martes, 7 de abril de 2026

EL OBSCENO GOBIERNO DE MILEI YA ESTÁ DERROTADO

 


 

Rubén Rojas Breu

 

EL OBSCENO GOBIERNO DE MILEI YA ESTÁ DERROTADO

 

En rigor de verdad, este gobierno nació derrotado desde el momento en que desde su primer día se definió en contra de la nación, del pueblo y de los trabajadores, en contra de las argentinas y de los argentinos.

Ahora ya no quedan dudas de su derrota.

 

Está, además, derrotado en la medida que solamente es una carta devaluada con la que el régimen político institucional que caducó en 2001 busca perpetuarse dejando en ese intento, a contramano de la Historia, más decadencia, más atraso, más pobreza, más injusticia, más debilitamiento de nuestro país en la región y en el mundo, lo cual repercute desalentadoramente en la Patria Grande latinoamericana.

 

Ahora bien, un gobierno derrotado, como lo demuestra repetidamente la Historia, puede subsistir por un tiempo más o menos breve o más o menos prolongado.

 

La monarquía francesa fue derrotada en 1789 con la toma de la Bastilla y la posterior marcha de las mujeres al palacio de Versalles.

No obstante, la monarquía fue formalmente concluida en 1792, ergo sobrevivió tres años a su derrota.

 

La dictadura cívico militar terrorista de estado de nuestro país fue derrotada en junio de 1982 pero recién cayó en diciembre de 1983 cuando el primer gobierno civil que la sucedió inició su gestión luego de las elecciones de octubre de ese año.

 

Así que podemos afirmar sin temor a equivocación que el gobierno ultraderechista y cavernícola actual ya está derrotado, con creces.

 

Está derrotado en los dos frentes, el interno y el externo.

 

En el interno, porque el país está en la peor bancarrota imaginable con un atraso descomunal, estancamiento a la baja, pobreza e indigencia por doquier, hambre, violencia institucional y criminal, desamparo de niñas, niños, adolescentes, jubilados y discapacitados.

Manotazos, griterío persistente y alaridos propios de este gobierno también son signos de su estrepitoso fracaso.

No se puede más, no se da más.

 

En el externo, porque su política internacional de alineamiento con lo más repudiable lo llevó a quedar pegado al país yanqui ya vencido y camino de la capitulación, humillado por Irán, burlado por Rusia y China, ninguneado por las otras grandes potencias tanto europeas como asiáticas y resistido por la mayoría de los países de América Latina.

 

Los gobiernos de Israel, marionetista, y de la Argentina, lacayo, son los únicos con los que cuenta el país del Norte de América; el de nuestro país, como mero adorno de utilería.

 

Inexorablemente, ya vencido, una vez más, los EEUU del esclavista Washington arrastran en su caída a sus acompañantes fieles.

 

Aunque las amenazas yanquis, vociferadas por su rubicundo primer mandatario formal, se materializaran, ya el fracaso en el logro de los objetivos que se había propuesto el país yanqui salta a la vista.

 

En nuestro país, medios de comunicación masiva de todo el espectro y todas las empresas encuestadoras, que operaron ininterrumpidamente para potenciar y sostener a este gobierno incalificable, ya le retiraron su apoyo hasta acá incondicional.

 

El institucionalismo vacuo con el cual la oposición sostuvo al gobierno se hace pedazos, ya no sirve.

Además, el descreimiento en instituciones y dirigencias es pavoroso y amenaza con ser irreversible.

 

A esta oposición le cabe el primer verso del tango “Naipe marcado” de Ángel Greco inmortalizado por Gardel: “vayan parando el chamuyo”.

 

Queda claro que quienes apoyan o votan al gobierno de la fratria Milei y su horda, se han pronunciado y se pronuncian en contra de los intereses nacionales y populares, salvajemente, lo cual los hace merecedores de repudio, sean de la edad, género y estrato social que sean.

 

La ignorancia, la pobreza, el resentimiento, la falta de conocimiento de la Política o el rechazo al comportamiento sistemáticamente decepcionante cuando no desvergonzado de todos los gobiernos civiles que sucedieron a la dictadura terrorista de estado no justifican el aval o el sufragio en favor de un gobierno tan brutal, tan descomunalmente injusto, tan obsceno, tan violento y tan grosero que ejercita la procacidad como modalidad habitual de conducta.

 

Quienes lo apoyan o lo votan se identifican con esa conducta de caprichoso nene de papá, aunque la inmensa mayoría de esos adherentes y electores no tienen ni dónde caerse muertos.

