Rubén Rojas Breu
ADORNI, LA PANTALLA
Una
de las acepciones que el diccionario de la RAE registra de la palabra
“pantalla” es: “persona o cosa que distrae la atención para encubrir u ocultar
a algo a alguien”.
De
ahí la expresión “servir de pantalla”, la cual encaja por entero
en el uso que se hace del jefe de gabinete con fines que aquí pondremos de
manifiesto.
De
eso trata este artículo: de poner en evidencia que se valen del
incalificable Manuel Adorni con el fin de usarlo como pantalla para proteger y
perpetuar el régimen político institucional caduco e injusto y, de tal manera,
seguir agravando la decadencia de la Argentina con el único fin de satisfacer
la voracidad de las grandes corporaciones globales y locales, así como seguir sometiéndonos
a las grandes potencias, principalmente al país yanqui
Desde
hace semanas, sobre la base de comportamientos delictivos del mencionado, la
oposición primero y prácticamente todas las fuerzas políticas y sectoriales,
inclusive oficialistas y hasta sus compañeros de gabinete, piden o exigen la
destitución pronta y sin miramientos de Manuel Adorni.
Hasta
los medios más afines y los periodistas más obsecuentes del oficialismo le
bajaron el pulgar y reclaman de viva voz su inmediata remoción.
Sin
ninguna duda el jefe de gabinete merece con creces su destitución
dados sus comportamientos: evasión fiscal, participación en negociados,
incluyendo la estafa Libra, falta a la ética pública y mentiras en sus informes
al Congreso de la Nación y en medios son sobradas razones para dar curso a tal
reclamo de toda la sociedad argentina y para ser procesado judicialmente con el
fin de recibir la sanción o la condena que le cabe, a él y a su entorno
familiar y amical.
Así
que, dejemos en claro: Adorni debe ser destituido y castigado política y
judicialmente.
Pero
está claro que el régimen político institucional y sus titiriteros buscan la
salida homeostática: dado el desequilibrio, dada la
inestabilidad y el riesgo de quiebre de tal régimen, se procura sustituir una
parte en aras de recuperar el equilibrio del mismo: es la aplicación del
principio del “pars pro totum”, de la parte por el todo, de, una vez más, de
emplear como mecanismo a la sinécdoque entregando, en este caso, un elemento
minúsculo con el propósito de salvar al todo definitivamente podrido.
Se
preguntan por qué la fratria Milei se aferra al indeseable: muchas
son las razones, pero todas confluyen en que tal fratria es una yunta extremadamente
simbiótica que por tal condición configura una típica “folie à deux” en el cual
el inductor, el hermano, actúa su delirio y la hermana hace las veces de
receptora convalidando tal delirio por lo cual ambos carecen de acabado criterio
de realidad.
Tal
es la decadencia argentina y tal es la dimensión de su causa determinante, la
endogamia, presente en gran parte de la sociedad y, sobre todo, en la totalidad
de las dirigencias políticas y sectoriales, que factores de poder, medios, influyentes,
intelectuales, empresas encuestadoras y la masa convalidan tamaña locura de
dos.
Profundizar
en esto haría de esta publicación un tratado interminable, por lo cual nos atendremos
a lo de mayor interés y de más fácil comprensión.
Aclaremos
que solamente el Pueblo está afuera de esa argamasa, de ese revoltijo del que
participan la fratria Milei con la horda que los encaramó y los actores y
sectores arriba enunciados, desde las dirigencias hasta la masa incluyendo los
restantes enumerados dos párrafos ut supra.
La
fratria Milei se empecina en conservar a su lado a Adorni como si fuera otro de
sus “hijitos”, sus mascotas caninas: es casi como una tríada indisoluble.
