viernes, 13 de febrero de 2026

SOBRE LA REFORMA LABORAL EN LA ARGENTINA

 



 

Rubén Rojas Breu

 

ANÁLISIS POLÍTICO DE LA REFORMA LABORAL

La informalidad desplaza a la formalidad.

Porqués ya sabidos y porqués subyacentes que llevan a conclusiones revulsivas

 

La mal nacida

La reforma laboral que ya cuenta con media sanción del Senado de la Nación es un engendro según esta acepción de la RAE: “plan, designio u obra intelectual mal concebidos”.

Es una reforma mal nacida por donde se la mire.

Como tantos actos de este gobierno, y de sus antecesores, va en dirección contraria a lo que se da en el mundo.

En los países europeos, entre ellos España, se avanza en propuestas de reducción de la jornada laboral, inclusive en la instauración de la semana de cuatro días laborables.

Quede claro que cabe, al menos cada tanto y quizá con creciente frecuencia, reformar la legislación laboral.

Lo que no cabe es que en lugar de mejorar la situación de los trabajadores, de fomentar el empleo formal y digno, de generar las condiciones para un incremento significativo de las fuentes de trabajo y de reconocer nuevos derechos, se geste una reforma que atrasa y genera más atraso, que legalice la desigualdad y la esclavización, que retrotraiga a épocas pretéritas, que deshumanice.  

En la pronunciada decadencia argentina letalmente iniciada con la última dictadura cívico militar y continuada desde entonces ininterrumpidamente con el advenimiento desde 1983 de los gobiernos civiles, esta reforma laboral es una barbaridad más, una barbaridad de las tantas a las que nos somete un régimen social, político y económico injusto en todos los órdenes que hacen a la vida en sociedad, a la vida humana como tal.

Es una reforma atentatoria contra derechos constitucionales, así como contraria a los establecidos por la OIT y los tratados internacionales.

Destruye o lesiona definitivamente los salarios, las condiciones laborales, los beneficios consagrados, la agremiación y tanto más.

Más aún, destila crueldad como lo que contiene en referencia a cómo se arrojará al desamparo a las enfermas y los enfermos, a accidentadas y accidentados, a quienes terminen padeciendo discapacidad.

Acaba con las conquistas que los trabajadores lograron gracias a denodadas luchas desde el siglo XIX, acaba con leyes impulsadas por el anarquismo y el socialismo, acaba con políticas instauradas por los gobiernos de Yrigoyen como la jornada de ocho horas, la cual, aclaremos, fue lanzada como proclama por Marx quien la consideró como una necesidad histórica y una victoria fundamental de la lucha de clases contra la explotación capitalista.

Promovida bajo el lema "8 horas para trabajar, 8 para dormir y 8 para la casa", Marx impulsó esta demanda a través de la Asociación Internacional de los Trabajadores en 1866, describiendo la limitación legal del tiempo de trabajo como el primer paso para la emancipación del proletariado. 

Sobre todo, la reforma laboral acaba con la enorme realización del peronismo fundacional, conducido por Perón, el cual promovió y llevó a cabo la más integral o completa legislación laboral, auténticamente moderna, que conozca el planeta entero.

Una legislación laboral de avanzada que conjuntamente con otras políticas que implementó aquel gobierno en todas las áreas puso a la Argentina en la senda definitiva del bienestar colectivo, del desarrollo y de país de referencia para el planeta.

Fue ese peronismo al cual John William Cooke definió como “el hecho maldito del país burgués”, el país burgués que conspiró para acabar con tantas conquistas y derechos, pese a que, objetivamente, tal peronismo original propiciaba el desarrollo.

Ver a quienes, en franca exhibición de impostura, se autodenominan “peronistas” (sean kirchneristas, kicillofistas, cegetistas o de la variante que se invoque) y a marxistas avalar la reforma u oponerse a ella con argumentos de una flojedad patética, sin movilizar, sin conducir, sin organizar, sin concientizar es de una inconmensurable infamia.

Estos últimos, mientras declaman ante micrófonos y cámaras, tras bambalinas transan y devienen finalmente cómplices sea por inacción, sea por colaboracionismo, sea por ineficacia.

