Rubén Rojas Breu
¿POR QUÉ LA OPOSICIÓN ESTÁ
INACTIVA?
Un
análisis en profundidad
Para
introducirse en esta publicación hay que hamacarse, por dos razones:
Una,
por tratarse de una lectura exigente
Dos,
por sus contenidos desconcertantes.
Entrando
en tema, llama la atención, preocupa, decepciona y hiere la sensibilidad
popular que la oposición esté inactiva, inerte, paralizada.
Inclusive
sus periodistas más vocingleros, como por ejemplo Gustavo Sylvestre, se quejan
de la pasividad de las dirigencias de la oposición.
Todo
lleva a pensar que es una oposición que se deja atar de manos y pies, aunque
todavía sin mordaza.
Que
no esté amordazada únicamente sirve para que los representantes de la oposición
hagan discursos altisonantes de las cuales son ejemplares los jefes de las
bancadas K o de Unión por la Patria: el senador José Mayans y el diputado Germán Martínez son pródigos en
peroratas estériles destinadas a tribunas vacías o a la atracción de cámaras y
micrófonos.
Lo mismo
vale para todos los de su espacio, legisladores, referentes y dirigentes, como
para los que representan al resto de la oposición: el progresismo, la izquierda
genérica y la izquierda clasista; vale precisar que, a todos los efectos, entre
todas esas facciones, devenidas politiqueras, las fronteras son crecientemente
borrosas.
No sólo las
dirigencias políticas de la oposición muestran letargo sino también las
gremiales, sociales y sectoriales en general.
Por algo
vengo insistiendo, desde que ocuparon la Rosada la fratria Milei y la horda que
los encaramó, que el Pueblo lucha en soledad.
Veamos el
interrogante del título: ¿por qué la oposición está inactiva?
Porque se
somete.
La
oposición sucumbió, inconscientemente, al sometimiento, el cual siempre, aunque
sea de manera enmascarada, supone esclavitud, servidumbre o vasallaje.
Entre tales
modalidades del sometimiento se desplaza la oposición.
Los
análisis que circulan acerca de qué entender por sometimiento se basan en
lecturas superficiales de la dialéctica amo – esclavo de Hegel.
No
son tan simples las cosas ya que no se trata meramente de un amo que ocupa una
posición dominante y un esclavo que se subordina, en cuerpo y alma, a la
voluntad de aquél.
Se
trata de un sistema de la mayor complejidad
conformado por actores y sectores interactuantes que se articulan dando por
resultado el par opresor – oprimido, o, dominador – dominado, o, amo – esclavo,
o señor – siervo.
De
tal manera que acá no solamente es el gobierno autocrático libertario el amo o
señor.
El
gobierno de la fratria Milei es un mero engranaje de un sistema de alta
complejidad al que toda la oposición se somete.
Ese
sistema al que la oposición se somete está conformado por estos sectores y
actores que se articulan e interactúan, retroalimentándose:
-
Corporaciones dominantes globales y sus
servidores como el FMI, así como los gobiernos y estados de las grandes
potencias, particularmente el país yanqui.
-
Grandes capitalistas y oligarquía vernáculos
-
El régimen político institucional aun vigente
pese a que caducó con la sublevación popular de 2001, régimen que se sostiene
sobre un institucionalismo vacuo y el electoralismo.
-
Medios masivos de comunicación
-
Redes virtuales
-
Empresas encuestadoras
-
Intelectuales influyentes locales y
extranjeros de verba de apariencia respetable, progresista o izquierdosa, pero
decididamente integrantes del sistema que estamos analizando.
-
La masa o “la gente”.
A
ese sistema y a todos los actores y sectores citados que forman parte de tal
sistema, la oposición se somete, naturalizando tanto dicho sistema como su
sometimiento al mismo.
Algunas
precisiones sobre los actores y sectores enunciados en el
sistema al que se somete la oposición:
Una, el gobierno es lacayo del país
del Norte, pero la oposición se hinca ante el país gringo asignándole un lugar
de omnipotencia como si ignorara que acaba de ser derrotado y humillado política
y militarmente por Irán.
Incurre en el mecanismo inconsciente que
Freud denominó “renegación” o “desmentida”: no percibir lo que está a la vista.
Dos, en su sometimiento, la
oposición no diferencia entre la masa o “la gente” y el Pueblo.
La masa o “la gente” es la población que se
comporta como un aglomerado amorfo, sin cultura política, de manera inorgánica,
guiada por el impulso buscando el rédito sin comprometerse y sin capacidad ni
vocación para interpretar los procesos sociales.
Es la que se deja llevar, la que se obnubila
por farándulas y chismes, la que se deslumbra por la propaganda del país yanqui
y sus engendros de Hollywood.
De tal manera la masa o “la gente” someten,
forman parte, la parte que aporta el número, al sistema que somete.
