viernes, 6 de septiembre de 2024

ANTE LA SUPUESTA INACCIÓN DEL PUEBLO ARGENTINO

 


Rubén Rojas Breu

 

ANTE LA DESAZÓN CAUSADA POR LA SUPUESTA INACCIÓN DEL PUEBLO ARGENTINO

 

Pido enfáticamente leer esta nota con el mayor detenimiento y, también, que la difundan, que se esfuercen por hacerla llegar a otras personas y a organizaciones o agrupaciones, de acá y de todo el planeta porque lo que me impulsa es:

 

1.         Contribuir a la comprensión y la acción dada la tragedia que estamos viviendo en nuestra tan venida abajo Argentina

 

2.         Valorizar a lo mejor que tenemos, el Pueblo, el cual merece todo el respeto y por el cual siempre me he jugado, pagando tanto por hacerlo sin arrepentirme jamás.

 

 

Si no se hace nada con esta publicación, si no se la esgrime ante quienes sea como herramienta de lucha, yo voy a sentir desazón por advertir que quienes me siguen o leen se desinteresan de mis aportes honestos, genuinos, así como totalmente originales y esclarecedores.

 

En momentos como los actuales mandar esta nota al baúl de los recuerdos implica mezquindad, egocentrismo o quizá envidia.

 

Tengo un deseo imposible de materializar: que esta vez no me plagien, pero no se puede evitar y ya estoy acostumbrado.

 

No van a alcanzar los iconitos de “me gusta” o “me encanta” ni, mucho menos, el petulante “me importa” y está fuera de lugar el “me enoja” porque no estoy escribiendo para ofender sino para dilucidar.

Es una nota extensa y quizá de lectura algo dificultosa, así que pónganse cómodas o cómodos para leerla.

No es admisible una lectura por encima o a medias; tampoco cabe que se la afronte con prejuicios.

 

Asumo que me juramenté hace más de seis meses no publicar más por haberme dado cuenta de que mis notas, artículos o publicaciones en general caían en saco roto.

 

Así que, desdiciéndome, publico estas líneas.

Las papas queman, las ollas están vacías, la Patria está siendo desguazada y mi Superyó me atenaza.

 

¿Por qué escribo ahora?

Porque se ha generalizado, injustificada y arbitrariamente, la idea de que el pueblo argentino está sumido en la pasividad, en la resignación o en la inacción callando o aceptando sumisamente las políticas brutales del gobierno despótico de LLA encabezado por Milei.

 

Leo y escucho todo el tiempo en distintos ámbitos reflexionar de manera tan equivocada, culpando al “pueblo”.

 

Esa creencia sobre supuesta modorra o pasividad del pueblo argentino no solamente es errónea, sino que también es injusta y corre el riesgo de sumar crueldad a la crueldad del gobierno despótico.

Además, desalienta a luchadoras y luchadores y eso le viene muy bien al enemigo.

 

El Pueblo argentino, en soledad, se está expresando, arriesgando vida, salud y libertad.

 

A diario se movilizan distintos sectores, desde jubiladas y jubilados hasta trabajadoras y trabajadores, grupos que denuncian la desesperación por el hambre de niñas y niños, estudiantes y sigue la lista.

 

Eso está muy a la vista y tira abajo esa idea de “una supuesta inacción popular”.

 

Que las cosas estén tan mal como están no se debe de ninguna manera al Pueblo argentino, el cual sigue siendo protagonista activo pese a tener tanto en contra.

 

Que las cosas estén tan mal como están se debe a la falta absoluta de CONDUCCIÓN POLÍTICA Y DE ORGANIZACIÓN POLÍTICA.

 

Ya señalé reiteradamente que la dictadura dejó como herencia las bases para la destrucción de la política, destrucción que fue luego impulsada por acción o por omisión por los sucesivos gobiernos civiles; en particular, el menemismo fue un depredador de la cultura política y de la organización políticas y la senda tenebrosa que abrió fue transitada por todos los gobiernos civiles que lo continuaron.

 

Todos esos gobiernos civiles, así como la totalidad de las dirigencias, a lo que se suman medios, encuestadores y “focus groups”, abonaron el camino que llevó a que la horda encabezada por los libertarios capturara el gobierno.

