martes, 10 de marzo de 2026

MILEI O LA SUMISIÓN COMO POLÍTICA

 


 

Rubén Rojas Breu

 

MILEI O LA SUMISIÓN COMO POLÍTICA

 

Dirigencias, medios, redes, encuestadores y, por supuesto los concentradores de poder locales y globales ponen el foco en Milei.

 

Ponen el foco todos esos actores y sectores, tanto los que lo apoyan como los que se oponen a su gobierno y a su figura.

 

Ya veremos lo perjudicial que es para el Pueblo ese hacer foco en Milei, sea para aplaudirlo, sea para repudiarlo.

El discurso de Milei en la apertura de las sesiones ordinarias de un Congreso caricaturesco fortaleció ese hacer foco en él.

 

Hay consenso acerca de que fue el discurso de un desequilibrado, de un desquiciado, de un incapaz que busca encerrarse en sus certezas que, contrarias a toda racionalidad, son construcciones delirantes.

 

A diario, por no decir a cada hora, este farolero busca posicionarse como el adalid de la ultraderecha en el mundo acometiendo con desatinos, groserías y disparates.

 

Ahora en una universidad yanqui, una de las tantas incalificables que abundan en ese país, Milei se declaró el “presidente más sionista del mundo” definiendo a Irán como “el enemigo” al que “le vamos a ganar”.

Barbaridades que nos ponen en riesgo.

 

No es pertinente que me valga de mis conocimientos en Psicología y Psicoanálisis para evaluar a Milei ya que ni lo tengo ante mí ni corresponde cuando la cuestión de la que se trata compete a la Política.

 

Basta con que reitere que Milei no es solamente Milei, sino que se trata de una fratria compartida con la hermana la cual hace de sostén psíquico, de muleta, para que el susodicho conserve cierto nivel precario de adaptación beneficiándose ella de ocupar protagonismo y de tornarse objeto de deseo de obsecuentes y bobos.

 

Milei o la fratria Milei es apenas, a duras penas, un síntoma, la señal a la vez trágica y paródica, de una Argentina hundida en la decadencia desde que ésta fuera aterrorizadoramente inaugurada por la última dictadura cívico militar hace cincuenta años.

 

 

 

Los gobiernos civiles y las dirigencias políticas y sectoriales que la sucedieron incentivaron tal decadencia para beneplácito y beneficio de los concentradores de poder y de riqueza de acá y de las grandes potencias, principalmente el país yanqui.

Si no fuera así, los Milei serían patéticos ignotos.

 

La dictadura sembró la triste creencia de que la masa o la “mayoría silenciosa” antipolítica e inorgánica era y es el cimiento de una sociedad normal y deseable.

Esa creencia sirvió enormemente a los poderosos, a la oligarquía, a los grandes capitalistas y, también, a todas las dirigencias, políticas, gremiales, sociales.

 

Dicho lo ya expuesto, la palabra clave es “sumisión”.

Los Milei representan a la sumisión como política.

Y toda su política es la sumisión.

La sumisión, en ellos y los suyos, es punto de partida y horizonte.

 

Según el diccionario de la RAE la sumisión es: “sometimiento de alguien a otra u otras personas”, “sometimiento del juicio de alguien al de otra persona” o “acatamiento o subordinación manifiesta con palabras y acciones”.

 

Traducido en versión Hegel, la sumisión es lo sintetizado en la dialéctica del amo y del esclavo.

 

Sumisión es, a la vez, esclavizar y esclavizarse.

Milei, o los Milei, proponen y ejecutan como política la de la sumisión.

Para ellos, la sumisión conduce al Paraíso terrenal.

Libertad en su particular lenguaje es el derecho de quienes someten, de quienes obligan a acatar.

 

 

Ahora bien, los Milei, y particularmente el locuaz hermano, representan la condición de sumisos. Toda la verborragia desaforada del hermano es la pantalla en modo patotero con la cual disfraza su verdadera condición: la de sumiso, condición que comparte con la hermana, con los secuaces, con la horda que los encaramó e, inclusive, con los poderosos vernáculos cuya vocación es la de la servir a los poderosos globales, particularmente, hoy, los yanquis.

 

En sus medidas de gobierno, así como en sus diatribas, el metamensaje y, a menudo el mensaje mismo, así como el de su cofradía, es: “poderosos de Occidente, poderosos de la gran potencia del Norte y de sus aliados, aquí estoy, aquí estamos para servirles incondicionalmente, aquí estamos para ser sus lacayos, sus lamebotas y los ejecutores todoterreno de sus designios”.

 

Persuadido de su rol sube todo el tiempo la apuesta, para evidenciar su acatamiento.

Se apoya en los factores de poder globales, sus mandamases, y en la horda que lo puso ahí, en los medios de comunicación, en las redes virtuales, en las empresas encuestadoras, en una oposición ineficaz, itinerante o cómplice, y en la masa.