El gusto por el sometimiento y el castigo tiene sus consecuencias.

 

Por otra parte, ningún malestar causado por gestiones anteriores que puedan alegar esos simpatizantes y votantes de este gobierno da licencia para traicionar a la patria y para castigar al pueblo.

 

Si no coinciden con las fuerzas políticas que, lamentablemente, tenemos, el camino es el de generar la organización política que nos conduzca a una Argentina y un pueblo que alcancen su emancipación y su realización.

Los factores de poder y, desde luego, los concentradores de poder y de riqueza globales y locales que sostuvieron y sostienen a este régimen político institucional caduco y que, en particular, impulsaron y alentaron al gobierno libertario, también lo están dejando a éste sin aire.

 

Si este gobierno continúa haciendo y deshaciendo queda ahora definitivamente claro, muy claro, que es porque la oposición en totalidad, kirchneristas y otros seudo peronismos, progresistas y la izquierda en toda su extensión está durmiendo la siesta y porque tal oposición, lo cual es gravísimo, carece de Proyecto, de políticas, de estrategia y de capacidad de convocatoria.

 

Nunca el Pueblo viene dando y da como en el presente su lucha en este grado de soledad.

 

El Pueblo está dando ejemplo hacia fronteras adentro y hacia el mundo de conciencia política y de capacidad de acción.

Nunca una oposición, salvo durante la última dictadura en la cual reinaba el Terror, fue tan complaciente, tan ineficaz, tan negligente.

 

Nunca un parlamento fue tan estéril, tan sometido, tan entregado, tan incapaz.

 

Tampoco es admisible el comportamiento indolente, por decir lo menos, de la Corte Suprema y el Poder Judicial en su conjunto.

 

Si se tratase de una oposición que ejerciera mínimamente su rol tendría ya que generar una convocatoria de gran alcance y gran amplitud con el objetivo, como primer paso, de reestablecer una auténtica institucionalidad respetuosa de la Constitución, de la nación, del pueblo y garante de los derechos que tan salvajemente fueron arrasados en estos últimos dos años larguísimos.

 

 

La oposición tiene antecedentes que podría emular, reeditar, como la exitosa Hora del Pueblo impulsada por Perón con el acompañamiento del radicalismo encabezado por Balbín en 1970 o como la menos trascendente pero mínimamente esperanzadora  Multipartidaria Nacional de 1981.

 

Lamentablemente algo sumamente contrario a los intereses nacionales y populares atraviesa y signa a gran parte de la sociedad argentina y, en especial, a todas sus dirigencias, medios de comunicación, intelectuales y referentes afamados, empresas encuestadoras y de lo cual se benefician los concentradores de poder y de riqueza: el infantilismo.

Es un infantilismo en dos versiones, el de derecha representado por este gobierno y el de izquierda, manifiesto en el kirchnerismo y otros seudo peronismos, el progresismo y la izquierda propiamente dicha.

 

Ya Lenin en 1920, a propósito del comportamiento francamente pueril de los comunistas alemanes e ingleses publicó su ensayo severamente crítico “El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”.

 

A su vez, Perón a los vocingleros que buscaban debilitar al gobierno democrático, categóricamente nacional y popular, los llamó “imberbes”.

 

No voy a profundizar sobre el infantilismo aquí, lo dejo para próximas publicaciones.

 

Acá me limito a señalar su perjudicial influencia y su labor inhibitoria para encarar la acción que nos lleve a un destino promisorio.

 

Con el riesgo de reiterarme, solamente en el Pueblo podemos confiar mientras nos aboquemos, de una vez por todas, a construir la conducción política.

Por mi parte, estoy como lo estuve desde siempre, desde mi temprana edad, a disposición de mi patria y de mi pueblo.

 

Puede sonar pomposo lo antedicho, pero no encuentro otro modo de ser más elocuente y téngase en cuenta que soportar la censura continuamente, el ninguneo, la represión en sus variadas formas y la enorme pena por ver a la propia patria, por la cual tanto luché, en picada tan cuesta abajo, hace que sea muy difícil encontrar las palabras que los bien pensantes puedan considerar oportunas.

 

Rubén Rojas Breu

Trabajador, activista y dirigente político desde 1958

Docente universitario de grado y de posgrado desde 1969 en UBA y otras universidades públicas y privadas de la Argentina

Lic. en Psicología UBA, 1973

Científico e investigador social desde 1974

Autor del Método Vincular, de aplicación en los campos social, político y mercado, desde 1980 con libros y artículos publicados

Autor de teorías sobre Política

 

Buenos Aires, abril 7 de 2026

 

 


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