 

Ya señalé reiteradamente que hay que diferenciar masa de pueblo. A menudo, como ahora, la masa está en contra del Pueblo.

El Pueblo es siempre protagonista activo de la lucha para implantar la justicia, generar el desarrollo y alcanzar el bienestar colectivo y, si es posible, la felicidad, y también para hacer grande a la nación.

 

La masa es amorfa, sometida, fácilmente manipulable por los déspotas. Así que, la que no se moviliza, la que incurre en pasividad es la masa.

No confundir.

 

Del seno de la masa, ya desde la dictadura y, sobre todo, a partir del menemismo, fue emergiendo la horda.

 

Es la horda, la comunidad de los bestias, la que encaramó a Milei y su patota.

 

Para ser claro del todo: a Milei NO LO VOTÓ EL PUEBLO; LO VOTÓ LA MASA EMPUJADA POR LA HORDA.

Lo electoral enmascara, oculta, esa diferenciación tan determinante.

 

Toda la inacción actual es atribuible, únicamente atribuible, a las dirigencias que alardean de “nacionales y populares” o de “progresistas” o de “izquierda”.

 

No va lo que me responden muchas y muchos exclamando “no son todos iguales”.

Sí, son todas y todos iguales sea por complicidad, sea por ineficacia.

Me dicen: “los dirigentes de la izquierda, como los del FIT U están a la cabeza de las luchas populares” y yo les contesto: “pero sin una estrategia, con lo cual no conducen a ninguna parte”.

 

Quieren entretener con fueguitos artificiales, como por ejemplo hoy, viernes 6 de setiembre 2024, con el cruce entre Cristina Fernández de Kirchner y Javier Milei. Es decir, “mucho ruido y pocas nueces” como decía el bardo de Strafford-upon-Avon.

También los medios que presumen de “populares” y de opositores están en la promoción de figuras ya desgastadas o incapaces: tal dirigente social o tal gobernador o tal diputada y así contribuyen a la confusión, a la resignación.

Ya el “inefable” periodista Gustavo Sylvestre desde 2015 promocionó a Alberto Fernández hasta conseguir candidatearlo: no hace falta comentar; por supuesto, el “Gato” se hace ahora el desentendido, juega a “yo no fui”.

 

Esa inacción escandalosa de las dirigencias políticas, gremiales y sociales es estimulada por los intelectuales a la moda, por las redes virtuales, por los medios, por las encuestadoras y por los “focus groups”, todas herramientas de la manipulación grosera.

 

Encuestas de opinión pública y “focus groups” son inventos yanquis, inventos que desde que nacieron hasta hoy tienen un único propósito: manipular a las dirigencias y a las masas para mantener el orden establecido, para sostener a los despotismos.

No son instrumentos científicos, para nada. Son aberraciones del más rancio conservadorismo.

No hubiera habido revolución francesa, ni revolución  de Mayo, ni mexicana ni rusa si en esas épocas hubieran existido las encuestadoras; ni mucho menos el cruce libertador de los Andes.

 

En estas penosas circunstancias, las dirigencias de la Argentina se escudan en las encuestas, así como en un imaginario avance de la ultraderecha en el mundo para justificar dolosamente su inacción.

Su inacción y su incapacidad.

 

Siguen basándose en categorías políticas que caducaron y en análisis superficiales.

 

En conclusión:

 

NO HAY INACCIÓN DEL PUEBLO, EL CUAL ES PROTAGONISTA ACTIVO EN SOLEDAD

 

HAY SOMETIMIENTO DE LA MASA EMPUJADA POR LA HORDA

 

HAY PASIVIDAD DE LAS DIRIGENCIAS OPOSITORAS O SEUDO OPOSITORAS.

 

ES PERFECTAMENTE POSIBLE CONSTRUIR ACELERADAMENTE LA CONDUCCIÓN POLÍTICA.

 

ESTÁ FACILITADO HACERLO, JUSTAMENTE, PORQUE TENEMOS UN PUEBLO QUE ESTÁ DANDO LA LUCHA Y SEÑALANDO EL CAMINO.

 

Mi trayectoria y experiencia políticas aunadas con mi condición de científico social y mi conocimiento en profundidad de mi pueblo y de mi nación hacen que cuente yo con las claves para la construcción de esa conducción política. Habrá otras y otros que también tienen a la mano tales claves.

