Rubén
Rojas Breu
NUEVAMENTE LA BARBARIE
YANQUI NOS PONE EN EL UMBRAL DE UNA GUERRA GLOBAL.
Nuevamente
la barbarie yanqui con su principal aliado, el gobierno de Israel, nos pone en
el umbral de una guerra global.
Nuevamente
el país yanqui, el más deshumanizante del planeta y de la Historia de la
humanidad, impulsado por su voracidad no sólo de petróleo y de recursos energéticos
sino también y, sobre todo, por su insaciable afán de hegemonía y absolutismo acomete
contra los pueblos.
Acomete
contra los pueblos tal como lo hizo a lo largo de toda su historia, desde su
ficticia independencia en 1776 en la cual los colonos supremacistas blancos,
encabezados por los esclavistas Washington, Jefferson, Franklin y compañía, que
se oponían a pagar impuestos, materializan su anhelo gracias a los ejércitos
franceses y españoles.
Desde
sus inicios, contra Haití y México hasta estos días contra Venezuela, Cuba, Groenlandia,
Irán y sigue la lista, el país yanqui no ha cejado en sus intentos de
apropiarse del planeta.
Cada
yanqui, quede claro, parafraseando a Napoleón, lleva en su
mochila el estandarte del conquistador o el látigo del esclavista como bien lo
sabemos argentinas y argentinos, latinoamericanas y latinoamericanos.
Lo
de “cada yanqui” queda verificado por la
conducta del tan venerado Chomsky, quien valiéndose de la condición de ser
natural de ese país, alcanzó poder y fama pese a que su seudo teoría
lingüística es epistémicamente insostenible tal como evidencio ejerciendo mi
rol de científico e investigador en las Ciencias de lo Humano.
Ahí
lo tienen, puesto al descubierto en su papel de asesor del magnate delincuente
Epstein, íntimo amigo de Trump
Así
que, a no engañarse; esto no es solamente Trump.
Son
los yanquis.
Trump
sigue la tradición inaugurada por sus ancestros y cumplimentada por los
Roosevelt, Truman, Eisenhower, Kennedy y sus sucesores, incluyendo a Clinton,
los Bush y Obama, una tradición avalada por sus empresarios, congresistas, militares,
intelectuales, cineastas y demás, desde el fondo de su historia hasta hoy.
La inaceptable
teocracia iraní debía ser derrotada y derrocada por el digno y heroico pueblo
de Irán y no por la acción incivilizada, prepotente y despiadada de los yanquis
y su aliado.
Por
otro lado, para poner freno a los despotismos están o deberían estar los
organismos internacionales, empezando por Naciones Unidas.
Pero
los yanquis, quienes jamás suscribieron un tratado internacional, desde la
fundación de la ONU se dedicaron a debilitarla hasta dejarla hecha un sello,
comportamiento en el que por cierto fueron acompañados por otras potencias.
De
todos modos, los yanquis estuvieron siempre a la cabeza del debilitamiento de
los organismos internacionales.
Irán
como casi todos los países del mundo, incluyendo a Israel, tiene un Pueblo,
algo de lo cual carecen los yanquis.
Que
la Guardia Revolucionaria iraní haya atacado al portaaviones Abraham Lincoln
simboliza un aserto indiscutible: todo yanqui, incluyendo al tenebroso Lincoln,
tiene alma de imperialista, de colonizador, de déspota.
La
hora de los pueblos tiene que concretarse.
En
la Argentina gobierna una facción totalmente alineada con el imperialismo
yanqui, una facción que a través del presidente y su horda apoya fervientemente
las acciones criminales del país del Norte, lo cual, una vez más, como ya
sucedió con el menemismo, nos pone en situación de riesgo alto.
Al
comportamiento repudiable del gobierno argentino se agrega la ausencia de una
oposición, la cual termina cediendo, transando, inmovilizando y desconociendo
las luchas que el Pueblo argentino viene dando, en soledad, desde hace años y
sobre todo desde el inicio del gobierno despótico libertario.
En
la Argentina necesitamos imperiosamente construir una conducción política,
hoy inexistente, a la altura de esta gravísima coyuntura.
Rubén
Rojas Breu
Buenos
Aires, marzo 1° de 2026