Las dirigencias políticas y sindicales, como lo vengo sosteniendo desde el inicio del gobierno despótico de la fratria Milei y la horda que los encaramó, dejaron al Pueblo luchando en soledad, dejó a la Patria inerme, mientras desde sus mansiones, sus pisos, oficinas, despachos y balcones miran pasiva y egolátricamente la devastación.

Tales dirigencias se escudan en los medios cada vez más frívolos y complacientes con lo que hay y en las empresas encuestadoras, instrumentos de la manipulación.

Dirigencias políticas y sindicales, medios y empresas encuestadoras malversan con el único fin de su propio beneficio, distorsionan, muestran craso desconocimiento y garrafal falta de vocación por la Política tal como ésta debe ser ejercida.

Me eximo acá de analizar en detalle la reforma laboral de lo cual ya se ocupan con creces los especialistas, en particular los abogados laboralistas.

 

Éste es un análisis político y sociológico

 

Seguidamente expongo los porqués que han hecho posible que esta esclavizante y retrógrada reforma laboral sea dada a luz.

 

Porqués ya sabidos

1.   El rol decisivo y crecientemente determinante de las grandes corporaciones globales y locales, los factores de poder, la sempiterna y vetusta oligarquía local y las presiones imperialistas con los EEUU de Washington a la cabeza y sus digitados organismos internacionales, como el FMI, sin duda es una condición obvia y que vale, una vez más, mencionar.

 

2.   A eso se suma lo ya dicho acerca, según sea el caso, de la mediocridad, de la inacción, de la ineficacia, de la complacencia o de la complicidad de todas las dirigencias políticas, gremiales y sociales, sean del palo que sean, aliadas venales del gobierno totalitario ultraderechista y brutal o supuestamente opositoras aunque, como ya fuera dicho ut supra, entregadas o rendidas, refugiadas o sostenidas en las prédicas mediáticas, en las encuestas y confiadas en males endémicos y obsoletos como el “institucionalismo” y el electoralismo.

Aclaro, “institucionalismo” no es institucionalidad, marco institucional o sostén en las instituciones.

“Institucionalismo” es la perversión consistente en usar la cáscara de las llamadas instituciones vaciadas de toda significación, ajenas a la auténtica democracia..

 

Porqués subyacentes

Se trata de porqués que nadie tiene en cuenta, tal es el nivel paupérrimo de los análisis de expertos, analistas políticos, periodistas y, por supuesto, dirigentes, sus asesores y encuestadores.

Desde la dictadura y con fuerte impulso durante el menemismo, se fue destruyendo la Política misma y, por ende, las organizaciones políticas, la cultura política, la conducción política,

También, sumamente grave, con la defección del gobierno radical en la Pascua de 1987 ante militares carapintadas, defección en la cual tal gobierno fue acompañado por las dirigencias de entonces, se empezó a asestar golpes contra la organización política por excelencia, la organización política de más alta complejidad y la que da a la democracia su nombre; el Pueblo, que ya había sido objeto de aniquilación por la dictadura.

Sobreviene el impulso a la masa, a la opinión pública que actualmente está constituida por tal masa junto con los medios, las redes virtuales y las encuestas.

Peor aún, se da aire a lo más pernicioso, el monstruo que sale de las entrañas de la masa; la horda.

En paralelo con tal parición se desarrolla a niveles inauditos lo lumpen.

Pierden las organizaciones en general, pierde protagonismo la organización como tal, la organización legal y legítima, para dar lugar a procesos de desorganización política y social que generarán nuevos tipos de organizaciones francamente asociales; entre ellas, mafia y narcos.

La justificadísima rebelión popular de 2001 que derivó en las ejemplares asambleas populares fue un intento prerrevolucionario de reestablecer el protagonismo del Pueblo.

Tal proceso fue abortado por el régimen político institucional el cual se valió del kirchnerismo para perpetuarse, para restablecer el orden conservador al servicio de las grandes corporaciones, de los factores de poder y, desde luego, con la fachada de las dirigencias políticas, sociales y gremiales anacrónicas y añosas.

Esa derrota del Pueblo, definitivamente consumada en mayo de 2003 y de la cual además del kirchnerismo y sus apoyos también fueron responsables todo el progresismo y la izquierda, alimentó todavía más a las organizaciones asociales.