Es cuestión de convocar.

 

Hay compañeras y compañeros de las asambleas barriales, asambleas muy descaminadas, que me señalan candorosamente que la alternativa se construye desde abajo, que no va lo de la conducción política.

Se van a golpear contra las paredes. Me apena.

 

ASÍ QUE, A CONSTRUIR LA CONDUCCIÓN POLÍTICA. YA.

 

Como dije al principio, esta publicación no es para la catarsis de nadie, no es para tranquilizar espíritus.

Si no se hace nada para que este texto trascienda lo más posible y lo antes posible, me voy a sentir nuevamente muy defraudado y sin ninguna gana de volver a publicar.

Vean ustedes, creo que yo ya hice el gasto y, por cierto, que me expongo y que me estoy jugando; no estaría bien que lo hiciera inútilmente.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, setiembre 6 de 2024


sábado, 23 de marzo de 2024

LA NOCHE DEL 24 DE MARZO DE 1976 DA INICIO AL TEROR DEL TERROR EN LA ARGENTINA

 


 

Rubén Rojas Breu

 

LA NOCHE DEL 24 DE MARZO DE 1976 DA INICIO al terror del Terror en la Argentina.

 

Este título no consiste en una simple aliteración, no se trata de un mero ejercicio ejercicio retórico.

 

Alude a dos niveles lógicos cuya comprensión es clave para entender el significado último del régimen cívico militar instaurado en la tenebrosa noche del 24 de marzo de 1976.

 

El terrorismo de estado practicado por esa dictadura genocida estuvo al servicio de la absolutización del más extremo despotismo, el del Terror.

 

El terorismo de estado llevó a cabo treinta mil desapariciones forzadas, miles de muertes “blanqueadas”, robo de bebés, cárcel, tortura, enajenaciones y vejámenes de toda índole.

 

También aplicó la censura y la persecución del modo más extendido y criminal al punto de que se vulneró toda privacidad ya que cada hogar, cada institución, cada fábrica, cada aula, cada grupo y cada persona quedaba a disposición de la tiranía.

 

Todo el país quedó acuartelado: los militares representaban con su vestimenta, sus armas y sus procederes castrenses la trágica y tristísima realidad de un territorio y una población que quedaban sujetos al dictado de uniformidad.

 

En eso consistió el terror, el terror con inicial minúscula.

 

Ese terror se implantó para dar lugar a algo más definitorio y terminal todavía: el Terror.

EL TERROR.

 

Instaurar el Terror con inicial mayúscula fue el propósito primero y último de la dictadura: se trató de hacer sentir hasta en lo más recóndito de las cabezas, en el inconsciente mismo, así como en las vísceras y en los corazones que solamente el TERROR es garantía de orden social, de “paz”, de “convivencia”. Es esa concepción mezcla de lo satánico y de lo inquisitorial, de oscurantismo atávico y de imposición bestial de una Voluntad omnímoda que se valen de lo más abyecto, de lo más perverso y de lo más cruel para afirmarse.

 

Una concepción que los Pueblos rechazan pero que la masa actaa y que la horda, su expresión más salvaje, promueve. Es lo que explica que una importante parte de la población haya avalado el terror del Terror.

 

El régimen del terror del Terror fue la materialización del  deseo de las corporaciones y clases dominantes locales y de los imperialismos, en particular del imperialismo yanqui, el imperialismo que asolaba y sigue asolando a América Latina y a gran parte del planeta.

 

El imperialismo yanqui patrocinó ese régimen del terror del Terror que aplicó el plan sistemático de exterminio en nuestro país, al mismo tiempo que lo llevaba a cabo en países hermanos.

 

Para imponer y sostener a la dictadura el imperialismo yanqui contó con la complicidad o con la anuencia de las grandes potencias europeas y de la Unión Soviética.

 

El régimen del Terror se valió del terror para aniquilar la Política, para arrasar con el derecho a tener derechos, para destruir el Pueblo, para acabar con la más mínima intención de emanciparnos y de realizarnos.

 

El régimen del Terror fue así un modo extremo de ejercer la política, modo extremo al servicio de los poderosos que siguen mandando en la Argentina, desde los grandes hacendados y los grandes capitalistas hasta las insaciables multinacionales, el FMI, el Banco Mundial y demás espantos.