Ese
empecinamiento, como ilustró Freud, es compulsión a la repetición, un
patrón de conducta que se arrastra desde la infancia; más allá de cómo haya
sido la edad temprana de los Milei, que no viene al caso ni corresponde
hacerlo, lo que vale es que estamos hablando de un comportamiento repetitivo,
con raíces inconscientes, del cual los empecinados, hermana y hermano, no
pueden salir por miedo a que un contexto que perciben, también más inconsciente
que conscientemente, amenazante lleve a su disolución; disolución no solamente
del vínculo fraterno sino también de su precaria salud mental.
La
politiquería en lugar de la Política - con la consiguiente caída
brutal de la cultura política heredada de la dictadura terrorista, la desaparición
de las organizaciones políticas y la carencia de conducción política -, nos
trajo a esto.
La
fratría Milei es el producto frágil y despreciable de la politiquería de la
cual participan todas las dirigencias; derecha, kirchnerismo, demás seudo
peronismos, progresismo, izquierda genérica e izquierda clasista.
Si
se quedan sin Adorni los Milei temen que su propio equilibrio se evapore, que
su tambaleante salud mental se quiebre, que su injustificable gobierno se
debilite al extremo, que el lodo los espere, que el castigo social, político y
judicial acabe con ellos.
Ahora
bien, todo el régimen político institucional se está aferrando a Adorni,
un personaje insignificante.
Justamente
algo que caracteriza al gobierno despótico libertario es haber llevado al más
alto nivel del régimen lo insignificante, término que el diccionario de la RAE
define así: “de escasa relevancia o importancia o cosa muy pequeña”.
La
totalidad de las dirigencias, oficialistas y opositoras, así como todos los
actores y sectores incluyendo a todos los medios de todo el espectro ideológico,
están mamando del caso Adorni.
Todos
se sienten héroes de una causa a la que magnifican mientras dejan que la Nación
sea entregada y las mayorías padezcan lo indecible.
Largas
horas de declamaciones en el impresentable Congreso, así como ante las cámaras
y los micrófonos, largas peroratas de referentes y periodistas en los medios, largas
deliberaciones en todos los ámbitos pelean codo a codo con el Mundial de fútbol
la atención pública.
Múltiples
son los motivos de esta obstinación del oficialismo y la oposición.
Las especulaciones
más trilladas ocupan el centro de la escena, como por ejemplo la de que la caída
de Adorni puede ser tan favorable como su permanencia, en una suerte de perinola
por la cual se juegue como se juegue siempre se gana, dados cargados que le
dicen.
Si Adorni
cae, el gobierno es derrotado y se debilita.
Si
Adorni permanece, el gobierno incrementará su imagen negativa.
Electoralismo
mediante, ese vicio, todo sirve para el lejano e improbable 2027.
Lo
más categórico es que la oposición en su totalidad no solamente quiere
preservar el régimen a como dé lugar, no sólo quiere evitar que se concrete su
peor amenaza que sería la reedición de la rebelión popular de 2001 sino que quiere
sacarle el jugo con el fin espurio de sumar votos para ese 2027.
Definitivamente,
toda la oposición se agarra como garrapatas al caso Adorni porque no tienen
política.
Además, téngase en cuenta que el régimen consiste en un entramado de extorsiones múltiples en las que todos los actores son, al mismo tiempo, chantajistas y chantajeados. Seguramente la extorsión está también activa en las decisiiones que se toman o no se toman con el diminuto jefe de gabinete.
Adorni,
para esta oposición, una pantalla que les viene muy bien.
Así
de vergonzosas y de lamentables están las cosas en la Argentina.
Es
de desear que el Pueblo, tal como vaticinó Perón en su último discurso, 12 de
junio de 1974, haga tronar el escarmiento.
Rubén
Rojas Breu
Trabajador,
activista y dirigente político desde 1958
Docente
universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades
públicas y privadas de la Argentina
Lic.
en Psicología UBA, 1973
Científico
e investigador social desde 1974
Autor
del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado,
desde 1980 con libros y artículos publicados
Autor
de teorías sobre Política
Buenos
Aires, junio 17 de 2026
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