martes, 24 de febrero de 2026

2001, EL FANTASMA QUE SOBREVUELA A LA ARGENTINA

 



 

Rubén Rojas Breu

 

2001, EL FANTASMA QUE SOBREVUELA A LA ARGENTINA

 

El 2001 en la Argentina quedó indeleblemente registrado en la memoria colectiva como la concurrencia de dos grandes acontecimientos que se dieron con inusitada repercusión, profundidad y extensión en el tiempo.

 

Ambos acontecimientos tanto se entrelazaron como se diferenciaron concurriendo en el mismo espacio y en el mismo tiempo:

Uno, la hecatombe resultante del fracaso de la política llevada a cabo por el menemismo y, en particular, su programa económico sustentado en la llamada “convertibilidad” pergeñada por Cavallo y los suyos; esa política económica fue continuada y hasta extremada por el gobierno de la Alianza encabezado por Fernando de la Rúa y Carlos “Chacho” Álvarez.

El otro, fue la gran rebelión popular que se dio en todo el territorio nacional al grito unánime “que se vayan todos”, grito que reflejaba la caducidad del régimen político institucional y de la configuración social, heredado y heredada de la dictadura.

 

Se trató de una rebelión que devino en situación revolucionaria, pacífica y ejemplar para el planeta, y que dejó en claro que el Pueblo había decidido protagonizar, asumiendo del todo aquella máxima del peronismo fundacional que reza “el pueblo es el artífice de su destino”.

 

Temblaron no solamente las dirigencias políticas de todo el espectro, de derecha a izquierda, sino también los concentradores de poder y de riqueza vernáculos y globales, los medios de comunicación dominantes y las dirigencias gremiales y sociales.

Asimismo, las empresas encuestadoras habían fracasado estrepitosamente en sus diagnósticos y pronósticos.

 

Nadie de todos esos había entendido los resultados electorales de octubre de ese año, todo un anticipo de lo que brotaría con tanta fuerza en las jornadas de diciembre a partir de la declaración del estado de sitio por el gobierno aliancista.

 

Nació un nuevo poder, alejado de los formales o ficticiamente institucionalistas: las asambleas populares; digo de paso, que siendo entonces presidente de la agrupación PODER cofundé varias y, particularmente, la Asamblea del Almacén en el barrio de San Cristóbal en CABA.

 

El régimen se abroqueló, valiéndose de la represión de las movilizaciones, dejando muertos, heridos y detenidos, y apelando a la cooptación de gran número de participantes de la rebelión.

 

 

Mañosa y maliciosamente impulsaron la lectura de que se trataba de una movida antipolítica, para lo cual todos los medios de comunicación, también de derecha a izquierda, se pusieron de acuerdo al punto que siguen difamando hasta el día de hoy.

 

Como es sabido, el kirchnerismo vino a salvar las papas del régimen político institucional caduco y a un paso de su sepultura, así como a preservar los intereses y privilegios de las élites y de los sectores dominantes, locales y globales.

 

Hoy, ante el gravísimo estado de cosas que las argentinas y los argentinos estamos padeciendo, esa rebelión del 2001 sobrevuela a la Argentina como un fantasma que amenaza a los beneficiarios del régimen y que genera expectativas en aumento para los luchadores populares, para el Pueblo.

 

El gobierno totalitario, su horda y sus sostenedores están destruyendo a la Argentina de tal manera con la caída de todo y el hambre y desesperación de las mayorías, que se dan estos fenómenos opuestos y simultáneos:

 

Por un lado, los poderosos y sus instrumentos, las dirigencias políticas y sectoriales, así como los medios, están con el corazón en la boca. Temen una reedición de la rebelión del 2001.

Toda la oposición, reitero, de derecha a izquierda, es cómplice o incapaz ante tanta barbarie “libertaria” y al mismo tiempo tiene terror de otra gesta como aquella.

La connivencia o el derrotismo ganan la partida en esa oposición.

Por eso digo que el 2001 sobrevuela como un fantasma, ya que una de las acepciones del diccionario de la Real Academia es “Amenaza de un riesgo inminente o temor de que sobrevenga”.

Entiéndase, “amenaza” para quienes mandan y quienes les sirven.

 

Por otro lado, crecen en las mayorías maltratadas y, sobre todo en el Pueblo, la expectativa y las acciones que se encaminan a un nuevo 2001 ya que dejaron de confiar por completo en las dirigencias políticas, gremiales y sociales.

En este caso el fantasma que sobrevuela es el de la ilusión que anticipa la realización, la concreción de lo que tiene que suceder para abrir el camino para la emancipación y la realización.

No obstante, hay que tener en cuenta que la Historia enseña que nada se repite, nada se da del mismo modo que se dio en situaciones anteriores.

Es de esperar que no se repita porque podría redundar en una nueva y gravosa frustración.

Para que todo salga tal como el Pueblo anhela, hay que aprender del 2001 y lo que siguió.

 

Ésta es la gran lección que nos deja a quienes de verdad estamos en la vereda de la Nación, del Pueblo y de los trabajadores:

Que, sin Proyecto, sin conducción política, sin estrategia y sin organización no se logra el éxito.

De trabajar rápidamente para esto último es de lo que se trata.

Inexorablemente.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, febrero 16 de 2026

 

 


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