Rubén Rojas Breu
LA GUERRA ES LA SEPULTURERA
DE TODO LIBERALISMO
Como
se está comprobando, la guerra en Medio Oriente, así como en el este de Europa
entre Rusia y Ucrania y la intervención militar en una vulnerable Palestina,
arrasa con el liberalismo en todas sus acepciones y variantes.
No
sólo sucumbe el liberalismo económico incluyendo a sus expresiones más
aberrantes e insustentables como las llamadas “escuela austríaca”, “escuela de
Chicago o la que el gobierno libertario argentino difunde gestada por la pluma
ciertamente tendenciosa y frívola de uno de sus ideólogos.
Arrastra
también a la “escuela clásica” de Smith y Ricardo o antecesores tales como
Bernard Mandeville, John Locke y François Quesnay.
La
guerra sepulta también las contribuciones significativas y de mejor fama que el
liberalismo hizo en lo cultural, lo social y lo político, como por ejemplo principios
que sostienen a la democracia burguesa, el estado de derecho y, en general, las
libertades personales (mal llamadas “individuales”) así como las tan sonadas
libertad de asociación, libertad de opinión y libertad de prensa.
El país
que alardea de ser la máxima expresión de liberalismo del planeta, el país
yanqui, es al mismo tiempo el más belicista no sólo del presente sino de la
Historia, superando de lejos al Imperio Romano y a sus sucesores de Occidente,
como el otomano, el español, el inglés, el francés, el ruso o los más resaltantes
de Oriente, el chino y el japonés.
Es decir,
en una demostración de los alcances de la dialéctica para dar cuenta del curso
de la Historia o del comportamiento humano en todas las áreas, la conducta
propia del país yanqui desde que se inició hace 250 años, en su accionar es al
mismo tiempo que impulsor del liberalismo su destructor.
Todo
lo que el liberalismo propugna, tanto en lo económico como en lo político, es
enterrado por la guerra.
Con ésta caducan las limitaciones para la acción de los gobiernos y expiran las libertades personales, la libertad de opinión, la libertad de opinión, la libertad de prensa y hasta se destruye la propiedad privada como acontece a diario con los bombardeos y diversos ataques por distintas vías y con distintos medios.
El liberalismo
es demolido desde sus cimientos mismos.
Todo
lo que los liberales argumentan para oponerse al socialismo y al comunismo
acaban poniéndolo en práctica al embarcarse en una guerra.
En
simultáneo, los Estados y gobiernos adquieren superpoderes por los cuales
disponen no solamente del empleo de sus fuerzas armadas, forzándolas a matar y
morir, sino que también estimulan el chauvinismo o el patriotismo hasta niveles
superlativos, confiscan o expropian, restringen la libertad de comercio y de
tránsito, censuran, encaran campañas propagandísticas basadas en el ejercicio
de la mentira o la falsificación de noticias, y por supuesto, masacran
poblaciones civiles, incluyendo niñas y niños, cometiendo crímenes de guerra o
de lesa humanidad.
De
tal manera queda claro que los partidarios de lo que se da en llamar “liberalismo”,
empujados por el afán de dominio o de hegemonía, destruyen con su conducta lo
que proclaman en su discurso.
La
guerra que ellos mismos llevan a cabo deja en claro que el liberalismo es
insustentable e impracticable.
Rubén
Rojas Breu
Trabajador,
activista y dirigente político desde 1958
Docente
universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades
públicas y privadas de la Argentina
Lic.
en Psicología UBA, 1973
Científico
e investigador social desde 1974
Autor
del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado,
desde 1980 con libros y artículos publicados
Autor
de teorías sobre Política
Buenos
Aires, marzo 22 de 2026
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