 

El régimen del Terror no se instauró con el único fin de un venal plan económico sino también con el objetivo de algo más letal: obligar a nuestra población a asumir como natural y divino que solamente vale la ambición de las oligarquías, de la gran burguesía, de los colonialistas y de los imperialistas, obligarla a resignarse, a conformarse con lo que hay, a aceptar el castigo impiadoso en el formato de ajustes depredadores, a dejarse arrastrar a las ciénagas de un posibilismo aniquilador.

 

El régimen del Terror dejó su herencia, activa y dominante, disfrazada de ficticia democracia y de formatos institucionales hueros.

 

El actual gobierno libertario es esa herencia, una herencia que se manifiesta con toda su brualidad, una herencia encarnada en la horda que se fue gestando desde las entrañas de la dictadura y se desarrolló a lo largo de cuarenta años de gobiernos civiles antipopulares y antinacionales que alternaron con los que aparentaron una causa nacional y popular, que transaron y que contribuyeron también al atraso y la injusticia imperantes .

 

El Pueblo construyendo su conducción política es el protagonista que puede hacer cierto que jamás ni siquiera en versión civil se reitere el Terror.

 

El Pueblo con su conducción política todavía a construir es el único actor que nos lleve a la emancipación y realización tan demoradas.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, marzo 23 de 2023

 


martes, 20 de febrero de 2024

EN LA ARGENTINA "ES IMPOSIBLE VIVIR ASÍ"

 




Rubén Rojas Breu

 

“ES IMPOSIBLE VIVIR ASÍ”

 

La frase del título, meramente descriptiva y lacrimógena, fue pronunciada por el gobernador cordobés.

 

Él, sus pares y la totalidad, TOTALIDAD, de las dirigencias políticas y sectoriales son responsables de que el gobierno absolutista teocrático encabezado por el señor Milei esté ahí, para extremo padecimiento de la mayoría de las argentinas y de los argentinos, para el atroz sufrimiento que tiene por víctimas preferenciales a niñas, niños, adolescentes, ancianas y ancianos.

 

Gobernadores, legisladores, dirigentes en general, intelectuales y periodistas son complacientes con semejante gobierno que hace de la crueldad y de la injusticia el modo de gestionar.

 

Con vociferar, denunciar, interponer amparos en el Poder Judicial o publicar documentos en los que abundan las falacias, no se sale de esta situación tan espantosa.

Se sale con la acción, se sale con la acción política

 

El Régimen, todo el Régimen, está en descomposición; nuestro vernáculo Antiguo Régimen se cae a pedazos.

 

Antiguo Régimen es la expresión que adoptaron los revolucionarios franceses en 1789 para referirse a la monarquía absolutista de Luis XIV acompañada por los duques, marqueses, cardenales y obispos.

 

La Rae tiene un elevado número de acepciones para la palabra “descomposición”.

 

Selecciono las que mejor se adecuan a mi análisis:

 

-      “estropear, deteriorar, romper, averiar, dañar, desgastar, gastar”

 

-      “corromperse o hallarse en estado de putrefacción”

 

 

El gobernador cordobés declaró, de declaraciones también se vive, que “es imposible vivir así”.

Indiscutible afirmación, pero qué hace él para que sea posible vivir.

Hasta acá, nada hace; esta aseveración mía también le cabe a la totalidad de los gobernadores y las gobernadoras, legisladoras y legisladores, intendentas e intendentes, dirigentes y sigue la lista.

 

Además, incurren en lo que Perón despreciaba: “las gallináceas”: por ejemplo, tener berrinches porque en el AMBA las tarifas de transporte y servicios son supuestamente más bajas, sin percibir, en onda boba, que deberían ser sobradamente accesibles en todo el país, tal como acontece en todo el planeta.

En los países avanzados se subsidia por muy justificadas razones, al punto de que hay ciudades europeas en las cuales el transporte es gratuito.

 

 

Como vivir es “tener vida” veamos el significado de la palabra “vida” que nos proporciona el diccionario de la RAE:  

“Conjunto de los bienes necesarios para vivir” y da un ejemplo que yo modifico: “la vida en la Argentina está carísima, está inviable”.

 

Todo lo antedicho me hace antipático para las dirigencias y para los factores de poder a los que sirven. Corro el riesgo de ganarme el odio no solamente de la horda libertaria sino de todas las facciones políticas.