Creció más la pobreza, el atraso se fue tornando constitutivo, la Argentina se quedaba sin Proyecto de emancipación y de realización, se quedaba sin la posibilidad de consumar su destino de potencia al servicio de la paz y de la confraternización entre naciones y pueblos.

En ese marco, el trabajo y la cultura del trabajo se debilitaron enormemente,

Creció la informalidad y el “sálvese quien pueda” junto con un asistencialismo causante de más deterioro.

La informalidad ganó la delantera al llamado trabajo en blanco.

Gran parte de la población quedó fuera de lo que se da en llamar “mercado de trabajo”.

Aumentaron las ocupaciones temporarias, las ocupaciones unipersonales enmascaradas como “microemprendimientos”, los seudo empleos del tipo de los envíos a domicilio, remiserías y cuentapropistas de toda índole, servicios de todo tipo en hogares, las modalidades virtuales, aplicaciones y plataformas, aislándose así quienes trabajan.

Aisladas y aislados trabajadoras y trabajadores no sólo se debilitan las condiciones para la tan meneada conciencia de clase, sino que quedan sujetas y sujetos a los manejos extorsivos de quienes “dan trabajo”.

En simultáneo como he señalado crecieron las mafias y los narcos, con sus modalidades criminales y extorsivas, como una suerte de sociedad ilegal paralela.

Quienes viven de actividades legales informales y quienes viven de las ilegales, no gozaron ni gozan de la legislación laboral que beneficia y organiza a los trabajadores formales o “en blanco”.

A tal punto es así que contribuyeron al avance de la derecha y de la ultraderecha en la convicción de que tendrían derechos y hasta salarios en dólares que se les negaban o impedían.

La horda tuvo así el camino llano para catapultar a la fratria Milei y sus esbirros.

Dirigencias políticas, sociales y gremiales como así también medios y empresas encuestadoras crearon el clima propicio para que el huevo de la serpiente empollara y se rompiera para dar a luz al engendro.


De tal manera la informalidad fue incrementándose en dos categorías:


La legal, la de los trabajos fuera de los derechos, desde cuentapropistas hasta repartidores en un amplio espectro de gran volumen ya descrito

La ilegal, la que se da bajo el imperio de mafias y narcos así como del bandidaje en general.

 

Toda esa informalidad, legal e ilegal, desplazó a la formalidad, no solamente en el trabajo sino también en la cabeza de argentinas y argentinos enviados al “sálvese quien pueda”.

Quienes fueron arrojadas y arrojados a tamaña situación poco pueden saber o valorar de derechos de trabajadoras y trabajadores.

Se les naturalizó la explotación más despiadada, el subsistir, las privaciones, la exclusión, el sometimiento.



Entonces, una conclusión revulsiva, que seguramente sorprende a la vez que golpea:


La reforma laboral, en vez de contribuir a la formalización y al aumento del empleo digno y registrado, legitima la informalidad desplazando a la formalidad,

Ahora, la informalidad, con formato institucional, desplaza a la formalidad.


Más grave es la cosa todavía:

no solamente gana la informalidad, sino que, habida cuenta de lo antes desarrollado, la ilegal que habita en su seno.

Así, la reforma laboral.tiene mucho de inspiración en el funcionamiento “laboral” de las organizaciones mafiosas y narcos.

¿O no?


A diferencia de gobernantes y dirigentes, cada vez más encapsulados y divorciados del Pueblo, quienes conocemos las calles, quienes pateamos los barrios y quienes nos comprometemos políticamente de verdad, sabemos hasta qué punto lo referido es la triste verdad, tan penosa como cotidiana.

La incapacidad política de las dirigencias de la oposición las torna ineptas e incompetentes para advertir la gravedad, alcances e implicancias que este análisis destaca.

En consecuencia, tal incapacidad también la limita sobremanera para mejorar sus argumentos, y peor aún, las hace inútiles para generar la conducción, la estrategia y la organización políticas que la hora requiere.

Pese a lo desolador de este análisis, en el mismo está esbozada la salida: construir, sin más dilaciones, la conducción política.


Rubén Rojas Breu

Buenos Aires, febrero 13 de 2026

 

 

 

 

 

 


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