el hacer frente a la represión tan salvaje, etc.

Lucha y más lucha y más lucha, pero el gobierno despótico de la fratria Milei y su horda, así como toda la derecha anacrónica se salen con la suya, con mayor o menor éxito, pero terminan logrando más de lo esperable.

Eso que se da en la Argentina sintoniza con lo que sucede en el planeta en el cual el imperialismo yanqui, a contramano de todo acuerdo internacional y de todo respeto por la autodeterminación de los pueblos, comete atrocidades, como en Venezuela, o amenaza con llevar a cabo más barbaridades, en Cuba, en Irán, en Groenlandia y en donde se le ocurra.

 

La segunda causa, se debe a la propaganda maliciosa, a las prédicas mediáticas de la derecha o a la difusión ineficaz de los “nacionales y populares” y de la izquierda, a las encuestas y los indeseables “focus groups”, a las redes virtuales; también, a las opiniones de los intelectuales famosos de acá y del mundo que incurren en análisis infecundos sin advertir que, al menos desde los 90 a este presente, no acertaron en nada y que, pese a eso,  se escudan en su arrogancia.

 

La tercera causa de tanta desorientación, desazón y depresión es el comportamiento de gran parte de la población, que claramente embrutecida, pretendidamente apolítica, fuertemente endogámica y, también, derrochando soberbia, se obstina, aún contra sus intereses, en apoyar y votar a esta ultraderecha que espanta.

 

Por supuesto, apoya pasivamente, ya que no es una población que se juegue; con tal pasividad a los mandantes les alcanza y sobra.  

 

El electoralismo, un vicio que nada tiene de genuinamente electoral, y un falso institucionalismo, que nada tiene de respeto por las instituciones ni por la Constitución, contribuyen a validar la conducta y el sufragio de ese gran sector de la población.

 

En lo relacionado con esta causa, lo enunciado en la anterior, es un factor decisivo: o sea, medios, redes, encuestas le dan aire y avalan a esa población tan sometida, tan terca y tan incivil.

 

En lugar de generar las condiciones para politizar, para educar, para ayudar a que aprenda de las experiencias y para concientizar, quienes mandan y sus esbirros operan para embrutecer más.

 

La cuarta causa del malestar, de la desorientación y de la desazón de luchadoras y luchadores es la más determinante.

Y la menos visible.


Esta cuarta causa es la inacción, la ineficacia, la complacencia y/o la complicidad de la oposición.

En particular, es muy decisiva y desalentadora la inacción, la ineficacia, la cortedad de miras y la mediocridad de las dirigencias que se dicen nacionales y populares, empezando por el kirchnerismo, progresistas o de izquierda en todo su espectro a lo que hay que agregar a la CGT, las CTA y las dirigencias gremiales en general, así como a las llamadas dirigencias sociales, más espuma que jabón.

 

En vez de convocar, generar una conducción, diseñar y aplicar una estrategia, organizar y movilizar, se adaptan, se refugian en el electoralismo y en un institucionalismo ficticio, se escudan en los medios y en las encuestas, se conforman diciéndose y diciendo “hay que esperar a las próximas elecciones”, “hay que respetar la voluntad popular”, “hay que aceptar que las cosas hoy son así”.

Qué lejos están del Pueblo, que lucha en soledad, y qué lejos también de lo mejor de nuestra historia, empezando por el rechazo a principios del siglo XIX de las invasiones inglesas y continuando por toda la gesta de la independencia, luego los gobiernos nacionales y populares del siglo XX, las luchas de los 60 y los 70 e inclusive de lo que se dio a comienzos de los gobiernos civiles, del 83 en adelante hasta la gran rebelión del 2001.

Muy lejos o, peor aún, se hallan en la vereda opuesta de toda esa tradición digna y honrosa.

 

Estoy esforzándome por ser claro y comprensible; en tal intento, no profundizo ni me extiendo más a fin de no agobiar a la lectora o al lector, si es que esta publicación llega a contar con interesadas e interesados.

No soy pretencioso ni vivo en la Luna.

 

Qué pensar

Como se deduce de todo lo expuesto, hay que barajar y dar de nuevo en lo que a pensar se refiere.