 

Pero mi compromiso inclaudicable es con la Patria, con el Pueblo y con trabajadoras y trabajadores, con jubiladas y jubilados, con niñas, niños y adolescentes por los que me conmuevo hasta los tuétanos viéndolos en situación de calle o en los comedores y paradores.

 

Van a contestarme con hostilidad quienes se consideran injustificadamente militantes de la causa nacional y popular, los progres y la izquierda trotskista.

Me adelanto al reproche con el que me están tratando: soy consciente de que no son todos iguales.

Tengo décadas de jugadísima trayectoria política como para no percibir las diferencias.

Empero, con esas diferencias no alcanza.

Si no aciertan a encontrar el rumbo, si no aciertan con la lucha eficaz que nos lleve a la emancipación y a la realización, forman parte del Antiguo Régimen.

 

Personalmente, me censuran, me ningunean y me excluyen, pero pretenden en modo soberbia que los halague y que me sume a ellos.

Piden demasiado a cambio de nada.

 

Estoy participando de las asambleas populares barriales y ya me estoy decepcionando: están muy lejos de asumir el rol que deberían asumir y, además, se molestan porque les señalo las incongruencias y la ineficacia, porque les señalo la incapacidad política y la debilidad ideológica.

 

No me corran con que soy injusto en mis evaluaciones o con que no valoro lo que hacen tantas y tantos.

No me corran cuando con toda mi trayectoria sigo militando y dando la pelea con el mismo fervor con que empecé a hacerlo en el último grado de la escuela primaria, algo que ninguna y ningún dirigente puede reivindicar para sí.

 

Además, fui preso político a mis 19 años, expulsado de la facultad de Medicina de la UBA a mis 21 por mi militancia, perseguido tenazmente por las dictaduras cívico militares, nuevamente expulsado de la UBA por López Rega siendo docente y me quedo corto con todas las que pasé y paso.

 

No hay gobierno libertario absolutista si no viniéramos desde hace décadas sometidos a un Régimen despótico.

 

El llamado kirchnerismo, ante la rebelión popular de principios de siglo y aquellas asambleas de las cuales fui un fundador, se ocupó del triste papel de salvar al Régimen.

Es así nomás.

Y, aunque no les guste lo que digo, la izquierda trotskista convalida.

Todo lo que hicieron sirvió para crear las condiciones para que hoy nos opriman el FMI, las grandes corporaciones globales y locales y, por supuesto, el esperpéntico gobierno absolutista.

Con honestidad a unos y a otros les planteé reiteradamente cuál es el camino de la genuina transformación, un camino enteramente político y en paz, entiéndase bien.

 

Me respondieron siempre con oídos sordos y descalificaciones desde la petulancia.

Ahora, para plagiarme según sus esquemas referenciales, ni siquiera se persignan.

 

Quienes con su disposición y generosidad lean estas líneas se sorprenderían quiénes y cuántos fueron mis interlocutores a quienes les transmití estas preocupaciones y mis recomendaciones para superar este destino crecientemente letal. Hablo de interlocutores que están y estuvieron en las posiciones más encumbradas.

 

No me victimizo; para victimizarse hay otras y otros que llegan a presidentes o presidentas, a dirigentes y punteros, a gobernadoras y gobernadores, etc.

 

Si estoy autorreferencial es porque ya estoy a punto de declararme impotente ante tanta mediocridad, ante tanta infamia, ante tanta manipulación, ante tanta genuflexión.

 

Y ante tanta destrucción, ante tanta ruina.

 

Los ingleses con la visita repudiable de su canciller a nuestras Malvinas y los yanquis con el portaaviones que se paseará por acá, nos humillan y para quienes se enojan conmigo, con tamañas agresiones a nuestra soberanía “todo bien”.

Si los gobernadores solamente lloran, está todo dicho.

 

El Pueblo está dando su lucha como puede y en penosísima soledad.

No tiene conducción.

Participo de las asambleas, una vez más, con una esperanza a la cual ya tengo que renunciar dado el tenor de las mismas.

 

Tenía la esperanza de que de las asambleas surgiera la conducción política genuina que la Patria y el Pueblo requieren.