 

Veamos: desde el momento en que nacemos, y aún antes según puede demostrarse, somos interactuantes, nos constituimos inexorablemente como sociales en el seno de la interdependencia con otras y con otros, en el seno de la organización familiar y las colindantes, tales como las de la salud, la educación, etc.

 

La identificación, inconsciente, por cierto, es el dispositivo, el enlace (Freud dixit) por el cual interactuamos, la cual genera entrelazamientos que tienden al infinito, con madre, padre y otros, así como viceversa (no sólo el bebé se identifica con sus progenitores y demás interactuantes, sino que al mismo tiempo éstos se identifican con el bebé, lo cual no profundizo acá).

 

Ya en esos momentos iniciales se da la oposición sometimiento – autonomía, ya en esos momentos iniciales afrontamos la tendencia a acatar versus la tendencia a desarrollarnos, la tendencia al encierro endogámico versus la tendencia a la apertura exogámica.

Los Milei, sus mandamases, los secuaces y la horda optan por los primeros términos de las enunciadas oposiciones:  eligen, más inconsciente que conscientemente, el sometimiento, el acatamiento y el encierro endogámico; es ocioso aclarar que los mandamases globales lo eligen para someter, pero ciertamente avalan, por ese camino, a la sumisión.

Dentro de la sumisión, todo: ésa es la máxima.

 

Aquí viene a colación, con la mayor trascendencia, la diferenciación entre masa y Pueblo.

 

 

La masa es proclive a la sumisión, se somete, acata y se encierra en su minúsculo mundo endogámico. Es la masa a la que manipulan los concentradores de poder y de riqueza y a la que se ciñen gobernantes, dirigentes, medios de comunicación, redes virtuales, intelectuales, consultores y encuestadores.

La sumisión, para quien se somete, tiene un beneficio de alto voltaje.

Le permite evadirse:

·      de la angustiante responsabilidad de decidir,

 

·      de la angustiante distancia entre lo poco posible y los ideales que les resultan siempre exigentes

 

·      de la angustiante apertura a lo exogámico, terreno que les resulta pantanoso, inescrutable, riesgoso.

Los Milei, como prácticamente todos sus cofrades, se formaron en hogares de fuerte impronta endogámica bajo el mandato de que hay que someterse y acatar.

Recordemos el enojo de Milei púber por la toma de Malvinas encabezada por el dictador terrorista Galtieri; el “niño” Javier no podía tolerar que se desafiara a su madre patria.

La formación escolar y colegial, así como la universitaria fortalecieron, incentivaron y brindaron herramientas supuestamente éticas e intelectuales para someterse y acatar.

Por supuesto la precaria, insostenible y paupérrima escuela austríaca viene como anillo al dedo para justificar la sumisión; lejos de poner en cuestión el mundo como es, sobradamente injusto, lo valoriza y lo reconoce como el mejor posible, como el mundo al que hay que optimizar sustentando crecientemente a regímenes económicos basados en la explotación, la acumulación de los pudientes y en la maximización de la plusvalía.

 

Ahora bien, defino al Pueblo como “la población políticamente culturalizada y organizada que tiene por objetivos su emancipación y realización en consonancia con la nación, los trabajadores y la solidaridad con la región y los oprimidos del planeta”.

 

Eso significa que el Pueblo opta, siempre, por los segundos términos de aquellas oposiciones ut supra mencionadas: opta por la autonomía, por el desarrollo y por la apertura exogámica.  

 

Llevado todo este planteo a qué hacer, urge que el Pueblo cambie el foco: en vez de ponerlo en Milei, debe centrarse en su Proyecto.

 

En vez de insistir con reclamos infructuosos ante el despotismo del gobierno totalitario y sus mandos, lo cual lleva al desánimo y el derrotismo, tiene que diseñar y levantar su Proyecto.

 

En lugar de centrarse en un gobierno objetivamente insostenible, debe exigir a la oposición que se dice nacional y popular, progresista o de izquierda que asuma su lugar, que se ponga al frente de una convocatoria y que acabe con poner expectativas en un electoralismo caduco, en prestar atención a consultores y  empresas encuestadoras que sirven a la preservación de este status quo deshumanizante,   en insistir en un institucionalismo agotado y en transas vergonzosas entre supuestos dirigentes ya agotados, ya ingresados en la obsolescencia.

 

El Pueblo tiene que poner el foco, entonces, en su propio Proyecto, en construir su conducción política, en organizarse de un modo crecientemente eficaz y en pasar a la acción según una estrategia innovadora, sacudiendo el polvo de lo ya añejo, convocando y movilizando con los numerosos medios a su alcance.

 

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, marzo 10 de 2026

 

 

 

 

 

 


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