En buena medida hay que pensar desde cero, ya que gran parte de las teorías sociológicas y políticas ha caducado.


Hay muchos y nuevos interrogantes que el mundo actual y nuestra propia realidad argentina nos plantean, dramáticamente.


Hago saber, esperando que no se me asigne petulancia, que se trata de interrogantes que fueron surgiendo ante mí desde hace décadas y, también, en el presente, a los cuales fui dando respuesta en la seguridad de que tenía que innovar, renovar pensamiento y teorías de la sociología, de la política y del comportamiento humano en general.


Exponer mis análisis, mis desarrollos teóricos que responden a los interrogantes, implicaría todo un tratado o una exposición o conferencia de extensa duración, para todo lo cual estoy a disposición.

 

Aquí me ciño a enunciar algunas problemáticas, interrogantes o temas a considerar para la tarea de pensar y repensar.

Aquí van: 

 

  • ·      Qué entender por Política en la actualidad

 

  • ·      Cómo definir el Poder y las relaciones de poder para tener claro cómo actuar.

  • ·      Cómo analizar sociológicamente a la Argentina actual

 

  • ·      Qué entender por Pueblo y otras categorías concurrentes.

 

 

  • ·      Qué es la opinión pública.

 

  • ·      Cómo operan y cuánto influyen y hasta qué punto son o no determinantes los medios, las redes y las encuestas

 

 

  • ·      Cómo analizar los comportamientos electorales. ¿Pueblo y votantes son lo mismo?

 

  • ·      Qué entender por Conducción Política

 

 

  • ·      Cómo pensar y diseñar una estrategia

 

  • ·      Qué entender por Cultura Política y cómo elevarla

 

 

  • ·      Qué es organizar y cómo hacerlo

 

  • ·      Cómo encarar la acción política, incluyendo cómo convocar, cómo movilizar, etc.

 

 

Qué hacer

 

En buena medida, se deduce de todo lo antedicho y en particular del ítem anterior “¿qué pensar?”

 

En primerísimo lugar hay que resolver la gran carencia, la falta de Conducción Política, dado que no hay hoy ninguna fuerza política, sea por “h” o por “b” que esté capacitada para conducir.

 

Muchas compañeras y muchos compañeros en todo momento, llevados por la desesperación, preguntan “¿y si le damos la oportunidad a Fulano o si confiamos de ahora en más en Mengano?”.

No, no es el camino.

 

Por supuesto que dirigentes nacionales y populares, progresistas, de la izquierda, de las organizaciones sociales y gremiales tienen que ser convocados al ¿qué hacer?, respetando y valorando sus conocimientos, trayectoria y experiencia.

Pero tienen que caer en la cuenta del imperativo de que tienen que reubicarse, revisar su pensar y su hacer para inaugurar y poner en práctica nuevos enfoques y acciones novedosas.

 

Hay que construir una Conducción Política

 

Una Conducción Política es mucho más que un conductor, una conductora o un líder.

 

La Conducción Política implica:

 

  • -     Proyecto, que tiene que ser de emancipación y de realización

      Un Proyecto define objetivos y políticas

 

  • -     Estrategia

 

  • -     Acción política guiada por el Proyecto y basada en la estrategia.

 

En segundo lugar, hay que convocar, apuntando a una sólida construcción de alianzas.

 

En tercer lugar, hay que generar conciencia empezando por los propios, contribuyendo a que se modifique de cuajo la perspectiva.

No va más seguir mirando el acontecer con las mismas categorías o análisis que ya resultan vetustos, repetidos, agotados.

 

Por supuesto, hay que movilizar.

 

Pero también hay que hacerlo innovando consignas, innovando modos, invitando a más sectores que hasta hoy están inactivos o hundidos en la depresión.

 

Parecen demasiadas tareas, parece un desafío insuperable, pero todo se facilita si hay disposición a modificar el horizonte, a adoptar una nueva mirada a todo y a generar la solidaridad y marcha común que las luchadoras y luchadores sabemos generar.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista (y luego) dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado (y luego) de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, febrero 16 de 2026

 

 


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