 

Me gustaría que las asambleas den el volantazo para tomar por la ruta que lleve a ese objetivo que se torna imperioso: el de la construcción acelerada de la conducción política.

 

Nos quedamos ya sin tiempo.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, febrero 20 de 2024

martes, 13 de febrero de 2024

RÉGIMEN O PUEBLO ES LA DISYUNTIVA EN LA ARGENTINA

 



 

 

Rubén Rojas Breu

 

RÉGIMEN O PUEBLO ES LA DISYUNTIVA QUE SE JUEGA EN LA ARGENTINA.

SOBRE EL ROL DE LAS ASAMBLEAS POPULARES

 

El gobierno libertario fue derrotado en su primera brevísima etapa.

 

El acontecimiento más resonante de la derrota es la caída de su ley ómnibus, pero a tal acontecimiento se suman fracasos varios en su gestión, así como la pérdida de gran parte de sus apoyos tanto entre factores de poder como en el acompañamiento de la población que lo catapultó; sus votantes están desertando y los que lo siguen avalando carecen de conciencia política, de cultura política y no tienen idea de qué y a quienes están respaldando ni de cuáles son sus políticas.

 

Los actores que le infligieron tamaño revés son:

 

-     En primer lugar, el Pueblo por medio de su contundente, persistente y tenaz movilización.

 

-     En segundo lugar, las cada vez más dubitativas corporaciones y, fundamentalmente, “la casta política” que lo dejó pagando en el desprestigiado Congreso.

 

Sin embargo, lo que acabo de describir es apenas una parte de lo que está sucediendo: es la parte visible del témpano.

 

Porque no tambalea solamente el gobierno paleolibertario; está en riesgo de derrumbe todo el Régimen, el Régimen político institucional heredado de la dictadura genocida.

 

Agoniza el Régimen institucional que sostiene y cobija a una configuración social y económica tremendamente injusta y que hace estragos con nuestra cultura a la par de que abre las puertas de par en par a la penetración extranjera, particularmente a la yanqui.

 

Pero téngase en cuenta que una agonía, un coma, puede prolongarse en el tiempo gracias a la tecnología de avanzada: así sucede, ya que dicha agonía comenzó sobre fines del 2001.

 

Es un Régimen que, con idas y venidas, con diferencias de matices, respondió a las grandes corporaciones globales y locales que someten a la Nación, al Pueblo y a los trabajadores en todas sus variantes.

 

Ese Régimen atravesó etapas en las que se arrodilló ante la oligarquía, ante las grandes patronales y ante el imperialismo.

Dichas etapas alternaron con gobiernos demagógicos que practicaron el gatopardismo.

 

No hubo transformación de raíz ni mucho menos un Proyecto de gran alcance para la Argentina.

 

El Régimen tuvo dos grandes salvatajes.

 

-     El primero, en 2002/2003 cuando se bamboleó, cuando sus cimientos fueron socavados por la genuina rebelión popular.

Los factores de poder y las dirigencias políticas y sectoriales, a la manera de las plaquetas de la sangre, salieron a suturar la gran herida abierta.

Para tal cometido, debilitaron hasta la extinción a las fuerzas populares, particularmente a las asambleas, y con el recurso electoral encaramaron un gobierno supuestamente renovador o innovador que sostuvo al Régimen; ese gobierno se estiró en el tiempo alternando con la derecha recalcitrantemente antipopular y antinacional.

 

 

-     El segundo salvataje del Régimen justamente lo está intentando el gobierno libertario, un gobierno absolutista teocrático.

 

Contra lo que Milei y los suyos vociferan, este gobierno viene a sostener a todas las castas y a preservar un Régimen devenido obsoleto, insatisfactorio, contrario a los intereses de nación y pueblo.

 

Dicho con la mayor claridad: Milei vino a salvar al Régimen, vino a preservar los intereses de los concentradores de poder y de riqueza y, también, de todas las dirigencias políticas y sectoriales.

 

De ahí las alianzas, contubernios y, también, las falsas o seudo oposiciones.

No hay modo más artero y más efectivo para sostener un Régimen injusto que el de cacarear contra algunos actores del mismo, generando antagonismos engañosos que lleven a la sociedad y a las masas a distraerse en “contradicciones secundarias” y, citando a Perón, a perder dolorosamente el tiempo en gallináceas.