La oposición no distingue entre la masa y el
Pueblo, el cual es todo lo contrario de la primera.
El Pueblo es la organización
política más compleja y tiene por objetivos su emancipación y realización en
consonancia con la Nación y los trabajadores.
Determinado por esos objetivos antagoniza con
los despotismos en todas sus variantes: oligarquía local, colonialismo,
neocolonialismo e imperialismo.
La oposición no tiene idea de qué es el Pueblo,
lo cual contribuye a su sometimiento.
Ni siquiera esta oposición entendió la significación del Indio Solari y su despedida última.
Como la totalidad de los actores y sectores
que integran el sistema al que la oposición se somete tampoco diferencia entre
la masa (o la gente) y el Pueblo, desde los poderosos hasta los medios con sus periodistas
y las empresas encuestadoras tampoco lo hacen.
Al someterse, porque se somete y porque no
vislumbra que existe la opción de no someterse, la oposición carece de
Proyecto y de estrategia al mismo tiempo que no organiza o lo hace mal,
que no promueve la cultura política ni los análisis y debates de alto nivel y no
convoca.
Pese a que la gestión del gobierno es
calamitosa y lleva a las ruinas a la Argentina y a la miseria y desesperación a
las mayorías, la oposición se muestra impotente, justamente porque está bajo la
égida del sometimiento, se refugia en el acatamiento y la resignación,
esperando que las ficticias instituciones y los comicios lejanísimos de 2027 la
favorezcan.
No tienen idea de la gravedad del cuadro de situación
y tampoco de sus posibilidades: con qué organización política y con qué
candidaturas pueden competir exitosamente en las futuras elecciones.
Suponiendo que la ruleta les sonría y obtengan
un triunfo electoral, ¿con qué y con quiénes van a gobernar?
Forma parte de su sometimiento no advertir su
incapacidad y en cambio se suben a la soberbia, se autoconvencen de que tienen
virtudes que no tienen y una capacidad de la que carecen.
Forma parte de su sometimiento acatar una
agenda impuesta por los concentradores de poder, los medios y las empresas
encuestadoras, en lugar de lo ya mencionado, el Proyecto.
Acorde con la politiquería de agenda la
oposición con su periodismo e intelectuales mediocres apelan a las denuncias
por corrupción, denuncias que hasta ahora no llegaron a ningún puerto.
Esa práctica de las denuncias ya fracasó en
el pasado como sucedió con el Frente Grande, el Frepaso, el ARI y otras
facciones que se revelaron inútiles o, peor aún, objetivamente funcionales para
el régimen despótico y la derecha.
Con su sometimiento ha contribuido a que el
deshonroso Congreso Nacional, así como los indeseables gobernadores dieran a
luz leyes antinacionales y antipopulares, leyes que vulneran todos los derechos
de trabajadores, jubilados, discapacitados, mujeres a lo que se suma una
retrógrada política impositiva, el ajuste impiadoso, las privatizaciones
escandalosas, la cuasi destrucción de la educación y la salud públicas y sigue
la nómina.
Alzar la mano o pulsar la tecla votando en
contra en el Congreso no sirve; por el contrario, es convalidar leyes tan
ruinosas.
Votar en contra no exime a la oposición y a
sus legisladores de culpa.
Si quieren acabar con esa tácita complicidad,
pueden renunciar en masa: en Hong Kong hace seis años toda una bancada renunció
al Congreso para oponerse a una decisión arbitraria de Beijing.
Ni piensan en una posibilidad de esa índole
tal es la obnubilación que produce el sometimiento.
Si la oposición superara el sometimiento y se
decidiera por convocar a una acción colectiva que ponga fin a este estado de
cosas, escuchando al Pueblo, y que siente las bases para una transformación que
estos tiempos demandan, podría implementar medidas francamente enérgicas y
elocuentes, pero es pedir mucho a estas dirigencias tan entregadas al
sometimiento.
Una vez más afirmo: se
supera este cuadro construyendo, el Pueblo, la conducción política, la
conducción política que una oposición subyugada, doblegada, entregada,
sometida, no puede ofrecer.
Este último 9 de junio se
conmemoró aquella fatídica jornada en la cual la dictadura que se instauró en
1955 fusiló, en claro acto criminal, a líderes militares y civiles de la heroica
Resistencia Peronista.
Qué mezquinas y patéticas en la comparación
con aquellos dignos luchadores de aquella Resistencia resultan estas
dirigencias ficticiamente opositoras del presente.
Rubén
Rojas Breu
Trabajador,
activista y dirigente político desde 1958
Docente
universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades
públicas y privadas de la Argentina
Lic.
en Psicología UBA, 1973
Científico
e investigador social desde 1974
Autor
del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado,
desde 1980 con libros y artículos publicados
Autor
de teorías sobre Política
Buenos
Aires, junio11 de 2026
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