 

Hasta los opositores más intransigentes o que se visten de tales transan de una manera o de otra con el gobierno libertario.

 

Sumergidos en la ambivalencia, se oponen, por un lado, pero lo legitiman por otro porque olfatean que un fracaso definitivo de Milei y sus huestes conlleva la caída de todo el Régimen.

O sea, un naufragio de Milei arrastraría a la totalidad de los poderosos, a la totalidad de los dirigentes políticos, gremiales y sociales, a la totalidad de los gobernadores, legisladores, intendentes, etc.

 

Lo sostienen ahí, con hilvanes y zurcidos, apelando a roscas, discursos vacuos, impulsando recambios, cuestionándolo a medias y frenando la movilización popular descaradamente.

 

Que la referente más notoria de la oposición dizque “nacional y popular” elogie a Milei argumentando como argumenta es un lapsus elocuente que confirma lo antedicho.

De paso sea dicho, la atracción irresistible del espejo lleva al desvarío.

 

Ese lapsus, por decir lo menos, se suma a todos los comportamientos que esa imaginaria oposición ha tenido y tiene desde el gobierno de Cambiemos, pasando por el del FdT hasta el de la actualidad “libertaria”.

 

La izquierda más izquierdista, más allá de su compromiso y del respeto que se ganó, lejos de poner en cuestión al Régimen, lo sostiene con su voluntarismo y es llevada por el temor a sacar los pies del plato; deriva en una versión más del progresismo o en una variante reformista.

 

Puede vaticinarse que una epidemia de prosopagnosia va a desencadenarse entre gobernantes, dirigentes y poderosos: van en camino de terminar no viéndose las caras.

 

A todo ese espectro los cautiva una columna fundamental del Régimen: los medios masivos, que los encandila como la luz a las polillas.

 

En consecuencia, como vengo diciendo, el Pueblo viene dando la lucha en soledad.

 

El Pueblo se movilizó.

 

Impuso a las centrales sindicales, CGT y CTAs, la realización de un paro activo determinante y se expresa, también, a través de cacerolazos, de acciones sectoriales, de reclamos sonoros y, asimismo, de comportamientos que expresan retracción como abstenerse de consumir al punto de sufrir, paralelamente, el hambre que hace estragos entre niñas, niños, adolescentes, jubiladas y jubilados.

 

El Pueblo grita con toda su voz que no cree en nadie y que no quiere seguir a nadie.

 

En ese contexto, desde el inicio del gobierno absolutista, surgen las Asambleas, asambleas barriales, vecinales, populares.

 

Opto por denominarlas Asambleas del Pueblo, confiado en que cumplan su misión, superando categóricamente a las fracasadas de 2001-2003, de las cuales participé.  

 

Las Asambleas están creciendo en convocatoria, en participación y en influencia en todo el país.

 

No obstante, creo que todavía tienen que madurar bastante para tener claros los Objetivos Estratégicos que las hagan una opción eficaz para la transformación, para la concreción del Proyecto.

 

En este momento las veo abocadas a la resistencia, lo cual es comprensible; pero, si quieren alcanzar la victoria, deberán pasar más temprano que tarde a la ofensiva.  

 

Se plantea una disyuntiva para las Asambleas:

 

Una salida de bajas aspiraciones que lleva a terminar corriendo atrás de organizaciones, agrupaciones o figuras líderes que no son más que cartas conocidas del Régimen. Esto equivale a reeditar el fracaso de 2003.

 

La deseable, la que impulso con todas mis ansias:  devenir en expresión acabada del Pueblo, en erigirse en su expresión más representativa y auténtica.

 

Sucintamente, para tal cometido, las Asambleas tienen que elaborar un Proyecto de emancipación y de realización de la Argentina, de la nación y del pueblo, construir la conducción política y organizar cubriendo todo el territorio y conteniendo a las mayorías.

 

Es todo un desafío, pero así están las cosas.

 

En resumen, se trata de la alternativa Régimen o Pueblo.

 

Como sentenció San Martín: “serás lo que debas ser o no serás nada”.

 

El Pueblo es Pueblo o cae en la nada.

 

Las Asambleas, si responden al Pueblo, serán quienes enarbolen el proyecto, conduzcan y organicen o no serán nada.

 

Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, febrero 13 de 2024

 

 

 


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